jueves, 17 de enero de 2019

ÉL NOS LIMPIA...


"Un hombre enfermo de lepra se acercó a Jesús, y poniéndose de rodillas le dijo:
–Si quieres, puedes limpiarme de mi enfermedad.
Jesús tuvo compasión de él, le tocó con la mano y dijo:
– Quiero. ¡Queda limpio!
Al momento se le quitó la lepra y quedó limpio. Jesús lo despidió en seguida, recomendándole mucho:
– Mira, no se lo digas a nadie. Pero ve, preséntate al sacerdote y lleva por tu purificación la ofrenda ordenada por Moisés; así sabrán todos que ya estás limpio de tu enfermedad.
Sin embargo, en cuanto se fue, comenzó a contar a todos lo que había pasado. Por eso, Jesús ya no podía entrar abiertamente en ningún pueblo, sino que se quedaba fuera, en lugares donde no había nadie; pero de todas partes acudían a verle." 
El leproso es símbolo de todo aquél que es rechazado por la sociedad. Jesús es el que puede integrarlos nuevamente. Nosotros rechazamos al que no piensa como nosotros, al que no cree lo mismo que nosotros, al diferente, al de otra raza...La lista de rechazados es muy larga. Sin embargo Jesús los coge a todos. Si somos sus discípulos, debemos hacer lo mismo.
"¡La lepra! ¡La espantosa lepra! El peor de los males. Según la mentalidad de la época, un castigo fulminante por un pecado grave cometido por el enfermo o alguno de sus antepasados. Estas personas eran los excluidos dentro de los excluidos. Enfermos, impuros, pecadores, rechazados. Qué cuadro tan dramático. Nadie podía acercarse a un leproso. Sin embargo, Jesús lo deja acercarse, escucha la súplica angustiosa, lo toca y lo sana de su terrible dolencia. Pero Jesús no quiere fama ni prestigio. Por eso le pide al que ha sido curado que no diga nada a nadie. Sus actos de liberación son signos de la presencia transformadora del Reino. La gente acude a él. Seguramente buscando bienes pasajeros, pero Jesús les ofrece los bienes del reino de Dios que proporcionan vida y libertad. ¿Quiénes son hoy en nuestro medio los “leprosos” que suplican “salud”, liberación, justicia? ¿Cuáles son los signos con los que acompañamos el anuncio del reino de la vida a nuestro pueblo empobrecido, desesperanzado y marginado?" (Koinonía) 

miércoles, 16 de enero de 2019

LIBRES PARA SERVIR


"Cuando salieron de la sinagoga, Jesús fue con Santiago y Juan a casa de Simón y Andrés. La suegra de Simón estaba en cama, con fiebre. Se lo dijeron a Jesús, y él se acercó, la tomó de la mano y la levantó. Al momento se le quitó la fiebre y se puso a atenderlos. Al anochecer, cuando ya se había puesto el sol, llevaron ante Jesús a todos los enfermos y endemoniados, y el pueblo entero se reunió a la puerta. Jesús sanó de toda clase de enfermedades a mucha gente y expulsó a muchos demonios; pero no dejaba hablari a los demonios, porque ellos le conocían. De madrugada, cuando todavía estaba oscuro, Jesús se levantó y salió de la ciudad para ir a orar a un lugar apartado. Simón y sus compañeros fueron en busca de Jesús, y cuando lo encontraron le dijeron:
– Todos te están buscando.
Él les contestó:
– Vayamos a otros lugares cercanos a anunciar también allí el mensaje, porque para esto he salido. 
Así que Jesús andaba por toda Galilea anunciando el mensaje en las sinagogas de cada lugar y expulsando a los demonios." 

El mal nos impide servir. Jesús nos libera de este mal. "Continúa la actividad de Jesús en Cafarnaún. Ahora está en casa de Simón Pedro enfrentando a la fiebre que azota a una pobre mujer anciana (suponemos). Jesús la reprende, toma de la mano a la mujer y la levanta y ella se pone a servir. Probablemente, la fiebre impedía a esta mujer abrirse al servicio. La fiebre la encadenaba. Por eso, una vez liberada, se hace servidora de Jesús, es decir, del Reino. Jesús ejerce su servicio de liberador con todos aquellos dominados por las fuerzas del mal que les impide vivir una vida digna. Finalmente, como en un acto de comunión con el Padre, se dirige a solas a orar. Queda claro que el actuar de Jesús es inspirado por el Padre. Es en Él donde encuentra la fuerza para luchar y derrotar todo aquello que oprime y deshumaniza al ser humano. También a nosotros nos corresponde entablar la batalle contra el mal. ¿Cómo lo estamos haciendo? ¿De donde sacamos las fuerzas para librar este combate?" (Koinonía) 



martes, 15 de enero de 2019

LIBRARNOS DEL MAL


"Llegaron a Cafarnaún, y el sábado entró Jesús en la sinagoga y comenzó a enseñar. La gente se admiraba de cómo les enseñaba, porque lo hacía con plena autoridad y no como los maestros de la ley. En la sinagoga del pueblo, un hombre que tenía un espíritu impuro gritó:
– ¿Por qué te metes con nosotros, Jesús de Nazaret? ¿Has venido a destruirnos? Yo te conozco. ¡Sé que eres el Santo de Dios! 
Jesús reprendió a aquel espíritu, diciéndole:
– ¡Cállate y sal de este hombre!
El espíritu impuro sacudió con violencia al hombre, y gritando con gran fuerza salió de él. Todos se asustaron y se preguntaban unos a otros:
– ¿Qué es esto? ¡Enseña de una manera nueva y con plena autoridad! ¡Hasta a los espíritus impuros da órdenes, y le obedecen!
Muy pronto, la fama de Jesús se extendió por toda la región de Galilea."


Jesús nos libra del mal. Sus contemporáneos le admiran. Pero la sola admiración no lleva al seguimiento. Hay muchas personas que dicen dmirar a Jesús, pero no lo siguen.
"¡Qué rápido vas Marcos, por Dios! Apenas ayer llamó a los primeros y hoy ya está empeñado en la misión con todo. Cafarnaún es una población al norte de Palestina, cerca al lago de Galilea. La mayoría de sus habitantes eran pescadores. Entra a la sinagoga, el lugar de oración y meditación de la ley. Pero llama la atención un asunto: había un hombre poseído por un espíritu inmundo. Muy raro porque a las sinagogas no dejaban entrar a esta clase de gentes. ¿No será que tú Marcos nos quieres decir que el espíritu impuro (opresor) estaba preso en la institución religiosa judía llamada sinagoga? Pero la autoridad de Jesús, que proviene de su vida coherente, su palabra límpida y enérgica hace que el espíritu inmundo salga inmediatamente. ¡Qué autoridad!, ¡que fortaleza en la palabra!, ¡que vitalidad de Jesús nos dejas ver Marcos en estos pasajes provocadores! ¿Cuáles son los espíritus inmundos actuales que oprimen nuestras instituciones sociales y eclesiales? ¿Tenemos la fuerza y la convicción suficiente para expulsarlos?" (Koinonía) 


lunes, 14 de enero de 2019

SALVAR DE LAS AGUAS


"Después que metieron a Juan en la cárcel, Jesús fue a Galilea a anunciar las buenas noticias de parte de Dios. Decía:
- Ha llegado el tiempo, y el reino de Dios está cerca. Volveos a Dios y aceptad con fe sus buenas noticias. 
Paseaba Jesús por la orilla del lago de Galilea, cuando vio a Simón y a su hermano Andrés. Eran pescadores y estaban echando la red al agua. Les dijo Jesús:
– Seguidme, y os haré pescadores de hombres.
Al momento dejaron sus redes y se fueron con él. 
Un poco más adelante, Jesús vio a Santiago y a su hermano Juan, hijos de Zebedeo, que estaban en una barca reparando las redes. Al punto Jesús los llamó, y ellos, dejando a su padre Zebedeo en la barca con sus ayudantes, se fueron con Jesús."
Jesús ha recibido el bautismo, el Espíritu. Juan es encarcelado. Jesús se va a Galilea y empieza su vida pública. Escoge a sus primeros discípulos y les da una misión: ser pescadores de hombres. Podemos interpretarlo como una invitación al proselitismo. Jesús, lo que espera de sus discípulos, es que transmitan el Amor. Que salven a los hombres de las aguas del mal, del egoísmo, de la indiferencia. Esta es nuestra misión.
 "Qué interesante el enlace entre Juan y Jesús. El primero es arrestado por su testimonio y su palabra desafiante y ardiente. Su llamado a la conversión hace estremecer, no solo los corazones, sino las conciencias y las estructuras sociales. Pareciera como si la noticia del arresto de Juan fuera un desafío para Jesús. Inmediatamente comienza su ministerio armando el grupo para retomar la bandera de Juan, pero también iniciar su misión: el anuncio del Reinado de Dios. Llama a los primeros con cierta urgencia. Les pide dejar su rutina diaria para embarcarse en una fascinante y apasionante aventura: convocar a otras personas para echar a caminar la utopía de Dios. Me parece ver a muchos hombres y mujeres de nuestro pueblo cuando descubren que hay algo novedoso por lo que vale la pena dejarlo todo y ponerse en camino. ¿Cómo vivimos en nuestra comunidad de vida ese desafío de Jesús de dejarnos interpelar por la realidad y ponernos en camino?" (Koinonía) 



domingo, 13 de enero de 2019

AGUA Y ESPÍRITU


"La gente se encontraba en gran expectación y se preguntaba si tal vez Juan sería el Mesías. Pero Juan les dijo a todos:
- Yo, ciertamente, os bautizo con agua; pero viene uno que os bautizará con el Espíritu Santo y con fuego. Él es más poderoso que yo, que ni siquiera merezco desatar la correa de sus sandalias. 
Sucedió que cuando Juan estaba bautizando a todos, también Jesús fue bautizado. Y mientras oraba, el cielo se abrió, y el Espíritu Santo bajó sobre él en forma visible, como una paloma, y se oyó una voz del cielo, que decía: “Tú eres mi Hijo amado, a quien he elegido."

Acaba hoy, con el Bautismo de Jesús, el tiempo de Navidad. El texto empieza presentándonos a un Juan admirado, al que la gente le pregunta si él es el Mesías. Juan, haciendo gala de una gran humildad, no sólo dice que no, si no que se muestra indigno e ínfimo ante Él. Es la repetición de la idea que dábamos ayer. Si queremos que nuestro apostolado sea eficaz, debemos mostrar a Jesús, no mostrarnos nosotros.
También contemplamos a Jesús uniéndose, como uno más, al bautizo de Juan. Y nos ice el texto que, mientras oraba, bajó el Espíritu Santo sobre Él y el Padre lo proclama como su Hijo amado, como el elegido. A partir de este momento Jesús empezará su vida pública.
Si queremos recibir el Espíritu, debemos ponernos en situación para recibirlo: debemos orar, debemos unirnos a Dios. Así el Espíritu también descenderá sobre nosotros. El Espíritu de la paz, la fraternidad, del Amor. Es así como podremos hacer que el Reino empiece ya en esta tierra. Es en la oración donde podemos tener la experiencia de un Dios Padre-Madre que nos ama con ternura.  









sábado, 12 de enero de 2019

DISMINUIR PARA QUE ÉL CREZCA...


"Después de esto, Jesús fue con sus discípulos a la región de Judea, donde pasó algún tiempo con ellos, bautizando. También Juan estaba bautizando en Enón, cerca de Salim, donde había mucha agua. La gente acudía y era bautizada. Esto sucedió antes que metieran a Juan en la cárcel. 
Por entonces, algunos de los seguidores de Juan comenzaron a discutir con un judío sobre la cuestión de las purificaciones, y fueron a decirle a Juan:
– Maestro, el que estaba contigo al oriente del Jordán, aquel de quien nos hablaste, ahora está bautizando y todos le siguen.
Juan les dijo:
– Nadie puede tener nada si Dios no se lo da. Vosotros mismos me habéis oído decir claramente que yo no soy el Mesías, sino que he sido enviado por Dios delante de él. En una boda, el que tiene a la novia es el novio; y el amigo del novio, que está allí y le escucha, se llena de alegría al oirle hablar. Por eso, también mi alegría es ahora completa. Él ha de ir aumentando en importancia, y yo, disminuyendo."

Juan nos da una gran lección para nuestro apostolado. No podemos utilizarnos para nuestro provecho. No se trata de hacernos famosos ni de que la gente nos admire por nuestras obras. Se trata de mostrar a Jesús. Él es el Salvador. Por eso es necesario que nosotros vayamos disminuyendo, para que Él crezca. La Fe no la transmitimos nosotros. Es un don de Dios. A veces, con nuestros actos, en vez de mostrar a Jesús lo ocultamos e impedimos el encuentro de los otros con Él. Y solamente en ese encuentro puede surgir la Fe.
Debemos trabajar, pero mostrando a Jesús, no mostrándonos a nosotros. 


viernes, 11 de enero de 2019

SI QUIERES...


"Un día estaba Jesús en un pueblo donde había un hombre enfermo de lepra. Al ver a Jesús se inclinó hasta el suelo y le rogó:
– Señor, si quieres, puedes limpiarme de mi enfermedad. Jesús lo tocó con la mano, diciendo:
– Quiero. ¡Queda limpio!
Al momento se le quitó la lepra al enfermo, y Jesús le ordenó:
– No lo digas a nadie. Solamente ve, preséntate al sacerdote y lleva por tu purificación la ofrenda que ordenó Moisés, para que todos sepan que ya estás limpio de tu enfermedad. 
Sin embargo, la fama de Jesús se extendía cada vez más, y mucha gente se juntaba para oirle y para que sanase sus enfermedades. Pero Jesús se retiraba a orar a lugares apartados."

Si quieres, es la pregunta del leproso. Quiero, es la respuesta inmediata de Jesús. Él siempre quiere que quedemos limpios de la lepra. En el evangelio, la lepra, es símbolo del mal que nos correo. Un mal que nos separa de los demás. Los leprosos eran separados de la sociedad y obligados a vivir aparte. Jesús nos libera de este mal. Pero, para ello, debemos acercarnos a Él, inclinarnos ante Él, confiar en Él. Jesús siempre estará dispuesto a sanarnos y hacer que volvamos junto a los demás. Que volvamos a ser hermano de todos. 


jueves, 10 de enero de 2019

SIN AMOR NO HAY FE


"Nosotros amamos porque él nos amó primero. El que dice: “Yo amo a Dios”, pero al mismo tiempo odia a su hermano, es un mentiroso. Pues quien no ama a su hermano, al que ve, tampoco puede amar a Dios, al que no ve. Jesucristo nos ha dado este mandamiento: que el que ama a Dios ame también a su hermano.
Todo aquel que cree que Jesús es el Mesías, es hijo de Dios; y el que ama a un padre, ama también a los hijos de ese padre. Cuando amamos a Dios y hacemos lo que él manda, sabemos que amamos también a los hijos de Dios. El amar a Dios consiste en obedecer sus mandamientos; y sus mandamientos no son una carga, porque todo el que es hijo de Dios vence al mundo. Y nuestra fe nos ha dado la victoria sobre el mundo."


Juan nos sigue hablando del amor. Sin amor no puede haber verdadera Fe. Si amor no nos podemos relacionar con Dios. Toda religión que no se basa en el amor, son meros ritos, palabras, ideologías. Todo lo que nos aparta de los hombres nuestros hermanos, nos aparta de Dios.
"Nuestro amor es reactivo al amor de Dios. Concedemos por la fe que primero, Dios nos amó, y luego nosotros lo amamos. Él nos vio y nos amó; nos entregó a su Hijo. Nosotros amamos a Dios sin haberlo visto. Surge aquí una inconsistencia: ¿Cómo es que amamos a Dios si no lo hemos visto? Nuestro amor se queda en el terreno de la especulación, puesto que lo verificable es que no lo obedecemos. De amarlo lo obedeceríamos amando lo que sí vemos. De Dios hemos visto su amor desplegado en la entrega de Cristo. Esa entrega por nosotros significa un mandato de amor: amor al hermano. El amor es reactivo y verificable. Amar no es una carga. El amor cristiano es un amor a Dios que pasa necesariamente por el prójimo, que es la verificación de que el evangelio de Cristo ha encontrado asiento en el creyente. Esta dimensión del amor no es opcional en el discipulado. ¿A quién profesamos el amor a Dios? Dios requiere nombre y apellidos." (Koinonía)


miércoles, 9 de enero de 2019

VIVIR EN EL AMOR


"Queridos hermanos, si Dios nos ha amado así, también nosotros debemos amarnos unos a otros. A Dios nunca lo ha visto nadie; pero si nos amamos unos a otros, Dios vive en nosotros y su amor se hace realidad en nosotros. La prueba de que nosotros vivimos en Dios y que él vive en nosotros es que nos ha dado su Espíritu. Y nosotros mismos hemos visto y declaramos que el Padre envió a su Hijo para salvar al mundo. Todo aquel que reconoce que Jesús es el Hijo de Dios, vive en Dios y Dios en él.
Así hemos llegado a saber y creer que Dios nos ama. Dios es amor, y el que vive en el amor vive en Dios y Dios en él. De esta manera se hace realidad el amor en nosotros, para que en el día del juicio tengamos confianza; porque nosotros somos en este mundo tal como es Jesucristo. Donde hay amor no hay temor. Al contrario, el amor perfecto echa fuera el temor, pues el temor supone castigo. Por eso, el que teme no ha llegado a amar perfectamente." 

Seguimos con la estupenda carta de San Juan. Seguimos a Dios y cumplimos su voluntad porque Él nos ama y nosotros le amamos. Él nos ama con un amor infinito.  No es el miedo el que debe guiarnos. Demasiadas veces nos han educado en el temor y no en el amor. Debemos vivir en el Amor.
"Queridos hermanos, si Dios nos ha amado así, también nosotros debemos amarnos unos a otros. A Dios nunca lo ha visto nadie; pero si nos amamos unos a otros, Dios vive en nosotros y su amor se hace realidad en nosotros. La prueba de que nosotros vivimos en Dios y que él vive en nosotros es que nos ha dado su Espíritu. Y nosotros mismos hemos visto y declaramos que el Padre envió a su Hijo para salvar al mundo. Todo aquel que reconoce que Jesús es el Hijo de Dios, vive en Dios y Dios en él.
Así hemos llegado a saber y creer que Dios nos ama. Dios es amor, y el que vive en el amor vive en Dios y Dios en él. De esta manera se hace realidad el amor en nosotros, para que en el día del juicio tengamos confianza; porque nosotros somos en este mundo tal como es Jesucristo. Donde hay amor no hay temor. Al contrario, el amor perfecto echa fuera el temor, pues el temor supone castigo. Por eso, el que teme no ha llegado a amar perfectamente."(Koinonía) 


martes, 8 de enero de 2019

EL AMOR DE DIOS


"Queridos hermanos, amémonos unos a otros, porque el amor procede de Dios. Todo aquel que ama es hijo de Dios y conoce a Dios. El que no ama no ha conocido a Dios, porque Dios es amor. Dios ha mostrado su amor hacia nosotros al enviar a su Hijo único al mundo para que tengamos vida por él. El amor consiste en esto: no en que nosotros hayamos amado a Dios, sino en que él nos amó a nosotros y envió a su Hijo, para que, ofreciéndose en sacrificio, nuestros pecados quedaran perdonados."

El evangelio de hoy es la multiplicación de los panes, pero la liturgia nos ofrece este fragmento maravilloso de la primera carta de San Juan. Nos habla de la importancia del Amor, porque Dios es Amor. También nos muestra en qué consiste el Amor de Dios. La multiplicación de los panes que se lee en el evangelio, no es más que la muestra de este Amor. Un Amor que es compartir y repartir. Un Amor que se nos muestra cada día en l Eucaristía.
"El amor genera confianza y comunión. Las expresiones de la carta de Juan dejan ver la profundidad y generosidad del amor de Dios. Este es el núcleo del evangelio. De allí que nuestra relación con Dios no se traduzca ni en desconfianza ni temor. Aceptar el amor de Dios convierte al creyente en alguien amado por pura gracia, no por mérito suyo. Así es como Dios establece una relación de gozosa paternidad con nosotros y funda nuestra confianza filial. Pero quizá lo más propio del amor es generar comunión entre los que se aman. Vivir conectado con alguien es quizá el afán más urgente de nuestra sociedad modernizada. Conectarse es una necesidad que los medios han convertido en una industria lucrativa. Pero más allá de eso, comunicarse es el requisito para establecer la comunión entre las personas. Somos seres en relación. La comunión se expresa primariamente en compartir puntos de vista o bienes y en disfrutar juntos. Por eso, cabe preguntarnos al inicio del año: ¿Con quién y dónde queremos generar confianza y comunión de vida?" (Koinonía) 

lunes, 7 de enero de 2019

LOS INICIOS


"Cuando Jesús oyó que Juan estaba en la cárcel, se dirigió a Galilea. Pero no se quedó en Nazaret, sino que se fue a vivir a Cafarnaún, a orillas del lago, en los territorios de Zabulón y de Neftalí. Esto sucedió para que se cumpliera lo que había dicho el profeta Isaías: 
“Tierras de Zabulón y de Neftalí,
más allá del Jordán,
a la orilla del mar:
Galilea de los paganos.
El pueblo que andaba en oscuridad
vio una gran luz;
una luz iluminó
a los que vivían en sombras de muerte.” 
Desde estonces comenzó Jesús a proclamar: “¡Volveos a Dios, porque el reino de los cielos está cerca!”

Recorría Jesús toda Galilea enseñando en la sinagoga de cada lugar. Anunciaba la buena noticia del reino y curaba a la gente de toda clase de enfermedades y dolencias. Con ello, la fama de Jesús se extendió por toda la región de Siria; así que le traían a cuantos sufrían de diferentes males, enfermedades y dolores, y a los endemoniados, a los epilépticos y a los paralíticos. Y Jesús los curaba.
Mucha gente de Galilea, de los pueblos de Decápolis, de Jerusalén, de Judea y de la región al oriente del Jordán, seguía a Jesús."

Jesús va a Galilea y empieza su vida pública. Anunciaba el Reino y curaba a la gente de todos sus males. Convertirnos, "volvernos a Dios", es lo que ayudará a la llegada del Reino, el Reino del Amor y nos curará de todos los males. Este es nuestro camino. Acoger en nuestra vida la reconciliación y la salvación que Él nos brinda. Este es nuestro camino de discípulos.




domingo, 6 de enero de 2019

SEGUIR LA ESTRELLA


"Jesús nació en Belén, un pueblo de la región de Judea, en el tiempo en que Herodes era rey del país. Llegaron por entonces a Jerusalén unos sabios de Oriente que se dedicaban al estudio de las estrellas, y preguntaron:
– ¿Dónde está el rey de los judíos que ha nacido? Porque vimos su estrella en el oriente y hemos venido a adorarle.
El rey Herodes se inquietó mucho al oir esto, y lo mismo les sucedió a todos los habitantes de Jerusalén. Mandó llamar a todos los jefes de los sacerdotes y a los maestros de la ley, y les preguntó dónde había de nacer el Mesías. Ellos le respondieron:
– En Belén de Judea, porque así lo escribió el profeta:
‘En cuanto a ti, Belén, de la tierra de Judá,
no eres la más pequeña
entre las principales ciudades de Judá;
porque de ti saldrá un gobernante
que guiará a mi pueblo Israel.’ 
Entonces llamó Herodes en secreto a los sabios de Oriente, y se informó por ellos del tiempo exacto en que había aparecido la estrella. Luego los envió a Belén y les dijo:
– Id allá y averiguad cuanto podáis acerca de ese niño; y cuando lo encontréis, avisadme, para que yo también vaya a adorarlo.
Con estas indicaciones del rey, los sabios se fueron. Y la estrella que habían visto salir iba delante de ellos, hasta que por fin se detuvo sobre el lugar donde se hallaba el niño. Al ver la estrella, los sabios se llenaron de alegría. Luego entraron en la casa y vieron al niño con María, su madre. Y arrodillándose, lo adoraron. Abrieron sus cofres y le ofrecieron oro, incienso y mirra. Después, advertidos en sueños de que no volvieran a donde estaba Herodes, regresaron a su tierra por otro camino."

Los Sabios de Oriente encuentran a Jesús siguiendo la estrella. Para los lasalianos (lasallistas en Iberoamérica), la estrella tiene un significado muy querido. Es nuestro emblema. Seguir la estrella es saberlo mirar todo con otros ojos. Es descubrir a Jesús en todas partes. Pero sobre todo, es descubrirlo en los pobres. Los Sabios trajeron regalos simbólicos a Jesús. Hoy, Jesús encarnado en los pobres, nos pide pan. Pan alimento, pan cultura, pan amor. Que sepamos proporcionarlo de verdad.
 "El evangelio que leemos hoy, en la Fiesta de la «Epi-fanía» [manifestación], confirma este carácter universal de la salvación de Dios. Mateo expresa, por medio de este relato simbólico, el origen divino de Jesús y su tarea salvífica como Mesías, como rey de Israel, heredero del trono de David; para ello el evangelista no duda en ubicar con exactitud el lugar donde nació Jesús, Belén, para decirnos que con su presencia en la historia se estaría dando cumplimiento a las palabras de los profetas... Por otro lado, el rechazo de este nacimiento por parte de las autoridades políticas (Herodes) y religiosas (sumos sacerdotes y escribas) del pueblo judío y el gozo infinito de los magos, venidos de Oriente, anuncian desde ya ese carácter universal de la misión de Jesús, la apertura del Evangelio a los paganos y su destino futuro a la comunidad cristiana. La Epifanía del Señor es la celebración precisa para confesar nuestra fe en un Dios que se manifiesta a toda la humanidad, que se hace presente en todas las culturas (religiones), que actúa en todos, y que invita a la comunidad creyente a abrir sus puertas a las necesidades y pluralidades del mundo actual." 



sábado, 5 de enero de 2019

VER LOS CIELOS ABIERTOS


"Al día siguiente se disponía a marchar a Galilea, cuando encuentra a Felipe y le dice Jesús:
- Sígueme.
Felipe era de Betsaida, patria de Andrés y Pedro. Felipe encuentra a Natanael y le dice:
- Hemos encontrado al que describen Moisés en la ley y los profetas: Jesús, hijo de José, natural de Nazaret.
Replica Natanael:
- ¿De Nazaret puede salir algo bueno?
Le dice Felipe:
- Ven y verás.
Viendo Jesús acercarse a Natanael, le dice:
- Ahí tenéis un israelita de verdad, sin falsedad.
Le pregunta Natanael:
- ¿De qué me conoces?
Jesús le contestó:
- Antes de que te llamara Felipe, te vi bajo la higuera.
Respondió Natanael:
- Maestro, tú eres el Hijo de Dios, el rey de Israel.
Jesús le contestó:
- ¿Por qué te dije que te vi bajo la higuera crees? Cosas más grandes verás.
Y añadió:
- Os aseguro que veréis el cielo abierto y los ángeles de Dios subiendo y bajando por este Hombre."

  Al igual que ayer, seguimos viendo cómo la vocación se transmite con la ayuda de alguien que nos muestra a Jesús. Es así como podemos descubrir que Él nos ama, que Él confía en nosotros. Darnos cuenta de esto nos hace ver "los cielos abiertos". Nos hace descubrir a Dios en la vida, en los más pequeños detalles de ella.

"La fe cristiana no se distingue por la brillantez de sus explicaciones teológicas, ni por la integridad de las autoridades que la proponen, ni siquiera por el número de adeptos. Lo distintivamente cristiano es el modo de vivir de quien se dice discípulo del Resucitado. Ser discípulo comporta una marca contracultural en su identidad que no le permite ajustarse a los modos que la cultura del entorno propala. Si el cristiano no experimenta “el odio del mundo”, incluso en una sociedad cristianizada, quizá sea porque esa marca está diluida, y con ella su identidad bautismal más profunda. No se trata de vivir victimizados ni segregados frente al mundo, sino de mantener fresca la fidelidad a la causa de Jesús de Nazaret que lo volvió víctima de los poderes del mundo. El discípulo no reacciona con odio, ni se queda en el lado oscuro de la existencia; por el contrario, como San Juan anota, da el paso a la vida. Amar al hermano es el signo pascual por excelencia, porque construye puentes y no muros. ¿Qué hacemos para amar de verdad al hermano?" (Koinonía) 

viernes, 4 de enero de 2019

MOSTRAR A JESÚS


"Al día siguiente, Juan estaba allí otra vez con dos de sus seguidores. Cuando vio pasar a Jesús dijo:
– ¡Mirad, ese es el Cordero de Dios!
Los dos seguidores de Juan le oyeron decir esto y siguieron a Jesús. Jesús se volvió y, al ver que le seguían, les preguntó:
– ¿Qué estáis buscando?
Ellos dijeron:
– Maestro, ¿dónde vives?
Jesús les contestó:
– Venid a verlo.
Fueron, pues, y vieron dónde vivía; y pasaron con él el resto del día, porque ya eran como las cuatro de la tarde.
Uno de los dos que oyeron a Juan y siguieron a Jesús, era Andrés, hermano de Simón Pedro. Lo primero que hizo Andrés fue buscar a su hermano Simón. Le dijo:
– Hemos encontrado al Mesías (que significa: Cristo). 
Luego Andrés llevó a Simón a donde estaba Jesús, y cuando Jesús le vio, dijo:
– Tú eres Simón, hijo de Juan, pero serás llamado Cefas (que significa: Pedro)" 


Muchas veces nos preguntamos por la falta de vocaciones religiosas. Este evangelio puede darnos una respuesta. A Jesús se le encuentra por indicación de otro. Juan se lo muestra a sus dos discípulos. Uno de ello va a buscar a su hermano para indicarle que ha encontrado el Mesías. Luego se trata de ver dónde vive, cómo vive y quedarnos con Él. ¿Tenemos valor para mostrar a Jesús a nuestros jóvenes?
"Parece mentira, pero los medios para engañar son ahora más sofisticados que nunca; la inteligencia humana se ha aguzado hasta el refinamiento más para engañar y menos para vivir con verdad. El engaño es el desequilibrio de la justicia. Se engaña a otros para lucrar y sacar ventaja al costo de ellos. Y ante eso, los mecanismos para defender la justicia y el derecho también requieren afinarse. El discípulo de Cristo Jesús no puede servir al engaño, ni promoviéndolo ni solapándolo, mucho menos padeciéndolo. Cierto, no es un asunto menor, ni individual. Conscientes como ahora somos de que el pecado no solo es personal, sino que permea a las instituciones, vale la pena mirar los números de Transparencia Internacional en materia de corrupción. Ese observatorio señala que la apertura de los gobiernos, la libertad de prensa, las libertades civiles y los sistemas judiciales independientes son puntales para derrotar al engaño y la corrupción. ¿Qué estamos promoviendo en y desde nuestro entorno parroquial para vivir verdaderamente?" (Koinonía) 



jueves, 3 de enero de 2019

EL ESPÍRITU NOS LO HACE DESCUBRIR


"Al día siguiente, Juan vio a Jesús que se acercaba a él, y dijo:
- ¡Mirad, ese es el Cordero de Dios que quita el pecado del mundo! A él me refería yo cuando dije: ‘Después de mí viene uno que es más importante que yo, porque existía antes que yo.’ Yo mismo no sabía quién era él, pero he venido bautizando con agua precisamente para que el pueblo de Israel le conozca. 
Juan también declaró:
- He visto al Espíritu Santo bajar del cielo como una paloma, y reposar sobre él. Yo aún no sabía quién era él, pero el que me envió a bautizar con agua me dijo: ‘Aquel sobre quien veas que el Espíritu baja y reposa, es el que bautiza con Espíritu Santo.’ Yo ya le he visto, y soy testigo de que es el Hijo de Dios."


Juan nos lo muestra: Este es el cordero de Dios...Es el Espíritu quien se lo da a conocer. Si nosotros queremos conocerlo, debemos recurrir también al Espíritu. Es la oración y la meditación quien nos hará descubrirlo en los otros, en la vida, en nuestro interior.
"En la tradición cristiana, conocer a Dios no es primeramente un asunto de formarse ideas adecuadas o propias sobre él, sino de implementar la vida a partir de lo que sabemos de él. El punto crítico, que san Juan resalta en el fragmento de hoy, es el de su justicia. Si sabemos que Dios es justo, sus hijos no pueden vivir sino practicando la justicia. Lo contrario es el pecado. Hacer la justicia es una manera muy semita que equivale a cumplir los mandamientos de Dios, Padre. Esa práctica o ejercicio es lo que transforma la vida hasta manifestar lo que se es. Poco se habla del pecado en nuestros días, lo que no significa que esté ausente. La rebeldía al mandato de Dios tiene múltiples expresiones, y cada una de ellas patentiza un abuso a la dignidad humana; el pecado mina la imagen de Dios impresa en cada persona humana. No cabe dañarnos. ¿Cuáles expresiones de justicia queremos fomentar durante este año?" (Koinonía)