jueves, 17 de octubre de 2019

NO CERRAR LAS PUERTAS DEL REINO


"¡Ay de vosotros!, que construís los sepulcros de los profetas a quienes mataron vuestros antepasados. Con eso dais a entender que estáis de acuerdo con lo que vuestros antepasados hicieron, pues ellos los mataron y vosotros construís sus sepulcros. 
Por eso, Dios dijo en su sabiduría: ‘Les mandaré profetas y apóstoles; a unos los matarán y a otros los perseguirán.’ Dios pedirá cuentas a la gente de hoy de la sangre de todos los profetas que fueron asesinados desde la creación del mundo, desde la sangre de Abel hasta la de Zacarías, a quien mataron entre el altar y el santuario. Sí, os digo que Dios pedirá cuentas de la muerte de ellos a la gente de hoy.
¡Ay de vosotros, maestros de la ley!, que os habéis apoderado de la llave de la ciencia, y ni vosotros entráis ni dejáis entrar a los que quieren hacerlo. 
Cuando Jesús les dijo estas cosas, los maestros de la ley y los fariseos se llenaron de ira y comenzaron a molestarle con muchas preguntas, tendiéndole trampas para cazarlo en alguna palabra." 

Jesús sigue poniendo de manifiesto la hipocresía de los judíos de su tiempo. Pero también nosotros atacamos a los que ponen de manifiesto nuestros defectos. No aceptamos los que quieren hacernos ver nuestras inconsecuencias. A lo largo de la historia, muchos cristianos han sido perseguidos por los mismos cristianos, y ahora los canonizamos. Debemos preguntarnos hasta qué punto cerramos las puertas del Reino a los demás.
"En el tiempo de Jesús la Ley de Moisés constituía un sistema que atravesaba todas las dimensiones de la vida. Todo era medido a través de la lupa de la Ley, porque solo por medio de su cumplimiento la persona podía hacerse justa ante Dios. La observancia de ella otorgaba el mérito de la justificación por las obras, como premio, o todo lo contrario, el castigo y la condenación cuando se la transgredía. Los fariseos, maestros de la ley, tienen una gran dificultad y resistencia para comprender la inmensa misericordia de Dios que ama, perdona y llama a los pecadores. Tampoco aceptan que por la fe los pecadores sean restituidos a la justicia y a la salvación. La ley así entendida es incapaz de llevarnos al encuentro con Dios Padre. También hoy, quizá, vivimos inmersos en sistemas y normativas que de tanto repetirlas pierden el sentido para qué el que fueron hechas. ¿Cómo estamos viviendo nuestras responsabilidades, deberes, obligaciones compromisos, exigencias, junto a otros y otras que tienen otros modos de asumirlas y vivirlas?" (Koinonía) 

miércoles, 16 de octubre de 2019

JESÚS NOS LIBERA


"¡Ay de vosotros, fariseos!, que separáis para Dios la décima parte de la menta, de la ruda y de toda clase de legumbres, pero no hacéis caso de la justicia y el amor a Dios. Esto es lo que se debe hacer, sin dejar de hacer lo otro.
¡Ay de vosotros, fariseos!, que deseáis los asientos de honor en las sinagogas y ser saludados con todo respeto en la calle.
¡Ay de vosotros, que sois como esas tumbas ocultas a la vista, que la gente pisotea sin darse cuenta! 
Uno de los maestros de la ley le contestó entonces:
– Maestro, al decir esto nos ofendes también a nosotros.
Pero Jesús dijo:
– ¡Ay también de vosotros, maestros de la ley!, que cargáis a los demás con cargas insoportables y vosotros ni siquiera con un dedo queréis tocarlas." 

Los hombres esclavizamos a los demás. Para tener más poder, para dominar. Y para ello utilizamos todos los medios. Engañamos, aparentamos, exigimos...Las Bienaventuranzas son el elogio de la sencillez, de la humildad, de la entrega. Hoy Jesús nos presenta unas malaventuranzas para enseñarnos lo que no debemos hacer.
"Las Bienaventuranzas de Jesús, tanto las que trae Mateo, como las que hoy leemos, de Lucas, son uno de los pasajes más conocidos del Evangelio, más aún: son una de las enseñanzas de Jesús más conocidas en todo el mundo. Así como su muerte, su resurrección, y su cruz son símbolos característicos de Jesús, diríamos que emblemáticos, las «malaventuranzas» que hoy leemos, son mucho menos conocidas. Pero son como un reverso, que sirve para resaltar el anverso. Lucas nos trae tanto las bienaventuranzas como las malaventuranzas de Jesús. Es el único evangelista que lo hace.
No obstante, estas malaventuranzas (expresadas como «¡ay de vosotros, fariseos, que...!», que es lo mismo que «malaventurados vosotros...», o «desdichados vosotros»), no son un verdadero correlato simétrico de las bienaventuranzas. Éstas van dirigidas a todos los seres humanos; las malaventuranzas van dirigidas a los fariseos específicamente, todas ellas. Por eso no las podemos considerar a la misma altura que las bienaventuranzas, no se puede derivar de ellas el mismo tipo de mensaje (simétricamente hablando). Pero haremos bien en reflexionar en ellas, para ver si en nosotros anida también alguna de las actitudes que Jesús deplora y condena en los fariseos." (Koinonía) 


martes, 15 de octubre de 2019

UN YUGO LIGERO



"Por aquel tiempo, Jesús dijo:
- Te alabo, Padre, Señor del cielo y de la tierra, porque has mostrado a los sencillos las cosas que ocultaste a los sabios y entendidos. Sí, Padre, porque así lo has querido. 
Mi Padre me ha entregado todas las cosas. Nadie conoce realmente al Hijo, sino el Padre; y nadie conoce realmente al Padre, sino el Hijo y aquellos a quienes el Hijo quiera darlo a conocer. Venid a mí todos los que estáis cansados y agobiados, y yo os haré descansar. Aceptad el yugo que os impongo, y aprended de mí, que soy paciente y de corazón humilde; así encontraréis descanso. Porque el yugo y la carga que yo os impongo son ligeros."

Queda claro que para conocer al Padre, para conocer la Verdad se ha de ser sencillo, pequeño. Hoy mismo, los "sabios" se vanaglorian de ateísmo y algunos "sabios" creyentes cierran los ojos y los oídos ante los actos y las palabras del papa Francisco. Seguir a Jesús no es fácil. Supone ir contracorriente. Es el yugo que nos impone. Entregarnos y amar a todo el mudo, incluso a nuestros enemigos. Pero Él está siempre con sus brazos abiertos para darnos consuelo y reposo. El yugo de amar, aunque comporte cansancio y agobios, es suave. El Amor no puede ser una carga. 



lunes, 14 de octubre de 2019

LOS SIGNOS DE LOS TIEMPOS


"La multitud seguía juntándose alrededor de Jesús, y él comenzó a decirles:
– La gente de este tiempo es malvada. Pide una señal milagrosa, pero no se le dará otra señal que la de Jonás. Porque así como Jonás fue señal para la gente de Nínive, así también el Hijo del hombre será señal para la gente de este tiempo. En el día del juicio, cuando se juzgue a la gente de este tiempo, la reina del Sur se levantará y la condenará; porque ella vino de lo más lejano de la tierra para escuchar la sabiduría de Salomón, y lo que hay aquí es más que Salomón. También los habitantes de Nínive se levantarán en el día del juicio, cuando se juzgue a la gente de este tiempo, y la condenarán; porque los de Nínive se convirtieron a Dios cuando oyeron el mensaje de Jonás, y lo que hay aquí es más que Jonás." 

En tempo de Jesús los judíos le pedían una señal. Hoy seguimos pidiendo señales para creer. No sabemos ver los signos de los tiempos. No sabemos mirar más allá de las cosas. Queremos señales de Dios y no sabemos encontrarlo en el interior de nuestro corazón. No sabemos verlos en el prójimo que se acerca a nosotros. No sabemos verlo en el débil, en el sencillo, en el perseguido, en el inmigrante...
Si sabemos mirar con humildad lo que nos rodea, veremos a Dios presente en todas las cosas. La única señal es la pasión, muerte y resurrección de Jesús. Es Jesús que muere cada día en el perseguido, en el inmigrante, en el despreciado...Sólo con ojos limpios podemos ver a Dios. 

domingo, 13 de octubre de 2019

¿LIMPIOS O SALVADOS?


"En su camino a Jerusalén, pasó Jesús entre las regiones de Samaria y Galilea. Al llegar a cierta aldea le salieron al encuentro diez hombres enfermos de lepra, que desde lejos gritaban:
– ¡Jesús, Maestro, ten compasión de nosotros!
Al verlos, Jesús les dijo:
– Id a presentaros a los sacerdotes. 
Mientras iban, quedaron limpios de su enfermedad. Uno de ellos, al verse sanado, regresó alabando a Dios a grandes voces, y se inclinó hasta el suelo ante Jesús para darle las gracias. Este hombre era de Samaria. Jesús dijo:
– ¿Acaso no son diez los que quedaron limpios de su enfermedad? ¿Dónde están los otros nueve? ¿Únicamente este extranjero ha vuelto para alabar a Dios?
Y dijo al hombre:
– Levántate y vete. Por tu fe has sido sanado." 

Jesús nos da en este evangelio dos lecciones. Él cura a todo el mundo, judío o samaritano. Si queremos ser sus discípulo debemos hacer el bien a todos, sin distinción de razas, condiciones sociales ni religión. La segunda lección es que, los judíos se atuvieron a lo mandado, a las normas y se dirigieron a los sacerdotes. Ellos quedaron limpios, pero el samaritano, que por encima de las normas colocó el agradecimiento, el amor al que le había curado, quedó, además de limpio, salvado.
 "Entre samaritanos y judíos – habitantes del centro y sur de Israel respectivamente - existía una antigua enemistad, una fuerte rivalidad que se remontaba al año 721 a.C. en el que el emperador Sargón II tomó militarmente la ciudad de Samaría y deportó a Asiria la mano de obra cualificada, poblando la región conquistada con colonos asirios, como nos cuenta el segundo libro de los Reyes (cap. 17). Con el correr del tiempo, éstos unieron su sangre con la de la población de Samaría, dando origen a una raza mixta que, naturalmente, mezcló también las creencias. "Quien come pan con un samaritano es como quien come carne de cerdo (animal prohibido en la dieta judía)", dice la Misná (Shab 8.10). La relación entre judíos y samaritanos había experimentado en los días de Jesús una especial dureza, después de que éstos, bajo el procurador Coponio (6-9 p.C.), hubiesen profanado los pórticos del templo y el santuario esparciendo durante la noche huesos humanos, como refiere el historiador Flavio Josefo en su obra Antigüedades Judías (18,29s); entre ambos grupos dominaba un odio irreconciliable desde que se separaron de la comunidad judía y construyeron su propio templo sobre el monte Garitzín (en el siglo IV a.C., lo más tarde). Hacia el s. II a.C., el libro del Eclesiástico (50,25-26) dice: “Dos naciones aborrezco y la tercera no es pueblo: los habitantes de Seir y Filistea, y el pueblo necio que habita en Siquém (Samaría)”. La palabra "samaritano" era una grave injuria en boca de un judío. Según Jn 8,48 los dirigentes dicen a Jesús en forma de insulto: ¿No tenemos razón en decir que eres un samaritano y que estás loco?
Ésta era la situación en tiempos de Jesús, judío de nacimiento, cuando tiene lugar la escena del evangelio de hoy. Los leprosos vivían fuera de las poblaciones; si habitaban dentro, residían en barrios aislados del resto de la población, no pudiendo entrar en contacto con ella, ni asistir a las ceremonias religiosas. El libro del Levítico prescribe cómo habían de comportarse éstos: “El que ha sido declarado enfermo de afección cutánea andará harapiento y despeinado, con la barba tapada y gritando: ¡Impuro, impuro! Mientras le dure la afección seguirá impuro. Vivirá apartado y tendrá su morada fuera del campamento” (Lv 13,45-46). El concepto de lepra en la Biblia dista mucho de la acepción que la medicina moderna da a esta palabra, tratándose en muchos casos de enfermedades curables de la piel.
Jesús, al ver a los diez leprosos, los envía a presentarse a los sacerdotes, cuya función, entre otras, era en principio la de diagnosticar ciertas enfermedades, que, por ser contagiosas, exigían que el enfermo se retirara por un tiempo de la vida pública. Una vez curados, debían presentarse al sacerdote para que le diera una especie de certificado de curación que le permitiese reinsertarse en la sociedad. Pero el relato evangélico no termina
con la curación de los diez leprosos, pues anota que uno de ellos, precisamente un samaritano, se volvió a Jesús para darle las gracias.
Por lo demás algo parecido había sucedido ya en el libro de los Reyes, donde Naamán, general del ejército del rey sirio, aquejado de una enfermedad de la piel, fue a ver al profeta de Samaría, Eliseo, para que lo librase de su enfermedad. Eliseo, en lugar de recibirlo, le dijo que fuese a bañarse siete veces en el Jordán y quedaría limpio. Naamán, aunque contrariado por no haber sido recibido por el profeta, hizo lo que éste le dijo y quedó limpio. Cuando se vio limpio, a pesar de no pertenecer al pueblo judío, se volvió al profeta para hacerle un regalo, reconociendo al Dios de Israel, como verdadero Dios, capaz de dar vida. Este Dios, además, se manifiesta en Jesús como el siempre fiel a pesar de la infidelidad humana.
Lo sucedido al leproso del evangelio sentaría muy mal a los judíos. De los diez leprosos, nueve eran judíos y uno samaritano. Éste, cuando vio que estaba curado, se volvió alabando a Dios a grandes gritos y se echó por tierra a los pies de Jesús, dándole gracias. Estar a los pies de Jesús es la postura del discípulo que aprende del maestro. Los otros nueve, que eran judíos, demostraron con su comportamiento el olvido de Dios que tenían y la falta de educación, que impide ser agradecidos. Sólo un samaritano -oficialmente heterodoxo, hereje, excomulgado, despreciado, marginado-, volvió a dar gracias. Sólo éste pasó a formar parte de la comunidad de seguidores de Jesús; los otros quedaron descalificados.
Tal vez, los cristianos, estemos demasiado convencidos de que sólo «los de dentro», los de la comunidad, «los católicos», o «los de la parroquia»... somos los que adoptamos los mejores comportamientos. Hay gente mucho mejor fuera de nuestros círculos, incluso en otras iglesias, y hasta en otras religiones, incluso entre quienes dicen que «no creen». En el evangelio de hoy es precisamente alguien venido de fuera, despreciado por los de dentro, el único que sabe reconocer el don recibido de Dios, dando una lección magistral a quienes no supieron agradecer. Aprendamos la lección del samaritano." (Koinonía)



sábado, 12 de octubre de 2019

DICHOSA POR SEGUIR LA PALABRA


"Mientras Jesús decía estas cosas, una mujer gritó de en medio de la gente:
– ¡Dichosa la mujer que te dio a luz y te crió!
Él contestó:
– ¡Dichosos más bien los que escuchan el mensaje de Dios y le obedecen!" 

No es un desprecio, sino una alabanza a su madre. Jesús nos está señalando la principal virtud de María: escuchar su Palabra, guardarla en el corazón para seguirla. Ella fue el primer discípulo. Este es el ejemplo que debemos seguir de María: ser portadores de la Palabra.
"Lucas, en estas breves líneas del evangelio, presenta lo que enseña de María. Después de la respuesta generosa de María en la anunciación, la felicitación de Isabel por su respuesta y la alabanza profética de la Madre del Señor: “todas las generaciones me llamarán Bienaventurada” (Lc 1,48). Aparece la proclamación de María como “bienaventurada-dichosa” Jesús retoma la exclamación de la mujer y la amplía como modelo para el discípulo, oír y poner en práctica la Palabra. Existe entre el maestro y el discípulo una circulación de vida, con la maternidad de María como referencia. Ella nos enseña la dimensión de la acogida de la Palabra, encarnarla, vivirla y hacerla presente en nuestra vida. Nuestra respuesta a la Palabra debe ser como la respuesta materna de María, recibirla con amor y hacerla visible a todos ¿Cómo exalta nuestro pueblo a la Madre de Jesús? ¿Cómo vivimos la bienaventuranza de escuchar la Palabra de Dios y ponerla en práctica?" (Koinonía) 

viernes, 11 de octubre de 2019

EXPULSAR EL MAL



Algunos dijeron:
– Beelzebú, el jefe de los demonios, es quien ha dado a este hombre poder para expulsarlos. 
Otros, para tenderle una trampa, le pidieron una señal milagrosa del cielo. Pero él, que sabía lo que estaban pensando, les dijo:
– Todo país dividido en bandos enemigos se destruye a sí mismo, y sus casas se derrumban una tras otra. Así también, si Satanás se divide contra sí mismo, ¿cómo mantendrá su poder? Digo esto porque afirmáis que yo expulso a los demonios por el poder de Beelzebú. Pues si yo expulso a los demonios por el poder de Beelzebú, ¿quién da a vuestros seguidores el poder para expulsarlos? Por eso, ellos mismos demuestran que estáis equivocados. Pero si yo expulso a los demonios por el poder de Dios, es que el reino de Dios ya ha llegado a vosotros.
Cuando un hombre fuerte y bien armado cuida de su casa, lo que guarda en ella está seguro. Pero si otro más fuerte que él llega y le vence, le quita las armas en las que confiaba y reparte sus bienes como botín. 
El que no está conmigo está contra mí; y el que conmigo no recoge, desparrama. 
Cuando un espíritu impuro sale de un hombre, anda por lugares desiertos en busca de descanso; pero, no encontrándolo, piensa: 'Regresaré a mi casa, de donde salí.' Al llegar, encuentra la casa barrida y arreglada. Entonces va y reúne otros siete espíritus peores que él y todos juntos se meten a vivir en aquel hombre, que al final queda peor que al principio."

Muchas veces nuestra sociedad ataca, mal piensa, rechaza, precisamente a quien intenta quitar el mal de ella. Ya le pasó a Jesús.
"La expulsión de demonios por parte de Jesús, genera diversas reacciones, la admiración y el aplauso, catalogar a Jesús como el príncipe de los demonios, y algunos no convencidos piden una señal del cielo. Seguidamente, Jesús cuestiona los argumentos de los detractores, afirmando que el demonio no puede expulsarse a sí mismo pues no sobrevive, si Jesús expulsa a los demonios en nombre de Belcebú, ellos (sus detractores) ¿en nombre de quien lo hacen? Finalmente, el relato presenta que la llegada de Jesús, el hombre fuerte, es señal de la llegada del reino, porque expulsa a Satanás el dominador. Los adversarios de Jesús callan ante los argumentos. Debemos considerar que el poder del mal actualmente diluye sus planteamientos propios y su conciencia crítica, en las circunstancias hostiles que vivimos. Nos corresponde, por medio de Jesús, alejar las fuerzas satánicas presentes en el entorno, crear libertad en nuestro corazón y suscitar esperanza en el camino ¿Cuáles son las fuerzas del mal que paralizan mi vida personal y la de mi comunidad?" (Koinonía) 



jueves, 10 de octubre de 2019

PEDID, LLAMAD, BUSCAD.


"También les dijo Jesús:
– Supongamos que uno de vosotros tiene un amigo, y que a medianoche va a su casa y le dice: 'Amigo, préstame tres panes, porque otro amigo mío acaba de llegar de viaje a mi casa y no tengo nada que ofrecerle.' Sin duda, aquel le contestará desde dentro: '¡No me molestes! La puerta está cerrada y mis hijos y yo estamos acostados. No puedo levantarme a darte nada.' Pues bien, os digo que aunque no se levante a dárselo por ser su amigo, se levantará por serle importuno y le dará cuanto necesite. Por esto os digo: Pedid y Dios os dará, buscad y encontraréis, llamad a la puerta y se os abrirá. Porque el que pide, recibe; el que busca, encuentra y al que llama a la puerta, se le abre. 
¿Acaso algún padre entre vosotros sería capaz de darle a su hijo una culebra cuando le pide pescado? ¿O de darle un alacrán cuando le pide un huevo? Pues si vosotros, que sois malos, sabéis dar cosas buenas a vuestros hijos, ¡cuánto más el Padre que está en el cielo dará el Espíritu Santo a quienes se lo pidan!"
Hemos de perseverar en la oración. Aunque no sintamos nada y contemos los clavos de los zapatos del de delante como hacía Teresa de Jesús. Esa perseverancia la llevó a ser una mística.
Orar y atender a ese amigo pesado que complica nuestra vida. Ese pobre, ese inmigrante, ese marginado que llama a nuestra puerta. Dios nos dará el Espíritu para saber interpretar los diferentes momentos de nuestra vida.
"Jesús nos enseña que debemos orar sin desfallecer. Esta parábola tiene dos vertientes. La primera, Dios siempre atiende nuestra oración. En los verbos pedir, buscar, llamar, Jesús presenta que el orante siempre va a recibir atención a su súplica. La segunda, cómo convencernos y convencer a otros para las causas justas. La sociedad de Jesús era indiferente a las propuestas nuevas, por el anquilosamiento de las estructuras religiosas. El amigo inoportuno cuestiona la mentalidad que no se incomoda y la mentalidad nueva que se abre espacio convenciendo a otros. Finalmente, aparece la promesa del Espíritu Santo, que permitirá entender las carencias de la comunidad, por eso mismo, aparecen los alimentos de pan, pescado y huevos, que eran los alimentos de los pobres. Dios dará a los discípulos lo que sea útil y saludable, y la dádiva del Espíritu será fuente de verdad y de ayuda en medio de las persecuciones ¿Intento convencer a otros con insistencia de la novedad del reino?" (Koinonía) 

miércoles, 9 de octubre de 2019

JESÚS NOS ENSEÑA A ORAR


"Estaba Jesús una vez orando en cierto lugar. Cuando terminó, uno de sus discípulos le rogó:
– Señor, enséñanos a orar, lo mismo que Juan enseñaba a sus discípulos. 
Jesús les contestó:
– Cuando oréis, decid: 
Padre,c santificado sea tu nombre.
Venga tu reino.
Danos cada día el pan que necesitamos. 
Perdónanos nuestros pecados,
porque también nosotros perdonamos
a todos los que nos han ofendido. 
Y no nos expongas a la tentación."

La oración del Padrenuestro envuelve toda nuestra vida. Jesús, con esta oración, nos está invitando a convertir todo nuestro día, nuestros actos, nuestros pensamientos, nuestros deseos...en oración. Orar es ponernos en los brazos del Señor. Ser uno con Él.
"Jesús es presentado como modelo de oración. De ahí, la pregunta sobre la enseñanza de la oración. Los judíos tenían muchas prácticas de piedad y oraban en la sinagoga y en los hogares. La oración del Padre Nuestro en Lucas tiene cinco peticiones. (1) Santificar el nombre. Dios es santificado cuando su nombre es usado para la liberación de cualquier opresión. (2) La llegada del reino, cuya venida es la realización de las esperanzas y las promesas de Dios, donde se superan las frustraciones de los regímenes de turno. (3) El pan diario. Jesús invita a realizar un nuevo éxodo, en donde la experiencia de filiación y fraternidad genera una convivencia que garantiza la tierra, sus frutos y el pan para todos. (4) El perdón de las deudas. Jesús afirma que está aconteciendo el año de gracia por la Buena Nueva a los empobrecidos (Lc 4,16). (5) No caer en la tentación, vencer el pecado y la muerte con la promesa renovadora de Jesús. ¿Qué valor le doy a la oración en mi vida?" (Koinonía) 

martes, 8 de octubre de 2019

ACTIVIDAD Y CONTEMPLACIÓN


"Seguían ellos su camino. Jesús entró en una aldea, donde una mujer llamada Marta le recibió en su casa. Marta tenía una hermana llamada María, la cual, sentada a los pies de Jesús, escuchaba sus palabras. Pero Marta, atareada con sus muchos quehaceres, se acercó a Jesús y le dijo:
– Señor, ¿no te importa que mi hermana me deje sola con todo el trabajo? Dile que me ayude.
Jesús le contestó:
–Marta, Marta, estás preocupada e inquieta por muchas cosas; sin embargo, solo una es necesaria. María ha escogido la mejor parte, y nadie se la quitará." 

Nuestro apostolado peca muchas veces de activismo. Jesús no reprende a Marta por trabajar y no elogia a María por no hacer nada. La conclusión que debemos extraer de este texto es, que nuestra actividad apostólica es inútil si no se basa, si no es consecuencia de nuestra oración, de la meditación de la Palabra. Es el evangelio, la escucha de la Palabra de Jesús, lo que debe alimentar nuestra acción.
 "El evangelio muestra un rasgo de identidad del discípulo, que es la escucha de la Palabra. Encontramos en Marta y María, dos actitudes diferentes de recibir al Maestro. María, la dimensión de los discípulos servidores de la Palabra, su postura es de interés y docilidad a la Palabra. Jesús motiva a la mujer a aprender, ya que los maestros no tenían apertura a la mujer dentro de las escuelas rabínicas. Marta, representa la diakonia, estaba desbordada por sus deberes de ama de casa y anfitriona, representa el servicio de la mesa. En el diálogo de Marta con Jesús, le reconoce como maestro y con su servicio quiere hacer todo lo posible para honrarlo pero le falta apertura de lo que trae Jesús para ella y se posiciona en el lugar de dar órdenes. Jesús se dirige a ella y la corrige cordialmente, invitándola a poner atención a lo esencial, a la Palabra de Jesús. El servicio y la escucha se complementan en el discipulado ¿Soy capaz de escuchar y obedecer a la Palabra?" (Koinonía) 


lunes, 7 de octubre de 2019

SER PRÓJIMO


"Un maestro de la ley fue a hablar con Jesús, y para ponerle a prueba le preguntó:
– Maestro, ¿qué debo hacer para alcanzar la vida eterna? 
Jesús le contestó:
– ¿Qué está escrito en la ley? ¿Qué lees en ella?
El maestro de la ley respondió:
– Ama al Señor tu Dios con todo tu corazón, con toda tu alma, con todas tus fuerzas y con toda tu mente; y ama a tu prójimo como a ti mismo. 
Jesús le dijo:
– Bien contestado. Haz eso y tendrás la vida. 
Pero el maestro de la ley, queriendo justificar su pregunta, dijo a Jesús:
– ¿Y quién es mi prójimo? 
Jesús le respondió:
– Un hombre que bajaba por el camino de Jerusalén a Jericó fue asaltado por unos bandidos. Le quitaron hasta la ropa que llevaba puesta, le golpearon y se fueron dejándolo medio muerto. Casualmente pasó un sacerdote por aquel mismo camino, pero al ver al herido dio un rodeo y siguió adelante. Luego pasó por allí un levita, que al verlo dio también un rodeo y siguió adelante. Finalmente, un hombre de Samaria que viajaba por el mismo camino, le vio y sintió compasión de él. Se le acercó, le curó las heridas con aceite y vino, y se las vendó. Luego lo montó en su propia cabalgadura, lo llevó a una posada y cuidó de él. Al día siguiente, el samaritano sacó dos denarios, se los dio al posadero y le dijo: ‘Cuida a este hombre. Si gastas más, te lo pagaré a mi regreso.’ Pues bien, ¿cuál de aquellos tres te parece que fue el prójimo del hombre asaltado por los bandidos?
El maestro de la ley contestó:
– El que tuvo compasión de él. 
Jesús le dijo:
– Ve, pues, y haz tú lo mismo."

Jesús deja retratados, en esta parábola, a los "creyentes" oficiales y el samaritano, un "enemigo", lo presenta como el modelo de prójimo. 
Ante los inmigrantes, las pateras, los que cruzan el desierto...nosotros, como el sacerdote y el levita, miramos hacia otro lado. Tenemos otras obligaciones. Pensamos que vienen a complicarnos la vida y los rechazamos. Para Jesús, acoger al otro, curarlo, dedicarle nuestra vida, es la forma de alcanzar la vida eterna. Si queremos seguirlo, nuestro modelo debe ser el samaritano, no el sacerdote y el levita.
"El relato comienza con una pregunta a Jesús ¿Qué he de hacer para recibir en herencia la vida eterna? La respuesta de Jesús está orientada al querer de Dios, amar a Dios implica una responsabilidad con el prójimo. Para los judíos el prójimo era el que pertenecía a un clan próximo a lazos de raza o de sangre. Jesús ilustra su respuesta con una situación límite, un hombre a punto de morir que necesita ayuda, y que darle la mano implicaba poner en riesgo la propia vida corriendo la misma suerte del hombre asaltado y cambiar los planes de viaje en pleno desierto. Los dos primeros viajeros pasaron de largo. El tercer viajero actúa de manera ejemplar, pone todos los bienes que tiene a disposición: tiempo, dinero, cabalgadura y rompe con las diferencias con los judíos. Es decir, el samaritano ayuda al enemigo y tiene compasión. El prójimo es el que se hace solidario en situaciones que menguan la vida. ¿De qué personas me he hecho samaritano?" (Koinonía) 

domingo, 6 de octubre de 2019

AUMENTA NUESTRA FE


"Los apóstoles pidieron al Señor:
– Danos más fe.
El Señor les contestó:
– Si tuvierais fe, aunque fuera tan pequeña como una semilla de mostaza, podríais decirle a esta morera: ‘Desarráigate de aquí y plántate en el mar’, y el árbol os obedecería.
Si uno de vosotros tiene un criado que regresa del campo después de haber estado arando o cuidando el ganado, ¿acaso le dice: ‘Pasa y siéntate a comer’? No, sino que le dice: ‘Prepárame la cena y estáte atento a servirme mientras como y bebo. Después podrás tú comer y beber.’ Y tampoco da las gracias al criado por haber hecho lo que le mandó. Igualmente vosotros, cuando ya hayáis hecho todo lo que Dios os manda deberéis decir: ‘Somos servidores inútiles; no hicimos más que cumplir con nuestra obligación.’"

Como los apóstoles, debemos pedir más Fe a Jesús. Nuestra sociedad cada vez es menos creyente. Lo relativizamos todo y buscamos una fe a medida, que no suponga tener que cambiar de vida. Tener Fe es abandonarse en las manos de Dios. Organizar nuestra vida a su servicio, al servicio de los hombres. Y esto, convencidos de que no hacemos nada especial, sino, simplemente, cumplir con nuestro deber.
"En el texto de Lucas vemos a los discípulos, conscientes de su poca fe, de su incapacidad para dar su adhesión plena a Jesús y a su mensaje. Por eso le piden que les aumente la fe. Jesús constata en realidad que tienen una fe más pequeña que un grano de mostaza, semilla del tamaño de una cabeza de alfiler. No dan ni siquiera el mínimo, pues con tan mínima cantidad de fe bastaría para hacer lo imposible: arrancar de cuajo con sólo una orden una morera y tirarla al mar. Este mínimo de fe es suficiente para poner a disposición del discípulo la potencia de Dios.
Miro a mi alrededor y pienso que algo no funciona. Tantos cristianos, tantos católicos, tantos colegios religiosos... Y me pregunto: ¿Cuántos creyentes? ¿Tienen fe los cristianos, los sacerdotes y religiosos, los obispos? ¿Tenemos fe? ¿O tenemos una serie de creencias, un largo y complicado credo que recitamos de memoria y que poco atañe a nuestras vidas?
Las palabras de Jesús siguen resonando hoy. “Si tuvierais fe como un grano de mostaza...” O lo que es igual: si siguierais mi camino, si vivierais según el Evangelio... tendríais la fuerza de Dios para cambiar el sistema.
Sigo mirando a mi alrededor y veo una Iglesia apegada a sus privilegios, que se codea con los poderes fácticos, que depende en muchos países económicamente del Estado, capaz de echarle un pulso al poder político y vencer, identificada con frecuencia con la derecha o el centro, defensora a ultranza de su estatuto de religión verdadera y prioritaria.
Me vuelvo al evangelio y releo sus páginas: “Vende todo lo que tienes y repártelo a los pobres, que Dios será tu riqueza, y anda sígueme a mí” (Lc 18,22). “Las zorras tienen madrigueras y los pájaros nidos, pero este hombre no tiene dónde reclinar la cabeza” (Lc 9,58). “No andéis agobiados pensando qué vais a comer, ni por el cuerpo pensando con qué os vais a vestir” (Lc 12,22). “Los reyes de las naciones las dominan y los que ejercen el poder se hacen llamar bienhechores. Pero vosotros nada de eso; al contrario, el más grande entre vosotros iguálese al más joven, y el que dirige al que sirve” (Lc 22,25-26).
Pobres, libres, sin seguridades, sin poder, como Jesús. Sólo tiene fe quien se adhiere a este estilo de vida evangélico. Quien no, tiene creencias, que para casi nada sirven. Y así no se puede cambiar ni el sistema religioso ni siquiera el mundano.
Tal vez tengamos que reconocer que somos “siervos inútiles”, pues no andamos en el sistema de la fe, sino en el del cumplimiento de las obras de la ley, como los fariseos, que, al final, de su trabajo tienen que considerarse “siervos inútiles”, pero no “hijos de Dios” que es a lo que estamos llamados a ser, como ciudadanos del Reino que todos anhelamos."



sábado, 5 de octubre de 2019

PEDIR ACTIVAMENTE


"Pedid y Dios os dará, buscad y encontraréis, llamad a la puerta y se os abrirá. Porque el que pide recibe, el que busca encuentra y al que llama se le abre.
¿Acaso alguno de vosotros sería capaz de darle a su hijo una piedra cuando le pide pan? ¿O de darle una culebra cuando le pide un pescado? Pues si vosotros, que sois malos, sabéis dar cosas buenas a vuestros hijos, ¡cuánto más vuestro Padre que está en el cielo las dará a quienes se las pidan!"

Jesús nos pide que tengamos confianza en Dios. Nos dice que debemos pedir a Dios; pero debemos hacerlo de manera activa: buscando, llamando...
Él siempre nos dará lo mejor. Aunque de momento no nos lo parezca. Aunque creamos que no nos responde. Él sabe realmente qué es lo que nos conviene, lo que necesitamos para nuestro bien. Él es un verdadero Padre que desea lo mejor para nosotros, sus hijos.
El Padrenuestro es el resumen, la síntesis de aquello que debemos pedir y cómo debemos hacerlo.



viernes, 4 de octubre de 2019

LLAMADA A LA CONVERSIÓN


"¡Ay de ti, Corazín! ¡Ay de ti, Betsaida! Porque si en Tiro y Sidón se hubieran hecho los milagros que se han hecho entre vosotras, ya hace tiempo que su gente se habría vuelto a Dios y lo habría demostrado poniéndose ropas ásperas y sentándose en ceniza. Pero en el día del juicio el castigo para vosotras será peor que para la gente de Tiro y Sidón. Y tú, Cafarnaún, ¿crees que serás levantada hasta el cielo? ¡Hasta lo más hondo del abismo serás arrojada! 
El que os escucha a vosotros me escucha a mí, y el que os rechaza a vosotros me rechaza a mí; y el que a mí me rechaza, rechaza al que me envió."

Nosotros somos Corazaín y Betsaida. Hemos recibido gracias y dones del Señor. Pero no acabamos de convertirnos. Por eso, aquellos que nosotros consideramos "paganos" estarán delante de nosotros. Jesús nos llama a la conversión, a dar frutos, a seguirle.
 "Al final del envío misionero, Jesús les decía a sus discípulos sacudirse el polvo de las sandalias en caso que no fueran recibidos (Lc 10,1-12). Hoy, en el evangelio, se cuestiona el rechazo al anuncio misionero. Donde Jesús dedicó mayor vitalidad a la predicación Betsaida, Cafarnaun, Corozain, no aceptaron su mensaje. La comparación de estas ciudades con Tiro y Sidón, alude a que fueron enemigas de Israel. Jesús dice que estas ciudades, símbolos de la maldad al pueblo de Israel, recibirían de manera positiva su mensaje. Luego, Jesús compara a Cafarnaúm con la terrible Babilonia y la perversa Sodoma, subrayando que éstas se hubiesen convertido con su mensaje. Actualmente, hemos caído en una vida cristiana de solo recibir y omitimos el compromiso de la conversión. Nuestra labor misionera no debe menguarse a pesar de la negatividad del entorno, debemos ser continuadores del mensaje de Jesús, sin violencia ¿Aprovechamos el encuentro con la Palabra para convertirnos de manera sincera?" (Koinonía) 

jueves, 3 de octubre de 2019

TODOS SOMOS ENVIADOS


"Después de esto escogió también el Señor a otros setenta y dos, y los mandó delante de él, de dos en dos, a todos los pueblos y lugares a donde tenía que ir.
Les dijo:
- Ciertamente la mies es mucha, pero los obreros son pocos. Por eso, pedidle al Dueño de la mies que mande obreros a recogerla. Andad y ved que os envío como a corderos en medio de lobos. No llevéis bolsa ni monedero ni sandalias, y no os detengáis a saludar a nadie en el camino. Cuando entréis en una casa, saludad primero diciendo: ‘Paz a esta casa.’ Si en ella hay gente de paz, vuestro deseo de paz se cumplirá; si no, no se cumplirá. Y quedaos en la misma casa, comiendo y bebiendo lo que tengan, pues el obrero tiene derecho a su salario. No andéis de casa en casa. Al llegar a un pueblo donde os reciban bien, comed lo que os ofrezcan; y sanad a los enfermos del lugar y decidles: ‘El reino de Dios ya está cerca de vosotros.’ Pero si llegáis a un pueblo y no os reciben, salid a las calles diciendo: ‘¡Hasta el polvo de vuestro pueblo que se ha pegado a nuestros pies nos lo sacudimos en protesta contra vosotros! Pero sabed que el reino de Dios está cerca.’ Os digo que, en aquel día, el castigo de ese pueblo será más duro que el de los habitantes de Sodoma."


Tras enviar a los doce apóstoles, Jesús nos en vía a todos: 72 discípulos. Y nos envía con unas condiciones claras. Lo importante no es el dinero, las grandes campañas, lo mediático. Es con nuestra vida sencilla con la que anunciaremos de verdad el Reino.
"El envío de los setenta y dos se ubica después del pasaje vocacional con temas similares: el camino (Lc 9,57; 10,1), la proclamación (Lc 9,60; 10,9) y ser obreros del anuncio. El número amplio de misioneros, significa las naciones del mundo (Gn 10; Hch 13 a 28) y la presencia de otras personas diferentes a los doce en la labor misionera. El envío vislumbra la dimensión comunitaria y testimonial, precedida por el mismo Jesús. La primera actividad apostólica es la oración, poniendo la mirada en el dueño de la mies y se exhorta a los misioneros a poner su confianza en Dios. El misionero debe caracterizarse por la disponibilidad para el fracaso, ya que en la toma de conciencia de su fragilidad descubre que su fortaleza está en Dios y su testimonio de pobreza es libertad de corazón. La misión no admite distracciones y conlleva dedicación e inserción completa en la vida de la familia y autenticidad en el mensaje ¿Cómo vivo la oración, el compromiso y la autenticidad de la misión en lo cotidiano?" (Koinonía)