lunes, 19 de enero de 2026

JESÚS ES ALEGRÍA

  


En una ocasión estaban ayunando los seguidores de Juan el Bautista y los de los fariseos. Algunas personas fueron a Jesús y le preguntaron:
– Los seguidores de Juan y los de los fariseos ayunan: ¿por qué no ayunan tus discípulos?
Jesús les contestó:
– ¿Acaso pueden ayunar los invitados a una boda mientras el novio está con ellos? Mientras está presente el novio, no pueden ayunar. Pero vendrá el momento en que se lleven al novio; entonces, cuando llegue ese día, ayunarán.
“Nadie remienda un vestido viejo con un trozo de tela nueva, porque lo nuevo encoge y tira del vestido viejo, y el desgarrón se hace mayor. Tampoco se echa vino nuevo en odres viejos, porque el vino nuevo hace que revienten los odres y que se pierdan tanto el vino como los odres. Por eso hay que echar el vino nuevo en odres nuevos.”
(Mc 2,18-22)

Los fariseos ayunaban, pero no reconocían a Jesús. Nos puede ocurrir también a nosotros, que hagamos mucha penitencia, asistamos a muchas ceremonias, y olvidemos lo esencial: amar y seguir a Jesús.
Santa Teresa decía que un santo triste es un triste santo. Si estamos con Jesús, "el novio", no podemos estar tristes. Además, debemos transmitir esa alegría a los demás.
 
"Jesús es el “novio”, el esposo, en él se cumple lo anunciado por los profetas. Él es el “vino nuevo” que alegra el corazón y anima el Espíritu. Pide a sus seguidores vivir con “un corazón nuevo”, “nacer de nuevo”.
No basta corregir algún defecto, tampoco conformarse con hacer pequeños cambios. Jesús no le ve sentido al ayuno cuando sus discípulos deben disfrutar de su presencia y celebrarla. No es el hombre para el ayuno, sino el ayuno para el hombre. “No es el hombre para el sábado, sino el sábado para el hombre”.
El hombre nuevo se abra paso. No hay lugar para penitencias y ayunos. Llegará el ayuno cuando el “novio” sea crucificado. Ese ayuno sí tendrá sentido.
Preguntémonos si estamos dispuestos a beber ese vino de Jesús que transforma pero que debe ser vertido en “odres nuevos” o preferimos los remiendos y no permitimos dejar su novedad, su alegría.
(Salvador León cmf, Ciudad Redonda)

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