Llegaron los fariseos y comenzaron a discutir con Jesús. Para tenderle una trampa, le pidieron alguna señal milagrosa que probara que él venía de parte de Dios. Jesús suspiró profundamente y dijo:
– ¿Por qué pide esta gente una señal milagrosa? Os aseguro que no se les dará ninguna señal.
Entonces los dejó, y volviendo a entrar en la barca se fue a la otra orilla del lago.
(Mc 8,11-13)
La verdadera Fe no exige señales. Creemos porque nos fiamos de Dios. Jesús, tras responder a los fariseos, nos dice el texto que se fue a "la otra orilla". Ir a la otra orilla es dejarlo todo para entregarse a los más necesitados, a aquellos que están faltos de Amor. Ese es el verdadero signo: el Amor.
"(...) El que vive verdaderamente la fe, no exige signos extraordinarios, como los fariseos, que discuten con Jesús desde la desconfianza radical (no creerían ni aunque se les diera ese signo que piden). El que cree de verdad no exige, sino que da y expresa su fe en las obras del amor; y así, él mismo se convierte en un signo eficaz de que el Reino de Dios está entre nosotros."
(José María Vegas cmf, Ciudad Redonda)
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