jueves, 7 de diciembre de 2023

EDIFICAR SOBRE ROCA

 

No todos los que me dicen ‘Señor, Señor’ entrarán en el reino de los cielos, sino solo los que hacen la voluntad de mi Padre celestial.
Todo el que oye mis palabras y hace caso a lo que digo es como un hombre prudente que construyó su casa sobre la roca. Vino la lluvia, crecieron los ríos y soplaron los vientos contra la casa; pero no cayó, porque tenía sus cimientos sobre la roca. Pero todo el que oye mis palabras y no hace caso a lo que digo, es como un tonto que construyó su casa sobre la arena. Vino la lluvia, crecieron los ríos y soplaron los vientos, y la casa se derrumbó. ¡Fue un completo desastre!

Edificar sobre roca es edificar sobre Jesús. Es enraizar nuestras acciones en su Amor. Hacer lo que Él hizo: amar, entregarse, perdonar...No son nuestras palabras las que nos salvarán, sino nuestras obras hechas en su nombre, hechas con Amor.

"“No todo el que me dice Señor, Señor”, es el aviso a navegantes que hoy nos lanza el Nazareno. No solo lo dice en esta ocasión, el evangelio está salpicado de este tipo de advertencias. Como si las palabras no fuesen suficientemente claras, Jesús pone ejemplos de la vida real que aun los hace más sencillos y accesibles.
Incluso pone dos ejemplos opuestos para hacerlo más evidente. Dos hombres, uno prudente y otro necio, que construyen cada uno su casa, los dos sufren las mismas inclemencias climáticas, pero con distintos resultados. La diferencia es la cimentación de la casa: uno elije la roca y el otro la arena.
Roca o arena en nuestras vidas; apoyarnos en lo que perdura o en lo que nos va llevando de un lado a otro centrándonos en nosotros mismos. Roca no quiere decir rigidez moral, sino buscar cada día afianzarse en el amor que nos asegura la vida que se hace plena entregándose. No se trata de buscar seguridades inmovilistas sino salir de uno mismo, de nuestros intereses diminutos para llevarnos hacia el Evangelio de entrega y de servicio. La arena es más bien arena movediza, nos hunde en ese yo (aunque sea disfrazado de nosotros pequeño) de intereses cortoplacistas y de las antípodas del servicio que se acaban convirtiendo en abusos de distinto tipo. Lo prudente es optar por la imprudencia del amor de jofaina y de toalla, aunque muchas veces no nos resulte beneficioso y, mucho menos, cómodo."
(Miguel Tombilla cmf, Ciudad Redonda)

miércoles, 6 de diciembre de 2023

CURAR Y ALIMENTAR

 

Jesús, saliendo de allí, se fue a la orilla del lago de Galilea; luego subió al monte y se sentó. Mucha gente se reunió donde él estaba. Llevaban cojos, ciegos, mancos, mudos y otros muchos enfermos; los ponían a los pies de Jesús y él los sanaba. De modo que la gente estaba asombrada al ver que los mudos hablaban, los mancos quedaban sanos, los cojos andaban y los ciegos veían. Y todos alababan al Dios de Israel.
 Jesús llamó a sus discípulos y les dijo:
– Siento compasión de esta gente, porque ya hace tres días que están aquí conmigo y no tienen nada que comer. No quiero enviarlos en ayunas a sus casas, no sea que desfallezcan por el camino.
 Sus discípulos le dijeron:
– Pero ¿cómo encontrar comida para tanta gente en un lugar como este, donde no vive nadie?
 Jesús les preguntó:
– ¿Cuántos panes tenéis?
– Siete y unos pocos peces –le contestaron.
 Mandó que la gente se sentara en el suelo, tomó en sus manos los siete panes y los peces y, habiendo dado gracias a Dios, los partió, se los dio a sus discípulos y ellos los repartieron entre la gente. Todos comieron hasta quedar satisfechos, y todavía llenaron siete canastas con los trozos sobrantes.


Jesús curaba y alimentaba. Es decir, se preocupaba por los demás, se preocupa por nosotros. Y si queremos seguirlo, también nosotros debemos hacer lo mismo. La espiritualidad nos debe llevar a Dios a través de los demás. Es amando al prójimo que amamos a Dios.

"Jesús una vez más dónde se siente a gusto, en su Galilea de mar abierto, de aires de libertad y fraternidad. Galilea de bienaventuranzas, de curaciones… Allí se encuentra con los últimos que pasan a los primeros puestos, a los del Reino: “tullidos, ciegos, lisiados, sordomudos y muchos otros”. Todos excluidos por una sociedad que descubría el pecado en muchas de las fragilidades de esa lista de personas y de otras muchas personas que no están en ella. Pureza-impureza, sagrado-profano son los opuestos que limitan la vida de muchos seres humanos y que identifican enfermedad con pecado y pecado con exclusión. Una dinámica perversa que hoy sigue estando algo presente en la actualidad. Jesús cura y reintegra en una nueva realidad que es el Reino y, por eso, la “gente se admiraba”.
Pero por si toda esta actividad fuese poca Jesús aun da un paso más y siente más compasión. Se preocupa por algo que parece que a todo el mundo le pasa desapercibido: esas personas tienen hambre. Y la solución no quiere que sea solo de él, por eso involucra a los discípulos para que dejen de ser meros espectadores. Ellos aportan panes y peces, solo unos pocos, pero todo lo que tienen (como la viuda de Sarepta, como S. Francisco, como tantos otros). Con poco se hace mucho, pero ese poco hay que ponerlo y muchas veces nos cuesta.
Con los panes y los peces se hace eucaristía, alimento que se parte, se reparte y que sacia. Aún más, se desborda hasta tener que recoger las sobras, porque nada se desperdicia en la dinámica del Reino."
(Miguel Tombilla cmf, Ciudad Redonda)

martes, 5 de diciembre de 2023

LOS PEQUEÑOS

  


En aquel momento, Jesús, lleno de alegría por el Espíritu Santo, dijo: Te alabo, Padre, Señor del cielo y de la tierra, porque has mostrado a los sencillos las cosas que ocultaste a los sabios y entendidos. Sí, Padre, porque así lo has querido.
Mi Padre me ha entregado todas las cosas. Nadie sabe quién es el Hijo, sino el Padre; y nadie sabe quién es el Padre, sino el Hijo y aquellos a quienes el Hijo quiera darlo a conocer.
Volviéndose a los discípulos les dijo aparte: Dichosos quienes vean lo que estáis viendo vosotros, porque os digo que muchos profetas y reyes desearon ver lo que vosotros veis, y no lo vieron; desearon oir lo que vosotros oís, y no lo oyeron.

Es una constante en las enseñanzas de Jesús. Son los sencillos los que realmente captan la realidad de Dios. El orgullo, la prepotencia, nos alejan de Dios, porque también nos alejan de los demás. Sólo el sencillo es capaz de amar. Y a Dios solamente se llega por el Amor.

"Este evangelio lo podríamos considerar como la piedra Rosetta de los demás textos. En él se detalla quienes son los que entienden el mensaje: “los pequeños”. El mensaje llega a muchos, como la semilla que se lanza a boleo sin prever dónde va a caer.
La revelación, el conocimiento profundo (no solo la escucha superficial) la decide el Padre, él es quien toma la iniciativa. Pero no solo la de comunicar, sino también la de “esconder”. Los “sabios y los entendidos” no pueden entender correctamente la Buena Noticia. Y no porque sean incapaces de hacerlo por ellos mismos, sino porque el mensaje les llega codificado por parte del Padre.
De este modo los sabios y entendidos quedan enfrentados a los sencillos. Son dos maneras de vivir y de entender lo que se está viviendo. Dos maneras de acercarse a una imagen u otra de Dios, la Iglesia, a la comunidad y a la sociedad.
Son preciosas las últimas líneas de la narración, la bienaventuranza que también está dirigida a cada uno de nosotros. Vemos y oímos lo que muchos profetas y reyes quisieron ver y oír y no lo consiguieron. Somos bienaventurados, somos profetas y reyes y sacerdotes, todos. Pero todos iguales, esencialmente hermanos y hermanas. Somos lo que Dios quiere que seamos y lo que nosotros queramos aceptar de Dios. Somos o el Padre quiere que seamos sencillos, por lo menos que nos abramos a este regalo."
(Miguel Tombilla cmf, Ciudad Redonda)

lunes, 4 de diciembre de 2023

NO SOMOS DIGNOS

  


Al entrar en Cafarnaún, un centurión romano se le acercó para hacerle un ruego. Le dijo:
– Señor, mi asistente está en casa enfermo, paralítico, sufriendo terribles dolores.
 Jesús le respondió:
– Iré a sanarlo.
– Señor – le contestó el centurión –, yo no merezco que entres en mi casa. Basta que des la orden y mi asistente quedará sanado. Porque yo mismo estoy bajo órdenes superiores, y a la vez tengo soldados bajo mi mando. Cuando a uno de ellos le digo que vaya, va; cuando a otro le digo que venga, viene; y cuando ordeno a mi criado que haga algo, lo hace.
 Al oir esto, Jesús se quedó admirado y dijo a los que le seguían:
– Os aseguro que no he encontrado a nadie en Israel con tanta fe como este hombre. Y os digo que muchos vendrán de oriente y de occidente, y se sentarán a la mesa con Abraham, Isaac y Jacob en el reino de los cielos.

El centurión nos da varias lecciones. La mayor es la de la humildad. Ante Jesús todos somos indignos. Nosotros alardeamos de nuestras buenas acciones, pero estas no valen nada si falta el Amor. Y cuando están llenas de Amor no vamos proclamándolas por ahí. 
Y Jesús nos dice claramente que la salvación es para todos. Nadie tiene privilegios. Lo que se necesita es Fe.

"Comenzamos el Adviento y lo hacemos con un personaje que queda en la memoria de los cristianos y cristianas de muchas generaciones.  Jesús dijo de él: “En verdad os digo que en Israel no he encontrado en nadie tanta fe”. Un centurión era alguien importante, no por su relevancia moral sino por su poder y su capacidad de generar miedo a su alrededor en nombre del Imperio. Cien soldados estaban a su cargo, sabía lo que era mandar y la debida obediencia, por ello se relaciona con Jesús desde estos parámetros.
Sorprenden varias cosas. Lo primero que su petición de curación es para un criado. En principio, alguien que no tiene por qué tener un lazo afectivo. Pero parece que había algo especial entre ellos, aunque no sepamos qué.
Otra cosa que llama la atención es que el centurión recurre a Jesús, un pagano a un judío. Distintos religiosamente, culturalmente, a nivel de estatus social… A pesar de todo lo busca y, lo más sorprendente, no solo se encuentran, sino que se entienden profundamente.
Y lo último, aunque habría mas detalles, es la frase que queda en el recuerdo de cada uno de nosotros: Señor, no soy digno de que entres en mi casa, pero una palabra tuya bastará para “sanarme”. La salvación que no depende de la dignidad de nadie, La salvación que entra en nuestras casas con la Palabra y en la Palabra. Salvación nunca merecida, pero sí regalada por Jesús que la abre a la Creación entera, a la toda la Casa común: “Vendrán muchos de oriente y occidente y se sentarán con Abrahán, Isaac y Jacob en el reino de los cielos”"
(Miguel Tombilla cmf, Ciudad Redonda)

domingo, 3 de diciembre de 2023

VELAD

 

Por tanto, permaneced despiertos y vigilantes, porque no sabéis cuándo llegará el momento. Esto es como un hombre que, a punto de irse a otro país, deja a sus criados al cargo de la casa. A cada cual le señala su tarea, y ordena al portero que vigile. Así que permaneced despiertos, porque no sabéis cuándo va a llegar el señor de la casa: si al anochecer, a la medianoche, al canto del gallo o a la mañana. ¡Que no venga de repente y os encuentre durmiendo! Y lo que os digo a vosotros se lo digo a todos: ¡Permaneced despiertos!

"Feliz Año Nuevo litúrgico. El Adviento nos abre a un nuevo ciclo, en este año 2023 nos corresponde el ciclo B. Cada año, con el comienzo del Adviento, cambiamos de Evangelio en los domingos. En esta ocasión, nos deja Mateo y nos recibe Marcos. Un Evangelio más breve, pero intenso, pensado como un camino catequético. Intenta presentarse no como buena noticia en sí mismo, sino como una presentación de cuál es el "origen de la Buena Noticia de que Jesús es el Cristo, el Hijo de Dios" (Mc 1,1), tal como se predica en una comunidad concreta, necesitada de saber en quién han creído.
Empezamos el Adviento, como digo. Es uno de los tiempos fuertes de la Liturgia. La Santa Madre Iglesia, que es muy sabia, nos prepara así para vivir mejor la Navidad, como pasa con la Cuaresma, antes de la Pascua. En este tiempo fuerte sería bueno recurrir con mucha más frecuencia a la Palabra de Dios, que está siempre disponible. Y que esa Palabra de Dios nos supiera a poco.
Porque no agotamos la verdad de esas palabras con una sola lectura. Ojalá volviéramos sobre ellas, ahondando más en su sentido, para extraerles todo el jugo posible, para que nos ayuden a ver más claro, para que nos ayuden a vivir mejor. Son como una fuente. No agotamos el manantial con un solo sorbo, y probablemente tampoco agotamos nuestra sed con un solo sorbo. Que tengamos ganas de beber más, siempre.
La primera lectura nos habla de un pueblo en el exilio que, a pesar de todo, sigue confiando. Han visto cómo Jerusalén era saqueada y ellos mismos llevados al destierro. Todo parece estar en contra. Pero confían. Esperan. Es un pueblo que sabe Quién es su Señor, y no desesperan. Nosotros somos la arcilla y tú el alfarero: somos todos obra de tu mano. Cuando todo va mal, sólo queda confiar y orar. Cuando rezamos bien, como Dios quiere, se logra la paz interior, la esperanza, una mirada optimista que ayuda a seguir viviendo. En los brazos de Dios uno puede sentirse seguro, a pesar de todo. Porque Dios no nos abandona. Hay que recordar esto con frecuencia.
Es que no siempre hacemos las cosas bien. A menudo sentimos que somos débiles, que no podemos corregirnos. Parece que estamos llamados a repetir los errores. Confesamos a menudo los mismos pecados. ¿Por qué Dios lo permite? Seguramente, para dejar que ejerzamos nuestra libertad. Para que, cada día, optemos por él. Podemos. Nos lo recuerda san Pablo. No carecéis de ningún don, vosotros que aguardáis la manifestación de nuestro Señor Jesucristo. Él, que comenzó en nosotros la obra buena, la llevará a término. Su fidelidad no depende de nuestra respuesta, Él es siempre fiel. A pesar de nosotros mismos. Si podemos creer en esto, crecerá nuestra esperanza cristiana. En eso consiste el amor de Dios. Amar a pesar de todo. Y a eso estamos llamados nosotros.
El evangelio, otra vez, nos invita a velar. Empezamos el año (litúrgico) como lo terminamos. Para que no se nos olvide. De noche, es difícil velar. Lo sabemos bien en Múrmansk, en mi parroquia. En invierno la noche polar nos envuelve. Muchas horas de oscuridad, muy poca luz. Es pesado. Las ganas de dormir son permanentes. Además, de noche, surgen los miedos, la inquietud. Se puede perder hasta la fe. Porque no vemos claro, porque no sabemos dónde ir. Entonces, ¿qué podemos hacer?
Hay un remedio para no dormir. Se lo dijo Jesús a sus discípulos en Getsemaní. “Velad y orad”. Es lo que significa vigilar. Rezar, hablar con Jesús, en permanente diálogo con Él. Preguntarle, contarle lo que nos pasa, confiarle nuestra vida. Siempre.
Eso sí, tenemos que recordar, quizá en tiempo de Adviento especialmente, que Dios actúa de un modo discreto y silencioso, pero eficaz. No siempre como nos gustaría, no de forma drástica o exagerada, sino como el fermento en la masa. Todo lleva su tiempo. Y el tiempo de Dios no es nuestro tiempo. Eso también tenemos que recordarlo.
Es que Jesús plantó un germen de vida, en lugar de implantar algo imponente y grandioso ya desde el comienzo. Para ayudar al desarrollo de ese germen de vida, cada uno tenemos una tarea. Dio a cada uno de sus criados su tarea. Cuando nos bautizaron, por obra y gracia del Espíritu, entramos a formar parte de ese plan de Jesús. Y fue plantada en nuestro corazón nuestra propia semilla. Deja que esa semilla crezca en tu vida. Con la ayuda de Dios crecerá. Él os mantendrá firmes hasta el final. Y espera. Todo está en marcha. Trabaja, sin prisa, pero sin pausa, con paciencia, y con alegría. Porque nos preparamos para algo grande."
(Alejandro Carbajo cmf, Ciudad Redonda)

sábado, 2 de diciembre de 2023

NO ENDURECER EL CORAZÓN

 

Tened cuidado y no dejéis que vuestro corazón se endurezca por los vicios, las borracheras y las preocupaciones de esta vida, para que aquel día no caiga de pronto sobre vosotros como una trampa; porque así vendrá sobre todos los habitantes de la tierra. Permaneced vigilantes, orando en todo tiempo para que podáis escapar de todas esas cosas que van a suceder, y para que podáis presentaros delante del Hijo del hombre.

Acabamos hoy el año litúrgico y nos encontramos con otro pasaje apocalíptico de Lucas. Se nos invita a no endurecer el corazón. ¿Cómo se endurece? Llenándolo de cosas y sentimientos inútiles. Llenándolo de rencor, de envidia, de egoísmo. Hemos de vigilar para que en nuestro corazón anide solamente el Amor. Para ello debemos orar sin cesar.

"Siguiendo con la lectura del pasaje de Lucas, hoy se nos recomienda no “dormirnos”, no dejar que el corazón quede embotado. A mí la palabra embotado me sugiere una de esas figuras de las historias de Baco, enrojecida por el vino, muy sonriente, pero con una profunda tristeza. Pero, más que nada, un corazón embotado es aquel que no puede re-cordar, es decir, no puede traer nada así mismo porque está rebosante de tonterías, diversiones, preocupaciones, mentiras que se dice a sí mismo.
¡Pero todos necesitamos divertirnos, salir de las preocupaciones, relajarnos! O diremos, con razón, que las preocupaciones no se pueden quitar así de un plumazo, cuando se trata de dar de comer a los hijos, de buscar un futuro, de combatir una enfermedad, de enfrentarse a una pérdida o a una grave dificultad laboral o económica. Por supuesto que nos tenemos que preocupar. Parece que el Señor siempre está pidiendo cosas imposibles, irrealistas o quizá incluso absurdas. O parece, más bien, que lo que trata de enfatizar, una y otra vez es que el centro debe estar en el centro… Es decir, que a veces las diversiones o las preocupaciones de la vida, nos descentran. Nos apartan del centro verdadero de gravedad, y entonces acabamos yéndonos a pique. Cuando el corazón no puede re-cordar, traer lo más importante hacia así, cuando está embotado y desmemoriado por andar demasiado ocupado (incluso con cosas necesarias o buenas), pierde su propia identidad. Un corazón que no puede recordar el principio de su existencia ha dejado, en efecto, de latir apropiadamente.
 Porque el problema es ir dejando, casi insensiblemente, que las preocupaciones o las diversiones se adueñen de todo el espacio (del disco duro) y se borre la memoria de la gracia que siempre ha ido acompañando a ese corazón incluso por momentos imposiblemente difíciles y amargos. Y, al borrarse esa memoria de la gracia, ese traer al corazón lo que es importante, lo que ha sido siempre importante en nuestras vidas, nos quedamos desamparados y derrumbados. Y hoy se nos dice de nuevo: “Manteneos de pie ante el Hijo del Hombre”. Mantenerse de pie exige un corazón ligero, no embotado; un corazón que no ha perdido su identidad de hijo y que sabe navegar a través de todas esas preocupaciones de la vida con una inquebrantable confianza en el apoyo de esa gracia imborrable y recordada en todo momento.  Un corazón no embotado es el corazón agradecido, ya que el agradecimiento es la memoria del corazón. Es el corazón que ha latido al ritmo de otro Corazón y que recuerda cómo es ese latido, y lo agradece. Porque ahí estará para vivir esas preocupaciones o esas diversiones sin descentrarse."
(Carmen Fernández Aguinaco, Ciudad Redonda)

viernes, 1 de diciembre de 2023

SU PALABRA NO PASARÁ

 

También les propuso Jesús esta comparación: “Mirad la higuera, o cualquier otro árbol: cuando veis que ya brotan sus hojas, comprendéis que el verano está cerca. De la misma manera, cuando veáis que suceden esas cosas, sabed que el reino de Dios ya está cerca.
Os aseguro que todo ello sucederá antes que haya muerto la gente de este tiempo. El cielo y la tierra pasarán, pero mis palabras no pasarán.

No hay nada que dure para siempre, pero Jesús nos dice que su Palabra no pasará. Porque su Palabra es su Vida, es la Vida. Jesús habló con hechos, ayudando, perdonando, curando...En una palabra: amando. Y el Amor es lo único que nunca pasará.
"“Todo pasa y todo llega”, dice la célebre poesía de Machado. Y, algo aparentemente más pesimista que cantamos en Navidad: “Y nosotros nos iremos y no volveremos más…”. El Evangelio de hoy nos lo pone todavía más crudo: cielo y tierra pasarán… Es decir, todo, incluidos nosotros, pasará. Pero en realidad no dice: “todo pasará”, sino “cielo y tierra pasarán…” Lo que no pasará es, precisamente el Todo, el Absoluto. A una mentalidad relativista moderna, esto le puede resultar insultante. Pero es lo que hay. Cielo y tierra, es decir, todo lo que conocemos, pasará. Parece un pensamiento muy sombrío, y sin embargo, no lo es en absoluto. Porque pasará eso, que al fin y al cabo, es solo cielo y tierra. Y que no es todo. Pero permanecerá el Todo… La Palabra.
Todo esto parece muy abstracto. ¿Cómo se vive una cosa expresada en términos tan absolutos? Quizá empiece por la necesaria relativización de las cosas pasajeras, que, al fin y al cabo, pasan, y por la alegre confianza de que hay algo que no pasa. Los problemas pasan, los conflictos diarios pasan, los dolores de cabeza y las dificultades en el trabajo o en la familia… pasan. No pasa todo lo auténtico y verdadero: el amor de Dios y el que nos profesamos unos a otros; las obras de servicio; la generosidad extendida a otros; el bien que se haya podido hacer cada día; la verdad y los actos de justicia. Todo eso no pasa porque está arraigado profundamente en la Palabra de Dios, que es Vida.
“Pero lo nuestro es pasar… no hay camino, se hace camino al andar…” Una vez comentaba estas palabras con un grupo y alguien dijo: “Ahí hay un error: sí que hay camino. Cristo nos dijo que Él es el camino. No hay que inventarse nada.” Tenía razón esta persona, y quizá—sin saltarse las leyes prosódicas—habría que cambiar a algo así como “se descubre el camino al andar”. Se va conociendo más y más del Todo inabarcable. Lo importante, sin embargo, es caminar, seguir caminando. Y seguir caminando en ese descubrimiento de todo lo que es imperecedero: el amor, el servicio, el sacrificio, la justicia, la siembra de la paz…
Y entonces, se nos hace más luminoso el mensaje de hoy. Se nos hace posible una alegre confianza. Podemos andar seguros y serenos a pesar de todo lo terrible que vemos a nuestro alrededor y todas las cosas que pasan, y todos los seres queridos que aparentemente nos dejan. La Palabra no pasará. Su poder es un poder eterno y su reino no tendrá fin."
(Carmen Fernández Aguinaco, Ciudad Redonda)