viernes, 17 de julio de 2026

LA PERSONA POR ENCIMA DE LAS NORMAS

  

Por aquel tiempo, Jesús caminaba un sábado entre los sembrados. Sus discípulos sintieron hambre y comenzaron a arrancar espigas y a comer los granos. Los fariseos, al verlo, dijeron a Jesús:
– Mira, tus discípulos hacen algo que no está permitido en sábado. Él les contestó:
– ¿No habéis leído lo que hizo David en una ocasión en que él y sus compañeros tuvieron hambre? Entró en la casa de Dios y comió los panes consagrados, que no les estaba permitido comer ni a él ni a sus compañeros, sino solamente a los sacerdotes. ¿O no habéis leído en la ley de Moisés que los sacerdotes en el templo no cometen pecado por trabajar los sábados? Pues os digo que aquí hay algo más importante que el templo. Vosotros no habéis entendido qué significan estas palabras de la Escritura: ‘Quiero que seáis compasivos, y no que me ofrezcáis sacrificios.’ Si lo hubierais entendido, no condenaríais a quienes no han cometido falta alguna. Pues bien, el Hijo del hombre tiene autoridad sobre el sábado.
(Mt 12,1-8)

La persona está por encima de las normas. Hacer el bien está por encima de las leyes. Amor quiero, no sacrificios. A veces, el exigir el cumplimiento de las normas, no es, sino la excusa para esconder nuestra cobardía, nuestra falta de compromiso, nuestra ausencia de Amor.

"Las lecturas de hoy parecen hablar de cosas distintas. En Isaías 38, Ezequías recibe la noticia de su enfermedad incurable, y luego la de su curación. “Salvaste mi vida, no moriré”, dice agradecido. Se había merecido morir, y sin embargo, se salva. El pasaje del Evangelio de hoy no parece guardar mucha relación con esto, pero sí demuestra que Dios está muy por encima de todo poder humano, e incluso de toda norma o costumbre. El Dios que cura a Ezequías cuando no había remedio, también hace que el sol retroceda; y es el mismo Dios que se declara Señor del sábado. Por encima de la norma, ve el hambre de sus amigos y se compadece.
Este es el Dios que, por misericordia, salva la vida a Ezequías, y da de comer a los discípulos en sábado. Es el Dios que pasa por encima de las expectativas humanas para mostrar un amor inmerecido e inesperado. Espera una respuesta: “misericordia quiero”…Y, ¿qué es la misericordia? La palabra misericordia viene de piedad (miser) y cordia (corazón). Es decir, no es un perdón a lo loco, ni una solidaridad secular, sino una acción del corazón, algo que llega a lo más profundo, El corazón de Dios se apiada de Ezequías y se apiada del hambre de los discípulos. El corazón de Dios se conmueve profundamente.
Pero, aunque él dé gratuitamente, no lo da sin consecuencias. Es decir, ahora toca a quienes han recibido misericordia obrar misericordia. Ahora toca al corazón de quien ha recibido el favor del corazón de Dios extender ese favor. Ahora toca al corazón humano conmoverse profundamente y mostrar misericordia… Contra toda expectativa. Mostrar misericordia es entrar en el corazón de Dios. Y esto es lo que quiere: la curación, el responder al hambre y a la sed de otros. Que todos se salven (es decir, se sanen). Los “sacrificios” externos, es decir, el culto, también habrá que hacerlos; pero con el corazón. Lex orandi, lex credendi. Es decir, no se puede orar bien, si el corazón no está ahí. No se puede creer bien si no se ora bien, con el corazón."
(Cármen Aguinaco, Ciudad Redonda)

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