Los fariseos se reunieron al saber que Jesús había hecho callar a los saduceos. Uno de aquellos, maestro de la ley, para tenderle una trampa le preguntó:
– Maestro, ¿cuál es el mandamiento más importante de la ley?
Jesús le dijo:
– ‘Ama al Señor tu Dios con todo tu corazón, con toda tu alma y con toda tu mente.’ Este es el más importante y el primero de los mandamientos. Y el segundo es parecido a este: ‘Ama a tu prójimo como a ti mismo.’ De estos dos mandamientos pende toda la ley de Moisés y las enseñanzas de los profetas.
(Mt 22,34-40)
La respuesta de Jesús es taxativa. Toda la ley se basa en el Amor. A Dios y al prójimo. Cumplir sin amar no sirve para nada. Todo lo que hacemos debe estar regido por el Amor.
"Sabemos lo que es esencial en nuestra fe, no solo como concepto sino como guía práctica, modo de vida. La fórmula es sencilla “Amarás a Dios sobre todas las cosas y al prójimo como a ti mismo”. ¿Lo sabemos en realidad?
Puede pasar con esto como con otros saberes (física cuántica, astronomía, geopolítica, ciencias sociales…) de los que creemos tener algún conocimiento, no nos hayan producido el menor asombro ni interrogante y en realidad no hayamos entendido gran cosa.
Ese invento peligroso llamado inteligencia artificial suele responder a mis preguntas con una correctísima y ortodoxa doctrina. Dice así: La sabiduría bíblica no es mero conocimiento intelectual, sino el arte de vivir rectamente bajo el diseño de Dios. Teológicamente, es la capacidad práctica y espiritual de ver el mundo como Dios lo ve y actuar en consecuencia. En el Nuevo Testamento, la sabiduría deja de ser un concepto y se convierte en una persona: Jesucristo es la sabiduría de Dios encarnada. Por lo tanto, para la teología bíblica, ser sabio es reflejar el carácter de Cristo mediante la guía del Espíritu Santo.
Más de una vez hemos escuchado en la lectura del Evangelio que Jesús da gracias al Padre porque ha dado a conocer estas cosas a los pequeños. ¡Menos mal! Resulta un poco paradójico pero a los santos (canonizados o no, con muchos estudios y títulos o poco menos que analfabetos) el Padre les dió a conocer, a saborear y a vivir estas cosas. En el texto de Mateo, se nos dice que amemos a Dios con todo el corazón, con toda el alma, con toda la mente… y al prójimo como a uno mismo. No es cuestión de discurrir mucho, sino de amar mucho. Y como los pequeños y los niños asombrarnos de que Dios sea la respuesta a eso tan limpio y hermoso que Él mismo ha puesto en nuestro corazón."
(Virginia Fernández Aguinaco, Ciudad Redonda)
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