
"En aquel tiempo, Jesús se puso a hablar a la gente del Reino de Dios, y curó a los que lo necesitaban. Caía la tarde y los Doce se le acercaron a decirle:
- Despide a la gente; que vayan a las aldeas y cortijos de alrededor a buscar alojamiento y comida; porque aquí estamos en descampado.
Él les contestró:
- Dadles vosotros de comer.
Ellos replicaron:
- No tenemos más que cinco panes y dos peces; a no ser que vayamos a comprar de comer para todo este gentío.
Porque eran unos cinco mil hombres. Jesús dijo a sus discípulos:
- Decidles que se echen en grupos de unos cincuenta.
Lo hicieron así y todos se echaron. Él, tomando los cinco panes y los dos peces, alzó la mirada al cielo, pronunció la bendición sobre ellos, los partió y se los dio a los discípulos para que se lo sirvieran a la gente. Comieron todos y se saciaron, y cogieron las sobras: doce cestos."
Este es el sacramento central de nuestra Fe. La Eucaristía es el misterio Pascual.
Ante ella podemos encontrarnos con dos extremos. Considerarla sólo como una Presencia o fijarnos únicamente en el aspecto solidario, en compartir. No negaré el aspecto contemplativo de la Eucaristía ni diré a nadie que no dedique tiempo a orar ante ella; pero la Eucaristía es más. Tampoco diré que la Eucaristía no es dar de comer a los otros; pero sí que no es sólo eso.
La Eucaristía es la culminación de la obra de Jesús: Él se nos hace alimento. Es decir, hemos de asimilarlo, hacerlo nuestro. Como Pablo, hacer que ya no vivamos nosotros, sino Cristo en nosotros. Jesús se hace Pan y Vino. Pan que se parte y se reparte. Vino que es sangre derramada...
La Eucaristía no puede ser solamente un alimento personal. Es pan para ser partido y compartido. "Dadles de comer vosotros", nos dice Jesús en el evangelio de hoy.
La Eucaristía es comunidad. "Decidles que se echen en grupo..."
La Eucaristía es Unidad y Entrega. Es hacernos todos Uno con Él, con todos. Es derrarmar nuestra sangre por el bien de la Humanidad, junto con la sangre de Jesús. Por eso nuestras Eucaristías, si salimos de ellas igual que hemos entrado; si después, por poco que sea (cinco panes y dos peces) no hacemos nada por mejorar la Humanidad, no tienen sentido: no son Eucaristías.
Pedro Casaldáliga lo expresa muy bien en este poema:
"Mi cuerpo es comida
Mis manos y Tus manos,
hacemos este Gesto,
compartida la mesa y el destino,
como hermanos.
Las vidas en Tu muerte y en Tu vida.
Unidos en el pan los muchos granos,
iremos aprendiendo a ser
la unida Ciudad de Dios,
Ciudad de los humanos.
Comiéndote sabremos ser comida.
El vino de sus venas nos provoca.
El pan que ellos no tienen nos convoca
a ser Contigo el pan de cada día.
Llamados por la Luz de Tu memoria,
marchamos hacia el Reino haciendo Historia,
fraterna y subversiva Eucaristía."
(Pedro Casaldáliga)