El rey Herodes oyó hablar de Jesús y de todo lo que hacía. Y no sabía qué pensar, porque unos decían que era Juan, que había resucitado; otros, que había aparecido el profeta Elías, y otros, que era alguno de los antiguos profetas que había resucitado. Pero Herodes dijo:
– Yo mismo mandé que cortaran la cabeza a Juan. ¿Quién, pues, será este de quien oigo contar tantas cosas?
Por eso Herodes tenía ganas de ver a Jesús.
(Lc 9,7-9)
¿Fe o curiosidad? Puede que nuestra primera razón para acercarnos a la espiritualidad, a Dios, sea la curiosidad. Pero si esta curiosidad no nos lleva a la Fe no sirve para nada. Herodes, cuando se lo envió Pilatos, es cuando lo conoció. Pero no le sirvió para creer. No llegó a la Fe.
"Las estadísticas son claras. Aumenta en el mundo el número de católicos y cristianos de otras confesiones. Pero disminuye, de modo drámatico, en lo que fue la cristiandad o civilización cristiana de occidente: Europa y América. Disminuyen las vocaciones al sacerdocio o a la vida religiosa, hay menos bautizos y vida sacramental… Especialmente dramático el panorama en países tan arraigados históricamente en la Iglesia católica como Polonia, Irlanda o España.
Pero también se ha producido un fenómeno inesperado. Parece que está de moda, digámoslo así, que personajes de la ciencia, la política, las artes, el cine, el deporte… En fin, gente que se ha hecho famosa en los medios o en distintas plataformas digitales, se declare cristiana, católica de toda la vida o conversa reciente. Imágenes de Jesús, la Virgen o santos (a veces de la iconografía clásica y otras creadas con inteligencia artificial) se difunden así como mensajes más o menos piadosos, oraciones… muchas noticias acerca de milagros o signos sobrenaturales… Y también la atención a supuestos avisos de la proximidad del fin de los tiempos.
Está de moda, sin duda, la curiosidad y, seguramente, el deseo de encontrar sentido en un mundo desquiciado. Lo de Herodes, creo, fue mera curiosidad. Dice el Evangelio de hoy que Herodes se enteró de lo que pasaba con Jesús y tenía ganas de verlo. A lo mejor, alguno que lea esto tiene en la mente, como yo, las imágenes cinematográfica de Herodes frente a Jesús cuando Pilatos lo envió a él para evitarse problemas. Herodes, que al parecer no lo había visto hasta ese momento, se decepciona. Jesús no dice nada y no “produce un milagro” para complacer su curiosidad. Herodes era un mal tipo. Nos dice el texto de Lucas que confiesa sin temor que mandó decapitar a Juan. Cualquiera sabe, porque solo Dios conoce lo más íntimo de nuestro corazón. Solo cabe pedir al Señor que las conversiones, el amor a Jesús y esas manifestaciones de fe sean verdaderas y muestren al mundo no solo la sed sino la realidad de que hay sentido y esperanza. Que no sean curiosidad ni una moda pasajera.
(Virginia Fernández Aguinaco, Ciudad Redonda)
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