Aquel conferenciante acusaba a Dios de la división en este mundo. Decía que la oración no era más que una forma de acallar nuestra conciencia, mirarnos el ombligo y alejarnos de los demás.
Cuando llegó el momento de que los asistentes tomaran la palabra, el Anacoreta levantó la mano y dijo:
- No dudo que una falsa idea de Dios, un concepto equivocado de la oración y de la espiritualidad, sean de nefastas consecuencias. Pero la verdadera idea de Dios, el verdadero concepto de oración, lejos de separarnos nos une. Es algo así como la rueda de un carro.
Miraron los asistentes extrañados a aquel anciano, que siguió hablando y se explicó:
- Ya hace muchos siglos lo escribió Doroteo de Gaza: "Imaginad que el mundo sea un círculo en cuyo centro esté Dios, y que los radios sean los distintos modos de vivir de los hombres. Cuando los que, queriendo acercarse a Dios, se dirigen al centro del círculo, al mismo tiempo se acercan también entre ellos. Cuanto más se acercan a Dios, más se acercan los unos a los otros. Cuanto más se acercan los unos a los otros, más se acercan a Dios."
Guardó silencio unos instantes y concluyó:
- Si Dios o la espiritualidad nos separan...No hay duda. No se trata de Dios ni de oración, sino de nuestras invenciones y egoismos.
Nuestra sociedad envejeze. Tradicionalmente el anciano era el centro de la familia. Esto ocurre todavía en sociedades como la africana o la asiática, en la que no se concibe que el anciano acabe sus días en un lugar que no sea su casa. Esa persona, que ha trabajado toda su vida y ha cotizado una S.S. creyendo que tendría una vejez tranquila, se ve ahora amenazada por una crisis que ellos no han buscado. La realidad es que cada día hay más ancianos abandonados a su suerte, con una pensión de miseria (sobre todo las ancianas si son viudas).
Aquí os dejo estas bienaventuranzas de autor anónimo:
Dichosos los que me miran con simpatía.
Dichosos los que comprenden mi lento caminar.
Dichosos los que hablan en voz alta para minimizar mi sordera.
Dichosos los que aprietan con calor mis manos temblorosas.
Dichosos los que se interesan por mi lejana juventud.
Dichosos los que no se cansan de escuchar las historias que a menudo repito.
Dichosos los que me regalan su tiempo.
Dichosos los que se acuerdan de mi soledad.
Dichosos los que me acompañan en mi padecer.
Dichosos los que alegran los últimos días de mi vida.
Dichosos los que me acompañan en el momento de mi muerte...
...cuando entre en mi vida eterna me acordaré de ellos delante del Señor.
Y dichosos los gobiernos que se recortan sus sueldos y aumentan mi pensión...quizá harán lo mismo con ellos cuando sean ancianos (esta no es anónima, es mía).
Me lo perdí y ahora no me arrepiento. Lo leí en la Hoja Dominical del Arzobispado de Barcelona. El 14 a las 20h. en la parroquia de la Inmaculada Concepción, se iniciaban con una conferencia explicativa, siete sesiones de oración meditativa siguiendo las técnicas que emplea la Comunidad Mundial para la Meditación Cristiana. Confieso que me hacía ilusión asistir. La Concepción fue mi parroquia hasta que entré en la casa de formación para hacerme Hermano. Allí se casaron mis padres. Allí asistí a su entierro. Allí se casó una de mis sobrinas...Pero sobre todo, porque conocía por internet esa Comunidad (www.meditacioncristiana.com/) y tenía ganas de conocerla mejor. Es una comunidad inglesa, presidida en la actualidad por un monje benedictino, Laurence Freeman, aunque fue otro monje, John Main el que la impulsó. Emplean una técnica de oración muy semejante a la oriental, basándose en el silencio, en el cuidado en la postura del cuerpo, la relajación y la repetición de una frase, "maranathá" (Ven Señor Jesús), a modo de mantra.
Tras la introducción, la visión de un vídeo explicativo y diez minutos de breve meditación, se abrió un turno de preguntas. En ese momento, uno de los sacerdotes de la parroquia se levantó exaltado acusando al ponente de hereje, al método de sincretismo y afirmando que la única forma de llegar a Dios es por Jesucristo y con la oración oficial de la Iglesia. Que no se puede mezclar cristianismo con budismo. Aquí se acabó el clima de oración que se había creado y todo acabó en exabruptos y acusaciones de herejía. Por todo esto me alegro de no haber asistido.
¿Qué nos está pasando? ¿A qué viene esta oleada de intransigencia? Estamos claramente confundiendo unidad con uniformidad. Estar unidos no quiere decir que hemos de ser todos clónicos. Es precisamente en la variedad donde reside la riqueza y la belleza de la unidad.
Pero ciñéndonos a la oración. En cualquier manual clásico de espiritualidad encontraréis como definición de meditación: "La aplicación del alma a Dios". Para llegar a ese fin, siempre, dentro de la Iglesia, han existido diferentes técnicas. Los monjes siempre han utilizado la llamada Leccio divina, dividida en cinco pasos: lectura, meditación, oración, contemplación y acción. San Ignacio aconsejaba tomar un hecho de evangelio e introducirnos en él como si fuéramos espectadores de lo que estaba sucediendo. En San Sulpicio y Joan bautista de La Salle con su variante, enseñaban un médito basado en actos de Fe, de Esperanza y de Caridad. Unos de preparación, otros para Contemplar y otras para aplicar a la vida lo meditado. Porque en eso se basan todas las técnicas o métodos. En una preparación del espíritu, que coincide con la relajación de la que se habla ahora, para poder vaciar la mente de pensamientos y aplicarnos sólo a Dios, y luego llevar a la vida lo meditado.
El tipo de meditación repitiendo una frase, no sólo es cristiano, sino que viene de los primeros siglos del cristianismo y nunca se ha perdido en el monacato oriental. Precisamente en la segunda lectura del Oficio de Lectura de ayer, San Agustín en su carta a Proba la cita: "Se dice de los hermanos de Egipto que hacen oración frecuentísima, pero muy breve, lo que llamamos jaculatorias, para evitar que la intención se desvanezca..."Se refería Agustín a los padres del desierto que rezaban repitiendo una frase a modo de mantra. Exactamente lo que hacen los que aplican la oración de Jesús y los que utilizan las técnicas orientales. ¿Buscar aplicar el alma a Dios repitiendo "Ven Señor Jesús" u otra jaculatoria, es budismo, una herejía, sincretismo?
Es triste que en nombre de la ortoxia nos alejemos del Evangelio. No me extraña que Jesús andara todo el día entre publicanos y pecadores. ¡Hay tantos juicios, condenas, prejuicios, entre los "santos"! Qué es lo importante, ¿que la gente llegue a Dios, o que lo hagan como yo quiero y a mi manera? ¿Todo lo que llamamos "ortodoxia" es doctrina de Jesús o son simples inventos nuestros? Deberíamos leernos cada día las invectivas del Jesús a los fariseos, los "santos" de su tiempo. Estamos confundiendo la velocidad con el tocino. Siempre han existido diferentes formas de oración, diferentes espiritualidades y nadie ha pretendido que la suya es la única válida. Vivimos en un mundo acelerado, hiperactivo. Necesitamos para rezar, esas técnicas que nos centran, nos relajan, nos ayudan a vaciar la mente. Eso no quita a Cristo del centro de nuestra oración, ni la separa de la Iglesia. ¡Qué triste espectáculo damos a veces!
Ayer fue el Día Mundial por la Erradicación de la Pobreza. Otro de esos días que merecerán una gran celebración cuando los eliminemos por innecesarios. Pero mientras tanto, ahí están recordándonos que no vivimos en el mejor de los mundos. Cada año veíamos en la prensa y nos repetían en TV y radio, las estadísticas de la miseria en el Tercer Mundo, del hambre en el cono Sur. Este año nos han "sorprendido" con las estadísticas de la pobreza en el Primer Mundo, que esconde hipócritamente en su seno, un Cuarto Mundo que se amplía cada día más. La pobreza no son aquellos negritos desnutridos, sino que es nuestro vecino, quizá un familiar nuestro. ¿Efectos de la crisis? Su agravamiento sí; pero nuestra sociedad hacía ya muchos años que ocultaba la realidad de la pobreza en nuestra casa. La famosa Sociedad del Bienestar, no ha existido nunca, excepto para unos pocos. Los que nos hicieron creer, que par ser felices necesitábamos un montón de cosas, que ellos nos ofrecían. Se enriquecieron llenando de deudas a los demás...Y ahora piensan hacerlo a costa de la pobreza de los demás.
Si los antisistema, en vez de quemar y destruir mobiliario público y escaparates, presentaran alternativas claras al capitalismo, todos los seguiríamos. Lo que está claro, es que no serán los gobiernos los que nos salven...La solución ha de salir de abajo, del pueblo. De la misma manera que quienes están ayudando a paliar las necesidades, son organismos no gubernamentales, de ahí han de salir las soluciones. Ha aparecido la banca social (Dios quiera que no acaben como las Cajas, que en su inicio lo eran). Cooperativas. Participación en los beneficios por los trabajadores...Hacen falta soluciones, ¡ya! No sólo palabras. La rueda producción - consumo es una trampa. Ahí sólo pueden enriquecerse unos pocos. Y no es que se trate de enriquecerse. Es que pronto la mayoría no tendrá lo básico para vivir: vivienda, comida y vestido.
"En aquel tiempo, Jesús, para explicar a sus discípulos cómotenían que orar siempre sin desanimarse, les propuso esta parábola: Había un juez en una ciudad que ni temía a Dios ni le importaban los hombres. En la misma ciudad había una viuda que solía ir a decirle:
- Hazme justicia frente a mi adversario.
Por algún tiempo se negó, pero después se dijo:
- Aunque ni temo a Dios ni me importan los hombres, como esta viuda me está fastidiando, le haré justicia, no vaya a acabar pegándome en la cara.
Y el Señor añadió:
- Fijaos en lo que dice el juez injusto; pues Dios, ¿no hará justicia a sus elegidos que le gritan día y noche?; ¿o les dará largas? Os digo que les hará justicia sin tardar. Pero, cuando venga el Hijo del hombre, ¿encontrará esta fe en la tierra?"
Humildad y constancia. Dos palabras que no tienen muy buena prensa. La primera la consideramos una debilidad, una falta de autoestima. La segunda una pérdida de tiempo. Hay que ser eficaz y conseguir las cosas al instante.
Las viudas y los huérfanos, en el Evangelio, como lo era ya en el A.T., son los símbolos de los más pequeño e indefenso. Están solos en el mundo. No tienen nadie que los defienda, que los ayude...Evidentemente el juez injusto no es el símbolo de Dios, es el contrapunto para enseñarnos a rezar.
Ultimamente se ha desprestigiado mucho la oración de súplica, de petición. Ciertamente no es bueno que confundamos a Dios con el "tapagujeros" que nos va a solucionar todos los problemas, ni a la oración con una fórmula mágica que siempre surte efecto. Pero Jesús nunca desauitoriza la oración de súplica, porque es la oración de la viuda, del pequeño, del que no tiene nada y ha de abandonarse en las manos de Dios. Esa es la humildad con la que debemos acudir a Dios. Con la actitud humilde de quien sabe que Él puede ayudarnos y de que Él sabe qué es lo que realmente nos conviene.
Y como nos dirá también en otro lugar del Evangelio, esa oración debe ser constante.
Un famoso libro nos presenta a un Peregrino Ruso buscando por todas partes la respuesta a la pregunta de cómo rezar en todo momento. Hasta que descubrió que bastaba con repetir constantemente el nombre de Jesús, intentando vivir en cada instante en su presencia.
La pregunta final de este Evangelio es inquietante y nos ha de llevar a cuestionarnos. ¿La Iglesia actual es humilde y reza constantemente con la sencillez de la viuda? En vez del poder, la fuerza, el dominio en este mundo, más bien debería ser la humilde viuda que pide constantemente a Dios por la justicia para todos los hombres. ¿Dios es alguien al que sentimos constantemente en nuestro corazón, o sólo recurrimos a Él como última instancia?
Hace unos días celebrábamos la festividad de Teresa de Ávila. Una gran mujer. Una mujer fuerte. La gran mística y contemplativa, fue una mujer de acción, que recorrió los caminos de la península fundando conventos y visitándolos. Como todas las personas libres, creativas y entregadas a las manos de Dios, tuvo problemas con los que "velan por la pureza de la doctrina" y se salvó por poco de la Inquisición. Como todos los auténticos místicos, junto a una gran espiritualidad, mostró una gran humanidad.
Hace unos días, la Hna. Lucía Caram, dominica contemplativa, explicaba en su blog, cómo las monjas habían creado en Manresa un banco de alimentos. Cómo habían empezado a acudir voluntarios. Cómo ayudaban a más de 600 familias y, la obra, se había transformado en una Fundación. Al instante en medios de corte fundamentalista de internet, empezaron a llover críticas contra esta Hermana. La acusaban de hacerse la foto junto a personas que atacan a la Iglesia (supongo que deberían referirse a que Pilar Rahola forma parte de la fundación). Precisamente Teresa de Ávila se relacionó con la marquesa de Éboli (la tuerta), que no era precisamente un modelo de cristiana...Pero lo que más me llamó la atención fue un comentario en el que le decían:
"¿Quire ser una Teresa de Calcuta? Lo que ha de hacer es ser una contemplativa y quedarse en su convento."
Quien hizo el comentario, ni sabe quién fue Teresa de Calcuta, ni sabe lo que es ser contemplativo. ¿Es que Teresa de Calcuta no era contemplativa?¿De dónde sacó la fuerza, si no, para llevar su obra adelante? ¿Por qué confundimos contemplación con pasividad?¿Qué interés tienen algunos de que las monjas se queden quietecitas en su convento y dejen la acción a los hombres?
Perdonad. Hoy es el día de la alimentación. De ahí he pasado a pensar en el banco de alimentos de sor Lucía y de ahí en santa Teresa. Me ha pasado como a aquel predicador que dijo: Hoy es San José. San José era carpintero. Los carpinteros trabajan la madera. Los confesionarios son de madera...Hoy hablaremos en el sermón de las confesiones.
Quería escribir algo sobre lo sucedido en Chile. pero al leer el post de Koldo creo que él lo dice todo y mejor...Por lo tanto ahí lo tenéis
CHANCHITOS PARA TODOS
KOLDO ALDAI, koldo@portaldorado.com
ARTAZA (NAVARRA).
ECLESALIA, 15/10/10.- “Vamos a rasguñar esta piedra todos los días para llegar a ustedes en muy poco tiempo", dijo el ministro de minería chileno a los siniestrados al comienzo del rescate. Tras 69 días y con el concurso de alta tecnología y todo un pueblo oficiando de matrona, la tierra parió uno a uno a todos los mineros. Ahora la muerte aguarda en otros frentes, agazapada en otras simas. Ahora con lo que queda de esas uñas, con las manos que aún no manchamos el resto del mundo, podemos “rasguñar” la dura piedra, la terca roca en otros desiertos, en otros rescates que nos competen a todos/as. A pie de esos abismos podemos apurarnos todas las gentes y naciones. Vamos a llegar también hasta ellos y ellas, hasta los últimos, los olvidados de la tierra.
Las montañas que ha movido Chile, la humanidad también las puede trasladar. No conviene olvidar su lección, el ejemplo de toda una nación unida para rescatar a los 33 trabajadores de las entrañas de la muerte. Chile ha conmovido al mundo en lo más profundo, ahora es preciso que el mundo afronte también sus urgentes retos globales y se conmueva a sí mismo, se estremezca de alivio, alegría y orgullo.
Más de mil millones de personas han seguido por televisión el histórico rescate. Más de mil millones de seres han apostado por la vida y enfocado su pensamiento para la resolución victoriosa de la operación. Ahora toca mover las máquinas, las mentes y los recursos a otros abismos, ahora prima generosidad para rescatar otros millones de urgidos. Chile nos ha enseñado que no hay imposibles capaces de doblegar una fuerte determinación colectiva a favor de la vida. Muy lejos de las cámaras y los objetivos, millones de humanos aguardan en lo profundo de sus propios abismos.
Otra gesta ejemplar, ésta ya de alcance planetario, nos desafía. ¿Y si movemos las perforadoras y si nos unimos no sólo una nación, sino toda la humanidad entera para también culminar con éxito el rescate de quienes aguardan sumidos en su angosto y olvidado agujero? Bien invertidos están los 15 millones de dólares para rescatar a los 33 mineros chilenos, pero tampoco deberíamos escatimar en invertir para devolver la vida a quienes tiritan en otras negras honduras. Fabriquemos, enviemos a esos avernos todas las cápsulas que devuelven al sol la vida.
925 millones de personas están atrapadas en la sima del hambre y la pobreza extrema, sin embargo no es necesario cavar tanto para salvarlas. El último informe de la FAO cifra en esa cantidad de seres humanos el objetivo de un rescate imprescindible. Según esta misma agencia de la ONU y según ese mismo informe de septiembre pasado, cada seis segundos muere un niño de malnutrición.
Podemos levantar otros campamentos a la esperanza en mitad de otros desiertos para asistir a otras porciones de humanidad. No tienen gafas negras, ni detrás el apoyo determinante de todo un pueblo y su gobierno, pero sí los mismos ojos, el mismo corazón, el mismo alma.
Hay treinta y tres cruces que no fueron, apunta el escritor chileno Hernán Rivera Letelier, hay muchas más tumbas que con coraje solidario y acción eficaz y coordinada a nivel planetario se pueden también evitar. Al igual que los chilenos, la humanidad aguarda manifestar la potencialidad profunda de su espíritu aunado. “Aquí no se trabajó buscando oro o petróleo o diamantes. Lo que se buscaba era vida. Y brotó vida, 33 chorros inmensos”, afirma el susodicho escritor que también fue minero en el mismo desierto de Atacama. Rivera menciona el monumento de vida que se ha alzado en mitad de ese páramo: “El rescate es una prueba de que cuando los hombres se unen a favor de la vida, cuando ofrecen conocimiento y esfuerzo al servicio de la vida, la vida responde con más vida”.
Queda unirnos en torno al resto de las vidas que zozobran, queda levantar monumentos a la vida sobre el subterráneo del abandono, el desamparo, el analfabetismo, el sufrimiento... Juntos/as podemos empujar las más poderosas perforadoras para arrancar millones de vidas a un destino incierto. Juntos podemos seguir burlando la desesperación y la muerte, vencer para siempre el hambre y el resto de lacras globales.
“Tenemos ricas empanadas esperándolos, asados y chanchitos..., mantengan la fe y el esfuerzo", decía también el mismo ministro Golborne a los mineros abismados, cuando aún no les habían pasado víveres. Ahora sí, florecidas las sonrisas sobre el desierto más árido, propinados y televisados por todo el planeta esos abrazos eternos, tapado el agujero de la mina de San José, ahora sí, “chanchitos” para todos, en toda la faz de la tierra, “asados y ricas empanadas” descendiendo a todas las profundidades, colmando todos los estómagos olvidados… (Eclesalia Informativo autoriza y recomienda la difusión de sus artículos, indicando su procedencia).