jueves, 14 de julio de 2011

IGLESIA Y ESTADO: UNA PAREJA IMPOSIBLE


Cuando  Constantino intuyó que los cristianos eran el movimiento en el que se tenía que apoyar para obtener el poder e inventó el sueño del puente Milvio, en el que vio la cruz y la frase de con este signo vencerás, empezó la unión nefasta entre Estado e Iglesia. El cristianismo empezó a prostituírse intentando crecer a partir del poder y no de la espiritualidad. Aparecieron los Sacros Imperios, las Cruzadas, el intento de imponer el cristianismo por las armas con las consiguientes guerras de religión, los Estados Pontificios, el Estado Vaticano y toda su organización política...En España Franco se inventó una nueva Cruzada para conseguir el poder, y los obispos, asustados por la muerte de muchos inocentes, y temiendo la pérdida de poder, lo ensalzaron como Caudillo de España por la gracia de Dios. 
Los tiempos han cambiado, pero parte de la Iglesia española parece añorar esos tiempos. Más o menos abiertamente intentan "sacralizar" un partido del que creen lograrán que haga renacer la unión Iglesia-Estado, la católica España. No han aprendido, que tras siglos de historia, esta unión siempre ha sido nefasta. 
Algunos de mis "amigos"  se lanzarán contra mí por lo que acabo de escribir. Aquí les dejo este texto de Benedicto XVI, no de su juventud, sino de ahora, que está en la misma línea para que mediten:
"El imperio cristiano ya intentó muy pronto convertir la fe cristiana en el factor de la unidad imperial. El reino de Cristo, por lo tanto, tenía que tomar el esplendor y la figura del reino político. La debilidad de la fe, la debilidad terrenal de Jesucristo, debía ser sostenida por el poder político y militar. En todos los tiempos, y de diferentes formas, ha existido la tentación de asegurar la fe con el poder y estos abrazos siempre le han hecho correr el riesgo de ahogarla. La lucha por la libertad de la Iglesia, la lucha para evitar que el reino de Cristo no se identifique con ningún credo político, se ha de emprender a lo largo de todos los siglos. Efectivamente, la unión entre fe y poder político siempre tiene un precio: al final la fe se pone al servicio del poder y se doblega a sus conveniencias." 
(Traducido de la edición catalana de "Jesús de Nazaret", Benedicto XVI, Barcelona,2007, p.49) 
La Fe se propone, no se impone. A Jesús se le muestra con la vida, no con leyes. Porque el Amor está por encima de las leyes...

miércoles, 13 de julio de 2011

SALMODIA DEL 99


Uno de los libros que escribió el hermano Adriano lleva por título: "Sonrisas de Dios entre los marginados". Son 155 anécdotas o pequeñas historias vividas por él. Entre esas narraciones deja unas oraciones con estructura de salmo. No tienen nada que ver con el salmo correspondiente de la biblia. Son lamentos que le salían del alma ante las situaciones que vivía.
Por aquél tiempo el SIDA azotaba a sus amigos. Era una sentencia de muerte. Una muerte estigmatizada. La lepra de nuestros días. Decía Adriano que cada día perdía un amigo. Los visitaba en el Hospital del Mar y les buscaba alojamiento cuando salían, ya que muchos ni su familia los aceptaba. En ese clima está escrita la...

SALMODIA DEL 99

"Estoy enfermo, Señor, y Tú sanabas a los enfermos. ¿Por qué no me miras a mí, por qué no me hablas, por qué no me sanas?
He de morir. Moriré pronto. Tengo miedo. Pero sé que tú eres el Dios de la Muerte y de la Vida, y que me ofreces otra Vida sin dolor. ¿Cuándo será, Señor?
Todos me rechazan. Huyen de mí. Dicen que soy contagioso. Me niegan la cama, un beso, la compañía, la mesa...Pero sé que Tú estás conmigo y que me amas. Hazte presente en mis últimos meses de vida, Señor.
Creen que soy culpable de mi enfermedad. Me dicen que la he cogido por mis vicios, por la droga y me siento marginado. Pero Tú me conoces, Señor. Y Tú no me culpas; me esperas.
No me da miedo el SIDA, Señor. Me dan miedo la soledad y el abandono. Haz que encuentre una persona que me quiera y me abrace, y me bese y charle conmigo...Al menos, no me faltes Tú.
Déjame vivir, Señor. Déjame besar el sol y las nubes. Déjame cruzar las calles y mirar al cielo. Déjame frente a la inmensidad del mar, o junto a los árboles amigos. Déjame amar, Señor, y amar como Tú amas.
Y si he de morir, que tenga alguien a mi lado que me acompañe. Ya sé que estarás Tú y que tu beso será mi pasaporte para tu Casa, tu Reino de eternidad"
(Hno. Adriano Trescents)

martes, 12 de julio de 2011

AMENAZADO DE RESURRECCIÓN


La muerte de Facundo Cabral me ha recordado este texto que os dejo, que escribió José Calderón Salazar, periodista guatemalteco, cuando recibió amenazas de muerte.
"Dicen que estoy 'amenazado de muerte?. Tal vez. Sea ello lo que fuere, estoy tranquilo, porque si me matan, no me quitarán la vida. Me la llevaré conmigo, colgando sobre mi hombro, como un morral de pastor.
A quien se mata se le puede quitar todo previamente, tal como se usa hoy, dicen: los dedos de las manos, la lengua, la cabeza. Se le puede quemar el cuerpo con cigarrillos, se le puede aserrar, partir, destrozar, hacer picadillo. Todo se le puede hacer, y quienes me lean se conmoverán profundamente con razón.
Yo no me conmuevo gran cosa, porque desde niño Alguien sopló a mis oídos una verdad inconmovible que es, al mismo tiempo, una invitación a la eternidad: 'No temáis a los que pueden matar el cuerpo, pero no pueden quitar la vida.'
La vida, la verdadera vida, se ha fortalecido en mí cuando, a través de Pierre Teilhard de Chardin, aprendí a leer el Evangelio: el proceso de la resurrección comienza con la primera arruga que nos sale en la carea; con la primera mancha de vejez que aparece en nuestras manos; con la primera cana que sorprendemos en nuestra cabeza un día cualquiera peinándonos; con el primer suspiro de nostalgia por un mundo que se deslíe y se aleja, de pronto, frente a nuestros ojos...
Así empieza la resurrección. Así empieza no eso tan incierto que algunos llaman 'la otra vida', pero que en realidad no es la 'otra vida', sino la vida 'otra'...
Dicen que estoy amenazado de muerte. De muerte corporal a la que amó Francisco. ¿Quién no está 'amenazado de muerte'? Lo estamos todos, desde que nacemos. Porque nacer es un poco sepultarse también.
Amenazado de muerte.¿Y qué? Si así fuere, los perdono anticipadamente. Que mi Cruz sea una perfecta geometría de amor, desde la que pueda seguir amando, hablando, escribiendo y haciendo sonreír, de vez en cuando, a todos mis hermanos, los hombres.
Que estoy amenazado de muerte. Hay en la advertencia un error conceptual. Ni yo ni nadie estamos amenazados de muerte. Estamos amenazados de vida, amenazados de esperanza, amenazados de amor...
Estamos equivocados. Los cristianos no estamos amenazados de muerte. Estamos 'amenazados' de resurrección. Porque además del Camino y de la Verdad, Él es la Vida, aunque esté crucificada en la cumbre del basurero del Mundo..."
(José Calderón Salazar)   

lunes, 11 de julio de 2011

FACUNDO CABRAL - IN MEMORIAM

Dijo, que cuando un cantante muere, le basta una milonga para velarlo. Facundo creía en el Dios de los pobres, en los sencillos, en el Hombre. Facundo era un hombre bueno. Por eso, siempre seguirá vivo...



La siguiente canción se la dedico a todos aquellos que se creen más poderosos, más fuertes, mejores que los demás...

domingo, 10 de julio de 2011

TENER EL CORAZÓN DISPUESTO...


"Aquel día, salió Jesús de casa y se sentó junto al lago. Y acudió a él tanta gente que tuvo que subirse a una barca; se sentó, y la gente se quedó de pie en la orilla. Les habló mucho rato en parábolas:
- Salió el sembrador a sembrar. Al sembrar, un poco cayó al borde del camino; vinieron los pájaros y se lo comieron. Otro poco cayó en terreno pedregoso, donde apenas tenía tierra, y, como la tierra no era profunda, brotó en seguida; pero, en cuanto salió el sol, se abrasó y por falta de raíz se secó. Otro poco cayó entre zarzas, que crecieron y lo ahogaron. El resto cayó en tierra buena y dio grano: unos, ciento; otros, sesenta; otros, treinta. El que tenga oídos que oiga.
Se le acercaron los discípulos y le preguntaron:
- ¿Por qué les hablas en parábolas?
Él les contestó:
- A vosotros se os ha concedido conocer los secretos del reino de los cielos y a ellos no. Porque al que tiene se le dará y tendrá de sobra, y al que no tiene se le quitará hasta lo que tiene. Por eso les hablo en parábolas, porque miran sin ver y escuchan sin oír ni entender. Así se cumplirá en ellos la profecía de Isaías: 'Oiréis con los oídos sin entender; miraréis con los ojos sin ver; porque está embotado el corazón de este pueblo, son duros de oído, han cerrado los ojos; para no ver con los ojos, ni oír con los oídos, ni entender con el corazón, ni convertirse para que yo los cure.' ¡Dichosos vuestros ojos, porque ven, y vuestros oídos, porque oyen! Os aseguro que muchos profetas y justos desearon ver lo que veis vosotros y no lo vieron, y oír lo que oís y no lo oyeron.
Vosotros oíd lo que significa la parábola del sembrador: Si uno escucha la palabra del reino sin entenderla, viene el Maligno y roba lo sembrado en su corazón. Esto significa lo sembrado al borde del camino. Lo sembrado en terreno pedregoso significa el que la escucha y la acepta en seguida con alegría; pero no tiene raíces, es inconstante, y, en cuanto viene una dificultad o persecución por la palabra, sucumbe. Lo sembrado entre zarzas significa el que escucha la palabra; pero los afanes de la vida y la seducción de las riquezas la ahogan y se queda estéril. Lo sembrado en tierra buena significa el que escucha la palabra y la entiende; ése dará fruto y producirá ciento o sesenta o treinta por uno."

En esta parábola tenemos una semilla y unos campos. La semilla es la Palabra y nuestros corazones los campos. Dios nos habla de muchas maneras. Nos habla por la Escritura; nos habla por medio de la naturaleza, y en la persona de los demás, especialmente los pobres, los abandonados, los que sufren. También nos habla por los acontecimientos y los signos de los tiempos. Pero quizá  nuestro corazón no está dispuesto y no sabemos escucharle. Entonces esa Palabra no produce ningún fruto. Para que la Palabra cale en nuestro interior hemos de preparar nuestro corazón. El silencio y la meditación son esenciales. Y lo que más miedo nos da, examinar nuestras intenciones para purificarlas y sacar de nosotros todo lo malo que hay para poder acoger el Amor.
Hice el noviciado en tierra de secano dedicada al trigo y a la cebada cervecera. Tras la cosecha, el tractor araba y roturaba los campos. Al remover la tierra salían a la superficie innumerables piedras. Antes de la siembra no teníamos más remedio que pasar largas horas sacando esas piedras y arrojándolas al borde del campo. Remover nuestro interior produce el mismo efecto. Afloran "piedras" que no queremos ver, que quizá ni sabíamos que existían. Eso nos da miedo. Pero ese silencio,esa meditación, ese purificar nuestro corazón, ese roturarlo para que aflore lo malo y poder eliminarlo, son esenciales si queremos que la Palabra penetre en nosotros y produzca el ciento por uno...  

viernes, 8 de julio de 2011

EL ANACORETA, EL LAGO Y LA CHARCA...


Aquel buen hombre estaba triste y desesperado. Cuanto más se examinaba, menos cualidades se veía. Le habría gustado ser un predicador de verbo encendido y se cortaba cuando hablaba en público. Quizá podría haber escrito estupendos libros de espiritualidad, pero no se le ocurría nada ante la página en blanco. Su carácter no era precisamente afable y atrayente...
- ¿Cómo puedo mostrar el Señor a los otros con tan pocas cualidades?
Lo miró el Anacoreta con simpatía. Luego, no me preguntéis cómo, lo llevó a orillas de un lago.
- ¿Qué ves? - le preguntó el Solitario.
- Un paisaje maravilloso. Un lago junto al que me gustaría vivir - respondió el visitante.
Luego, tampoco me preguntéis cómo, el Anacoreta llevó al hombre junto a una charca de aguas  sucias y pestilentes.
- ¿Qué ves? - volvió a preguntarle
- Una charca de aguas sucias en la que se refleja la luna - respondió el hombre.
Rió el Anacoreta, y pasándolo el brazo por la espalda, le dijo:
- En el lago también se reflejaba la luna. Pero era tal la belleza del conjunto que no te fijaste. Uno queda prendado de las bellas palabras que pronuncian los grandes predicadores, de los bellos libros que escriben, pero no ven lo más importante: Dios reflejado en ellos.
Lo miró con simpatía y añadió:
- Tú eres como la charca, quizá no hablas ni escribes bien, no eres un bello paisaje, pero todos verán a Dios reflejado en ti, porque eres una buena persona. Anda. No te preocupes. Sé charca...y refleja la luna...
Y el buen hombre se fue más contento que unas castañuelas...
(Publicado en la Cueva del Anacoreta hace tres años)