"No tengáis miedo. Id a decir a mis hermanos que se dirijan a Galilea, y que allí me verán."
Las mujeres son las primeras en ir de mañanita al sepulcro. Ellas serán las primeras en ver a Jesús. Y ellas serán las primeras "enviadas" (misioneras), para anunciar a los discípulos dónde encontrarán a Jesús. (¿Cuándo pondremos en la Iglesia a las mujeres en el lugar que les corresponde?)
"Ir a Galilea" significa volver a los inicios. Si queremos ver a Jesús hemos de acercarnos a la sencillez. Volver a aquellos tiempos en que Jesús hacía que los niños se acercaran a Él. Aquellos tiempos en que devolvía la vista a los ciegos, hacía andar a los paralíticos y retornaba la palabra a los mudos. Aquellos tiempos en los que purificaba a los leprosos y expulsaba los demonios de los corazones torturados. Porque a Jesús lo encontramos en los pobres, en los enfermos, en los que sufren. Los discípulos esperaban un Jesús poderoso, rey y querían ser sus ministros. Jesús les invita a volver a Galilea. Jesús les invita a volverse hacia los otros. Él es rey del amor. Nosotros hemos construido grandes iglesias, inmensos conventos y monasterios. Él nos invita a volver a Galilea. A la humildad, a la sencillez. A ser semejantes a Él, otros Jesús, que pasen por el mundo repartiendo amor.
"El primer día de la semana, María Magdalena fue al sepulcro muy temprano, cuando todavía estaba oscuro, y vio quitada la piedra que tapaba la entrada.Corrió entonces a donde estaban Simón Pedro y el otro discípulo, aquel a quien Jesús quería mucho, y les dijo:
– ¡Se han llevado del sepulcro al Señor y no sabemos dónde lo han puesto!
Pedro y el otro discípulo salieron y fueron al sepulcro.Los dos iban corriendo juntos, pero el otro corrió más que Pedro y llegó primero al sepulcro.Se agachó a mirar y vio allí las vendas, pero no entró.Detrás de él llegó Simón Pedro, que entró en el sepulcro. Él también vio allí las vendas,y vio además que la tela que había servido para envolver la cabeza de Jesús no estaba junto a las vendas, sino enrollada y puesta aparte.Entonces entró también el otro discípulo, el que había llegado primero al sepulcro, y vio lo que había pasado y creyó.Y es que todavía no habían entendido lo que dice la Escritura, que él tenía que resucitar."
Las mujeres van al sepulcro muy temprano. Lo encuentran vacío. Vuelven corriendo hacia donde estaban Pedro y Juan a advertirles. Ellos también corren hacia el sepulcro. Ven y creen.
Tres pasos que también debemos dar nosotros:
. CORRER: Ir hacia Jesús sin desgana. Correr hacia los otros. No quedarnos encerrados en nuestra burbuja de egoísmo. Correr a servir.
. VER: Ellos vieron que no estaba en el sepulcro. Nosotros hemos de ver las necesidades de los otros. La ausencia de bien, de justicia. Mirarlo todo con ojos nuevos, con ojos puros.
. CREER: Pedro y Juan creyeron, aunque aún no lo tenían muy claro, que Jesús había resucitado. Nosotros debemos creer, que ese Jesús resucitado vive en los otros, en los pobres, en los perseguidos por la justicia, en los que lloran, en los enfermos, en los hambrientos...Que ese Jesús vive en los que ayudan a los demás, en los que se entregan, en los que dan su vida, en los que aman...aunque no crean en Él
Debemos despertar de nuestra somnolencia, de nuestros ritos sin vida, de nuestras rutinas y lanzarnos en busca de ese Jesús que nos espera en los otros; de ese Jesús que VIVE en los otros. Y así...creeremos y descubriremos que también VIVE en nuestro corazón.
"Está bien esperar en silencio la salvación del Señor." (Lam 3,6)
Este es el espíritu de Sábado Santo: esperar, silencio. Todo reposa. Jesús está en el sepulcro. María y las mujeres esperan. Los apóstoles no esperan nada. Por eso María y las mujeres irán al alba a la tumba y los apóstoles no las creerán cuando vuelvan con el anuncio de la Resurrección.
Hoy es el día de todos los silencios. El oficio de la Vigilia Pascual en la noche, será el momento de todas las respuestas.
El vídeo de las Hermanas Benedictinas del Monestir de Sant Benet de Montserrat, recorre todas las lecturas del Oficio de Vigilia. Nos muestran el camino desde el inicio hasta la Resurrección. El camino de nuestro nacimiento de la carne, hasta nuestro nacimiento al Reino. Morir para dar vida. Es el camino de Jesús, el camino al Padre.
Estamos tan acostumbrados a ver la Cruz, que ya no nos damos cuenta del misterio que representa. ¿Cómo se puede seguir a Alguien que fue ajusticiado con la más humillante de las condenas de su tiempo? Jesús se entrega, lo hace por completo, hasta el total cumplimiento. Todo está cumplido, nos dice antes de expirar. Pero la Cruz no se puede contemplar aislada. Es el cumplimiento de toda una Vida. Y no acaba en ella misma. Tras ella está la luz del alba, la Resurrección. Es ahí donde la Cruz cobra todo su sentido. No quiero añadir nada más. Hoy es día de contemplación, no de palabras. Ahí os dejo la meditación de la Pasión según San Juan, que nos ofrecen las Hermanas Benedictinas del Monestir de Sant Benet de Montserrat.
"Era la víspera de la fiesta de la Pascua. Jesús sabía que le había llegado la hora de dejar este mundo para ir a reunirse con el Padre. Él siempre había amado a los suyos que estaban en el mundo, y así los amó hasta el fin.
El diablo ya había metido en el corazón de Judas, hijo de Simón Iscariote, la idea de traicionar a Jesús. Durante la cena, Jesús, sabiendo que había venido de Dios, que volvía a Dios y que el Padre le había dado toda autoridad, se levantó de la mesa, se quitó la ropa exterior y se puso una toalla a la cintura.Luego vertió agua en una palangana y comenzó a lavar los pies de los discípulos y a secárselos con la toalla que llevaba a la cintura.
Cuando iba a lavar los pies a Simón Pedro, este le dijo:
– Señor, ¿vas tú a lavarme los pies?
Jesús le contestó:
– Ahora no entiendes lo que estoy haciendo, pero más tarde lo entenderás.
Pedro dijo:
– ¡Jamás permitiré que me laves los pies!
Respondió Jesús:
– Si no te los lavo no podrás ser de los míos.
Simón Pedro le dijo:
– ¡Entonces, Señor, no solo los pies, sino también las manos y la cabeza!
Pero Jesús le respondió:
– El que está recién bañado no necesita lavarse más que los pies, porque todo él está limpio. Y vosotros estáis limpios,aunque no todos.
Dijo: “No estáis limpios todos”, porque sabía quién le iba a traicionar.
Después de lavarles los pies, Jesús volvió a ponerse la ropa exterior, se sentó de nuevo a la mesa y les dijo:
– ¿Entendéis lo que os he hecho?Vosotros me llamáis Maestro y Señor, y tenéis razón porque lo soy.Pues si yo, el Maestro y Señor, os he lavado los pies, también vosotros debéis lavaros los pies unos a otros. Os he dado un ejemplo para que vosotros hagáis lo mismo que yo os he hecho." Celebramos hoy la institución de la Eucaristía. Jesús se nos entrega como pan. Juan nos muestra a Jesús lavando los pies, como un esclavo, a sus discípulos. En ambos actos nos pide que nosotros hagamos lo mismo. Nos está pidiendo que nos entreguemos totalmente a los demás, que nos hagamos sus servidores. Este es el sentido verdadero de la Eucaristía: hacerse pan para los demás. Juntar nuestras vidas, nuestros granos de trigo, en un solo pan para todos. Si cada vez al salir de misa y comulgar, salimos igual que hemos entrado, y no nos hemos hecho pan con Jesús y con todos, es que no hemos enterado de nada. Y hacerse pan no es sencillo. Significa dejar aparcado nuestro ego y hacerse uno con el otro. Significa dejarse impregnar por la levadura del amor. Dejarse amasar. No vivir para nosotros, sino para los demás. Es hacerse alimento que se reparte, ser el pan de cada día para el que pasa hambre. Ser alimento espiritual y material para todos. Es hacerse AMOR. Por eso, hoy también es el día del AMOR. Y el Amor se nos queda demasiadas veces en simples palabras. Amar es acción, porque amar es hacerse pan para los hombres, pan para los demás.
Judas traiciona y recibe treinta monedas de plata. Nosotros también traicionamos a Jesús. Lo hacemos, cuando traicionamos al hombre. Cuando por salvar nuestra economía, nuestras treinta monedas de plata, explotamos el Tercer Mundo, expoliamos sus materias primas y los dejamos a ellos envueltos en guerras, muriendo de hambre y azotados por las enfermedades.
Traicionamos a Jesús, cuando salvamos a los Bancos y deshauciamos a las personas humildes. Vendemos a Jesús, cuando explotamos sexualmente a las mujeres. Traicionamos a Jesús, cuando hacemos del dinero el principal objetivo de nuestras vidas y sacrificamos nuestros valores para obtenerlo.