domingo, 7 de mayo de 2023

CAMINAR CON JESÚS



No os angustiéis: creed en Dios y creed también en mí. En la casa de mi Padre hay muchos lugares donde vivir; si no fuera así, no os habría dicho que voy a prepararos un lugar. Y después de ir y prepararos un lugar, vendré otra vez para llevaros conmigo, para que vosotros también estéis donde yo voy a estar. Ya sabéis el camino que lleva a donde yo voy.
 Tomás dijo a Jesús:
– Señor, no sabemos a dónde vas: ¿cómo vamos a saber el camino?d
 Jesús le contestó:
– Yo soy el camino, la verdad y la vida. Solamente por mí se puede llegar al Padre. Si me conocéis, también conoceréis a mi Padre; y desde ahora ya le conocéis y le estáis viendo.
 Felipe le dijo entonces:
– Señor, déjanos ver al Padre y con eso nos basta.
 Jesús le contestó:
– Felipe, ¿tanto tiempo hace que estoy con vosotros y todavía no me conoces? El que me ve a mí ve al Padre: ¿por qué me pides que os deje ver al Padre? ¿No crees que yo estoy en el Padre y el Padre en mí? Las cosas que yo os digo no las digo por mi propia cuenta. El Padre, que vive en mí, es el que hace su propia obra. Creedme que yo estoy en el Padre y el Padre en mí; si no, creed al menos por las propias obras. Os aseguro que el que cree en mí hará también las obras que yo hago; y hará otras todavía más grandes, porque yo voy al Padre.

"Creo que es bueno, antes de cualquier encuentro con el Señor y con los hermanos (la Eucaristía, una asamblea comunitaria, lo que sea), que escuchemos con las orejas del corazón, estas palabras que nos repite el Resucitado: «No perdáis la calma.  No tengáis el corazón agitado. No estéis turbados».
- No es nada sencillo descubrir la presencia del Señor Resucitado en medio de nuestros hermanos, si andamos inquietos y nerviosos. 
- No es fácil que la Palabra de Dios nos diga algo para nuestra vida, si tenemos la cabeza llena de otras muchas palabras.
- No es fácil que escuchemos la voz de Dios en los hermanos que se acercan a nosotros (ni siquiera a ellos mismos), cuando andamos ensimismados con nuestras cosas. 
- Es casi imposible orar seriamente, cuando nuestra cabeza está repleta de «tengo que», los cuales nos parecen urgentes e irrenunciables y superimportantes. O no, pero seguro que nos distraen. 
         Así ni vamos bien ni resolvemos las cosas bien: vamos dejándolo todo salpicado de inquietud, de tensión, de malos modos, de nervios, de prisas, de superficialidad... y no pocas veces de agresividad, de falta de acogida, de atención  y de escucha. 
         «Creed en Dios y creed también en mí», dice Jesús. No es que estas palabras sean una especie de fórmula mágica para que se«esfumen» los problemas, o veamos clarísimamente lo que tenemos que hacer. No dice Jesús que Él nos vaya a resolver las cosas.  Ni tampoco que los «tengo que» no merezcan una determinada atención. Pero nos dice: «fiaos de Dios y fiaos de mí».  Es decir: que seamos conscientes de que nuestra vida está en las manos del Padre, y que Él está dispuesto a hacer todo lo que esté en su mano para ayudarnos a salir adelante. Y con el corazón y la mente calmados, se perciben mucho mejor las cosas.
             Jesús está avisando a sus discípulos de que se va.  Y es lógico el desconcierto entre ellos. ¿Y ahora qué?  Hasta ese momento todo les había resultado relativamente fácil.  Estaban a gusto con el Maestro. Siempre tenía una palabra apropiada para cada situación, un gesto oportuno o una solución ante cualquier dificultad que se presentara... Pero ¿si se va, qué hacemos?  La respuesta que les dio Jesús es importante y necesaria también para nosotros. 
         ♠ Lo primero es corregir nuestra idea de Dios.  Jesús se tomó como primer empeño presentarnos un «rostro» del Padre adecuado: cercano, interesado en nuestra felicidad/salvación, que ya sabe lo que nos pasa antes de pedírselo, que no necesitamos acumular méritos para que nos escucha y atienda, que no se aleja del pecador, sino que lo busca... No nos tienta, sino que nos ayuda a no caer en la tentación. El Evangelio de hoy nos lo dibuja como un «padre hogareño», su casa es un hogar con habitaciones para todos sus hijos, preparadas cuidadosamente por su propio hijo, para que todos los suyos puedan estar con él. «Creed en Dios» y os sentiréis seguros, confortados, acogidos, protegidos, acompañados y fortalecidos por su Padre Dios. La esperanza de ese «hogar» futuro nos ayuda a sobrellevar este mundo temporal, que no pocas veces es inhóspito y frío.
              No terminamos de creérnoslo, o al menos, no vivimos los acontecimientos y dificultades desde ahí. ¿Tendrá Jesús que reprocharnos, como a Felipe: "¿Tanto tiempo con vosotros, hablándoos del Padre, haciéndole presente,  y todavía no lo conocéis?"
          Lo segundo es lanzarse al camino de Jesús.  Los miembros de la familia de Dios no se están nunca quietos.  Pueden y deben estar inquietos, pero por las cosas del Padre.  Eso es lo que contestó Jesús a sus padres cierto día en que le buscaban angustiados: «¿No sabéis que yo debo andar ocupado con las cosas del Padre?». 
              Lo más frecuente es que nosotros seamos como los viejos molinos, que recorren su camino siempre en el mismo lugar. Damos vueltas a las mismas cosas, a las mismas historias, a las mismas personas, con los mismos estilos... En cambio Jesús decidió echarse a los caminos, saliendo al encuentro del mundo y de las gentes del modo más entrañable.  Pues viendo cuáles eran los caminos que frecuentaba Jesús y cómo era su estilo al recorrerlos, descubrimos y entendemos también cómo es el Padre que lo ha enviado. Jesús camina perdonando, acompañando, descubriendo la presencia de Dios en las cosas cotidianas: la siembra, la pesca, el sol que sale, el remiendo de las ropas, la mujer que barre buscando una moneda perdida, o que amasa el pan, un árbol en medio de una huerta...
           Y haciéndose prójimo de todos los que va encontrándose tirados a las veras de los camino. Camina orando y procurando hacer en todo momento la voluntad del Padre, lo que a Él le gusta. Se sabe «sus manos», y, preocupado por todo esto, a veces no tiene ni tiempo para comer.  Pero se le ve feliz. ¿No es ése el camino que todos quisiéramos encontrar?  La felicidad tiene que ver con Dios.  Por eso, cuando Jesús nos habla de Dios y de su Reino, lo hace con aquello de «bienaventurados»; «dichosos»; «felices»... para asegurarnos que la nuestra no es una vida desamparada, sino que está en las manos amorosas del Padre. Nos colma de gozo saber que la garantía de nuestro éxito es que Dios no quiere que se le pierda ni uno de sus hijos más pequeños. Y lo nuestro es colaborar todo lo posible con Él.
          Lo tercero es que quien recorre este camino de Jesús, o mejor dicho, este camino que es el mismo Jesús, acaba siendo uno con Él y con el Padre. El para nosotros inalcanzable deseo de «ver» a Dios («muéstranos al Padre y nos basta») se cumple contemplando a Jesús, estando con él, amándole a él, siguiéndole a él. Y de ese modo iremos reconociendo el rostro de Dios en la historia, en los hombres, en medio de nosotros, entre nuestros pucheros y ordenadores, en medio de nuestra soledad, nuestra enfermedad, nuestros agobios, nuestras heridas... Dios está siempre poniendo esperanza, fortaleza y paz. 
             Si él se va ¿qué hacemos? Seguir caminando, en compañía de otros hermanos, y en la buena dirección. Y aún recibiremos  la ayuda inestimable del Espíritu Santo que Jesús nos ha prometido... Pidámoslo insistentemente en este tiempo pascual.Y ¡¡¡¡podremos hacer obras aún mayores que las del propio Jesús (él mismo nos lo ha dicho hoy)!!!!" 

(Quique Martínez de la Lama-Noriega, cmf)


sábado, 6 de mayo de 2023

CONOCER AL PADRE

 

Si me conocéis, también conoceréis a mi Padre; y desde ahora ya le conocéis y le estáis viendo.
 Felipe le dijo entonces:
– Señor, déjanos ver al Padre y con eso nos basta.
 Jesús le contestó:
– Felipe, ¿tanto tiempo hace que estoy con vosotros y todavía no me conoces? El que me ve a mí ve al Padre: ¿por qué me pides que os deje ver al Padre? ¿No crees que yo estoy en el Padre y el Padre en mí? Las cosas que yo os digo no las digo por mi propia cuenta. El Padre, que vive en mí, es el que hace su propia obra. Creedme que yo estoy en el Padre y el Padre en mí; si no, creed al menos por las propias obras. Os aseguro que el que cree en mí hará también las obras que yo hago; y hará otras todavía más grandes, porque yo voy al Padre. Y todo lo que pidáis en mi nombre yo lo haré, para que por el Hijo se manifieste la gloria del Padre. Yo haré cualquier cosa que me pidáis en mi nombre.

La única forma de conocer al Padre es a través de Jesús. Podemos hacer mil razonamientos, teorías...pero es Jesús quien con su vida y su Palabra nos lleva , nos indica, quien es el Padre. "Quien me ve a mí, ve al Padre". Y Jesús nos indica que al Padre lo encontramos en el otro, en el pobre, en el necesitado, en el perseguido...Llegamos al Padre en el servicio al otro. Que es lo que hizo Jesús en su vida: servir y no ser servido.
Jesús acogía, curaba, perdonaba...Es lo que debemos hacer nosotros. Jesús nos acompañará en todo momento.

viernes, 5 de mayo de 2023

EL CAMINO AL AMOR

 


No os angustiéis: creed en Dios y creed también en mí. En la casa de mi Padre hay muchos lugares donde vivir; si no fuera así, no os habría dicho que voy a prepararos un lugar. Y después de ir y prepararos un lugar, vendré otra vez para llevaros conmigo, para que vosotros también estéis donde yo voy a estar. Ya sabéis el camino que lleva a donde yo voy.
 Tomás dijo a Jesús:
– Señor, no sabemos a dónde vas: ¿cómo vamos a saber el camino?
 Jesús le contestó:
– Yo soy el camino, la verdad y la vida. Solamente por mí se puede llegar al Padre.

"Jesús no es una senda perdida, sino el camino; no es un espejismo, sino la verdad; no es un muerto, sino el Resucitado, la Vida. Comentemos solo el primer título.
Hemos cubierto el territorio nacional de sendas, caminos, carreteras, autovías, autopistas. Y disponemos de mapas para orientarnos. Actualmente, muchos vehículos llevan incorporado un GPS. Tiene que ser una experiencia angustiosa estar perdido en el bosque, sin puntos de referencia, sin indicadores que permitan orientarse, sin un camino. El GPS es un recurso excelente para localizar a personas extraviadas.
Pero en otro orden de cosas, el del sentido de la vida, hay tal oferta de mapas y estos son tan distintos que mucha gente se siente perdida. Preguntamos: «¿Hay un adónde? ¿Es la vida una trampa? ¿Tiene un sentido? ¿Vale la pena vivirla?». Por doquier nos salen al paso astrólogos, adivinos, echadores de cartas, brujos. El tarot, la quiromancia y varias formas más de adivinación están a la orden del día. Con otro ropaje, y con propósito mucho más racional, pululan las filosofías, que a menudo son extrañas entre sí, cuando no están enfrentadas. Nos invitan a pensar y algunas trazan rutas de sabiduría que pueden convencer. Tradiciones religiosas se abren camino y nos quieren abrir camino con sus respectivas propuestas. En Jesús, sabiduría de Dios, hallamos la recapitulación y la superación de todas estas conquistas.
Él, que ha subido al Padre y allí tiene preparadas muchas moradas, nos dice: «Sí, tu vida, vuestra vida, tiene sentido. Tomadme como vuestro punto de referencia (vuestro GPS) y comprobaréis cómo vuestra marcha es una peregrinación hacia la Vida, hacia la patria, hacia el Padre. Unidos a mí, vuestra vida tendrá sabor a Pascua».
Podemos orar con Pablo VI: «Tú, Señor Jesús, eres el mediador entre Dios y los hombres; no empalizada, sino paso; no obstáculo, sino Camino; no un sabio entre tantos, sino el único Maestro; no un profeta cualquiera, sino el intérprete único y necesario del misterio religioso, el único que une a Dios con el hombre y al hombre con Dios. Tú eres el Revelador auténtico»." (Ciudad Redonda)

jueves, 4 de mayo de 2023

SER SERVIDORES


 

 Os aseguro que ningún sirviente es más que su señor y ningún enviado es más que el que lo envía. Dichosos vosotros, si entendéis estas cosas y las ponéis en práctica.
 No me estoy refiriendo a todos vosotros: yo sé a quiénes he escogido. Pero tiene que cumplirse lo que dice la Escritura: ‘El que come conmigo se ha vuelto contra mí.’ Os digo esto de antemano, para que, cuando suceda, creáis que yo soy. Os aseguro que quien recibe al que yo envío me recibe a mí, y quien me recibe a mí recibe al que me ha enviado.

Estas palabras Jesús las pronuncia después de lavar los pies a sus discípulos. Nos sigue predicando el servicio. Antes lo ha hecho con su ejemplo. Ahora lo hace con sus palabras. No es el poder, ni la grandeza los que nos acercan al Padre y nos dan la felicidad. Es el servicio.
Demasiadas veces buscamos el ser más que los otros, el poder, la grandeza. Es al servir, al recibirlos a todos, cuando recibimos de verdad a Jesús. Es el Amor el que nos hace verdaderos discípulos de Jesús e hijos del Padre.



miércoles, 3 de mayo de 2023

CAMINO, VERDAD Y VIDA

  


Jesús le contestó:
–Yo soy el camino, la verdad y la vida. Solamente por mí se puede llegar al Padre. Si me conocéis, también conoceréis a mi Padre; y desde ahora ya le conocéis y le estáis viendo.
 Felipe le dijo entonces:
– Señor, déjanos ver al Padre y con eso nos basta.
 Jesús le contestó:
– Felipe, ¿tanto tiempo hace que estoy con vosotros y todavía no me conoces? El que me ve a mí ve al Padre: ¿por qué me pides que os deje ver al Padre? ¿No crees que yo estoy en el Padre y el Padre en mí? Las cosas que yo os digo no las digo por mi propia cuenta. El Padre, que vive en mí, es el que hace su propia obra. Creedme que yo estoy en el Padre y el Padre en mí; si no, creed al menos por las propias obras. Os aseguro que el que cree en mí hará también las obras que yo hago; y hará otras todavía más grandes, porque yo voy al Padre. Y todo lo que pidáis en mi nombre yo lo haré, para que por el Hijo se manifieste la gloria del Padre. Yo haré cualquier cosa que me pidáis en mi nombre.

Jesús nos dice que Él es el camino, la verdad y la vida. No es un camino. Es "el" Camino; porque no hay otro que nos lleve al Padre. Un Camino que pasa por la Cruz, porque seguirlo significa entregarse. Es el Camino que nos lleva a los pobres, a los olvidados, a los que sufren...
Es "la" Verdad. No esa verdad que nos presenta nuestra sociedad, cargada de intereses personales. Transformada en nuestro provecho.
Es  "la" Vida. Una Vida auténtica alimentada por el Amor. La única que tiene sentido.
En Jesús vamos al Padre, conocemos al Padre y vivimos al Padre.

martes, 2 de mayo de 2023

CONOCER A JESÚS

 


Era invierno, y en Jerusalén celebraban la fiesta en que se conmemoraba la dedicación del templo. Jesús estaba en el templo, paseando por el pórtico de Salomón. Los judíos le rodearon y le preguntaron:
– ¿Hasta cuándo nos vas a tener en dudas? Si tú eres el Mesías, dínoslo de una vez.
 Jesús les contestó:
– Ya os lo he dicho y no me habéis creído. Las cosas que yo hago con la autoridad de mi Padre, lo demuestran claramente; pero vosotros no creéis porque no sois de mis ovejas. Mis ovejas reconocen mi voz, y yo las conozco y ellas me siguen. Yo les doy vida eterna y jamás perecerán ni nadie me las quitará. Lo que el Padre me ha dado es más grande que todo, y nadie se lo puede quitar. El Padre y yo somos uno solo.

"En el evangelio de ayer declaraba Jesús que sus ovejas lo conocen. Hoy hallamos un eco de ese mismo mensaje. Un relato nos introduce en este motivo tan importante del cuarto evangelio. Dice así:
Al final de una cena en un castillo inglés, un famoso actor de teatro entretenía a los huéspedes declamando textos de Shakespeare. Después se ofreció a que le pidieran algún bis. Un tímido sacerdote preguntó al actor si conocía el salmo 22. El actor respondió: «Sí, lo conozco, pero estoy dispuesto a recitarlo solo con una condición: que después también lo recite usted».
El sacerdote se sintió algo incómodo, pero accedió. El actor hizo una bella interpretación con una dicción perfecta: «El Señor es mi pastor, nada me falta...». Los huéspedes aplaudieron vivamente. Llegó el turno al sacerdote, que se levantó y recitó las mismas palabras. Esta vez, cuando terminó, no hubo aplausos, solo un profundo silencio y el inicio de lágrimas en algún rostro. El actor se mantuvo en silencio unos instantes, después se levantó y dijo: «Señoras y señores, espero que se hayan dado cuenta de lo que ha sucedido esta noche. Yo conocía el salmo, pero este hombre conoce al Pastor».
Solo conoceremos al Pastor si él se nos da a conocer. Pero esta es su voluntad: darse a conocer, mostrarse accesible a quien, como Nicodemo, desea encontrarse con él; más aún, se hace el encontradizo y entabla conversación, como hace con la samaritana; incluso se somete a las exigencias especiales que pone Tomás el Mellizo para poder creer. Maestro y estímulo para el deseo de conocimiento es el apóstol Pablo cuando escribe: «Quiero conocerlo a Él, el poder de su resurrección y la participación en sus padecimientos», con la esperanza de llegar a la resurrección de los muertos y de tener parte en su gloria (Flp 3,10). ¿Queremos conocer al Señor? ¿Estamos dispuestos a tener comunión en sus padecimientos?" (Ciudad Redonda)

lunes, 1 de mayo de 2023

JOSÉ EL CARPINTERO

  


Llegó a su propia tierra, donde comenzó a enseñar en la sinagoga del lugar. La gente, admirada, decía:
– ¿De dónde ha sacado este todo lo que sabe? ¿Cómo puede hacer tales milagros? ¿No es este el hijo del carpintero? Y su madre, ¿no es María? ¿No son sus hermanos Santiago, José, Simón y Judas, y no viven sus hermanas también aquí, entre nosotros? ¿De dónde ha sacado todo esto?
 Y no quisieron hacerle caso. Por eso, Jesús les dijo:
– En todas partes se honra a un profeta, menos en su propia tierra y en su propia casa.
 Y no hizo allí muchos milagros, porque aquella gente no creía en él.

Para los conciudadanos de Jesús, Él era el hijo del carpintero. El hijo de José. No supieron ver más allá. Les extrañaba su sabiduría, pero no la escucharon ni la siguieron. Quizá, como hoy, ser hijo de un humilde trabajador, lo reducía a nada, a alguien que ni siquiera era digno de ser escuchado.
Hoy, en nuestra sociedad, es el día del trabajador, del obrero como José. Y como lo fue Jesús hasta que empezó a los treinta años su vida pública.
Seguir a Jesús, si lo hacemos de verdad, es ser menospreciado, que nos consideren como a Jesús, los hijos del carpintero. Permanecer en la sencillez, es seguir a Jesús. Servir, es el camino, aunque nadie lo reconozca. 
José, con su sencillez, tuvo a Jesús a su cargo y lo amó plenamente. Si somos sencillos como José, podremos transmitir a Jesús a los demás.