
No. No me refiero a la película ni a la controvertida píldora...Me refiero al día después de las fiestas...Lo que realmente queda.
Cuando era pequeño, recuerdo, que ya en la noche de la fiesta me invadía la tristeza : ¡Oh! tanta ilusión en esperar y...ya se había acabado. Y como el niño sólo vive el presente, de nada me servía intentar recordar los buenos momentos. Pero esa misma vivencia del momento presente hacía que al día siguiente, al encontrar a los amigos en el cole, todo se olvidaba y me lanzaba a soñar en nuevas fiestas...
A los adultos no nos ocurre lo mismo. Cuantos más años tenemos, más tendencia a vivir en el pasado. Y la fiesta se convierte, ya desde el principio, en el agridulce recuerdo de la felicidad de otros años, de las personas que ya no estarán con nosotros...
El niño disfruta plenamente de la fiesta. No piensa en otra cosa. Para los adultos, la fiesta, además del coste económico, supone muchas veces una obligación. Invitar o ser invitados por personas que nos han dejado heridas, con las que no congeniamos. Demasiadas veces nuestra mente está en otro lugar con otras personas...
Al día siguiente quedan muchas cosas por recoger...No sólo botellas vacías, vasos y platos sucios...Hemos ido dejando trocitos de nosotros esparcidos a lo largo de las fiestas...Y hay que recogerlos si no queremos deshacernos; si no queremos llevarnos una sorpresa al mirarnos un día al espejo y ver que estamos troceados, que hemos perdido parte de nosotros...
Pero los adultos tenemos la gran ventaja de poder guardar en nuestro corazón los instantes de felicidad y rememorarlos...Y sin abandonar el avanzar y seguir viviendo, nos que da en un rinconcito nuestro, aquel beso de un hijo, aquella alegría en los ojos de los niños, aquella carta..
Os deseo un día después lleno de gratos recuerdos...









