miércoles, 27 de mayo de 2026

EL SERVIDOR ES EL PRIMERO

 

Se dirigían a Jerusalén y Jesús caminaba delante de los discípulos. Ellos estaban asombrados, y los que iban detrás tenían miedo. Jesús, llamando de nuevo aparte a los doce discípulos, comenzó a hablarles de lo que había de sucederle:
– Como veis, ahora vamos a Jerusalén, donde el Hijo del hombre será entregado a los jefes de los sacerdotes y a los maestros de la ley, que lo condenarán a muerte y lo entregarán a los extranjeros. Se burlarán de él, le escupirán, le golpearán y lo matarán; pero tres días después resucitará.
Santiago y Juan, hijos de Zebedeo, se acercaron a Jesús y le dijeron:
– Maestro, queremos que nos hagas el favor que vamos a pedirte.
Él les preguntó:
– ¿Qué queréis que haga por vosotros?
Le dijeron:
– Concédenos que en tu reino glorioso nos sentemos el uno a tu derecha y el otro a tu izquierda.
Jesús les contestó:
– No sabéis lo que pedís. ¿Acaso podéis beber esa copa amarga que voy a beber yo, y recibir el bautismo que yo voy a recibir?
Ellos contestaron:
– Podemos.
Jesús les dijo:
– Vosotros beberéis esa copa amarga y recibiréis el bautismo que yo voy a recibir, pero el que os sentéis a mi derecha o a mi izquierda no me corresponde a mí darlo. Les será dado a aquellos para quienes está preparado.
Cuando los otros diez discípulos oyeron todo esto, se enojaron con Santiago y Juan. Pero Jesús los llamó y les dijo:
– Sabéis que entre los paganos hay jefes que creen tener el derecho de gobernar con tiranía a sus súbditos, y sobre estos descargan los grandes el peso de su autoridad.  Pero entre vosotros no debe ser así. Al contrario, el que quiera ser grande entre vosotros, que sirva a los demás; y el que entre vosotros quiera ser el primero, que sea esclavo de todos. Porque tampoco el Hijo del hombre ha venido para ser servido, sino para servir y dar su vida en pago de la libertad de todos.
(Mc 10,32-45)

Ayer era Pedro quien preguntaba por su "premio". Hoy son Santiago y Juan. Y todos lo pedirían; por eso se enfadan los demás. Jesús acaba de anunciar su Pasión y Muerte y sus discípulos no han entendido nada. Jesús les dice que lo importante es servir y seguirle juntos y unidos. No hay privilegios en su Reino. El padre ya nos premiará según lo que hemos amado. ¿Lo entendemos?

"Nos parece que, puesto que Dios es todopoderoso, no le cuesta nada darnos lo que le pedimos, ni tampoco salvarnos. Con un chasquido de dedos podría transformarlo todo. El problema está en que, al ser nosotros libres, esas transformaciones no podrían tener lugar sin nuestro consentimiento, a no ser que Dios violentara nuestra libertad, que es algo que Él no hace. Por eso, la salvación (que es, en el fondo, lo que le pedimos siempre) no es tan barata como nos parece: Pedro nos advierte de que Dios ha pagado un precio muy alto, la sangre de Cristo, para rescatarnos de “ese proceder inútil”. ¿Qué proceder inútil es ese? Hay formas de proceder que pueden resultar útiles para sobrevivir en este mundo (y útiles sólo para el que así procede), pero que son inútiles de cara a la salvación. Una de las más características es la ambición de poder.
Vemos que esta forma de proceder tienta y anida incluso en aquellos que siguen al que nos ha rescatado de ella: en el grupo de los apóstoles. Al parecer, todos ellos pretendían puestos de privilegio en el Reino que, según se imaginaban, Jesús se disponía a instaurar. Y, acuciados por la rivalidad, los hermanos hijos del Zebedeo decidieron tomar la delantera. Lo inaudito de la situación es que lo hacen cuando Jesús les está hablando del precio que va a pagar para rescatarlos de ese proceder inútil: el precio de la cruz.
Aunque tal vez más arrojados y astutos, los hijos del Zebedeo no eran más ambiciosos que los demás que, haciendo también oídos sordos a las palabras de Jesús, se indignaron contra los hermanos porque veían peligrar el objeto de su propia ambición.
Así fue entonces, así es hoy, así ha sido siempre: somos sordos al mensaje de la cruz, pero estamos muy despiertos para pillar reconocimiento, poder y privilegios. Y hoy como entonces Jesús, Maestro bueno y paciente, nos reprende con suavidad, y aprovecha la ocasión para enseñarnos: lo que pretendemos podremos alcanzarlo, pero por otro camino, el camino por el que él mismo va, hacia Jerusalén, bebiendo su mismo cáliz, que no entendemos, pero que podemos llegar a entender escuchando sus palabras. No es el camino de la ambición y el poder que se impone y aplasta a los demás, sino el del servicio, que se abre y se inclina humildemente ante las necesidades de los demás. Si queremos acabar entendiendo la lógica de la cruz (el precio con el que nos han rescatado) tenemos que aprenderla en el servicio, haciéndonos libremente esclavos de nuestros hermanos."
(José María Vegas cmf, Ciudad redonda)

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