lunes, 11 de octubre de 2010

JUAN XXIII


Hoy celebramos el recuerdo de Juan XXIII. Coincide su festividad, no con su muerte, sino con la fecha del inicio del Concilio Vaticano II. La voz popular lo consideró santo desde el día después de su muerte, sin manifestaciones ni pancartas. Simplemente visitando una tumba que siempre estaba repleta de flores. Costó beatificarlo y se hizo conjuntamente con la de otro papa de perfil muy distinto, casi opuesto, al suyo.
Se le encuentra a faltar. Abrió las ventanas de la Iglesia para que entrara aire fresco, pero parece que otros se empeñan en cerrarlas. Posiblemente, si hubiese podido concluir el Concilio, habría sorteado los últimos obstáculos con una sonrisa, pero con más determinación que el bueno, pero dubitativo, Pablo VI.
En su diario, el Diario de un Alma, escribía el 13 de agosto de 1961:

"Siempre, pero sobre todo en este tiempo, el obispo es el indicado para repartir un aceite balsámico de dulzura, sobre las plagas de la humanidad. Por eso, ha de guardarse de todo juicio temerario, de toda palabra injuriosa a quien sea, de toda adulación provocada por el miedo (...) Vigilar para tener con todos una conversación suave y amorosa y a la vez, apta para hacer distinguir, con santa doctrina, pero sin ninguna vehemencia, el bien del mal."
Que todos heredemos la sencillez y a la vez la fuerza para vivir el Evangelio, que él nos enseñó

domingo, 10 de octubre de 2010

VOLVER A JESÚS


Yendo Jesús camino de Jerusalén, pasaba entre Samaria y Galilea. Cuando iba a entrar en un pueblo, vinieron a su encuentro diez leprosos, que se pararon a lo lejos y a gritos le decían:
- Jesús, maestro, ten compasión de nosotros.
Al verlos, les dijo:
- Id a presentaros a los sacerdotes.
Y, mientras iban de camino, quedaron limpios. Uno de ellos, viendo que estaba curado, se volvió alabando a Dios a grandes gritos y se echó por tierra a los pies de Jesús, dándole gracias.
Éste era un samaritano.
Jesús tomó la palabra y dijo:
- ¿No han quedado limpios los diez?; los otros nueve, ¿dónde están? ¿No ha vuelto más que este extranjero para dar gloria a Dios?
Y le dijo:
- Levántate, vete; tu fe te ha salvado.

El texto de hoy nos presenta un mensaje claro: Lo que nos salva es el encuentro con Jesús. Aquellos leprosos piden a Jesús que los cure. Lo hacen desde lejos. Eran impuros y dejaban impuros a todo aquel que se les acercaba. Seguramente habían oído hablar de que Jesús curaba a los enfermos, pero no lo conocían. No sabían que Él no tenía ningún reparo en acercarse a los impuros ni en tocarlos. Jesús les dice que vayan a presentarse a los sacerdotes. Ellos eran los que certificaban las curaciones. En el camino se sienten curados y ahí viene lo sorprendente. Todos siguen su camino hacia los sacerdotes excepto un samaritano, un extranjero, un hereje. Pues bien, este no solamente se cura, sino que además se salva...¿Qué ha hecho para recibir ese don? Alabar a Dios y regresar para echarse a los pies de Jesús y darle las gracias. Aparentemente, incluso parece que ha desobedecido, pues no se presenta a los sacerdotes.
Los rabinos enseñaban seiscientos trece preceptos que debían cumplirse. Jesús nos invita simplemente a estar con Él. Para Jesús las personas están por encima de los ritos, de los preceptos. Las ceremonias, ir a los sacerdotes, curan; pero sólo el seguimiento de Jesús salva. Nos cuesta comprender, a pesar de que en el evangelio está claro, que el cristianismo no es principalmente una doctrina, unos ritos, unos preceptos, sino una persona, Jesucristo, que nos abre el corazón totalmente a los demás.
En este texto hay algo más que el elogio al agradecimiento. El samaritano hace más que agradecer: alaba a Dios y, como el hijo pródigo, vuelve a casa, a postrarse a los pies de Jesús. Y eso le hace cristiano. Si estamos muy preocupados por cosas que cumplir y enunciados que creer y no por amar cada día más a Jesús presente en todos los hombres, somos como los nueve leprosos restantes. Quizá estamos curados, pero no estamos salvados. Estamos todavía lejos del Reino...

sábado, 9 de octubre de 2010

DÍA MUNDIAL CONTRA LA PENA DE MUERTE

Mañana es el Día Mundial contra la Pena de Muerte. Me causa horror cuando leyendo encuestas, se nos muestra que entre la juventud aumentan los partidarios de la pena de muerte. Si alguien ha de valorar la vida son los jóvenes. Si alguien ha de creer en las segundas oportunidades ( Jesús hablaba de setenta veces siete oportunidades), son los jóvenes que tienen toda una vida por delante...
La música del sábado de hoy, es muy simple. Este vídeo de Amnistía Internacional nos puede ayudar a reflexionar. Mañana, seguiremos reflexionando con el evangelio del domingo, que también habla, en cierta manera, de segundas oportunidades. y sobre todo, de vida.......

viernes, 8 de octubre de 2010

EL ANACORETA COPIA EN LOS EXÁMENES...


Como tantas veces, tras un largo silencio, el Anacoreta habló y dijo:
- Los hombres somos unos copiones...
El joven seguidor, que venía de clase en la Universidad protestó:
- No generalicemos ...Hay de todo...
El Anacoreta rio y se explicó:
- No, no me refiero al colegio, ni a la Universidad, ni las oposiciones...¿Te imaginas si a María, la hija de nuestra amiga, la noche antes de las oposiciones se le aparece un ángel y le dice los cinco temas que le iban a tocar?
- ¡Uy! - exclamó el joven - se abría levantado de inmediato a prepararlos y le habría dado un alegrón inmenso.
Pues - continuó el anciano - eso nos ocurre a todos los hombres. Jesús nos dijo de qué se nos va a examinar. Y ya podemos tirar los temas a la papelera, que no va a ir de ninguno de ellos. Y eso que algunos se han empeñado lo suyo en llenarnos la cabeza de leyes, mandamientos, normas...
Hizo un pequeño silencio y añadió:
- Nos examinará de si le hemos dado de comer, de beber, si lo hemos curado, si lo hemos visitado en la carcel... Juan de la Cruz lo entendió bien y lo resumió en una frase: "Al final seremos examinados del Amor".
Volvió a reir y concluyó:
- O sea, que manos a la obra. Ya sabemos lo que nos van a preguntar. No tenemos excusa...

jueves, 7 de octubre de 2010

EL ANACORETA PEREGRINA...



Hoy el Anacoreta y su joven discípulo han llegado a casa muy cansados. Han peregrinado al Santuario de Nuestra Señora de Nuria. A 1900 metros de altura. Unas horas de coche y el último tramo en un tren cremallera. Es la única forma motorizada de llegar allí. Cada año, al principiar el curso, tienen la costumbre de ir a ofrecerlo a la madre a un Santuario. Este año ha tocado Nuria.
En el siglo VII un ermitaño, San Gil, buscó ese lugar para vivir en soledad. De un tronco hizo una imagen de la Virgen, y fundiendo metal una campana para llamar a los pastores del lugar y una olla para darles algo de comer. A la olla se le ha unido la tradición de que , las mujeres que tienen dificultades para concebir un hijo, si meten la cabeza en esa olla y tocan la campana, serán madres. Y así siguen subiendo peregrinas, y muchas dicen que han obtenido esa gracia. Hoy estaba una de esas madres con su bebé, enseñándoselo a María.
Han vuelto cansados , pero felices. Han rezado por la salud del hijo de una amiga, han rezado por todos sus conocidos...y han disfrutado de un sol magnífico en un lugar fantástico. Mañana seguirán la vida con fuerzas renovadas. 

miércoles, 6 de octubre de 2010

EL ANACORETA SALE A REZAR...


El Anacoreta y su joven seguidor descansaban en casa. Se levantó el anciano y dijo:
- Vamos a rezar.
El joven se dirigía hacia el pequeño oratorio, cuando vio sorprendido, que el Anacoreta se dirigía a la puerta. Pensó que irían a la parroquia, pero a aquellas horas solía estar cerrada.
Ya en la calle, en vez de dirigirse al templo, el anacoreta fue hasta la parada del metro. Bajo las escaleras y esperó en el andén al convoy. Hizo el trayecto hasta el final y, sin subir a la superficie, tomó el metro de vuelta.  Todo el rato el Anacoreta guardó silencio.
Ya en casa, el anciano sonrió pícaramente al joven y dijo:
- Ya hemos rezado.
La cara del seguidor era un auténtico poema. El Anacoreta lo hizo sentar y le explicó.
- Hemos encerrado a Dios en las iglesias...Cuando era joven, había maestros espirituales que llamaban al Jesús del sagrario, el Divino Prisionero. ¡Menudo disparate! Ciertamente Dios está en la Eucaristía. La iglesia es un rincón de paz adecuado para rezar, pero Dios no está en ningún modo prisionero. Pablo lo dijo claramente a los atenienses: "En Él estamos, nos movemos, somos...".
Miró sonriendo al joven y prosiguió:
- Cuando decimos, vamos a rezar, nos dirigimos a la iglesia, o a aquel rincón especial que tenemos en casa para la plegaria...No se nos ocurre como hoy, irnos a rezar al metro. O podríamos ir a rezar al hospital o al campo o a una plaza...Mientras íbamos en el metro, contemplando a aquellas personas, rezaba por todas ellas. Imaginaba las mil necesidades que tenían... Agradecía los mil dones que reciben cada día sin ser conscientes de ello...
Se detuvo un momento antes de seguir:
- ¿Te imaginas la cantidad de cosas que nos pueden llevar a  rezar en un hospital? ¿La cantidad de alabanzas que nos puede suscitar el campo, un atardecer, un paisaje...¿Por qué nos empeñamos en encerrar a Dios en las iglesias?
Miró a su joven seguidor y concluyó:
- No lo dudes. Todo puede ser oración si sabemos ver a Dios en todo, si lo sentimos envolviéndonos, llenándonos, presente en todas las cosas...Pero sin olvidar su presencia en la iglesia, claro...

martes, 5 de octubre de 2010

¡GRACIAS!


Hoy en la liturgia es miércoles de Témporas. Supongo que es algo, que salvo para los que han ido a misa o rezado el Oficio, pasa desapercibido a la mayoría de los cristianos. Es más, a muchos no les debe decir nada este nombre. Antes se celebraban cuatro témporas. Una al final de cada estación. Eran unos días de oración y de acción de gracias. Hoy se ha reducido a uno sólo: el que marca el final de las cosechas y que ya los romanos celebraban para ofrecer a los dioses las primicias. José María Castillo, en el comentario que hace a la liturgia de hoy, indica que, en la actualidad, hemos cambiado las témporas por ese sin fin de días Universales de casi todo. Yo creo que es algo distinto. Los días universales tienen un tono reivindicativo, que en ningún caso tienen las Témporas. El objetivo fundamental de las Témporas es agradecer.
La verdad es, que nos cuesta dar las gracias. Id al supermercado, a una taquilla cualquiera, a un transporte público, veréis que, aunque haya motivo, muy pocas veces la gente da las gracias. Todo lo más, una especie de gruñido, que con gran alarde de imaginación podemos traducir por gracias.
Y no digamos de la oración, que es lo que nos ocupa. Cuando truena nos acordamos de santa Bárbara. Cuando deja de tronar, cerramos el paraguas y no nos acordamos de nadie. El pitufo gruñón, que todos llevamos dentro, nos dice, que no están los tiempos para agradecer nada. Sin embargo desde el hecho de abrir los ojos cada mañana y ver que estamos vivos, al de cerrarlos por la noche para descansar, todo son motivos de agradecimiento. El sol, la luz, las nubes, el agua con que me lavo, el desayuno que puedo tomar, el trabajo que tengo, los amigos......La lista es inacabable. 
Nos ocurre, que nos parece, que dar las gracias es rebajarnos. Nos gusta ser autosuficientes. Agradecer significa reconocer que dependemos de los demás, que dependemos de Dios. Sin embargo esa es la manera de entender la fraternidad, la solidaridad y la felicidad.
Por eso ayer tuve una gran alegría, cuando por la noche, mientras hacía un rato de oración, una amiga me mandó un mensaje dándome las gracias. Gracias que transmití a Dios, porque yo no había hecho nada.
Todos los días del años deberían ser Témporas, día de dar las gracias. Por lo menos, hagámoslo hoy.