jueves, 23 de marzo de 2023

EL VERDADERO TESTIMONIO

 


En aquel tiempo, dijo Jesús a los judíos: "Si yo doy testimonio de mí mismo, mi testimonio no es válido. Hay otro que da testimonio de mí, y sé que es válido el testimonio que da de mí. Vosotros enviasteis mensajeros a Juan, y él ha dado testimonio de la verdad. No es que yo dependa del testimonio de un hombre; si digo esto es para que vosotros os salvéis. Juan era la lámpara que ardía y brillaba, y vosotros quisisteis gozar un instante de su luz. Pero el testimonio que yo tengo es mayor que el de Juan: las obras que el Padre me ha concedido realizar; esas obras que hago dan testimonio de mí: que el Padre me ha enviado. Y el Padre que me envió, él mismo ha dado testimonio de mí. Nunca habéis escuchado su voz, ni visto su semblante, y su palabra no habita en vosotros, porque al que él envió no le creéis.
Estudiáis las Escrituras pensando encontrar en ellas vida eterna; pues ellas están dando testimonio de mí, ¡y no queréis venir a mí para tener vida! No recibo gloria de los hombres; además, os conozco y sé que el amor de Dios no está en vosotros. Yo he venido en nombre de mi Padre, y no me recibisteis; si otro viene en nombre propio, a ése sí lo recibiréis. ¿Cómo podréis creer vosotros, que aceptáis gloria unos de otros y no buscáis la gloria que viene del único Dios? No penséis que yo os voy a acusar ante el Padre, hay uno que os acusa: Moisés, en quien tenéis vuestra esperanza. Si creyerais a Moisés, me creeríais a mí, porque de mí escribió él. Pero, si no dais fe a sus escritos, ¿cómo daréis fe a mis palabras?"

El testimonio de Jesús son sus obras: curar, perdonar, devolver la vista y la palabra, hacer caminar, acoger...Ese es el camino que debemos seguir. Esas han de ser también nuestras obras. Así daremos testimonio de Él.

"Para conocer a Dios no alcanza con leer, escuchar o estudiar sobre él, sobre su misterio; es necesario el encuentro y la experiencia con él. Necesitamos que su amor providente nos haga capaces de percibirlo vivo y presente en todos los espacios de la vida, incluidos los momentos de prueba. Jesús nos revela un Padre que nunca nos abandona y padece con nosotros en la adversidad. Por eso es necesario que, personalmente y como comunidad, nos detengamos a pensar si él es la fuente que vitaliza e impulsa nuestras vidas. Reconozcamos que vivimos en un mundo que busca opacar a Dios dándonos a beber de otras fuentes que, en lugar de darnos plenitud, nos resecan y deshumanizan. Recordemos que Dios siempre nos está esperando como médico, como maestro, como justo juez misericordioso. En la medida en que nos humanizamos, abrimos el corazón no a un Dios Todopoderoso sino Todo-bondad y misericordia que, en Jesús, recibe el rechazo de quienes, conociéndolo, se encierran en el egoísmo. Anímate a conocer más al Dios de Jesús." (Koinonía)

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