miércoles, 6 de mayo de 2015

ORAR LA VIDA


Cuando hablamos de oración, pensamos en la recitación de fórmulas, palabras y asistencia a ceremonias. Pero la verdadera espiritualidad nos pide que transformemos toda nuestra vida en una oración. Nos pide que oremos la vida. 
Esto nos exige, por un lado, buscar momentos para interiorizar lo que vivimos. Momentos de reflexión y de contemplación. Y por otro lado, mirar con otros ojos lo que nos ocurre y lo que pasa a nuestro alrededor. Leer la vida a la luz de lo que hemos interiorizado en nuestros momentos de contemplación.
Y sobre todo, esto nos pide actuar. Si queremos cambiar este mundo, debemos empezar por cambiar nosotros y nuestro alrededor más cercano. No oramos la vida si somos incapaces de adecuar nuestra vida a lo que meditamos, si todo se nos queda en palabras y buenas intenciones.
Orar la vida es hacer cada uno de nuestros instantes, una donación, una entrega. Porque vivir para Dios es vivir para los demás. Si nuestra oración no se traduce luego en algo concreta, en una acción, no hemos rezado. Simplemente hemos hablado con nosotros mismos. 

3 comentarios:

  1. Muy acertadas tus palabras.
    Cariños desde Berlín.

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  2. Bonita enseñanza, deberíamos aprender de ella. Un besazo.

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