miércoles, 6 de mayo de 2026

UNIDOS A JESÚS




 Yo soy la vida verdadera y mi Padre es el viñador. Si uno de mis sarmientos no da fruto, lo corta; pero si da fruto, lo poda y lo limpia para que dé más. Vosotros ya estáis limpios por las palabras que os he hablado. Seguid unidos a mí como yo sigo unido a vosotros. Un sarmiento no puede dar fruto por sí mismo si no está unido a la vid. De igual manera, vosotros no podéis dar fruto si no permanecéis unidos a mí.
Yo soy la vid y vosotros sois los sarmientos. El que permanece unido a mí y yo unido a él, da mucho fruto; pues sin mí nada podéis hacer. El que no permanece unido a mí será echado fuera, y se secará como los sarmientos que se recogen y se queman en el fuego.
Si permanecéis unidos a mí, y si sois fieles a mis enseñanzas, pedid lo que queráis y se os dará. Mi Padre recibe honor cuando vosotros dais mucho fruto y llegáis así a ser verdaderos discípulos míos.
(Jn 15,1-8)

Jesús nos quiere unidos. Junto a Él podemos dar los frutos del Amor. Sin Él no somos nada; nos secamos. Él nos quiere unidos como los sarmientos a la viña. Sólo así podremos dar frutos. Unos frutos que son de Dios, que es el viñador. Esta unión a Jesús es fundamental, imprescindible para hacer el bien, para Amar de verdad.

"En todo lo que conocemos de Jesús por los Evangelios apreciamos un ser humano (el más perfecto) bastante alejado de ese tipo de maestro espiritual que desprecia la materia. Por el contrario, está atento y le gusta lo accesible por los sentidos, lo que se puede tocar, oler, saborear  y ver. Seguramente, por esa atención a lo sensible, durante su vida pública (por supuesto en los milagros, comenzando en Caná,  pero, sobre todo en sus enseñanzas) podemos apreciar a un autor que ve, toca, saborea, conoce y comprende el mundo del trabajo, de los oficios, de las labores cotidianas, de las fiestas… y así sus parábolas y sus ejemplos están repletos de detalles “materiales”.
La lectura del Evangelio de hoy, dentro del larguísimo discurso de la Última Cena, según San Juan, es una exhortación a los discípulos de entonces y a nosotros, cristianos -discípulos de Cristo por definición- de hoy. Es la parábola de la vid y los sarmientos y la invitación: permaneced en Mí.
Sabemos que sin El no podemos hacer nada. Ocurre que a veces lo olvidamos y llegamos a creer que podemos enrolarnos en alguna causa o emprender alguna tarea con nuestra buena preparación, convencimiento, entusiasmo o incluso capacidad para recaudar fondos… sin contar con Cristo o dándolo por supuesto, pero sin que realmente cuente mucho. Incluso podemos llegar a creer que tenemos éxito sin entender que realmente nos aproximamos a ser sarmientos secos y que todo el fruto de ese esfuerzo no sirve para nada: es una selva de ramas con uvas pequeñas y ácidas.
Permanecer en Jesús, como el sarmiento en la viña, implica también someterse a la poda. Al ser una planta trepadora, la vid tiende a crecer indefinidamente y el resultado es un desastre. Hay que someterse a la poda que viene de Dios directamente y siempre será para nuestro bien aunque duela, pero también a aquella de la que somos conscientes y tenemos que hacer pero nos da miedo.
A modo de ejemplos: podar el  activismo de “hacer muchas cosas para Dios” pero no pasar tiempo con El; podar  formas y y maneras que han dado muy poco fruto pero siguen practicándose porque es duro reconocer el fracaso; podar el deseo de reconocimiento, de ser el centro de atención disfrazado de “celo espiritual”; podar el temor a dejar algo tal vez inofensivo pero que nos gratifica… y, en definitiva, nos distrae de lo verdaderamente importante."
(Virginia Fernández Aguinaco, Ciudad Redonda)

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