jueves, 21 de mayo de 2026

PERMANECED UNIDOS




  No te ruego solamente por estos, sino también por los que han de creer en mí al oir el mensaje de ellos. Te pido que todos ellos estén unidos; que como tú, Padre, estás en mí y yo en ti, también ellos estén en nosotros, para que el mundo crea que tú me enviaste. Les he dado la misma gloria que tú me diste, para que sean una sola cosa como tú y yo somos una sola cosa: yo en ellos y tú en mí, para que lleguen a ser perfectamente uno y así el mundo sepa que tú me enviaste y que los amas como me amas a mí. Padre, tú me los confiaste, y quiero que estén conmigo donde yo voy a estar, para que vean mi gloria, la gloria que me has dado; porque me has amado desde antes de la creación del mundo. Padre justo, los que son del mundo no te conocen; pero yo te conozco, y estos también saben que tú me enviaste. Les he dado a conocer quién eres, y seguiré haciéndolo, para que el amor que me tienes esté en ellos, y yo mismo esté en ellos.
(Jn 17,20-26)

Jesús sigue pidiéndole al Padre que permanezcamos unidos como Ellos lo están. Nos pide que nos amemos como Ellos se aman. Con el Amor del Espíritu que celebraremos el próximo domingo.

"Son fuertes las palabras de la oración sacerdotal de Jesús. Fuertes y únicas. Porque en ellas se establece de forma definitiva no sólo un cierto paralelismo sino una verdadera identidad entre la relación que hay entre el Padre y Jesús y el tipo de relación que debe existir no sólo entre los apóstoles sino entre todos los creyentes. La razón para afirmar esta identidad es que la palabra clave: “como”, que en nuestra lengua es ambigua, pues puede significar igualdad, pero también sólo una semejanza o una analogía, en griego (“Kazós” ) significa “exactamente igual que”. También lo indica el que Jesús pone una condición: que sean uno “en nosotros” lo que quiere indicar que no podemos alcanzar esa unidad por nuestra cuenta, sino en la medida en que estamos unidos a Jesús. Pero lo más serio es el resultado de vivir este tipo de unidad: es la que hace que el mundo crea que el padre ha enviado a Jesús. Por tanto, la fuerza última de la credibilidad de Cristo.
Y lo que resulta increíble es esa profecía por la que se nos indica una plena participación en la comunión divina, no sólo para que podamos estar allí donde está Jesús, sino para indicar que él está dentro de nosotros, como también el amor de Dios está dentro de nosotros. Desde esta perspectiva, todas la palabras de salvación, de redención, de gracia santificadora se articular y se reconducen a esta participación en el amor de Dios que nos llega a través de Jesús y hace que la vida divina deje de pensarse como algo fundamentalmente ajeno y totalmente transcendente a nuestra condición creada, y pase a concebirse al estilo de la reciprocidad interhumana, por la que un Yo y un Tu (o, mejor, muchos Yoes y Tues, llegan a formar un Nosotros universal que constituye la familia de los hijos de Dios. Y así, por toda la eternidad en un juego constante de donación y recuperación del amor al Amor."
(Carlos Luis García Andrade cmf, Ciudad Redonda)

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