lunes, 15 de junio de 2026

RESPONDER CON AMOR

 

Habéis oído que antes se dijo: ‘Ojo por ojo y diente por diente.’ Pero yo os digo: No resistáis a quien os haga algún daño. Al contrario, si alguien te pega en la mejilla derecha, ofrécele también la otra. Si alguien te demanda y te quiere quitar la túnica, déjale también la capa. Y si alguien te obliga a llevar carga una milla, ve con él dos. Al que te pida algo, dáselo; y no le vuelvas la espalda a quien te pida prestado.
(Mt 5,38-42)

A pesar de haber leído mil veces este evangelio, nuestra sociedad sigue practicando la venganza. El que la hace la paga. Me hace daño, yo te haré más. 
Jesús nos habla de responder al mal, al odio con Amor. Es dar con creces lo que se nos pide. En definitiva, lo que Él hizo: dar su vida, la entrega total por nosotros.

"(...) El perdón es personal… la justicia es de Dios. Porque, lógicamente, siempre va a haber consecuencias, más que nada, consecuencias de por vida para quienes, aunque hayan sido perdonados, quizá no se hayan arrepentido de haber dejado tuerto a otro. Quizá nadie los deje tuertos a ellos, pero ciertamente han quedado separados de Dios y de los demás y, por tanto, fuera de la posibilidad de felicidad. Como se dice a veces, en el pecado llevan la penitencia, a no ser que regresen a Dios de todo corazón y enmienden el mal hecho.
Puede parecer que la carga cae sobre el “tuerto” original, es decir, sobre quien ha sido víctima. Además de haber sido dañado, tiene que perdonar, y le toca también orar por quien le persigue, seguir haciendo el bien. Caminando una milla más, dando el doble… Porque al tuerto (o el muerto en el caso de Nabot), se le ha quitado algo, pero no la felicidad. Pero el victimario, en cambio, puede tener los ojos (la viña) intactos, pero no puede ser feliz. Tiene un hueco dentro imposible de llenar con viñas o muertes. Y ahora, según la justicia de Dios, que quiere que todos se salven y lleguen al conocimiento de la verdad, al tuerto le toca restaurar la vista del ciego que ha cometido la infracción. Porque quien ha cometido la infracción no es solo tuerto: ha perdido la vista y está totalmente herido. Con la oración, con el perdón, con la intercesión ante Dios, el tuerto podría conseguir de Dios la misericordia para que el agresor pueda encontrar el camino a la felicidad, que pasa por la reconciliación y la restauración… Es decir, la vuelta a la justicia. No a base de igualar el mal para todos, sino de restaurar la bondad para todos.

(Carmen Fernández Aguinaco, Ciudad Redonda)

No hay comentarios:

Publicar un comentario