Por aquel entonces, los discípulos se pusieron a discutir quién de ellos sería el más importante. Jesús, al darse cuenta de lo que estaban pensando, tomó a un niño, lo puso junto a él y les dijo:
– El que recibe a este niño en mi nombre, me recibe a mí; y el que me recibe a mí, recibe también al que me envió. Por eso, el más insignificante entre todos vosotros, ese será el más importante.
Juan le dijo:
– Maestro, hemos visto a uno que expulsaba demonios en tu nombre, pero como no es de los nuestros se lo hemos prohibido.
Jesús le contestó:
– No se lo prohibáis, porque el que no está contra nosotros está a nuestro favor.
(Lc 9,46-50)
Jesús nos dice que quien acepta a los niños, a los sencillos, a los que no cuentan nada, (eso pasaba en Israel con los niños y las mujeres), es el más importante.
También nos muestra que todo aquél que hace el bien, está cerca de Él. Ayer fue el día por la Inmigración. Ellos son para Jesús como los niños. Quien los recibe no siempre es un seguidor de Jesús, pero para Él están más cerca suyo que los que nos llamamos cristianos y rechazamos al que no es como nosotros.
"En los últimos años ha habido unas películas que llevaban por título “Misión Imposible”, remedo de una serie de los 60 y protagonizadas por Tom Cruise. En aquellas películas el protagonista se enfrentaba a misiones imposibles pero al final siempre lograba vencer. Aquellas películas tenían un final feliz.
Pero la vida no es siempre así. Cuando leo textos evangélicos como el de hoy, pienso que Jesús intentó una auténtica “misión imposible” y no sé, no estoy seguro, de que haya conseguido vencer. Porque se enfrentó a unos atavismos que están metidos en lo más profundo de nuestra mente. Y no es fácil desprenderse de ellos.
El primero es esa escena en la que los discípulos empiezan a hablar sobre quién es el más importante entre ellos. Jesús no dice nada pero pone un niño delante y proclama solemnemente, desde la perspectiva del Reino, la primacía del más débil. Así de claro. Así de sencillo. Así de “imposible”. Porque dos mil años después, nosotros seguimos teniendo clarísimo que hay jerarquías (hasta de la iglesia se dice que es esencialmente jerárquica), que hay unos que son más importantes que otros. Ese sueño de igualdad radical, de preferencia por los más débiles, de Jesús y del Reino por el que entregó su vida, se ha quedado, incluso en la misma iglesia, en un sueño del que brotan aquí y allá algunas realizaciones en la entrega de personas concretas pero que no se termina de hacer realidad del todo. Sigue siendo una “misión imposible” y pendiente.
Y el segundo es esa separación que marcan los discípulos entre los nuestros y los otros. Ahí van las fronteras, los prejuicios, los límites, las murallas, las cerraduras, los temores frente al otro, las guerras. Otros atavismo que ha marcado la historia de la humanidad y la ha llenado de sangre. Los discípulos no entienden que en el Reino no hay fronteras, que todos somos hermanos y hermanas y que ya va siendo hora de que todos nos pongamos a trabajar por el bien de todos.
Jesús intentó esa “misión imposible” de romper esos atavismos y abrir un futuro nuevo para la humanidad. A ver si nosotros logramos ser como Tom Cruise y hacer que esta historia tenga un final feliz."
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