martes, 14 de febrero de 2023

CONFIAR EN LA PROVIDENCIA

 


En aquel tiempo, a los discípulos se les olvidó llevar pan, y no tenían más que un pan en la barca. Jesús les recomendó: "Tened cuidado con la levadura de los fariseos y con la de Herodes." Ellos comentaban: "Lo dice porque no tenemos pan." Dándose cuenta, les dijo Jesús: "¿Por qué comentáis que no tenéis pan? ¿No acabáis de entender? ¿Tan torpes sois? ¿Para qué os sirven los ojos si no veis, y los oídos si no oís? A ver, ¿cuántos cestos de sobras recogisteis cuando repartí cinco panes entre cinco mil? ¿Os acordáis?" Ellos contestaron: "Doce." "¿Y cuántas canastas de sobras recogisteis cuando repartí siete entre cuatro mil?" Le respondieron: "Siete." Él les dijo: "¿Y no acabáis de entender?"

"Vivir distraídos es uno de los males de nuestro tiempo, pero no valorar la vida como el mayor de los regalos recibidos es desperdiciarla o malograrla. La comunidad discipular en el relato de hoy parece un poco distraída; da la impresión de que es por la necesidad básica de alimento, pero en el fondo lo que les preocupa es no tener asegurado el futuro. Jesús invita a no hacer depender su fe de milagros o de necesidades puramente materiales, sino que aprendan a poner su confianza en Dios y en su providencia. La vida, cuanto más libre está, se vuelve más disponible y generosa, sin temor a lo que vendrá; y si hemos llegado a decir que Dios no se deja ganar en generosidad, ¿por qué nos cuesta tanto confiar en Él? Muchas comunidades de fe traicionamos el ideal del reino de Dios, de vidas compartidas y desprendidas, por estar aferrados a seguridades materiales. ¿Qué pasaría si no tuviéramos la vida asegurada?, ¿continuaría ilusionada nuestra vida con la causa de Jesús? " (Koinonía)

lunes, 13 de febrero de 2023

EL SIGNO SON LOS OTROS



En aquel tiempo, se presentaron los fariseos y se pusieron a discutir con Jesús; para ponerlo a prueba, le pidieron un signo del cielo. Jesús dio un profundo suspiro y dijo: "¿Por qué esta generación reclama un signo? Os aseguro que no se le dará un signo a esta generación." Los dejó, se embarcó de nuevo y se fue a la otra orilla.

Nuestra generación también pide signos para creer en Dios. No nos damos cuenta de que los signos son los otros. Dios escondido en los que sufren, en los perseguidos. Dios al que echamos de su casa porque no puede pagar. Dios que se ahoga en el Mediterráneo en busca de una vida mejor...Pero nosotros seguimos pidiendo signos.

"Algo de lo que le pasaba a la generación de Jesús es lo que nos pasa hoy frente al cambio climático, las alertas de enfermedades y lo acontecido con la Pandemia del Coronavirus. No creemos que estas son ya avisos o señales de que se hace necesario generar cambios importantes en nuestra vida. Jesús vivió una especie de decepción y rabia con aquellos grupos que le pedían una señal del cielo para poder creer. El proyecto del Reino proponía nuevas formas de proceder y relacionarse, pero les costaba dejar su vida acomodada e instalada. Si no atendemos a esos avisos que nos hace nuestra propia corporalidad y no generamos cambios en el modo de conducirnos por la vida, no dudemos de que por nuestra manera irresponsable e inconsciente de proceder la factura que se nos pasará será impagable. Profundiza en tu relación con Dios y descubrirás que siempre hay alternativas para saber vivir mejor y en paz con quienes te rodean, en armonía con todo lo creado." (Koinonía)

domingo, 12 de febrero de 2023

LA VERDADERA LEY: EL AMOR

 

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: ["No creáis que he venido a abolir la Ley y los profetas: no he venido a abolir, sino a dar plenitud. Os aseguro que antes pasarán el cielo y la tierra que deje de cumplirse hasta la última letra o tilde de la Ley. El que se salte uno sólo de los preceptos menos importantes, y se lo enseñe así a los hombres será el menos importante en el reino de los cielos. Pero quien los cumpla y enseñe será grande en el reino de los cielos.] Os lo aseguro: Si no sois mejores que los escribas y fariseos, no entraréis en el reino de los cielos.
Habéis oído que se dijo a los antiguos: "No matarás", y el que mate será procesado. Pero yo os digo: Todo el que esté peleado con su hermano será procesado. [Y si uno llama a su hermano "imbécil", tendrá que comparecer ante el Sanedrín, y si lo llama "renegado", merece la condena del fuego. Por tanto, si cuando vas a poner tu ofrenda sobre el altar, te acuerdas allí mismo de que tu hermano tiene quejas contra ti, deja allí tu ofrenda ante el altar y vete primero a reconciliarte con tu hermano, y entonces vuelve a presentar tu ofrenda. Con el que te pone pleito, procura arreglarte en seguida, mientras vais todavía de camino, no sea que te entregue al juez, y el juez al alguacil, y te metan en la cárcel. Te aseguro que no saldrás de allí hasta que hayas pagado el último cuarto.]
Habéis oído el mandamiento "no cometerás adulterio". Pues yo os digo: El que mira a una mujer casada deseándola, ya ha sido adúltero con ella en su interior. [Si tu ojo derecho te hace caer, sácatelo y tíralo. Más te vale perder un miembro que ser echado entero en el infierno. Si tu mano derecha te hace caer, córtatela y tírala, porque más te vale perder un miembro que ir a parar entero al infierno. Está mandado: "El que se divorcie de su mujer, que le dé acta de repudio." Pues yo os digo: El que se divorcie de su mujer, excepto en caso de impureza, la induce al adulterio, y el que se case con la divorciada comete adulterio.]
Habéis oído que se dijo a los antiguos: "No jurarás en falso" y "Cumplirás tus votos al Señor". Pues yo os digo que no juréis en absoluto: [ni por el cielo, que es el trono de Dios; ni por la tierra, que es estrado de sus pies; ni por Jerusalén, que es la ciudad del Gran Rey. Ni jures por tu cabeza, pues no puedes volver blanco o negro un solo pelo.] A vosotros os basta decir "si" o "no". Lo que pasa de ahí viene del Maligno."

 "No suelen resultarnos muy atractivos pasajes evangélicos como el de hoy. Es frecuente que nos sintamos incómodos con las prohibiciones, las órdenes, las obligaciones... incluso aunque puedan ser razonables y recomendables o necesarias. Este tiempo de pandemia nos ha mostrado muchas veces a quienes se «saltaban» las instrucciones de las autoridades (sanitarias o civiles) como una «limitación» a su santa libertad. Incluso aunque pusieran en riesgo, no ya su bienestar, sino el de otros.
         Dios presentó a Israel los Diez Mandamientos como garantía y como «camino» para que pudieran conservar la libertad tan duramente conquistada en su peregrinación por el desierto, y como claves necesarias para evitar conflictos, divisiones y problemas que rompieran con la unidad y entendimiento como pueblo suyo. Incluidos los tres primeros, que conviene leerlos en esa clave de no someterse a nada ni a nadie, y reservarse espacios de encuentro familiar, comunitario, religioso, sin ataduras laborales ni de ningún otro tipo.
         Dios presentó a Israel los Diez Mandamientos como garantía y como «camino» para que pudieran conservar la libertad tan duramente conquistada en su peregrinación por el desierto, y como claves necesarias para evitar conflictos, divisiones y problemas que rompieran con la unidad y entendimiento como pueblo suyo. Incluidos los tres primeros, que conviene leerlos en esa clave de no someterse a nada ni a nadie, y reservarse espacios de encuentro familiar, comunitario, religioso, sin ataduras laborales ni de ningún otro tipo.
          Sin embargo, aquellas leyes de la Alianza del Sinaí eran muy «generales» y progresivamente se fueron añadiendo otras que las concretaran y aclarasen en distintas circunstancias: no era lo mismo el tiempo del desierto, que los tiempos prósperos del rey David, o los destierros que padecieron. Y se fueron «colando» excepciones, precisiones, prioridades etc que no siempre tuvieron en cuenta la voluntad de Dios, en asuntos como el «no matarás», o el adulterio y el divorcio, o usar el nombre Dios en juramentos... etc.
          La Ley revelada a Moisés en el Sinaí no era, sin embargo, la palabra definitiva de Dios. Se la consideraba eterna e irrevocable,  era un dogma rabínico, pero en algunos de sus textos hablan de la futura "Ley del Mesías", que sería como una profunda y definitiva interpretación de la Ley de Moisés. El Mesías -pensaba el judaísmo-  aportaría la luz para comprender finalmente toda la riqueza de los pensamientos ocultos de la Torah (Ley).
En este sentido podemos leer estas palabras de San Jerónimo:
«Cuando contemplo a Moisés, cuando leo a los profetas es para comprender lo que dicen de Cristo. El día que haya llegado a entrar en el resplandor de la luz de Cristo y brille en mis ojos como la luz del sol, ya no seré capaz de mirar la luz de una lámpara. Si alguien enciende una lámpara en pleno día, la luz de la lámpara se desvanece. Del mismo modo, cuando uno goza de la presencia de Cristo, la Ley y los Profetas desaparecen. No quito nada a la gloria de la Ley y de los Profetas; al contrario, los enaltezco como mensajeros de Cristo. 
         Sobre el Monte de las bienaventuranzas Jesús ha reconocido su validez pero, considerándola solamente como una etapa transitoria, y ha indicado una nueva meta, un horizonte mucho mayor: la perfección del Padre que está en los cielos, su voluntad (el mandamiento del Amor) como clave de interpretación y profundización.  Su punto de referencia no era la letra pura y dura del precepto, sino el bien de hombre,  que a menudo se había orillado. Y por eso no tuvo inconveniente, por ejemplo, en «violar» la sagrada ley del Sábado (3er mandamiento) para curar, o el comer con «manos impuras». No le parecía aceptable la postura descrita en la parábola del fariseo y el publicano: cumplimiento ante Dios y lejanía y dureza con el pecador. O del hermano mayor del pródigo: cumplidor... pero con un corazón inmisericorde y lejano al del padre.
       Y así, poniéndose a la altura de Moisés, y sin abolir cambiar nada... resalta la intención y el sentido que están detrás de algunos de esos preceptos, y que forman parte de la voluntad de Dios. En el Evangelio de hoy encontramos cuatro ejemplos. 
      + El primero es «no matar». El hombre no tiene poder sobre la vida de sus semejantes, es sagrada e intocable, es sólo de Dios. Pero... llegaron los «matices»: si el otro es un pueblo enemigo, si sorprendemos a alguien en adulterio, si se trata de un pecador, si es un pagano... Nos ha pasado también a los cristianos: las Cruzadas, la pena de muerte, el enemigo al que declaramos la guerra... Y yendo a las raíces del mandamiento, afirma Jesús que hay actitudes y comportamientos que llevan a matar al otro, puede que no literalmente (menos mal), pero... La cosa empieza por un proceso previo de auto-convencimiento de que nuestra posible víctima no es persona humana, no tiene dignidad, no merece respeto: el insulto, el desprecio, el asilamiento, etc... En la historia de Caín, Dios intenta recordarle varias veces que es su «hermano», pero él lo ha mirado como el competidor, el objeto de envidia... y acaba matándolo. También el padre del pródigo insiste y repite al hermano mayor «ese hermano tuyo»... al que juzga y rechaza por pecador. Jesús insiste aquí por tres veces: «hermano», y va más allá al decir que sobran las ofrendas en el altar y los rezos y el culto si no estás reconciliado con «tu hermano». Se trata, pues, de mirar el propio corazón y detectar toda ira, todo juicio, todo enfrentamiento, toda agresividad que impiden la fraternidad que quiere Dios. Por eso los que pasan hambre, son también hermanos y nos tiene que preocupar mucho más allá de alguna generosa limosna. Nos dice Manos unidas: «Frenar la desigualdad está en tus manos», sobre todo cuando la desigualdad desemboca en la muerte.
        + En cuanto al problema del adulterio, también Jesús «afina» mucho: Hay amistades, sentimientos, relaciones que son ya adúlteras, aunque no hubiera «hechos» pecaminosos. La «codicia» o deseo ansioso de poseer a otra persona (mejor que el «deseo» entendido como atracción sexual), comienza con las miradas (el ojo que escandaliza), los pensamientos, las fantasías, los roces (la mano que escandaliza)... son ya un modo de adulterio. Pueden venir bien estas palabras de San Juan Crisóstomo:
«Porque no dijo absolutamente: “El que codicie...” —aun habitando en las montañas se puede sentir la codicia o concupiscencia—, sino: “El que mire a una mujer para codiciarla”. Es decir, el que busca excitar su deseo, el que sin necesidad ninguna mete a esta fiera en su alma, hasta entonces tranquila. Esto ya no es obra de la naturaleza, sino efecto de la desidia y tibieza. Esto hasta la antigua ley lo reprueba de siempre cuando dice: “No te detengas a mirar la belleza ajena” (Ecle 9,8). Y no digas: ¿Y qué si me detengo a mirar y no soy prendido? No. También esa mirada la castiga el Señor, no sea que fiándote de esa seguridad, vengas a caer en el pecado.  Mirando así una, dos y hasta tres veces, pudiera ser que te contengas; pero, si lo haces continuadamente, y así enciendes el horno, absolutamente seguro que serás atrapado, pues no estás tú por encima de la naturaleza humana.  Nosotros, si vemos a un niño que juega con una espada, aun cuando no lo veamos ya herido, lo castigamos y le prohibimos que la vuelva a tocar más. Así también Dios, aun antes de la obra, nos prohíbe la mirada que pueda conducirnos a la obra. Porque el que una vez ha encendido el fuego, aun en la ausencia de la mujer que lascivamente ha mirado, se forja mil imágenes de cosas vergonzosas, y de la imagen pasa muchas veces a la obra. De ahí que Cristo elimina incluso el abrazo que se da con solo el corazón».
          + Y refiriéndose al divorcio, también se habían establecido algunas excepciones («el que se divorcie de su mujer...»). Dios quiso el matrimonio monógamo e indisoluble. Así lo indican las primeras páginas de la Biblia: "los dos serán una sola carne/persona" (Gn 2,24). Por la dureza del corazón del hombre, sin embargo, había entrado también el divorcio en Israel. Contra las costumbres, las tradiciones y las interpretaciones de los rabinos, Jesús devuelve el matrimonio a la pureza de los orígenes y excluye la posibilidad de separar lo que Dios ha establecido que permanezca unido. Las palabras claras de Jesús, sin embargo, no dan a ningún discípulo la licencia de juzgar, criticar, condenar, humillar y marginar a aquellos que han fracasado en su vida matrimonial. Se trata, en general, de personas que han pasado a través de grandes sufrimientos y vivido situaciones dramáticas. No han conseguido el ideal planteado por Dios, muy a su pesar.
        + Echar mano de juramentos, poniendo a Dios por testigo es no respetar el Nombre de Dios. Como dice el Eclesiástico 23,9: "No te acostumbres a pronunciar juramentos, ni pronuncies a la ligera el Nombre Santo”. Y dice Jesús:  "No juréis en absoluto…Que tu palabra sea sí, sí, no…no. Lo que se añada viene del Maligno”. En la comunidad de los discípulos de Jesús, el juramento es inconcebible puesto que se trata de una comunidad constituida por personas de "corazón puro" (Mt 5,8) y guiada por el espíritu de la verdad (cf. Jn 14,17; 16,13) que ha desterrado de su vida toda mentira, como recomienda Pablo: "Eliminad la mentira y decíos la verdad unos a otros ya que todos somos  miembros del mismo cuerpo" (Ef 4,25).
        Estos son los caminos del Nuevo Mundo del Reino que propone Jesús. Es exigente, claro que sí, pero hace falta exigencia (y libertad y decisión para asumirlo) de modo que este mundo sea de otra forma, tal como Dios lo ha querido, y tal como nos haría bien a todos. Si quieres, guardarás los mandatos del Señor, porque es prudencia cumplir su voluntad; ante ti están puestos fuego y agua: echa mano a lo que quieras (primera lectura)¡Elige!"
(Ciudad Redonda, Quique Martínez de la Lama-Noriega, cmf)

sábado, 11 de febrero de 2023

LA FUERZA DE COMPARTIR

 

Uno de aquellos días, como había mucha gente y no tenían qué comer, Jesús llamó a sus discípulos y les dijo: "Me da lástima de esta gente; llevan ya tres días conmigo y no tienen qué comer, y, si los despido a sus casas en ayunas, se van a desmayar por el camino. Además, algunos han venido desde lejos." Le replicaron sus discípulos: "¿Y de dónde se puede sacar pan, aquí, en despoblado, para que se queden satisfechos?" Él les preguntó: "¿Cuántos panes tenéis?" Ellos contestaron: "Siete." Mandó que la gente se sentara en el suelo, tomó los siete panes, pronunció la acción de gracias, los partió y los fue dando a sus discípulos para que los sirvieran. Ellos los sirvieron a la gente. Tenían también unos cuantos peces; Jesús los bendijo, y mandó que los sirvieran también. La gente comió hasta quedar satisfecha, y de los trozos que sobraron llenaron siete canastas; eran unos cuatro mil. Jesús los despidió, luego se embarcó con sus discípulos y se fue a la región de Dalmanuta.

El número siete es simbólico en el Antiguo Testamento. Expresa la plenitud. Los siete panes que reparten los discípulos nos indica que reparten todo lo que tienen. La siete canastas que se recogieron, indican que tras la comida, volvieron a compartirlo todo. Nadie guardó nada. Si nuestra sociedad fuese capaz de compartirlo todo...Pero todos guardamos algo, algunos mucho, para nosotros. Todo lo que nos sobra a nosotros le falta a alguien. ¿Llegaremos un día a ser discípulos verdaderos de Jesús y compartirlo todo?

"Hoy, en medio del individualismo y la mercantilización de la vida, es muy fuerte y extendida la tentación de vivir en soledad. Esta soledad se convierte en indolencia cuando vivimos sin preocuparnos por los demás, negando nuestra naturaleza como Creación en comunidad. Adicionalmente la soledad nos carcome cuando, viviendo en comunidad, no hacemos nada por denunciar la opresión o corregir las desigualdades. A esto invita Jesús a su comunidad discipular: a no quedarse de brazos cruzados o rezando, sino compartir en solidaridad la suerte de los hambrientos y desprotegidos. Que el Señor nos ayude a caminar en comunidad, alejados de toda soledad e indolencia que niega nuestro vínculo con la Creación y el compromiso que tenemos para con el cuidado integral de la vida. Aun eso poco que tienes, si lo compartes, se transforma en fuente de bendición para tu vida. No te acostumbres a acumular; recuerda que es mejor compartir." (Koinonía)

viernes, 10 de febrero de 2023

OIR Y HABLAR DE VERDAD

 


En aquel tiempo, dejando Jesús el territorio de Tiro, pasó por Sidón, camino del lago de Galilea, atravesando la Decápolis. Y le presentaron un sordo que, además, apenas podía hablar; y le piden que le imponga las manos. Él, apartándolo de la gente a un lado, le metió los dedos en los oídos y con la saliva le tocó la lengua. Y, mirando al cielo, suspiró y le dijo: "Effetá", esto es: "Ábrete". Y al momento se le abrieron los oídos, se le soltó la traba de la lengua y hablaba sin dificultad. Él les mandó que no lo dijeran a nadie; pero, cuanto más se lo mandaba, con más insistencia lo proclamaban ellos. Y en el colmo del asombro decían: "Todo lo ha hecho bien; hace oír a los sordos y hablar a los mudos."

Estamos sordos y casi mudos ante las injusticias del mundo. Si seguimos de verdad a Jesús, se nos abrirán los oídos y se nos soltará la lengua. Si no somos capaces de escuchar los lamentos de los hombres y no sabemos denunciar las injusticias, es que no seguimos de verdad a Jesús.
 
"Leía hace poco en las noticias que uno de los hombres más adinerados del mundo había aumentado su riqueza en medio de la pandemia de Covid 19. Mientras que la pandemia dejó a miles de personas sin trabajo, sin asistencia médica digna y sin familia, este millonario tomaba champagne en un viaje que se auspició él mismo al espacio. El poder y la riqueza que ostenta debe parecerse a la idea de un ser humano que aspira a ser como dios. Hoy vemos muchas personas que buscan endiosarse poniéndose por encima de sus hermanas y hermanos. Busquemos, más bien, ser como Jesús practicando la compasión, la justicia y la solidaridad, atributos reales del Dios de la Creación. Sigamos el ejemplo de Jesús que no sólo sintió lastima, sino que se compadeció hasta tocar el dolor, liberando muchos corazones, permitiéndoles caminar con dignidad. Qué nuestros silencios no se conviertan en complicidad frente a tantas injusticias; que tengamos palabra y presencia para quien necesite de nuestra ayuda." (Koinonía)

jueves, 9 de febrero de 2023

LA HUMILDAD NOS ACERCA A DIOS


 
En aquel tiempo, Jesús fue a la región de Tiro. Se alojó en una casa, procurando pasar desapercibido, pero no lo consiguió; una mujer que tenía una hija poseída por un espíritu impuro se enteró en seguida, fue a buscarlo y se le echó a los pies. La mujer era griega, una fenicia de Siria, y le rogaba que echase el demonio de su hija. Él le dijo: "Deja que coman primero los hijos. No está bien echarles a los perros el pan de los hijos." Pero ella replicó: "Tienes razón, Señor; pero también los perros, debajo de la mesa, comen las migajas que tiran los niños." Él le contestó: "Anda, vete, que, por eso que has dicho, el demonio ha salido de tu hija." Al llegar a su casa, se encontró a la niña echada en la cama; el demonio se había marchado.

La mujer conmovió a Jesús con su humildad. Es así como debemos acercarnos a Él en nuestra oración. Con humildad, pero con determinación y constancia.

"La mujer descrita en el evangelio camina sola, sin marido, lo que ya le asigna un rol de vulnerabilidad en aquella sociedad patriarcal. Adicionalmente, tiene una hija enferma y atormentada, lo que le hace sufrir de la marginación social y religiosa. La mujer debe postrarse ante Jesús, en una actitud de súplica que reconoce dolor y dependencia que se refleja en la respuesta que da a la negativa de Jesús: me conformo con comer las migajas que caen de la mesa. En nuestras sociedades hoy se nos ha hecho creer que debemos contentarnos con migajas. Los empresarios explotadores nos dicen que pagan salarios justos, pero las familias viven en hambre y desnutrición mientras se engrosan las cuentas de las grandes compañías. Se nos dice que debemos acostumbrarnos a una salud pauperizada, a mala educación, a vivienda insegura y a comida escasa con agradecimiento y felicidad. ¡Compartamos la mesa abundante que da dignidad a toda persona según el proyecto del reino de Dios! "  (Koinonía)

miércoles, 8 de febrero de 2023

LO QUE ESTÁ EN EL CORAZÓN





 En aquel tiempo, llamó Jesús de nuevo a la gente y les dijo: "Escuchad y entended todos: Nada que entre de fuera puede hacer al hombre impuro; lo que sale de dentro es lo que hace impuro al hombre. El que tenga oídos para oír, que oiga."
Cuando dejó a la gente y entró en casa, le pidieron sus discípulos que les explicara la parábola. El les dijo: "¿Tan torpes sois también vosotros? ¿No comprendéis? Nada que entre de fuera puede hacer impuro al hombre, porque no entra en el corazón, sino en el vientre, y se echa en la letrina." Con esto declaraba puros todos los alimentos. Y siguió: "Lo que sale de dentro, eso sí mancha al hombre. Porque de dentro, del corazón del hombre, salen los malos propósitos, las fornicaciones, robos, homicidios, adulterios, codicias, injusticias, fraudes, desenfreno, envidia, difamación, orgullo, frivolidad. Todas esas maldades salen de dentro y hacen al hombre impuro."

Al leer este evangelio, me he acordado de aquellos que critican al papa Francisco. Querrían una Iglesia en que sólo cuenten las normas, las apariencias, lo externo. Jesús nos dice con claridad que lo importante está en nuestro interior. Que es el Amor lo que cuenta. Que el bien y el mal están en nuestro interior. Es cómo vivimos las cosas en nuestro interior lo que nos hace puros o impuros.

"En una hoja parroquial de hace medio siglo existía una sección de “consultorio moral”, en la que aparecían preguntas de la más variopinta casuística. No se me olvida una referente a si los caracoles son carne o pescado, es decir, si pueden comerse en viernes de cuaresma o no. Y no puedo evitar este recuerdo cada vez que me encuentro con el texto paulino “el Reino de Dios no es comida ni bebida, sino justicia y paz y gozo en el Espíritu Santo” (Rom 14,17).San Pablo no coincidió con Jesús por los caminos de Palestina, pero estuvieron muy cercanos en su crítica a la superficialidad religiosa, las exterioridades y la casuística moral. Ni uno ni otro se hizo problema de la posible suciedad física (purificación de las manos) o de la distinción entre alimentos puros e impuros. Y la escuela paulina relacionó esa libertad con el mensaje del Génesis: “todo lo que Dios ha creado es buen, no hay que desechar nada, basta tomarlo con acción de gracias” (1Timoteo 4,4).   
¿Cuánto tiempo y energías habremos perdido los cristianos en disquisiciones bizantinas, sin consistencia ni sentido? En nuestras discusiones, a veces seculares, con hermanos de otras confesiones, sobre sutiles y refinadas formulaciones teológicas, ¿hemos cuidado los sentimientos del corazón, como Jesús pedía? Y cuando hemos rechazado a un sacerdote de la propia parroquia, o de la comunidad religiosa, a causa de una nimia “irregularidad” litúrgica, ¿hemos pensado dónde están los acentos del evangelio?  Jesús lo dijo magistralmente: “coláis el mosquito y os tragáis el camello” (Mt 23,24). Que Él nos ayude a poner nuestra atención en lo que se la merece." (Severiano Blanco,cmf. Ciudad Redonda)