Matilde de Torres, en su estupendo libro "Detrás de la apariencia" (Ed.Desclée de Brouwer), entre otras muchas cosas, nos presenta la vida como un movimiento en dos direcciones. Todo en la vida es la armonía entre el dar y el recibir. En la naturaleza ese intercambio lo tenemos claro. Respiramos tomando aire para luego soltarlo. Comemos y eliminamos los residuos. El árbol deja caer las flores para que nazcan los frutos y deja caer sus hojas para que puedan brotar otras. A nadie se le ocurriría tomar aire y no soltarlo por miedo a quedarnos sin él. Sería la muerte. El árbol que no dejara caer las flores nunca daría frutos ¿Por qué en nuestra vida no tenemos clara la importancia del equilibrio entre el dar y el recibir?
El miedo hace que nos dediquemos a recibir, a acumular. Luchamos para conseguir más reconocimiento, amor, prestigio, dinero, poder, popularidad, conocimientos...Y luego no sabemos desprendernos de ellos. Es más, consideramos su pérdida como un gran fracaso.
El miedo a que no nos quieran, nos puede llevar al desprendimiento excesivo. A dedicar la vida a dar sin pensar en nuestras necesidades. Eso hace que acabemos agotados y sin fuerzas para seguir nuestra entrega. Tanto unos como otros nos identificamos con nuestros logros: lo que logro atesorar o lo mucho que logro entregarme. En ambos casos estamos matando la vida. Y en ambos casos no encontramos la felicidad. Nos falta descubrir la armonía del equilibrio entre el recibir y el dar.
En la vida espiritual también hemos de encontrar ese equilibrio entre oración y acción, entre meditación y entrega. Sólo así lograremos que la paz anide en nuestro corazón.






