jueves, 3 de febrero de 2011

EQUILIBRIO


Matilde de Torres, en su estupendo libro "Detrás de la apariencia" (Ed.Desclée de Brouwer), entre otras muchas cosas, nos presenta la vida como un movimiento en dos direcciones. Todo en la vida es la armonía entre el dar y el recibir. En la naturaleza ese intercambio lo tenemos claro. Respiramos tomando aire para luego soltarlo. Comemos y eliminamos los residuos. El árbol deja caer las flores para que nazcan los frutos  y deja caer sus hojas para que puedan brotar otras. A nadie se le ocurriría tomar aire y no soltarlo por miedo a quedarnos sin él. Sería la muerte. El árbol que no dejara caer las flores nunca daría frutos ¿Por qué en nuestra vida no tenemos clara la importancia del equilibrio entre el dar y el recibir?
El miedo hace que nos dediquemos a recibir, a acumular. Luchamos para conseguir más reconocimiento, amor, prestigio, dinero, poder, popularidad, conocimientos...Y luego no sabemos desprendernos de ellos. Es más, consideramos su pérdida como un gran fracaso.
El miedo a que no nos quieran, nos puede llevar al desprendimiento excesivo. A dedicar la vida a dar sin pensar en nuestras necesidades. Eso hace que acabemos agotados y sin fuerzas para seguir nuestra entrega. Tanto unos como otros nos identificamos con nuestros logros: lo que logro atesorar o lo mucho que logro entregarme. En ambos casos estamos matando la vida. Y en ambos casos no encontramos la felicidad. Nos falta descubrir la armonía del equilibrio entre el recibir y el dar.
En la vida espiritual también hemos de encontrar ese equilibrio entre oración y acción, entre meditación y entrega. Sólo así lograremos que la paz anide en nuestro corazón.

miércoles, 2 de febrero de 2011

A MEDIO CAMINO...


Lo vemos estos días. El hombre se cansa de la opresión, de la injusticia, de la falta de libertad. La paz alcanzada con la represión, la paz del dictador, acaba generando la indignación de la gente. Túnez, Egipto...un barrio de una ciudad europea..., la reacción es siempre la misma. Y tanto los que viven los disturbios en su propia carne, como los que los vemos por la televisión corremos el mismo peligro. El de quedarnos en una indignación ética. Los autores de la revolución, porque si la fundamentan en el odio al opresor, lo único que pueden generar, es lo que popularmente llamamos "dar la vuelta a la tortilla". Se derriba al opresor, pero otros pasan a ser igualmente opresores. El pueblo sigue igualmente oprimido.
Los que lo vemos por los media, también corremos el peligro, y cada día más por el aluvión de imágenes, en esa indignación ética, teñida de moralina, que nos impide ver nuestras propias injusticias.
Tomás de Aquino escribió en la Summa: "lo que hacemos movidos por el amor es lo que hacemos más libremente." Y es lo único que puede realmente cambiar este mundo. El odio sólo engendra odio. La violencia, por muy justificada  que la creamos, sólo engendra violencia. Y al final siempre pagan el pato los inocentes. 
Tenemos un sabio refrán, no todos los son, que nos dice que "a río revuelto, ganancia de pescadores". Me da un miedo terrible, que en Túnez, Egipto, etc...haya unos señores, llamadlos por ejemplo fundamentalistas, o gran capital, o..., con la caña preparada para que la tortilla gire en su favor... 

martes, 1 de febrero de 2011

EL ANACORETA Y EL BARQUITO DE PAPEL...


El Anacoreta y su joven seguidor contemplaban a unos niños que jugaban con barcos de papel. Los dejaban en una corriente de agua que desembocaba en un pequeño estanque. Todos quedaban encallados a medio camino, pero uno de ellos logró alcanzar el final del recorrido y llegar al estanque, entre aplausos, gritos y la alegría de su constructor.
El joven seguidor dijo:
- Ese barquito ha llegado a buen puerto porque ha hecho caso de la corriente. ¿No es una buena imagen de la obediencia? Los demás han querido seguir su propio camino y ninguno ha logrado llegar al fin deseado...
Movió la cabeza el Anacoreta y con una sonrisa pícara en su cara, dijo:
- No es lo mismo obedecer que adaptarse...
Y ante la mirada de interrogación del joven, prosiguió:
- Seguir la corriente no es obedecer. Puede ser simplemente ganas de no buscarse problemas, simple adaptación o comodidad. Discrepar, si se hace correctamente, no es desobediencia.
Paró un momento, porque los niños volvían a gritar ante otro barquito que lograba su objetivo. Luego dijo:
- Un anciano religioso me dijo un día: "Yo he hecho siempre lo que he querido con permiso de los superiores..." Eso no supone necesariamente que ese religioso fue obediente. Si siempre se espabiló para ocultar a su superior aquellas cosas que sabía le negarían, o se las arregló para disfrazar la verdadera intención de sus actos, está claro que nunca recibió un no, pero tampoco obedeció nunca.
Se detuvo un momento, porque los niños volvían a gritar alborozados porque otro barquito alcanzaba la meta. Luego añadió:
- Obedecer no es seguir la corriente. No discrepar, no es necesariamente obediencia. Obedecer es saberse vulnerable ante el otro y no por ello ocultar nuestros deseos. Obedecer es discrepar sin miedo a verse  rechazado. Obedecer es tener la libertad de dar siempre la opinión sin creerme que soy alguien que tiene siempre la razón. Obedecer, cuando definitivamente tenemos que hacer algo que no queríamos realizar, porque el superior o la comunidad han dado su última palabra, es creer que Dios me quiere hacer ir por un camino mucho mejor del que puedo imaginar y que por mí mismo no habría descubierto nunca...
Y el joven seguidor depositó un barquito en la corriente de agua...

lunes, 31 de enero de 2011

BIENAVENTURADOS LOS QUE SOBRAN...


El post que iba a escribir hoy lo dejo para mañana. Lo que nos dice Mari Paz en Ecclesalia me ha parecido tan interesante que quiero compartirlo con vosotros.

 SOBRA LA GENTE


MARI PAZ LÓPEZ SANTOS, pazsantos@wanadoo.es
MADRID.


ECLESALIA, 31/01/11.- Llego a la conclusión de que sobra la gente. Sobramos todos. ¿Y quienes somos los que sobramos? Sencillamente los que no tenemos la sartén por el mango. ¿De qué sartén se trata?: del poder económico en manos de unos pocos, cada vez menos.
Este pensamiento tan triste me invadió leyendo que un grupo empresarial de medios de comunicación de este país va a reducir su plantilla en unas 2.500 personas (“gente”). Conozco trabajadores (“gente”) de la empresa líder del grupo y lo que me comentan, como la misma empresa publica ostentosamente, es que sigue dando beneficios “económicos”, que desde luego no están destinados a la “gente que sobra” según los criterios de los pocos que manejan el gran cotarro económico-mundial.
Sobran los niños, cuesta criarlos y educarlos.
Sobran los jóvenes que quieren un trabajo digno que les permita construir su vida sin dependencia de sus mayores.
Sobran los adultos que quieren mantener su puesto de trabajo para seguir atendiendo a la familia y pagando la hipoteca.
Sobran los viejos que se dejaron la piel construyendo la sociedad del bienestar y ahora parece que es molesto ocuparse de que estén bien atendidos y cuidados.
Sobran los pobres que caen en la zanja de la exclusión social, que cada día es más ancha y más profunda.
Sobran los emigrantes, salvo que se ajuste al patrón de mano de obra esclava.
Sobran, y mucho, los que denuncian la injusticia, la opresión y la falta de derechos.
Sobran… los que ya no tiene voz, ni ánimos, ni fuerzas.
Pero al mismo tiempo y leyendo las noticias sobre la muerte del Samuel Ruiz, obispo de Chiapas, defensor de los indígenas, recordé una entrevista que le hicieron hace ya bastantes años en televisión, en la que el periodista le preguntó cual era su opinión sobre el capitalismo neo-liberal. Samuel Ruiz, con una voz serena y de forma escueta, se limitó a contestar: “Es la bicha”. La vida de este obispo me elevó el ánimo.
La bicha que decía D. Samuel se está comiendo a la gente que sobra y está engordando a un ritmo peligroso. Imagino que tendrá su sitio en Davos, en estos días que hay que seguir partiendo y repartiéndose la tarta económica mundial.
Menos mal que el pasado domingo escuchamos una vez más a Mateo 5,1-12 que nos repitió, en palabras para el tiempo de hoy: “Bienaventurados los que sobran porque serán acogidos, abrazados y se les dará la creatividad, la fuerza, la solidaridad y el amor que les permita enfrentar a la “bicha”, ayudados por sus pastores que serán la voz principal en el camino de los que no tiene voz”.
(Eclesalia Informativo autoriza y recomienda la difusión de sus artículos, indicando su procedencia).

domingo, 30 de enero de 2011

OTRO MUNDO ES POSIBLE...


"En aquel tiempo, al ver Jesús el gentío, subió a la montaña, se sentó, y se acercaron sus discípulos; y él se puso a hablar, enseñándoles:
- Dichosos los pobres en el espíritu, porque de ellos es el reino de los cielos. Dichosos los que lloran, porque ellos serán consolados. Dichosos los sufridos, porque ellos heredarán la tierra. Dichosos los que tienen hambre y sed de la justicia, porque ellos quedarán saciados. Dichosos los misericordiosos, porque ellos alcanzarán misericordia. Dichosos los limpios de corazón, porque ellos verán a Dios. Dichosos los que trabajan por la paz, porque ellos se llamarán los Hijos de Dios. Dichosos los perseguidos por causa de la justicia, porque de ellos es el reino de los cielos. Dichosos vosotros cuando os insulten y os persigan y os calumnien de cualquier modo por mi causa. Estad alegres y contentos, porque vuestra recompensa será grande en el cielo."

Permitidme que tome prestado el título del estupendo libro de Gonzalez Faus (Ed. Sal Terrae). Es lo que me sugiere la liturgia de hoy. La expresión de Mateo "pobres de espíritu" la hemos utilizado a veces para edulcorar las Bienaventuranzas, pero, sin embargo, esa expresión es más fuerte que la de pobres a secas. Las Bienaventuranzas no son un elogio de la pobreza, a la que ciertamente hay que combatir. Ni la santificación de las lágrimas y del sufrimiento que hay que erradicar. Las Bienaventuranzas nos señalan un cambio total de paradigma, una subversión de los valores del mundo, una forma de vivir distinta. Nos indican que otro mundo es posible.
Corremos el riesgo de transformar este texto en canto de sirenas, en poesía romántico-mística. Sin embargo nos está señalando que hay otra forma de vivir, diferente al "tú a lo tuyo", al que más vale quien más tiene, a nuestra cacareada sociedad del bienestar..., que muchas veces no es sino la sociedad del egoísmo. Las Bienaventuranzas nos indican un camino de lucha por el compartir, el amar, consolar, compadecerse, buscar la paz...por encima de nuestros intereses. Es más, nos dicen, que si buscamos la felicidad olvidándonos de los demás, no la encontraremos.
Ese es el camino que Jesús nos indica a los cristianos y ese es el camino que deberíamos compartir y buscar con todos los hombres de buena voluntad. Nos gustaría ser una Iglesia poderosa, dominante en el mundo y...el camino de las Bienaventuranzas se acerca más a lo que nos señala el profeta Sofonías en la primera lectura: "Dejaré en tu país un pueblo humilde y pobre. El resto de Israel buscará refugio en el nombre del Señor". El "resto de Israel", ese pequeño grupo de seguidores... Y Pablo también lo entendió así y, por eso, se lo recuerda a la comunidad de Corinto, formada por gente humilde en su mayoría: "Dios, para confundir a los sabios, ha escogido a los que el mundo tiene por ignorantes..."
Esta es la lógica de Dios: el camino de la felicidad, es el camino de la sencillez. Un camino que empieza cambiando nuestro corazón. Este camino nos hará felices, aunque al transitarlo seamos incomprendidos...




sábado, 29 de enero de 2011

ENTRA Y CIERRA LA PUERTA...


Thomas Merton, en su estupendo libro, "NUEVAS SEMILLAS DE CONTEMPLACIÓN", escribió:
Debería haber al menos un lugar o un rincón donde nadie pueda encontrarte, molestarte u observarte. Tendrías que ser capaz de desatarte del mundo y liberarte, quitando los nudos de todos los finos hilos y cuerdas de la tensión que te atan, por la vista, el sonido o el pensamiento, a la presencia de otras personas."Tú en cambio, cuando vayas a orar, entra en tu aposento y, después de cerrar la puerta, ora a tu Padre en lo secreto...". Una vez que hayas encontrado tal lugar, conténtate con él y no te inquietes si, por alguna razón de peso, tienes que salir de allí. Ámalo, regresa a él tan pronto como te sea posible y no tengas prisa en cambiarlo por otro.
No es fácil en nuestra sociedad urbana encontrar ese lugar. Posiblemente no se trata ni siquiera de un lugar, sino de un momento en el que sepamos aislarnos de todo y unirnos a Él en nuestro interior. Al empezar el día o al acabarlo suelen ser los mejores momentos. Tampoco se trata de que te olvides de los demás o de que no puedas rezar en grupo. Si ese lugar o momento son de verdadera conexión con Él, no dudes que saldrás con más fuerzas y más ganas de luchar por un mundo mejor. Esa es precisamente la prueba de que tu oración es auténtica y no un mero mirarse el ombligo...

viernes, 28 de enero de 2011

EL ANACORETA LOS SENTIDOS Y LA REALIDAD


El Anacoreta quedó admirado de la cantidad de gente que viajaba en el metro o el autobús y caminaba por la calle con auriculares en las orejas. Sentado con su joven seguidor le comentó:
- Nos dicen que la realidad es lo que podemos percibir con nuestros sentidos. Y nunca como ahora habíamos maltratado tanto nuestros sentidos. Constantemente estimulamos el oído, la vista, el gusto...Y no nos damos cuenta, que, sin querer, los estamos atrofiando. Cada vez necesitamos sonidos más fuertes, colores más vivos, sensaciones más fuertes, para reaccionar. Poco a poco vamos perdiendo la sensibilidad...
Se levantó y quedó un momento extasiado contemplando el suave caer de la lluvia y las gotas deslizándose sobre el cristal de la ventana. Luego añadió:
- Construímos nuestra realidad con lo que percibimos. Pero nuestros sentidos son limitados. Hay sonidos que no oímos, colores que no vemos, olores que no podemos captar...Y si encima embotamos nuestros sentidos...La realidad es más amplia que lo que nos muestran los cinco sentidos. Quizá tenemos más de cinco....¿Por qué no consideramos a la intuición como un sentido?¿Qué alimentan la imaginación y la creatividad?
Se volvió sonriendo al joven y concluyó:
- Lo  cierto es, que debemos educar nuestra sensibilidad si queremos captar con perfección la realidad...Con los cinco sentidos olemos a hierba fresca, vemos un prado verde, tocamos el frescor del rocío, oímos el canto de los pájaros. ¿Pero, qué es lo que hace que unas personas se emocionen ante esto y otras casi ni se den cuenta? Posiblemente no se trata de cantidad de estímulos, sino de sensibilidad...