domingo, 15 de febrero de 2015

UN ENCUENTRO EN EL CAMINO



"En aquel tiempo, se acercó a Jesús un leproso, suplicándole de rodillas: 

- Si quieres, puedes limpiarme. 
Sintiendo lástima, extendió la mano y lo tocó, diciendo: 
- Quiero: queda limpio. 
La lepra se le quitó inmediatamente, y quedó limpio. Él lo despidió, encargándole severamente: 
- No se lo digas a nadie; pero, para que conste, ve a presentarte al sacerdote y ofrece por tu purificación lo que mandó Moisés. 
Pero, cuando se fue, empezó a divulgar el hecho con grandes ponderaciones, de modo que Jesús ya no podía entrar abiertamente en ningún pueblo; se quedaba fuera, en descampado; y aun así acudían a él de todas partes."

Jesús ha salido de Cafarnaúm y, en el camino, se encuentra con un leproso. Y Jesús hace algo inaudito en Israel: lo toco. Un leproso era un impuro, alguien que no tenía lugar alguna en la sociedad y que debía permanecer apartado de todos. Alguien al que no se debía tocar. Jesús se salta la ley y lo toca. Con aquel gesto el leproso queda limpio. Jesús, no sólo lo acoge, sino que le demuestra, tocándolo, que es un hombre como los demás, un hijo de Dios.
En nuestra sociedad apartamos el mal de nuestra vista. Los ladrones, sin interesarnos su situación personal, los encerramos en las cárceles. Las prostitutas las hacemos desaparecer de las calles, pero no nos importan los millones de dinero negro que generan en pisos privados. Se ha dejado de hablar del ébola una vez desaparecido de Europa, aunque siga en África...
Jesús, sin embargo, se hace el encontradizo en el camino, lo acepta, lo toca y así lo cura.
El mal no lo eliminaremos ignorándolo o castigándolo duramente. El mal se elimina enfrentándose a él con Amor. Escuchando, tocando. Todos tenemos cerca nuestro, alguien al que podemos tender la mano, al que podemos mostrar que hay otra forma de vivir. No se nos piden milagros...Se nos pide encontrar a los demás en el camino y tocarlos con Amor, sanarlos con nuestra amistad.
Esta semana, el miércoles, comienza la Cuaresma. Es el momento de acercarnos a Jesús, y arrodillados ante Él pedirle que nos sane. Que quite de nosotros la impureza del egoísmo, del odio, del orgullo, de la insolidaridad...Seguro que Él nos dirá que quiere. También será el momento de participar en alguna Ceremonia del Perdón, para que quede así certificada nuestra curación. 

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