domingo, 14 de mayo de 2017

UN DIOS CERCANO


"No os angustiéis: creed en Dios y creed también en mí. En la casa de mi Padre hay muchos lugares donde vivir; si no fuera así, no os habría dicho que voy a prepararos un lugar. Y después de ir y prepararos un lugar, vendré otra vez para llevaros conmigo, para que vosotros también estéis donde yo voy a estar. Ya sabéis el camino que lleva a donde yo voy.
Tomás dijo a Jesús:
– Señor, no sabemos a dónde vas: ¿cómo vamos a saber el camino?
Jesús le contestó:
– Yo soy el camino, la verdad y la vida. Solamente por mí se puede llegar al Padre. Si me conocéis, también conoceréis a mi Padre; y desde ahora ya le conocéis y le estáis viendo.
Felipe le dijo entonces:
– Señor, déjanos ver al Padre y con eso nos basta.
Jesús le contestó:
– Felipe, ¿tanto tiempo hace que estoy con vosotros y todavía no me conoces? El que me ve a mí ve al Padre: ¿por qué me pides que os deje ver al Padre? ¿No crees que yo estoy en el Padre y el Padre en mí? Las cosas que yo os digo no las digo por mi propia cuenta. El Padre, que vive en mí, es el que hace su propia obra. Creedme que yo estoy en el Padre y el Padre en mí; si no, creed al menos por las propias obras. Os aseguro que el que cree en mí hará también las obras que yo hago; y hará otras todavía más grandes, porque yo voy al Padre."

El evangelio de hoy, es la suma de los que leímos y comentamos el viernes y el sábado. Hoy arropado con las dos lecturas de los Hechos de los Apóstoles y de la primera Carta de Pedro.
Hemos reflexionado sobre la unión entre el Padre y Jesús. Hemos visto cómo Jesús es el camino que nos conduce al Padre. Un Dios cercano, porque lo hemos de buscar en Jesús, en el Hombre. Los hombres siempre han preferido colocar a Dios en el Cielo. Unos porque les molesta la exigencia de su cercanía y otros, porque es más fácil adorar a ese Dios lejano, que al que vive en nuestro prójimo.
En los Hechos, vemos cómo los apóstoles se dieron cuenta de que la Palabra no nos puede alejar de los hombres. Crean los diáconos, para que de una forma especial, se dediquen a servir al que lo necesita, al pobre, al hambriento, a las viudas...
Y Pedro, en su carta, nos insiste en la importancia de Jesús para llegar al Padre. Él es "la piedra angular".
Jesús es el que nos acerca a Dios, el que nos lo coloca a nuestro lado. Un Dios que es Amor y no nos abandona.

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