miércoles, 2 de mayo de 2018

¿NORMAS O VIDA?


"Por aquel tiempo, algunos que habían ido de Judea a Antioquía comenzaron a enseñar a los hermanos que no podían ser salvos si no se sometían al rito de la circuncisión, conforme a la práctica establecida por Moisés. Pablo y Bernabé tuvieron por esto una fuerte discusión con ellos. Luego se decidió que Pablo, Bernabé y algunos otros fueran a Jerusalén, a tratar este asunto con los apóstoles y ancianos de la iglesia de aquella ciudad.
Enviados, pues, por los de la iglesia de Antioquía, al pasar por las regiones de Fenicia y Samaria contaron cómo los no judíos habían dejado sus antiguas creencias para seguir a Dios. Y todos los hermanos se alegraron mucho de estas noticias.
Al llegar a Jerusalén, Pablo y Bernabé fueron recibidos por la iglesia, y por los apóstoles y ancianos, y contaron todo lo que Dios había hecho con ellos. Pero algunos fariseos que habían creído se levantaron y dijeron:
– Es preciso circuncidar a los creyentes que no son judíos, y mandarles que cumplan la ley de Moisés.
Se reunieron entonces los apóstoles y los ancianos para estudiar este asunto."

Hoy se vuelve a repetir el evangelio de la vid y los sarmientos; por esto he preferido comentar la primera lectura de los Hechos de los Apóstoles. Además, nos presenta un problema todavía vigente en la Iglesia: el de los que quieren dar más importancia al cumplimiento de las normas que a la Vida.
Pablo ha predicado con grandes frutos el Evangelio a los paganos. En Antioquía se ha constituido una comunidad muy viva. Es allí donde los seguidores de Jesús empezaron a llamarse Cristianos. Pero los fariseos convertidos, exigen que los paganos sigan las normas de los judíos, la ley de Moisés al pie de la letra. Si no se circuncidan no se salvarán.
Pablo y Bernabé tienen una mentalidad más amplia. Para ellos lo importante es Vivir siguiendo a Jesús, es tener su Espíritu. Por eso van a Jerusalén a consultar a los apóstoles. Allí, por parte de algunos, encontrarán las mismas dificultades. Esto hará que se celebre el llamado Concilio de Jerusalén, que dejó las cosas claras para los nuevos conversos.
En nuestros días, se siguen encontrando las personas, para las que las normas pasan por encima de la Vida. Para ellos, ser cristianos es cumplir unos preceptos, aunque después su vida sea antievangélica.
Ser cristiano, es ser seguidor de Jesús. Es querer vivir como Él vivió. Es seguir sus mandamientos: Amar a Dios sobre todas las cosas y a los demás, como Él los amó.
Ante Dios debemos presentarnos cada uno con nuestra vida. Eso es lo que Él espera de nosotros. 


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