No practiquéis vuestra religión delante de los demás solo para que os vean. Si hacéis eso, no obtendréis ninguna recompensa de vuestro Padre que está en el cielo. Por tanto, cuando ayudes a los necesitados no lo publiques a los cuatro vientos, como hacen los hipócritas en las sinagogas y en las calles para que la gente los elogie. Os aseguro que con eso ya tienen su recompensa. Tú, por el contrario, cuando ayudes a los necesitados, no se lo cuentes ni siquiera a tu más íntimo amigo. Hazlo en secreto, y tu Padre, que ve lo que haces en secreto, te dará tu recompensa. Cuando oréis, no seáis como los hipócritas, a quienes les gusta orar de pie en las sinagogas y en las esquinas de las plazas, para que la gente los vea. Os aseguro que con eso ya tienen su recompensa. Pero tú, cuando ores, entra en tu cuarto, cierra la puerta y ora en secreto a tu Padre. Y tu Padre, que ve lo que haces en secreto, te dará tu recompensa. |
Cuando ayunéis, no pongáis el gesto compungido, como los hipócritas, que aparentan aflicción para que la gente vea que están ayunando. Os aseguro que con eso ya tienen su recompensa. Pero tú, cuando ayunes, lávate la cara y arréglate bien, para que la gente no advierta que estás ayunando. Solamente lo sabrá tu Padre, que está a solas contigo, y él te dará tu recompensa. (Mt 6,1-6.16-18) Tres cosas que debemos hacer por Amor y en lo secreto. Sin llamar la atención. Si lo hacemos para que nos vean, para tener fama, para que hablen de nosotros...eso no sirve para nada. El mismo Jesús, tras realizar un milagro, pedía que no lo dijeran a nadie. Él rezaba en la noche, en la soledad. Es el Padre quien debe saberlo. Nadie más. " (...) Lo más extraordinario que puede hacer un cristiano común es lo de los pasajes de los evangelios de días anteriores: vencer el mal a fuerza de bien. Recuerdo muchas veces a mi madre, que un día se detuvo a auxiliar a una vecina que se había herido con un cristal roto. Esta vecina había insultado y amenazado a mi madre en varias ocasiones, pero, cuando le pregunté a mi madre por qué lo hacía me dijo, simplemente, que, porque era un ser humano. Ser cristiano no es hacer demostraciones externas magníficas y asombrosas, sino milagros diarios a base de obras buenas en silencio, de oración callada y en secreto. Ha habido muchos santos que han “realizado” milagros. Pero esto no está bien dicho. Ellos no han hecho milagros: la gracia de Dios ha hecho obras extraordinarias en su interior, que se han reflejado en que el poder de Dios ha obrado prodigiosamente por medio de ellos. Es de lo que habla Pablo en 2 Cor: “llevamos este tesoro en vasijas de barro para que se demuestre que este poder extraordinario viene de Dios, y no de nosotros.” El peligro de la tentación a querer hacer cosas extraordinarias no está tanto en la “demostración” de poder, como en el creer en la propia fuerza y no en la de Dios, en arrogarse el mérito. Y el mérito del que hablaba el evangelio es amar heroicamente a todos. Silenciosamente, en lo secreto de una unión íntima con Dios que no hace ruido, ni busca la ostentación." (Carmen Fernández Aguinaco, Ciudad Redonda) |
No hay comentarios:
Publicar un comentario