lunes, 25 de noviembre de 2013

HERMANO DE LOS POBRES


El mes de octubre, a la edad de 84 años, falleció el religioso capuchino Ignacio Larrañaga, fundador de los TALLERES DE ORACIÓN Y VIDA, y autor de estupendos libros de espiritualidad. En su memoria os dejo esta oración suya:

"Señor Jesús, hermano de los pobres,
frente al turbio resplandor de los poderosos
te hiciste impotencia.
Desde las alturas estelares de la divinidad
bajaste al hombre hasta tocar el fondo.
Siendo riqueza, te hiciste pobreza.
Siendo el eje del mundo
te hiciste periferia, marginación, cautividad.
Dejaste a un lado a los ricos y satisfechos
y tomaste la antorcha
de los oprimidos y olvidados,
y apostaste por ellos.

Llevando en alto la bandera de la misericordia
caminaste por las cumbres y quebradas
detrás de las ovejas heridas.
Dijiste que los ricos ya tenían su dios
y que sólo los pobres ofrecen espacios
libres al asombro;
para ellos será el sol y el Reino,
el trigal y la cosecha.
¡Bienaventurados!

Es hora de alzar las tiendas y ponernos en camino
para detener la desdicha y el sollozo,
el llanto y las lágrimas,
para romper el metal de las cadenas
y sostener la dignidad combatiente,
que viene llegando, implacable, el amanecer
de la liberación
en que las espadas serán enterradas
en la tierra germinadora.

Son muchos los pobres, Jesús; son legión.
Su clamor es sordo, creciente, impetuoso
y, en ocasiones, amenazante
como una tempestad que se acerca.

Danos, Señor Jesús, tu corazón sensible
y arriesgado;
líbranos de la indiferencia y la pasividad;
haznos capaces de comprometernos
y de apostar, también nosotros,
por los pobres y excluidos.

Es hora de recoger los estandartes
de la justicia y de la paz
y meternos hasta el fondo de las muchedumbres
entre tensiones y conflictos,
y desafiar al materialismo con
soluciones alternativas.

Danos, oh Rey de los pobres
la sabiduría para tejer una única guirnalda
con esas dos rojas flores:
contemplación y combate.
y danos la corona de la Bienaventuranza."
Amén”.

(P. Ignacio Larrañaga).

PARÁBOLA (7)


"Se me mostró un rompecabezas con las piezas desparramadas sobre una enorme mesa. Observé cómo se iba montando y vi que cada pieza encajaba perfectamente en su lugar. Y escuché estas palabras:
Cuando estás en tu lugar cumpliendo la parte que te corresponde, no puede haber ningún conflicto y Mi plan se puede desarrollar a la perfección."

domingo, 24 de noviembre de 2013

UN REY DIFERENTE


"La gente estaba allí mirando; y hasta las autoridades se burlaban de él diciendo:
– Salvó a otros; ¡que se salve a sí mismo ahora, si de veras es el Mesías de Dios y su escogido!
Los soldados también se burlaban de Jesús. Se acercaban a él y le daban a beber vino agrio, diciéndole:
– ¡Si eres el Rey de los judíos, sálvate a ti mismo!
Y sobre su cabeza había un letrero que decía: “Este es el Rey de los judíos.”
Uno de los malhechores allí colgados le insultaba, diciéndole:
– ¡Si tú eres el Mesías, sálvate a ti mismo y sálvanos a nosotros!
Pero el otro reprendió a su compañero diciendo:
– ¿No temes a Dios, tú que estás sufriendo el mismo castigo? Nosotros padecemos con toda razón, pues recibimos el justo pago de nuestros actos; pero este no ha hecho nada malo.
Luego añadió:
– Jesús, acuérdate de mí cuando comiences a reinar.
Jesús le contestó:
– Te aseguro que hoy estarás conmigo en el paraíso."

A lo largo de la historia hemos interpretado muy mal la figura de Cristo Rey, al asociarla a la imagen de los reyes de este mundo. Esto nos ha llevado a unir la figura de Jesús al poder en el mundo y a la sumisión de los fieles. Sin embargo, el evangelio nos muestra una imagen de Jesús que no oprime, sino que libera, sana y ama.
El texto del evangelio de hoy nos ayuda a dejar las cosas en su lugar. Ese Rey que nos presenta, es un Rey insultado por los poderosos, del que todos se burlan. Un Rey clavado en una cruz, la muerte más ignominiosa de su época. Paradójicamente, el único que acepta a ese Rey es un malhechor que está sufriendo el mismo suplicio que Jesús.
¿Qué Reino es ese en el que Jesús es Rey? Es un reino totalmente diferente al que imaginamos los hombres. Nosotros buscamos dominar. Nuestros reino es el de unos pocos que mandan y una multitud de sumisos. (Aunque crean no serlo, porque cada cierto número de años votan a los que han de mandar). Jesús nos muestra el Reino del Amor, el Reino de la Luz, el Reino de la Armonía...Jesús reina escuchando, curando, consolando...amando. Jesús nos ofrece la libertad y la justicia. 
Esta semana acabamos el Tiempo Ordinario. El próximo domingo será el 1º de Adviento. Comienza ese tiempo en el que, precisamente, hemos de prepararnos para recibir a ese Rey de amor y libertad. Y Jesús vendrá si le ofrecemos nuestro interior como ese Reino de Amor. El Universo del que Jesús es Rey está en nosotros y es, a través nuestro, que el Reino se hará presente.

sábado, 23 de noviembre de 2013

MÚSICA DEL SÁBADO: EL SONIDO DEL SILENCIO

Se puede estar rodeado de una multitud y, sin embargo, sentirse solo. Hablar sin escucharse. Ignorarse y fabricarse dioses a medida.

viernes, 22 de noviembre de 2013

EL ANACORETA Y LA ESPIRITUALIDAD SANA (2)


Al día siguiente, el Anacoreta hizo sentar a su joven seguidor y le preguntó:
- ¿Has meditado las cuatro características de la espiritualidad sana que te dije ayer? Hoy voy a darte cinco más.

  • Amor y compasión. Tu vida espiritual ha de llevarte a amar profundamente y a padecer con los otros; que eso es lo que significa compasión. Llámalo empatía si lo prefieres. pero lo importante es, que te quede claro que la verdadera vida espiritual te ha de llevar siempre a amar al otro, no a acusarlo y juzgarlo.
  • Comunidad. La vida espiritual no puede aislarte, sino que ha de llevarte a compartir, a vivir tu experiencia con los demás.
  • Consciencia. Si tu espiritualidad te induce al autoengaño, ten por seguro que no es sana. la vida espiritual auténtica ha de ayudarte a conocerte plenamente, a tomar consciencia de ti, en lo físico, lo mental, lo psicológico, lo espiritual...
  • Paz. La espiritualidad sana ha de llevarte a vivir en paz contigo mismo y en armonía con todas las cosas. El desasosiego, la ansiedad, la angustia...son señales de una espiritualidad insana.
  • Liberación.Una auténtica espiritualidad nunca debe ser una cadena. No debe atarte a dogmas, ritos, ni ideas...,ni siquiera a ti mismo. Te has de sentir libre de toda atadura, sin miedo, confiando siempre en que Dios está en ti.

Lo miró sonriendo y concluyó:

- Creo que estas nueve características te ayudarán a seguir una espiritualidad sana, que te permita crecer y que haga de ti un Hombre completo...
(Inspirado del libro "Sentirse habitado por la Presencia", Enrique Montalt, Ed. Desclée de Brouwer, 1012)

jueves, 21 de noviembre de 2013

EL ANACORETA Y LA ESPIRITUALIDAD SANA (1)


El joven seguidor comentó:
- Hay espiritualidades y espiritualidades. Unas liberan y otras, como las de las sectas, te aprisionan y desequilibran.
Por eso preguntó al Anacoreta:
- ¿Me puedes indicar las características de una espiritualidad sana?
El anciano le señaló una silla y le invitó a sentarse. Entonces respondió:
- Hoy voy a darte cuatro características: 

  • Autenticidad: En tu vida espiritual has de ser auténtico. Tus pensamientos han de ser coherentes con tus palabras y tus actos con tus sentimientos.
  • Has de desatarte del pasado. No puedes avanzar espiritualmente atado a un sentimiento de culpa. Vive plenamente el presente.
  • Enfréntate a tus temores. La espiritualidad no puede utilizarse para esconder la cabeza bajo el ala, para hacerte vivir en un mundo irreal. Has de desvelar tus temores y enfrentarte a ellos hasta alcanzar la paz auténtica.
  • Has de comprenderte a ti mismo y saberte perdonar. Comprenderte para perdonarte. Sólo desde este autoperdón podrás perdonar a los demás.

Sonrió el anciano y concluyó:

- De momento reflexiona sobre estos cuatro puntos. Mañana te daré cinco más...
(Inspirado en el libro:"Sentirse habitado por la Presencia", Enrique Montalt, Ed. Desclée de Brouwer, 2012)

miércoles, 20 de noviembre de 2013

CONDÚCEME A TRAVÉS DE LAS TINIEBLAS...


A través de las tinieblas que me rodean
condúceme Tú, siempre hacia adelante.
La noche es oscura y estoy lejos de casa:
condúceme Tú, siempre hacia adelante.
Guía mis pasos, porque ya no veo.
Un sólo paso me basta.
Yo no he sido siempre así,
ni tampoco he rezado siempre
pidiendo que me conduzcas.
Quería escoger y ver mi camino, pero ahora,
condúceme Tú, siempre hacia adelante.
Anhelaba los días de gloria y, a pesar de los temores,
el orgullo dirigía mis deseos;
¡oh! no recuerdes esos años que ya han pasado.
Tu poder me ha bendecido con largueza,
y todavía sabrás conducirme siempre más allá
por llanuras y barrizales,
sobre la roca abrupta y el rugido del torrente,
hasta que haya pasado la noche.
Y me sonrían al amanecer aquellos rostros de ángeles
que tanto amé antaño
y que perdí durante un tiempo.
Condúceme Tú, siempre hacia adelante.

(Paráfrasis de un texto del Cardenal Newman)