jueves, 30 de enero de 2020

EL ANACORETA Y EL HOMBRE QUE CREÍA AMAR MUCHO


Llegó destrozado a la cueva del Anacoreta. No físicamente, sino anímicamente.
- Mi mujer me ha dejado, mis hijos son drogadictos y antisistema, mis compañeros de trabajo huyen de mi...Yo, que he dedicado mi vida a mi mujer, a mis hijos, a ayudar a mis compañeros...
El Anacoreta posó sus ojos llenos de paz sobre él y le preguntó:
- ¿Los has amado?
El hombre respondió casi con violencia:
- ¿Que si los he amado? No he hecho otra cosa en la vida. Estaba pendiente del menor deseo de mi mujer. Siempre pensaba en ella. Ni en pensamientos le he sido infiel. Me volqué en mis hijos para que no les faltase nada ni en lo material, ni en educación, ni en formación... Y mis compañeros de trabajo eran para mí, hermanos. Los reemplazaba, los ayudaba, los intentaba promocionar - suspiró y prosiguió - y todo ha sido un fracaso. Un desastre.
El Anacoreta, como a veces hacía cuando reflexionaba, tomó un puñado de polvo y lo dejó deslizar lentamente entre sus dedos. Luego dijo:
- Tu problema es que no te has dejado amar.
El hombre lo miró interrogativo:
- ¿?
- Sí. Tú creías amar a tu mujer porque todo el día estabas pendiente de ella, pero nunca le diste tiempo a que ella se ocupara de ti. No la dejaste que te amara. No te extrañe que se haya ido con el primero que se ha dejado amar.
Creías que amabas a tus hijos porque se lo dabas todo. ¿Los escuchaste realmente? Ellos querían un padre para amar, no un proveedor de todo. Los hijos aprenden a amar amando a sus padres. No te extrañe que ahora no sepan amar.
Tus compañeros quieren ser ellos mismos. Quieren amarte por lo que eres, no por lo que haces por ellos. Es normal que huyan de ti. 
El Anacoreta miró el horizonte y afirmó:
- Sí. No te has dejado amar. Es más difícil dejarse amar que amar...

1 comentario:

  1. No la dejaste que te amara. No te extrañe que se haya ido con el primero que se ha dejado amar.
    Creías que amabas a tus hijos porque se lo dabas todo. ¿Los escuchaste realmente? Ellos querían un padre para amar, no un proveedor de todo. Los hijos aprenden a amar amando a sus padres. No te extrañe que ahora no sepan amar.
    Tus compañeros quieren ser ellos mismos. Quieren amarte por lo que eres, no por lo que haces por ellos. Es normal que huyan de ti.
    El Anacoreta miró el horizonte y afirmó:
    - Sí. No te has dejado amar. Es más difícil dejarse amar que amar...

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