domingo, 19 de julio de 2026

PARÁBOLAS DEL REINO



 Jesús les contó esta otra parábola: “El reino de los cielos puede compararse a un hombre que sembró buena semilla en su campo; pero mientras todos estaban durmiendo, llegó un enemigo que sembró mala hierba entre el trigo, y se fue. Cuando creció el trigo y se formó la espiga, apareció también la mala hierba. Entonces los labradores fueron a decirle al dueño: ‘Señor, si la semilla que sembraste en el campo era buena, ¿cómo es que ha salido mala hierba?’ El dueño les dijo: ‘Un enemigo ha hecho esto.’ Los labradores le preguntaron: ‘¿Quieres que vayamos a arrancar la mala hierba?’ Pero él les dijo: ‘No, porque al arrancar la mala hierba podéis arrancar también el trigo. Es mejor dejarlos crecer juntos, hasta la siega; entonces mandaré a los segadores a recoger primero la mala hierba y atarla en manojos, para quemarla, y que luego guarden el trigo en mi granero.’ ”
Jesús les contó también esta parábola: “El reino de los cielos se puede comparar a una semilla de mostazal que un hombre siembra en su campo. Es sin duda la más pequeña de todas las semillas, pero cuando ha crecido es más grande que las otras plantas del huerto; llega a hacerse como un árbol entre cuyas ramas van a anidar los pájaros.”
También les contó esta parábola: “El reino de los cielos se puede comparar a la levadura que una mujer mezcla con tres medidas de harina para que toda la masa fermente.”
Jesús habló de todo esto a la gente por medio de parábolas, y sin parábolas no les hablaba, para que se cumpliera lo que había dicho el profeta:
“Hablaré por medio de parábolas;
diré cosas que han estado en secreto
desde la creación del mundo.”
Jesús despidió a la gente y entró en la casa. Sus discípulos se acercaron a él y le pidieron que les explicase la parábola de la mala hierba en el campo. Él les respondió: El que siembra la buena semilla es el Hijo del hombre, y el campo es el mundo. La buena semilla representa a los que son del reino; la mala hierba, a los que son del maligno; y el enemigo que sembró la mala hierba es el diablo. La siega representa el fin del mundo, y los segadores son los ángeles. Así como se recoge la mala hierba y se la quema en una hoguera, así sucederá al fin del mundo. El Hijo del hombre mandará sus ángeles a recoger de su reino a todos los que hacen pecar a otros y a los que practican el mal. Los arrojarán al horno encendido, donde llorarán y les rechinarán los dientes. Entonces, aquellos que cumplen lo ordenado por Dios brillarán como el sols en el reino de su Padre. Los que tienen oídos, oigan.
(Mt 13,24-43)

Hoy en bastantes parroquias sólo leerán la primera parábola del evangelio de hoy. La de la cizaña. Son tres parábolas sobre el Reino. En la primera se nos muestra como en esta tierra es inevitable que convivan el bien y el mal. El trigo y la cizaña. Y cómo nosotros no debemos juzgar. Dios lo hará al final, en el momento de la siega. Las otras dos nos presentan al Reino como algo humilde sencillo. Como una semilla de mostaza o como la levadura. Pequeño, pero capaz de hacer grandes cosas, de hacer el bien a nuestro mundo.

"¿Qué es la cizaña hoy? Podríamos decir que todo aquello que nos aleja de Dios. Lo que nos ahoga y nos impide crecer como cristianos y como personas. El mal, en definitiva. Nos intentan convencer, en muchos lugares, de que todo vale, que cada uno puede pensar y vivir como quiera. Ya casi no podemos distinguir el bien del mal. Con el Evangelio en la mano, está claro que tenemos que luchar con todas nuestras fuerzas para no dejarnos abrazar por los tentáculos de la maldad, aunque venga disfrazada de falsos progresismos. Porque la cizaña nos quiere envolver, a todas horas y en diversos campos: en la conciencia, en el pensamiento, en el trabajo, en la Iglesia, en los grupos, en la política…  Lo malo no es que exista la cizaña, lo malo es acostumbramos a crecer (o menguar) en medio de ella e ir cediendo terreno, queriendo o sin querer, en aquello que es esencial en el seguimiento a Jesús. Ahí está la lucha paciente de cada día.

Una vez conscientes de la verdad que llevamos entre manos, del esfuerzo que supone “pelear” con la fuerza pequeña e invisible del Evangelio, nos daremos cuenta de lo que significa la levadura de un cristiano en el mundo. La semilla de Dios puede que sea pequeña. A veces nos parece del todo utópica o inservible. La mostaza es ese gran regalo que recibimos en el día de nuestro Bautismo. Puede que, algunos, les parezca inexistente o que, incluso, todo lo que rezamos y celebramos, realizamos o ayudamos les resulte aparentemente estéril. Esa es la grandeza de Dios: sin saberlo nosotros, Él va haciendo de las suyas. La semilla crece.
Hasta hace cuatro días, como quien dice, nuestra sociedad occidental, estaba totalmente impregnada (por lo menos exteriormente) del aroma del Evangelio. En la actualidad, y por diversas razones que todos conocemos, urge una nueva evangelización. Ésta sólo será posible si cada cristiano (seamos muchos o pocos) nos ponemos como objetivo de nuestro paso por el mundo el deseo de ser levadura. De iniciar a muchos, desde cero, en su práctica cristiana. Ser levadura, acostumbrados a ser masa, es difícil.
Pero el Señor, por si lo hemos olvidado, nos da la seguridad de que, en medio de la noche oscura, dificultades, persecuciones, falta de vocaciones, etc., el Espíritu Santo sigue actuando. Y no hace falta ser océano, seamos gotas de agua; no pensemos en ser bosque, que cada uno sea un árbol.
No es bueno cruzarse de brazos, por supuesto que no, pero tampoco es serio el que lleguemos a pensar que “esta empresa” es tan nuestra que no dejemos a Dios la suficiente libertad para actuar en ella, o seamos tan desconfiados que creamos que el presente y el futuro de la fe dependen exclusivamente de nuestros esfuerzos y empeños pastorales.
La advertencia de Jesús es incordiante. Jesús vendría a decir: «¡no pienses que es fácil distinguir entre la cizaña y el trigo, el bien y el mal». «¡No quieras arrancar la cizaña, porque es muy fácil que arranques también el trigo… Espera!». Que lo que llamamos «bien» y «mal» crezcan juntos. En el momento del juicio, se verá con claridad lo uno y lo otro.
Por tanto, el reconocimiento de la existencia de la cizaña, no significa nada más que el reconocimiento de que existe. No se trata de una afirmación de su poder o de su capacidad para doblegarnos. No es un planteamiento pesimista, ni siniestro. Es la constatación de una realidad que nos circunda. Debemos releer después de la Eucaristía el fragmento del Evangelio de san Mateo que hoy hemos proclamado. Jesús nos dice que existe el mal y nos lo muestra para que no seamos engañados por «falsas bondades». Hemos de protegeremos del engaño del Maligno, pues sus armas preferidas son precisamente esas mentiras con aspecto de verdades entretejidas especialmente para nosotros, con parte de los materiales – malos – que tenemos dentro. Jesús nos avisa de ese peligro. Hemos de escucharle. Hoy y siempre."
(Alejandro Carbajo cmf, Ciudad Redonda)

sábado, 18 de julio de 2026

LA SENCILLEZ DE JESÚS

  

Sin embargo, los fariseos, al salir, comenzaron a hacer planes para matar a Jesús. Jesús, al saberlo, se marchó de allí; mucha gente le seguía, y él sanaba a todos los enfermos, pero les ordenaba que no hablaran de él públicamente. Esto sucedió para que se cumpliese lo que había dicho el profeta Isaías:
“Este es mi siervo, a quien he escogido;
mi amado, en quien me deleito.
Pondré sobre él mi Espíritu
y proclamará justicia a las naciones.
No disputará ni gritará;
nadie oirá su voz en las calles.
No romperá la caña quebrada
ni apagará el pábilo que humea,
hasta que haga triunfar la justicia.
Y las naciones pondrán en él su esperanza.
(Mt 12,14-21)

El evangelista, para justificar el que Jesús no quisiera que hablasen de Él, nos cita a Isaías. Y el profeta presenta al Siervo, como alguien sencillo y humilde, que no se impone, que no se pavonea. Noes está diciendo que el bien se ha de realizar por Amor, no para tener fama y ser alguien importante. Es así que triunfará la justícia. Si lo hacemos así, acercaremos a todos a Dios, pondrán en Él su esperanza.
 
"Hay algo un poco contradictorio en las lecturas de hoy. El malvado “maquina” sus maldades en el lecho, es decir, en lo secreto y en silencio. Hace el mal disfrazado a menudo de bien… hasta que se sabe la extensión del daño y se descubre la podredumbre. Normalmente vemos que el mal siempre recibe la mayor atención en titulares de periódicos y medios de comunicación. Aunque se trame en el secreto del engaño, luego sale a la luz estruendosamente. Jesús les dice a los que reciben sus acciones sanadoras que no lo digan a nadie… Tanto el mal como el bien… ¿en silencio? Y parece contradictorio porque en otros muchos pasajes se urge a los seguidores de Jesús a proclamar la Buena Noticia, a gritar lo que se ha oído en secreto, a poner la luz sobre el celemín….
Los biblistas hablan del “secreto mesiánico” que, aunque sigue siendo muy misterioso, algunos interpretan como una prudencia de Jesús de no confundir su misión con milagros externos. Que sus acciones no se queden para los demás en fenómenos externos y extraordinarios, sino que se vaya comprendiendo poco a poco que el Mesías viene a traer una sanación total y, especialmente, una liberación del pecado. Que viene, en realidad, a restaurar la justicia de las relaciones entre Dios, la creación y los seres humanos. Se trata de ir entrando en la intimidad y la relación personal con el Cristo vivo. La reconciliación que se proclama en la antífona antes del Evangelio de hoy.  Lo bueno de la orden del secreto mesiánico es que los receptores de favores en general no obedecen la orden de Jesús, sino que anuncian una y otra vez los milagros que ha obrado Jesús. Parece que la orden, en lugar de prevenir, anima a salir gritando. Porque es de justicia que se conozca el bien y la luz.
Como dice el salmo, Dios no olvida a los pobres. El enviado, el ungido, no va a eliminar ninguna cosa buena, por pequeña que sea…hasta que se cumpla la justicia. Hasta que se acabe con ese mal urdido en silencio pero tan escandaloso. Como el Señor no olvida a los pobres, ni deja a ninguna cosa buena sin aliento de vida, su acción, urdida en el secreto del corazón de Dios, tiene que salir a la calle, ser conocida y proclamada."
(Cármen Fernández Aguinaco, Ciudad Redonda)

viernes, 17 de julio de 2026

LA PERSONA POR ENCIMA DE LAS NORMAS

  

Por aquel tiempo, Jesús caminaba un sábado entre los sembrados. Sus discípulos sintieron hambre y comenzaron a arrancar espigas y a comer los granos. Los fariseos, al verlo, dijeron a Jesús:
– Mira, tus discípulos hacen algo que no está permitido en sábado. Él les contestó:
– ¿No habéis leído lo que hizo David en una ocasión en que él y sus compañeros tuvieron hambre? Entró en la casa de Dios y comió los panes consagrados, que no les estaba permitido comer ni a él ni a sus compañeros, sino solamente a los sacerdotes. ¿O no habéis leído en la ley de Moisés que los sacerdotes en el templo no cometen pecado por trabajar los sábados? Pues os digo que aquí hay algo más importante que el templo. Vosotros no habéis entendido qué significan estas palabras de la Escritura: ‘Quiero que seáis compasivos, y no que me ofrezcáis sacrificios.’ Si lo hubierais entendido, no condenaríais a quienes no han cometido falta alguna. Pues bien, el Hijo del hombre tiene autoridad sobre el sábado.
(Mt 12,1-8)

La persona está por encima de las normas. Hacer el bien está por encima de las leyes. Amor quiero, no sacrificios. A veces, el exigir el cumplimiento de las normas, no es, sino la excusa para esconder nuestra cobardía, nuestra falta de compromiso, nuestra ausencia de Amor.

"Las lecturas de hoy parecen hablar de cosas distintas. En Isaías 38, Ezequías recibe la noticia de su enfermedad incurable, y luego la de su curación. “Salvaste mi vida, no moriré”, dice agradecido. Se había merecido morir, y sin embargo, se salva. El pasaje del Evangelio de hoy no parece guardar mucha relación con esto, pero sí demuestra que Dios está muy por encima de todo poder humano, e incluso de toda norma o costumbre. El Dios que cura a Ezequías cuando no había remedio, también hace que el sol retroceda; y es el mismo Dios que se declara Señor del sábado. Por encima de la norma, ve el hambre de sus amigos y se compadece.
Este es el Dios que, por misericordia, salva la vida a Ezequías, y da de comer a los discípulos en sábado. Es el Dios que pasa por encima de las expectativas humanas para mostrar un amor inmerecido e inesperado. Espera una respuesta: “misericordia quiero”…Y, ¿qué es la misericordia? La palabra misericordia viene de piedad (miser) y cordia (corazón). Es decir, no es un perdón a lo loco, ni una solidaridad secular, sino una acción del corazón, algo que llega a lo más profundo, El corazón de Dios se apiada de Ezequías y se apiada del hambre de los discípulos. El corazón de Dios se conmueve profundamente.
Pero, aunque él dé gratuitamente, no lo da sin consecuencias. Es decir, ahora toca a quienes han recibido misericordia obrar misericordia. Ahora toca al corazón de quien ha recibido el favor del corazón de Dios extender ese favor. Ahora toca al corazón humano conmoverse profundamente y mostrar misericordia… Contra toda expectativa. Mostrar misericordia es entrar en el corazón de Dios. Y esto es lo que quiere: la curación, el responder al hambre y a la sed de otros. Que todos se salven (es decir, se sanen). Los “sacrificios” externos, es decir, el culto, también habrá que hacerlos; pero con el corazón. Lex orandi, lex credendi. Es decir, no se puede orar bien, si el corazón no está ahí. No se puede creer bien si no se ora bien, con el corazón."
(Cármen Aguinaco, Ciudad Redonda)

jueves, 16 de julio de 2026

ÉL ES NUESTRO CONSUELO

 
 

Venid a mí todos los que estáis cansados y agobiados, y yo os haré descansar.
 Aceptad el yugo que os impongo, y aprended de mí, que soy paciente y de corazón humilde; así encontraréis descanso. Porque el yugo y la carga que yo os impongo son ligeros.
(Mt 11,28-30)

Él es nuestro consuelo. La vida nos traerá problemas, nos causará desasosiego, quizá desesperación. Junto a Él encontraremos descanso, el verdadero descanso.
Hoy también es la festividad de Nuestra Señora del Carmen. Ella nos conduce a su Hijo. Busquemos su protección y sigamos su ejemplo de Amor y fidelidad.

"Normalmente en la mayoría de las iglesias de España hoy se celebrará la misa de la fiesta del Carmen, pero las lecturas del jueves de la Semana XV son también apropiadas, y crean una especie de diálogo entre las dos posibilidades de celebración. En la de Isaías, del jueves ordinario se ora: “mi alma te desea de noche”… y a la Virgen del Carmen, desde la primera aparición a Simon Stock, se la proclama como “Stella Maris”… el Salmo 102 afirma esta protección de la Estrella diciendo: El Señor mira desde el cielo, y María en el Magnificat celebra y exulta en la protección y la misericordia de Dios, de generación en generación. Por último, el evangelio recomienda acudir a Cristo todos los que estén cansados y agobiados, porque su yugo es suave. Y a quienes hacen precisamente eso, se les proclama como madre y hermanos…Quienes cumplen la voluntad de Dios. Es decir, quienes se someten a ese yugo suave y a esa carga ligera. No es que Jesús esté negando la maternidad de su madre, sino precisamente afirmándola de una manera mucho más amplia: quienes dicen sí, como ella, hacen más tangible la presencia de Dios en el mundo, porque, al cumplir su voluntad, están amando, sirviendo, luchando por la justicia, defendiendo la verdad y acercando la Buena noticia de la salvación a todos.
María abrió la puerta al cumplimiento de la promesa, se encendió como estrella en la oscuridad de la noche humana, y dio paso a la alegría. Lo sigue haciendo con nosotros en momentos de incertidumbre, como cuando parece que vamos navegando a la deriva y ella indica el camino hacia el alivio del cansancio. Lo hace cuando parece que la situación política, o familiar, es casi desesperada. Lo hace cuando nos sentimos medio aplastados por las dificultades de la vida, por la enfermedad, el temor, el agobio del trabajo. Es decir, cuando navegamos todos esos mares procelosos en medio de la noche, cuando nuestra alma desea a Dios. Entonces aparece la Estrella de los Mares, Nuestra Señora del Carmen y nos marca el camino para llegar al descanso."
(Carmen Aguinaco, Ciudad redonda)

Cármen Aguinaco


miércoles, 15 de julio de 2026

SER SENCILLOS

 

 Por aquel tiempo, Jesús dijo: Te alabo, Padre, Señor del cielo y de la tierra, porque has mostrado a los sencillos las cosas que ocultaste a los sabios y entendidos. Sí, Padre, porque así lo has querido.
Mi Padre me ha entregado todas las cosas. Nadie conoce realmente al Hijo, sino el Padre; y nadie conoce realmente al Padre, sino el Hijo y aquellos a quienes el Hijo quiera darlo a conocer.
(Mt 11,25-27)

Dios prefiere la sencillez a las grandes cosas. Si somos humildes, si no buscamos nuestro engrandecimiento, Él nos revelará lo más importante: que Él es Amor. Que Amar a todo el mundo es ser feliz. Que lo que Él quiere de nosotros es que amemos de verdad a los demás.

" En el Evangelio de hoy Jesús da gracias al Padre por haber revelado “estas cosas” a los pequeños. Hoy se celebra la fiesta de san Buenaventura, el “Doctor Seráfico”, un hombre que de niño fue salvado milagrosamente de una gravísima enfermedad, de buena familia, con estudios y que llegó a ser Cardenal de la Iglesia… ¡ni tan pequeño! Pero Jesús quizá no se refiera solamente a la pequeñez de niños, pobres, o ignorantes, cuanto la de los que se hacen pequeños dependiendo totalmente de Dios. Y también se refiere al modo de la revelación. El modo de la revelación trata, tanto de estudio asiduo y esforzado del estudiante, como de oración confiada y apertura a la luz de Dios. Trata de no empeñarse en conocer y entender las cosas por uno mismo cuanto en dejar que la luz de Dios penetre. En ese caso, Buenaventura encaja en la definición de pequeños. Se cuenta de él que, en cierta ocasión, se detuvo a conversar con un frailecillo, y cuando algunos le cuestionaron por su uso del tiempo, respondió que ese frailecillo era “su amo”, es decir, que se debía a él, como se debía a cualquier pequeño. El doctor seráfico, que hablaba con Dios y de Dios tan elevadamente, podía asegurar con toda sinceridad que el frailecillo (o cualquier otro “pequeño”) era su amo.
Quizá hoy tendríamos que pararnos a considerar cómo sabemos lo que sabemos; a dar gracias a Dios por revelaciones, no asombrosas, sino más bien de pequeñas luces que pueden resultar en una gran carga de fe; de la propia pequeñez que se abre a un misterio inmenso. Y también tendríamos que preguntarnos si somos amos de nosotros mismos o si pertenecemos a ese Amo que revela cosas a los pequeños, y a esos otros amos “pequeños” que reclaman a veces nuestra atención, nuestra escucha, y nuestro tiempo. ¿A quién pertenecemos? ¿Pretendemos pertenecernos a nosotros mismos? ¿O a grandes y poderosos? ¿Qué se nos ha comunicado?"
(Carmen Aguinaco, Ciudad Redonda)

martes, 14 de julio de 2026

NO SOMOS MEJORES QUE LOS OTROS

 

 Entonces comenzó Jesús a reprender a los pueblos donde había hecho la mayor parte de sus milagros, porque la gente no se había convertido a Dios. Decía Jesús: “¡Ay de ti, Corazín! ¡Ay de ti, Betsaida! Porque si en Tiro y Sidón se hubieran hecho los milagros que se han hecho entre vosotras, ya hace tiempo que su gente se habría convertido a Dios, cubierta de ropas ásperas y de ceniza. Por eso os digo que, en el día del juicio, vuestro castigo será más duro que el de la gente de Tiro y Sidón. Y tú, Cafarnaún, ¿crees que van a levantarte hasta el cielo? ¿Hasta lo más hondo del abismo serás arrojada! Porque si en Sodoma se hubieran hecho los milagros que se han hecho en ti, esa ciudad habría permanecido hasta el día de hoy. Por eso te digo que, en el día del juicio, tu castigo será más duro que el de los habitantes de la región de Sodoma.”
(Mt 11,20-24)

Una advertencia de Jesús a que no nos creamos mejores porque hemos recibido muchas gracias. Hemos nacido en una familia cristiana, en un país cristiano. Hemos ido a catequesis a nuestra parroquia, quizá también a una escuela religiosa. Esto puede hacernos creer mejores que los inmigrantes que llegan con otra religión. O que aquellos que nunca han recibido una formación religiosa. Hemos recibido más y se nos exigirá más. No tenemos excusa para seguirlo con todas nuestras fuerzas; para serle fieles. Y no olvidemos que es amando a esos inmigrantes que amamos a Jesús. No caigamos en la trampa de esos que, tras la excusa de la religión, rechazan a los que llegan de fuera. No es eso lo que Jesús quiere de nosotros. Ni dice nada de eso el Evangelio. Jesús nos pide amar a TODOS. No lo olvidemos.









lunes, 13 de julio de 2026

LUCHAR CONTRA EL MAL

 


No penséis que yo he venido a traer paz al mundo: no he venido a traer paz, sino guerra. He venido a causar discordia: a poner al hombre contra su padre, a la hija contra su madre y a la nuera contra su suegra; de modo que los enemigos de uno serán sus propios familiares.
El que ama a su padre o a su madre más que a mí, no es digno de mí; el que ama a su hijo o a su hija más que a mí, no es digno de mí; y el que no toma su cruz y me sigue, no es digno de mí. El que trate de salvar su vida, la perderá; en cambio, el que pierda su vida por causa mía, la salvará.
El que os recibe a vosotros, me recibe a mí; y el que me recibe a mí, recibe al que me envió. El que recibe a un profeta por ser profeta, recibirá la recompensa que merece un profeta; y el que recibe a un justo por ser justo, recibirá la recompensa que merece un justo. Y cualquiera que dé aunque solo sea un vaso de agua fresca al más humilde de mis discípulos por ser mi discípulo, os aseguro que no quedará sin recompensa.
Cuando Jesús terminó de dar instrucciones a sus doce discípulos, se fue de allí a enseñar y anunciar el mensaje en los pueblos de aquella región.
(Mt 10,34-11,1)

La guerra de la que nos habla Jesús, es la lucha contra el mal. No se hace con armas. Se hace con la vida, con el ejemplo, con el amor. Pero esto puede traer la división y la falta de unión entre los familiares y en nuestra sociedad. Seguir a Jesús supone dejarlo todo.

"Seguramente a todos nos gustaría ser recordados como gente valiente, que defendió la justicia, la verdad y el derecho y que nunca tuvo miedo de enfrentarse a quien hiciera falta. Pero a veces el problema no es solo la falta de valor, sino también la falta de claridad sobre qué mal se combate. Para poder discernir, primero hay que mirarse a sí mismo. ¿Es posible que el mal—o partes del mal—estén en uno mismo? Isaías advierte a quienes ofrecen sacrificios externos y “parecen” muy buena gente por sus actos de piedad, pero necesitan quitarse el disfraz y desenterrar, dentro de ellos mismos, la misericordia, el servicio, la pureza de intención. Empezar por uno mismo, y ver dónde verdaderamente están las llamadas de Dios a darle culto de corazón. No es que no haya que cuidar la liturgia; pero la liturgia responde a la creencia profunda y verdadera.
Aunque no lo parezca, el evangelio también habla de discernimiento. La suegra, la madre, el pariente seguro que piensan que tienen razón… pero, ¿dónde está la verdad y de que lado nos ponemos? Cristo vino a traer la espada; es decir, a dividir entre bien y mal, entre verdad y mentira, entre justicia y desigualdad, entre egoísmo y generosidad, entre orgullo y dependencia de Dios. Quienes se imaginan grandes luchadores por el bien tendrán que pensar de qué lado en realidad están. Antes de combatir a ese miembro de la familia que tan errado creemos, tendremos que pensar dónde se ha situado nuestro corazón, no nuestra apariencia. Y la prueba nos la dan las últimas palabras del evangelio: Quien me recibe… quien recibe a uno de estos pequeños. A los pequeños, y a Cristo, no se les recibe con espada, pero luego sí hay que empuñarla en defensa de la verdad y del bien. Es decir, antes de luchar, recibir. Y luego sí, luchar en defensa de la vida, de la dignidad de todos, de la verdad de Cristo. No es fácil. Las palabras se pueden enmascarar fácilmente. El corazón puede también andar disfrazado de autojustificación y suficiencia."
(Cármen Aguinaco, Ciudad Redonda)