Los seguidores de Juan el Bautista se acercaron a Jesús y le preguntaron:
– Nosotros y los fariseos ayunamos con frecuencia: ¿Por qué tus discípulos no ayunan?
Jesús les contestó:
– ¿Acaso pueden estar tristes los invitados a una boda mientras el novio está con ellos? Pero llegará el momento en que se lleven al novio, y entonces ayunarán.
Nadie remienda un vestido viejo con un trozo de tela nueva, porque lo nuevo encoge y tira del vestido viejo, y el desgarrón se hace mayor. Tampoco se echa vino nuevo en odres viejos, porque los odres revientan, y tanto el vino como los odres se pierden. Por eso hay que echar el vino nuevo en odres nuevos, para que se conserven ambas cosas.
(Mt 9,14-17)
Las penitencias, los ayunos, las leyes, sólo tienen un sentido: crear el hombre nuevo. Ese seguidor de Jesús que se entrega totalmente y ama a todo el mundo. Si no buscamos este objetivo, nuestros ayunos no sirven para nada.
"¿Eres de los que le gustan las novedades o de los que prefiere las cosas de siempre?
Hoy Mateo nos habla de lo nuevo y de lo viejo. En otro pasaje de su Evangelio habla de lo bueno que es sacar de la alforja cosas del pasado, porque sostienen el presente, a la vez que cosas nuevas, porque alientan el futuro.
En cambio, hoy parece apostar más por lo nuevo. En realidad, nos está hablando del que es “Nuevo”: Jesucristo. Él es el hombre nuevo, el que renueva todo lo caduco que se había ido pegando a la humanidad a lo largo de los siglos y que sigue amenazando a cada generación y a cada corazón: vivir desde el egoísmo, despreciar al prójimo, cerrarse a Dios. Jesús es nuevo, siendo lo que siempre soñó Dios: abierto al Padre, acogedor del otro, corazón despierto.
Por eso, cuando Jesús entra en la vida, ya no es tiempo de componendas. Como queramos seguir con las viejas costumbres, acabarán reventando, como hace el vino nuevo con los odres viejos. Jesús reventó los odres del judaísmo. Y Jesús sigue reventando los antiguos hábitos de “mujeres y hombres viejos”… siempre que le dejemos
entrar.
Señor Jesús:
te confieso como Dios nuevo y hombre nuevo.
Renueva mi vida, para que yo también sea nuevo.
Dale la vuelta a lo que en mí está al revés,
para ponerlo de nuevo como Dios lo pensó en el principio.
Renueva nuestro mundo, para que sea hogar de todos.
Y renueva tu Iglesia,
para que aliente y sirva al mundo nuevo que nos tienes preparado.
Amén."
te confieso como Dios nuevo y hombre nuevo.
Renueva mi vida, para que yo también sea nuevo.
Dale la vuelta a lo que en mí está al revés,
para ponerlo de nuevo como Dios lo pensó en el principio.
Renueva nuestro mundo, para que sea hogar de todos.
Y renueva tu Iglesia,
para que aliente y sirva al mundo nuevo que nos tienes preparado.
Amén."
(Luis Manuel Suárez cmf, Ciudad Redonda)