domingo, 3 de mayo de 2026

CAMINO, VERDAD Y VIDA

 


No os angustiéis: creed en Dios y creed también en mí. En la casa de mi Padre hay muchos lugares donde vivir; si no fuera así, no os habría dicho que voy a prepararos un lugar. Y después de ir y prepararos un lugar, vendré otra vez para llevaros conmigo, para que vosotros también estéis donde yo voy a estar. Ya sabéis el camino que lleva a donde yo voy.
Tomás dijo a Jesús:
– Señor, no sabemos a dónde vas: ¿cómo vamos a saber el camino?
Jesús le contestó:
– Yo soy el camino, la verdad y la vida. Solamente por mí se puede llegar al Padre. Si me conocéis, también conoceréis a mi Padre; y desde ahora ya le conocéis y le estáis viendo.
Felipe le dijo entonces:
– Señor, déjanos ver al Padre y con eso nos basta.
Jesús le contestó:
– Felipe, ¿tanto tiempo hace que estoy con vosotros y todavía no me conoces? El que me ve a mí ve al Padre: ¿por qué me pides que os deje ver al Padre? ¿No crees que yo estoy en el Padre y el Padre en mí? Las cosas que yo os digo no las digo por mi propia cuenta. El Padre, que vive en mí, es el que hace su propia obra. Creedme que yo estoy en el Padre y el Padre en mí; si no, creed al menos por las propias obras. Os aseguro que el que cree en mí hará también las obras que yo hago; y hará otras todavía más grandes, porque yo voy al Padre.

Jesús es el camino, la verdad y la vida. Por eso nos llamamos cristianos; porque seguimos este camino; porque buscamos esta verdad; porque vivimos esta vida.
Es a través de Jesús que llegamos al Padre.

"(...) Pero no todo se aclara. Sigue la confusión y ahora es Felipe el que pone voz al desconcierto general: “Señor, muéstranos al Padre y nos basta”. “Casi nada”. Un deseo que todos podríamos suscribir, ver a Dios, tener la certeza de su existencia y poder vivir con total seguridad. Repito, “casi nada”.
Pero Jesús le abre los ojos a Felipe, y le hace ver que eso que pide, ya se ha cumplido. Está viendo a Jesús, que es como ver al Padre. Es la revelación hacia la que va llevando la predicación de Cristo. Ya tenemos todo lo que necesitamos para poder creer, para poder decir que vivimos en el Padre y en el Hijo y en el Espíritu Santo.
Finalmente, el texto nos deja una sorprendente promesa: los que creen en Él, realizarán las mismas obras y «hasta mayores». No es algo para que nos volvamos soberbios, sino más bien un recuerdo para que seamos las manos y los pies de Jesús en este mundo, movidos por la fuerza del Espíritu, que es la fuerza que Él se encargará de enviar. Seguir adelante con la obra que empezó el Señor.
En este momento del tiempo pascual, nos podemos preguntar:
¿Cómo te encuentras? ¿Vives en paz? ¿Haces realidad en tu vida el mandato de Jesús de que tu corazón no se turbe, en los momentos que sientes miedo o preocupación? ¿Crees en Él, también en los momentos de crisis que hay en tu vida?
¿Es Jesús para ti el único Camino, la auténtica Verdad y la verdadera Vida? ¿Se hace esto verdad en tu vida? ¿O buscas caminos aparentemente más cómodos, pero que no te proporcionan consuelo o sentido en la vida?
Sobre el conocer al Padre Dios, ¿qué rasgos de nuestro Padre Bueno puedes descubrir al observar el modo en que Jesús trataba a sus Discípulos? ¿Cómo puedes imitarlo en tu vida diaria?
Sabemos que, al final, creer es fiarse. No es comprender racionalmente; es acoger, dar crédito, encontrarse con el Señor y considerarlo en verdad como aquel que mueve los hilos de nuestra vida y dispone el desarrollo de todos los acontecimientos. Hasta que no lleguemos a esta experiencia de comunión —es decir, de abandono de nosotros mismos en Aquél que nos ha incorporado a Sí mismo en el Bautismo— no podremos decir que conocemos plenamente a Jesús y, en Él, al Padre. Para esto nos ha sido dado el Espíritu Santo. Él nos permite caminar por el sendero de Dios seguros de que lo dispone todo para nuestro bien.
Así se llega a conocer al verdadero Dios: aceptando a Jesús como modelo de hombre. Todo lo demás serán aproximaciones que necesariamente se quedan pequeñas, y sólo serán válidas si no se apartan de este camino que es Jesús, si no deforman esta verdad que es Jesús y si no arruinan esta forma de vida que Jesús sigue manteniendo disponible en la fuerza de su Espíritu."
(Alejandro Carbajo cmf, Ciudad Redonda)

sábado, 2 de mayo de 2026

UNIDAD DEL PADRE Y EL HIJO

 


Si me conocéis, también conoceréis a mi Padre; y desde ahora ya le conocéis y le estáis viendo.
Felipe le dijo entonces:
– Señor, déjanos ver al Padre y con eso nos basta.
Jesús le contestó:
– Felipe, ¿tanto tiempo hace que estoy con vosotros y todavía no me conoces? El que me ve a mí ve al Padre: ¿por qué me pides que os deje ver al Padre? ¿No crees que yo estoy en el Padre y el Padre en mí? Las cosas que yo os digo no las digo por mi propia cuenta. El Padre, que vive en mí, es el que hace su propia obra. Creedme que yo estoy en el Padre y el Padre en mí; si no, creed al menos por las propias obras. Os aseguro que el que cree en mí hará también las obras que yo hago; y hará otras todavía más grandes, porque yo voy al Padre. Y todo lo que pidáis en mi nombre yo lo haré, para que por el Hijo se manifieste la gloria del Padre. Yo haré cualquier cosa que me pidáis en mi nombre.
(Jn 14,7-14)

Quien ve a Jesús, el Dios hecho hombre, ve al Padre, porque son una sola cosa. Creer en sus obras es saberlo ver en lo que Él hizo: curar al enfermo, perdonar al pecador, acoger al despreciado por la sociedad...Nos lo dijo de mil maneras diferentes y seguimos sin entenderlo. Seguimos sin saber cuándo le dimos de comer o de beber, cuándo lo acogimos. 

"Según la Biblia, conocer no es entender de un modo erudito, ni dominar por ciencia, ni triunfar de una forma externa sobre el mundo, sino comunicarse por amor, como dos amantes que se regalan vida uno al otro, recorriendo así juntos el camino
Conocemos a Dios acogiendo su amor. Conocer al Padre requiere abrir la mente y el corazón a Jesús, descubrir en sus palabras, en sus gestos y signos, en su entrega, la imagen de ese Padre.
Conocer al Padre es dejarnos guiar por la experiencia de Jesús: “¿quién me ha vito a mí, ha visto al Padre?” Conocemos al Padre recorriendo el camino abierto por Jesús: “Yo soy el camino” y también es el caminante que está junto a nosotros, el que nos revela al Padre, el que nos guía cuando nos perdemos y el que nos conduce a la sabiduría más alta de personas."
(Ciudad Redonda)

viernes, 1 de mayo de 2026

JOSÉ EL TRABAJADOR

 
    


 Y llegó a su propia tierra, donde comenzó a enseñar en la sinagoga del lugar. La gente, admirada, decía:
– ¿De dónde ha sacado este todo lo que sabe? ¿Cómo puede hacer tales milagros? ¿No es este el hijo del carpintero? Y su madre, ¿no es María? ¿No son sus hermanos Santiago, José, Simón y Judas, y no viven sus hermanas también aquí, entre nosotros? ¿De dónde ha sacado todo esto?
Y no quisieron hacerle caso. Por eso, Jesús les dijo:
– En todas partes se honra a un profeta, menos en su propia tierra y en su propia casa.
Y no hizo allí muchos milagros, porque aquella gente no creía en él.
(Mt 13,54-58)

Sus coetáneos conocen a Jesús como el hijo de José. No entienden que pueda ser un "profeta". Esto nos indica que José era una persona humilde. Un trabajador. De ahí esta festividad de San José Obrero. Laicamente la Fiesta del Trabajo. Los dos pueden unirse perfectamente. Jesús, el hijo de un trabajador, predicó toda su vida la grandeza del humilde, del sencillo, del que tiene dificultades en la vida. La fiesta de hoy debe hacernos reflexionar de cómo tratamos a los que "están por debajo nuestro" socialmente. Posiblemente, como personas, están muy por encima nuestro. Es en el trabajador, en la persona sencilla, donde debemos reconocer a Jesús.
 
"El origen humano de Jesús es bien conocido: el hijo del artesano y de María, sus hermanos y primos. Sobre el origen divino sus paisanos y las autoridades religiosas ponen interrogantes, no quieren hacerle caso. No quieren descubrir la novedad de Jesús, no les interesa, dudan de su origen, no se atreven a dejar viejas costumbres, eso les impide reconocer la nueva sabiduría.
Para ellos Jesús es un vecino más y piensan que nada nuevo puede decir sobre Dios, incluso creen que lo que dice puede proceder del demonio. Tentados de incredulidad.
La decepción de Jesús es grande, se siente expulsado de su tierra y de su casa. La falta de fe en él le impide actuar como quisiera. La incredulidad bloquea la acción de Dios.
¿No retrata este Evangelio nuestra dificultad de conocer como nuevo a Jesucristo? A veces queremos que siempre sea igual, pero el Señor no se le conoce de una vez por todas. En cada momento de la vida nos puede sorprender. Siempre podemos aprender algo nuevo de Jesús sin quedarnos anclados en nuestras seguridades. Como el amor, Jesús siempre sorprende."
(Ciudad Redonda)






jueves, 30 de abril de 2026

SERVIR Y ACOGER A TODOS

  

Cuando Jesús acabó de lavar los pies a los discípulos les dijo:
- Os aseguro que ningún sirviente es más que su señor y ningún enviado es más que el que lo envía. Dichosos vosotros, si entendéis estas cosas y las ponéis en práctica.
No me estoy refiriendo a todos vosotros: yo sé a quiénes he escogido. Pero tiene que cumplirse lo que dice la Escritura: ‘El que come conmigo se ha vuelto contra mí.’ Os digo esto de antemano, para que, cuando suceda, creáis que yo soy. Os aseguro que quien recibe al que yo envío me recibe a mí, y quien me recibe a mí recibe al que me ha enviado.

Jesús nos invita a ser servidores; si no, seremos como Judas. Debemos servir a todos. Debemos recibirlos a todos, porque todos son enviados por Jesús.

"He aquí la bienaventuranza del servicio. El lavatorio de los pies es una auténtica revolución, un gesto profético de Jesús que ilumina el sentido de su vida y pasión. “No ha venido a ser servido, sino a servir y dar la vida”.
El Maestro hace el gesto de un esclavo y casi exagera la deferencia para con cada uno de sus discípulos lavándoles sacramentalmente los pies. Sirve a sus discípulos desde el suelo. Tal Amor ha venido a quedare a sus pies.
El que sirve se agacha, nunca mira a otro por encima del hombro. Ser cristiano empieza por abajo y por los de abajo: los que no cuentan, los que son “descartados”. ¿Estamos dispuesto a ser beneficiarios de esta bienaventuranza? ¿Seremos capaces de practicar cotidianamente el amor servicial? ¿A quiénes estamos dispuestos a lavar los pies?"
 (Ciudad Redonda)





miércoles, 29 de abril de 2026

EL DIOS DE LOS SENCILLOS

 

Por aquel tiempo, Jesús dijo: “Te alabo, Padre, Señor del cielo y de la tierra, porque has mostrado a los sencillos las cosas que ocultaste a los sabios y entendidos. Sí, Padre, porque así lo has querido."
“Mi Padre me ha entregado todas las cosas. Nadie conoce realmente al Hijo, sino el Padre; y nadie conoce realmente al Padre, sino el Hijo y aquellos a quienes el Hijo quiera darlo a conocer. Venid a mí todos los que estáis cansados y agobiados, y yo os haré descansar. Aceptad el yugo que os impongo, y aprended de mí, que soy paciente y de corazón humilde; así encontraréis descanso. Porque el yugo y la carga que yo os impongo son ligeros.”
(Mt 11, 25-30)

Jesús nos dice que el Padre es el Dios de los sencillos de los humildes. Es a ellos a los que se revela. Son ellos los que lo saben ver. Nuestro orgullo, nuestra "sabiduría", nos impiden verlo.
Jesús pide que nos acerquemos a Él, que le sigamos, si estamos fatigados. En un mundo lleno de violencia, de abusos de poder, de injustícia...es Él quien dará sentido a nuestra vida, reposo. No nos impone obligaciones superiores a nuestras fuerzas. Sólo en Él podremos reposar.

"El amor va primero a los que más lo necesitan, a aquellos que no son reconocidos, valorados, a los que están en las cunetas de los caminos, los olvidados.
En el Evangelio de hoy Jesús nos revela que el Padre es el Dios no delos “sabios y entendidos”, sino de los pequeños, de los que son vulnerados, de los frágiles, los alejados de la “grandeza “del mundo, de los necesitados de salvación. El mundo se empeña en secuestrar la pequeñez, la humidad, quiere que seamos grandes y el Evangelio nos recuerda que necesitamos caminar de la mano de los otro, hacerse pequeño para entrar en el reino y conocer así la intimidad entre el Jesús y el Padre. ¿Somos defensores de lo pequeños o deseamos la grandeza y el poder?
Él se compromete a enseñarnos con paciencia y humildad. Acerquémonos a Él cuando experimentemos nuestra pequeñez, nuestro cansancio, nuestras incoherencias y nuestros problemas nuevos y viejos con los que tropezamos cotidianamente."
(Ciudad Redonda)

martes, 28 de abril de 2026

JESÚS Y EL PADRE SON UNO




Era invierno, y en Jerusalén celebraban la fiesta en que se conmemoraba la dedicación del templo. Jesús estaba en el templo, paseando por el pórtico de Salomón. Los judíos le rodearon y le preguntaron:
– ¿Hasta cuándo nos vas a tener en dudas? Si tú eres el Mesías, dínoslo de una vez.
Jesús les contestó:
– Ya os lo he dicho y no me habéis creído. Las cosas que yo hago con la autoridad de mi Padre, lo demuestran claramente; pero vosotros no creéis porque no sois de mis ovejas. Mis ovejas reconocen mi voz, y yo las conozco y ellas me siguen. Yo les doy vida eterna y jamás perecerán ni nadie me las quitará. Lo que el Padre me ha dado es más grande que todo, y nadie se lo puede quitar. El Padre y yo somos uno solo.
(Jn 10,22-30)

Jesús y el Padre son uno. Él está siempre junto a nosotros pero no siempre lo reconocemos. No sabemos reconocerlo en el otro. No sabemos verlo y entonces no lo escuchamos. Debemos de esforzarnos en reconocer su voz en todos los momentos de nuestra vida.

"El Evangelio es una escuela para aprender a escuchar la voz del Buen Pastor en medio de su pueblo. Nos lleva a re – conocer su voz entre otras voces. “A escuchar me paro las voces de los ecos, y escucho de entre las voces, una” (A. Machado)
No se trataba solo de escuchar a Jesús sino de aceptarlo sin prejuicios. Algunos no querían entenderle, creían que la religión era solo cuestión de cabeza, de leyes, de ir solos y nada más. Lejos del pueblo de Dios no comprendían que Dios es comunidad, comunión, donación.
Jesús revela su identidad. No la esconde. Él es de condición humana y divina. El mismo Dios hecho hombre. Él es el Señor de nuestras vidas. Cuando habla de sus ovejas, dice “yo las conozco”, nadie sabe mejor que Él lo que necesitan."
(Ciudad Redonda)

lunes, 27 de abril de 2026

MARÍA DE MONTSERRAT

 


 Por aquellos días, María se dirigió de prisa a un pueblo de la región montañosa de Judea, y entró en casa de Zacarías y saludó a Isabel. Cuando Isabel oyó el saludo de María, la criatura se movió en su vientre, y ella quedó llena del Espíritu Santo. Entonces, con voz muy fuerte, dijo Isabel:
– ¡Dios te ha bendecido más que a todas las mujeres, y ha bendecido a tu hijo! ¿Quién soy yo para que venga a visitarme la madre de mi Señor? Tan pronto como he oído tu saludo, mi hijo se ha movido de alegría en mi vientre. ¡Dichosa tú por haber creído que han de cumplirse las cosas que el Señor te ha dicho!
María dijo:
- Mi alma alaba la grandeza del Señor.
Mi espíritu se alegra en Dios mi Salvador.
(Lc 1,39-47)

El día de San Jorge, aunque en Catalunya era Festividad y tenía misa propia, hice el comentario del evangelio de Pascua. Permitidme que hoy, Festividad de la Nuestra Señora de Montserrat, patrona de Catalunya, comente el evangelio propio.
María acaba de recibir a Jesús en sus entrañas e inmediatamente se dirige a las montañas, a Ainkarim, a asistir a Isabel, que también estaba embarazada. Es que cuando Jesús se encarna en nosotros, cuando se hace uno con nosotros, no podemos hacer mas que pensar en los demás. Entregarnos totalmente al otro. Si rezamos mucho, pero no nos damos a los otros, es que nuestra Fe, nuestra unión con Jesús es muy débil. Nuestra espiritualidad, si es verdadera, nos debe llevar a la entrega, a Amar al otro. A ver a Jesús en el prójimo.
Encontramos otro detalle en este texto. María, que ya lleva a Jesús en su seno, alegra a Isabel y Juan salta de alegría en su seno. Llevar a Jesús a los demás es llevar la alegría. Nuestro apostolado debe ser portador de alegría.