jueves, 30 de abril de 2026

SERVIR Y ACOGER A TODOS

  

Cuando Jesús acabó de lavar los pies a los discípulos les dijo:
- Os aseguro que ningún sirviente es más que su señor y ningún enviado es más que el que lo envía. Dichosos vosotros, si entendéis estas cosas y las ponéis en práctica.
No me estoy refiriendo a todos vosotros: yo sé a quiénes he escogido. Pero tiene que cumplirse lo que dice la Escritura: ‘El que come conmigo se ha vuelto contra mí.’ Os digo esto de antemano, para que, cuando suceda, creáis que yo soy. Os aseguro que quien recibe al que yo envío me recibe a mí, y quien me recibe a mí recibe al que me ha enviado.

Jesús nos invita a ser servidores; si no, seremos como Judas. Debemos servir a todos. Debemos recibirlos a todos, porque todos son enviados por Jesús.

"He aquí la bienaventuranza del servicio. El lavatorio de los pies es una auténtica revolución, un gesto profético de Jesús que ilumina el sentido de su vida y pasión. “No ha venido a ser servido, sino a servir y dar la vida”.
El Maestro hace el gesto de un esclavo y casi exagera la deferencia para con cada uno de sus discípulos lavándoles sacramentalmente los pies. Sirve a sus discípulos desde el suelo. Tal Amor ha venido a quedare a sus pies.
El que sirve se agacha, nunca mira a otro por encima del hombro. Ser cristiano empieza por abajo y por los de abajo: los que no cuentan, los que son “descartados”. ¿Estamos dispuesto a ser beneficiarios de esta bienaventuranza? ¿Seremos capaces de practicar cotidianamente el amor servicial? ¿A quiénes estamos dispuestos a lavar los pies?"
 (Ciudad Redonda)





miércoles, 29 de abril de 2026

EL DIOS DE LOS SENCILLOS

 

Por aquel tiempo, Jesús dijo: “Te alabo, Padre, Señor del cielo y de la tierra, porque has mostrado a los sencillos las cosas que ocultaste a los sabios y entendidos. Sí, Padre, porque así lo has querido."
“Mi Padre me ha entregado todas las cosas. Nadie conoce realmente al Hijo, sino el Padre; y nadie conoce realmente al Padre, sino el Hijo y aquellos a quienes el Hijo quiera darlo a conocer. Venid a mí todos los que estáis cansados y agobiados, y yo os haré descansar. Aceptad el yugo que os impongo, y aprended de mí, que soy paciente y de corazón humilde; así encontraréis descanso. Porque el yugo y la carga que yo os impongo son ligeros.”
(Mt 11, 25-30)

Jesús nos dice que el Padre es el Dios de los sencillos de los humildes. Es a ellos a los que se revela. Son ellos los que lo saben ver. Nuestro orgullo, nuestra "sabiduría", nos impiden verlo.
Jesús pide que nos acerquemos a Él, que le sigamos, si estamos fatigados. En un mundo lleno de violencia, de abusos de poder, de injustícia...es Él quien dará sentido a nuestra vida, reposo. No nos impone obligaciones superiores a nuestras fuerzas. Sólo en Él podremos reposar.

"El amor va primero a los que más lo necesitan, a aquellos que no son reconocidos, valorados, a los que están en las cunetas de los caminos, los olvidados.
En el Evangelio de hoy Jesús nos revela que el Padre es el Dios no delos “sabios y entendidos”, sino de los pequeños, de los que son vulnerados, de los frágiles, los alejados de la “grandeza “del mundo, de los necesitados de salvación. El mundo se empeña en secuestrar la pequeñez, la humidad, quiere que seamos grandes y el Evangelio nos recuerda que necesitamos caminar de la mano de los otro, hacerse pequeño para entrar en el reino y conocer así la intimidad entre el Jesús y el Padre. ¿Somos defensores de lo pequeños o deseamos la grandeza y el poder?
Él se compromete a enseñarnos con paciencia y humildad. Acerquémonos a Él cuando experimentemos nuestra pequeñez, nuestro cansancio, nuestras incoherencias y nuestros problemas nuevos y viejos con los que tropezamos cotidianamente."
(Ciudad Redonda)

martes, 28 de abril de 2026

JESÚS Y EL PADRE SON UNO




Era invierno, y en Jerusalén celebraban la fiesta en que se conmemoraba la dedicación del templo. Jesús estaba en el templo, paseando por el pórtico de Salomón. Los judíos le rodearon y le preguntaron:
– ¿Hasta cuándo nos vas a tener en dudas? Si tú eres el Mesías, dínoslo de una vez.
Jesús les contestó:
– Ya os lo he dicho y no me habéis creído. Las cosas que yo hago con la autoridad de mi Padre, lo demuestran claramente; pero vosotros no creéis porque no sois de mis ovejas. Mis ovejas reconocen mi voz, y yo las conozco y ellas me siguen. Yo les doy vida eterna y jamás perecerán ni nadie me las quitará. Lo que el Padre me ha dado es más grande que todo, y nadie se lo puede quitar. El Padre y yo somos uno solo.
(Jn 10,22-30)

Jesús y el Padre son uno. Él está siempre junto a nosotros pero no siempre lo reconocemos. No sabemos reconocerlo en el otro. No sabemos verlo y entonces no lo escuchamos. Debemos de esforzarnos en reconocer su voz en todos los momentos de nuestra vida.

"El Evangelio es una escuela para aprender a escuchar la voz del Buen Pastor en medio de su pueblo. Nos lleva a re – conocer su voz entre otras voces. “A escuchar me paro las voces de los ecos, y escucho de entre las voces, una” (A. Machado)
No se trataba solo de escuchar a Jesús sino de aceptarlo sin prejuicios. Algunos no querían entenderle, creían que la religión era solo cuestión de cabeza, de leyes, de ir solos y nada más. Lejos del pueblo de Dios no comprendían que Dios es comunidad, comunión, donación.
Jesús revela su identidad. No la esconde. Él es de condición humana y divina. El mismo Dios hecho hombre. Él es el Señor de nuestras vidas. Cuando habla de sus ovejas, dice “yo las conozco”, nadie sabe mejor que Él lo que necesitan."
(Ciudad Redonda)

lunes, 27 de abril de 2026

MARÍA DE MONTSERRAT

 


 Por aquellos días, María se dirigió de prisa a un pueblo de la región montañosa de Judea, y entró en casa de Zacarías y saludó a Isabel. Cuando Isabel oyó el saludo de María, la criatura se movió en su vientre, y ella quedó llena del Espíritu Santo. Entonces, con voz muy fuerte, dijo Isabel:
– ¡Dios te ha bendecido más que a todas las mujeres, y ha bendecido a tu hijo! ¿Quién soy yo para que venga a visitarme la madre de mi Señor? Tan pronto como he oído tu saludo, mi hijo se ha movido de alegría en mi vientre. ¡Dichosa tú por haber creído que han de cumplirse las cosas que el Señor te ha dicho!
María dijo:
- Mi alma alaba la grandeza del Señor.
Mi espíritu se alegra en Dios mi Salvador.
(Lc 1,39-47)

El día de San Jorge, aunque en Catalunya era Festividad y tenía misa propia, hice el comentario del evangelio de Pascua. Permitidme que hoy, Festividad de la Nuestra Señora de Montserrat, patrona de Catalunya, comente el evangelio propio.
María acaba de recibir a Jesús en sus entrañas e inmediatamente se dirige a las montañas, a Ainkarim, a asistir a Isabel, que también estaba embarazada. Es que cuando Jesús se encarna en nosotros, cuando se hace uno con nosotros, no podemos hacer mas que pensar en los demás. Entregarnos totalmente al otro. Si rezamos mucho, pero no nos damos a los otros, es que nuestra Fe, nuestra unión con Jesús es muy débil. Nuestra espiritualidad, si es verdadera, nos debe llevar a la entrega, a Amar al otro. A ver a Jesús en el prójimo.
Encontramos otro detalle en este texto. María, que ya lleva a Jesús en su seno, alegra a Isabel y Juan salta de alegría en su seno. Llevar a Jesús a los demás es llevar la alegría. Nuestro apostolado debe ser portador de alegría. 

domingo, 26 de abril de 2026

JESÚS NUESTRA PUERTA

 

 Jesús añadió: Os aseguro que el que no entra por la puerta en el redil de las ovejas, sino que se mete por otro lado, es ladrón y salteador. El que entra por la puerta, ese es el pastor que cuida las ovejas. El guarda le abre la puerta, y el pastor llama a cada oveja por su nombre y las ovejas reconocen su voz. Él las saca del redil, y cuando ya han salido todas, va delante de ellas, y las ovejas le siguen porque reconocen su voz. En cambio no siguen a un extraño, sino que huyen de él porque no conocen la voz de los extraños.
Jesús les puso esta comparación, pero ellos no entendieron lo que les quería decir.
Volvió Jesús a decirles: Os aseguro que yo soy la puerta por donde entran las ovejas. Todos los que vinieron antes de mí fueron ladrones y salteadores, pero las ovejas no les hicieron caso. Yo soy la puerta: el que por mí entra será salvo; entrará y saldrá, y encontrará pastos.
El ladrón viene solamente para robar, matar y destruir; pero yo he venido para que tengan vida y la tengan en abundancia.
(Jn 10,1-10)

Jesús nos dice hoy que Él es la puerta. Entrar en la vida a través de Él, es entrar en la verdadera Vida. Entrar en los verdaderos pastos. Entrar por otro lugar lo hacen los ladrones.
Entrar a través de Jesús es escuchar su Palabra y seguir su Vida. Es entregarnos totalmente como hizo Él. Es Amar con todo nuestro corazón a todos. Es verlo en cada uno de los hombres, de los pequeños, de los perseguidos, de los que sufren...y amarlos de verdad.
 
"El cuarto domingo de Pascua es conocido tradicionalmente como el Domingo del Buen Pastor.  Es un nombre consolidado en la tradición de la Iglesia Católica desde hace siglos. Tiene su origen en el capítulo diez del Evangelio de Juan, donde Jesús se presenta como el «Buen Pastor» que da la vida por sus ovejas. Además de la meditación sobre el Buen Pastor, este domingo ha sido instituido oficialmente para celebrar la Jornada Mundial de Oración por las Vocaciones. Porque siguen haciendo mucha falta buenos pastores.
La imagen del Buen Pastor tuvo un éxito notable entre los cristianos quienes, ya desde los primeros siglos de la Iglesia, representaron a Jesús como Buen Pastor cargando sobre sus hombros un cordero o una oveja. Esas representaciones se conservan en las catacumbas romanas y en numerosos sarcófagos de distinta procedencia. La imagen sugiere la ternura de Cristo y su amor solícito por los miembros de su comunidad, su mansedumbre y paciencia, cualidades que se asignan convencionalmente a los pastores, incluso su entrega hasta la muerte. Ya sabemos que “el buen pastor da la vida por sus ovejas”.
Puede que, en una realidad urbana sembrada de centros comerciales, semáforos, automóviles y demás, la figura del Buen Pastor que nos presenta este domingo IV de la Pascua no resulte la más actual para captar la hondura de la persona y del mensaje de Jesús. Quizá, por ello mismo, habría que concluir (sin olvidar la imagen clásica que el evangelio de hoy nos presenta) que Jesús es un hilo conductor que nos ofrece la luz necesaria para ver los acontecimientos de la vida, con la mirada de Dios, y es aquel hilo conductor que, cuando se vive conectado a Él, produce inmediatamente la vida.
Jesús, el Buen Pastor, es el nos abre a todo un océano de posibilidades:
– Va por delante de las ovejas. Las llama por el nombre y las saca del redil. Abre la puerta, para que las ovejas salgan y le sigan. Y si cruzas esa puerta, antes o después te acabas encontrando con Jesús. Es como un ascensor por el que los creyentes podemos subir hasta la felicidad del cielo.
– Busca a las ovejas perdidas. Es un psicólogo excelente. Conoce a cada una de sus ovejas. Sabe lo que nos pasa, lo bueno y lo malo. El día de nuestro Bautismo entró en lo más hondo de nuestro corazón y no ha dejado de acompañarnos hasta hoy. Si nos perdemos, porque nos alejamos de Él, consciente o inconscientemente, sale a buscarnos, porque sin ti el rebaño no está completo. Y no para hasta encontrarte.
– Da la vida por las ovejas. Porque las siente como suyas, no es un “mercenario” a sueldo. Cuando llegan los peligros, se pone delante de sus ovejas, para que no sufran nada.
– Las lleva a buenos pastos, donde hay verde hierba y agua abundante, para que reposen y poder curar las heridas. Quiere darte un descanso provechoso, para que recuperes las fuerzas y que sientas en el camino su protección y su cercanía, para que estés seguro. Por eso merece la pena aprovechar y disfrutar del Pan de Vida que nos da en la Eucaristía. La Santa Misa es la ventana que nos permite contemplar la gran fiesta a la que estamos llamados.
Y nosotros, ¿qué tenemos que hacer?
– Seguir al pastor y conocer su voz. Escuchar su Palabra, que está al alcance de la mano cada día. Acompañando al Pastor, intentando vivir como Él, es como mejor se le conoce. Incluso puedes llegar a ser pastor para otros. Como los Apóstoles y los Evangelistas, que recogieron el mensaje de Cristo, para que no se perdiera.
– Dejarnos conducir por Él. Jesús ha abierto el camino, nos ha mostrado cómo se puede llegar a los verdes pastos, y nosotros nos empeñamos en buscar atajos complicados y peligrosos, bebemos de fuentes contaminadas, escuchamos voces embusteras y nos dejamos llevar por pastores que ofrecen felicidad efímera, a coste de la propia vida. No le dejamos al Maestro guiarnos.
– Ser rebaño. En solitario, somos ovejas perdidas. Nuestro Pastor nos quiere junto a otras ovejas. Si estamos perdidos, nos llama por nuestro nombre para que volvamos a Él. Somos únicos e irrepetibles, pero nos quiere junto a nuestros hermanos. Un sólo Pastor y un sólo rebaño. Eso debe recordarnos que no elegimos a los miembros del rebaño. No somos quién para echar a nadie del grupo. Nuestros compañeros de establo nos los da el mismo Cristo. Y no quiera Dios que alguien se haya perdido por mi culpa…
La imagen del Buen Pastor debe evocar en nosotros a esa persona que cuida y protege las ovejas encomendadas a su cuidado. ¿Tengo yo esa sensación de paz, seguridad y confianza que debe darme el sentirme en buenas manos, en las manos de Dios Padre que “pastorea mi alma”?"
(Alejandro Carbajo cmf, Ciudad Redonda)

sábado, 25 de abril de 2026

TODOS SOMOS MISIONEROS

 


 Y les dijo: “Id por todo el mundo y anunciad a todos la buena noticia. El que crea y sea bautizado, será salvo; pero el que no crea será condenado. Y estas señales acompañarán a los que creen: en mi nombre expulsarán demonios; hablarán nuevas lenguas; cogerán serpientes con las manos; si beben algún veneno, no les dañará; pondrán las manos sobre los enfermos, y los sanarán.”
Después de hablarles, el Señor Jesús fue elevado al cielo y se sentó a la derecha de Dios. Los discípulos salieron por todas partes a anunciar el mensaje, y el Señor los ayudaba, y confirmaba el mensaje acompañándolo con señales milagrosas.

Lo que Jesús dice a sus discípulos nos lo dice también a nosotros. Debemos ir por todo el mundo anunciando la Buena Nueva. Él estará con nosotros y nos protegerá. No tiene sentido ser sus discípulos no nos dirigimos a todos, a las "fronteras", a anunciarlo a Él. Si realmente nuestro Amor por Él es grande, no podemos dejarlo para nosotros, debemos compartirlo. Todos somos misioneros, aunque eso no implica salir de nuestro entorno. Debemos anunciarlo allá donde estamos. 

 

"En el camino de la Pascua, nos encontramos con el recuerdo en la liturgia de san Marcos, Evangelista.  Siempre viene bien pensar en la vida de aquellos que nos han dejado por escrito sus vivencias de fe, para que todos conozcamos lo que el Señor quiso revelarles.

Este pasaje, la Ascensión del Señor, constituye el cierre triunfal del Evangelio según San Marcos. Es un texto vibrante que no solo narra el fin del ministerio terrenal de Jesús, sino que establece la hoja de ruta para la Iglesia de todos los tiempos.

«A todo el mundo». Jesús lanza un imperativo que rompe cualquier frontera geográfica, cultural o social: «Id por todo el mundo y predicad el evangelio a toda criatura». Aquí, el Evangelio no se presenta como un secreto para unos pocos elegidos, sino como una oferta de salvación universal. La frase «a toda criatura» es especialmente poderosa. Sugiere que la Buena Noticia de la victoria sobre la muerte debe resonar en cada rincón de la creación. Para el lector actual, este llamado es una invitación a salir de nuestra zona de confort y ser testimonios vivos de esperanza en un mundo a menudo fragmentado.

Jesús establece una relación directa entre la fe, el bautismo y la salvación. Sin embargo, lo que suele captar más la atención en este pasaje es la lista de «señales”: expulsar demonios, hablar nuevas lenguas, protección contra venenos y sanación de enfermos. Por supuesto, no se trata de convertirnos en magos, sino de ser testigos del Reino de Dios. Porque el que actúa en el nombre de Jesús tiene poder sobre el mal, con una autoridad espiritual que otorga el Espíritu Santo.

Permite, además, comunicarse con todos, porque el Evangelio es capaz de derribar muros y unir a los diversos pueblos, con el lenguaje del amor. Y siempre poniendo en primer lugar el cuidado ¡y la promoción de la vida, porque el Evangelio destaca la integridad y el valor de cada ser humano. Cada vez que ofrecemos consuelo al desesperado, luchamos por la justicia o construimos puentes de diálogo donde hay conflicto, estas señales se vuelven a manifestar.

El pasaje concluye con un detalle fascinante: Jesús asciende al cielo y se sienta a la derecha de Dios, pero no se ausenta. El versículo 20 dice: «Ellos, saliendo, predicaron en todas partes, ayudándoles el Señor y confirmando la palabra con las señales que la seguían». Esta es la paradoja del cristianismo: Jesús se va para estar más presente que nunca. Ya no está limitado por el espacio y el tiempo de un cuerpo físico, sino que actúa a través de sus discípulos. La misión no es una carga que llevamos solos; es una colaboración donde nosotros ponemos la voz y los pies, y el Señor pone la gracia y el poder.

Este pasaje nos desafía a pasar de la teoría a la práctica. Una fe que no se comunica es una fe que se marchita. Al publicar este comentario, recordamos que la comunidad digital también es «todo el mundo». Que nuestras palabras en red sean, como pedía Jesús, semillas de Evangelio que transformen la vida de quien las lee. «Señor, haz que seamos manos que sanen y voces que anuncien Tu victoria en cada rincón de la tierra.»"

(Alejandro Carbajo cmf, Ciudad Redonda)





viernes, 24 de abril de 2026

ALIMENTO I BEBIDA

  


Los judíos se pusieron a discutir unos con otros:
– ¿Cómo puede este darnos a comer su propio cuerpo?
Jesús les dijo:
– Os aseguro que si no coméis el cuerpo del Hijo del hombre y no bebéis su sangre, no tendréis vida. El que come mi cuerpo y bebe mi sangre tiene vida eterna; y yo le resucitaré el día último. Porque mi cuerpo es verdadera comida, y mi sangre verdadera bebida. El que come mi cuerpo y bebe mi sangre vive unido a mí, y yo vivo unido a él. El Padre, que me ha enviado, tiene vida, y yo vivo por él. De la misma manera, el que me coma vivirá por mí. Hablo del pan que ha bajado del cielo. Este pan no es como el maná que comieron vuestros antepasados, que murieron a pesar de haberlo comido. El que coma de este pan, vivirá para siempre.
Jesús enseñó estas cosas en la reunión de la sinagoga en Cafarnaún.
(Jn 6,52-59)

Jesús se nos presenta como alimento de salvación. En su tiempo no lo entendieron. ¿Lo entendemos ahora? ¿Nos damos cuenta de que la Eucaristía va más allá de la misa y llena toda nuestra vida. Comer su carne y beber su sangre es hacernos uno con Él. Es hacernos uno con el pobre, con el otro, con nuestro prójimo.

"(...) ¿Qué significa comer hoy el cuerpo y beber la sangre de Cristo? Probablemente, formar parte de un solo cuerpo, de la Iglesia. Vivir unido a todos, por la gracia de Dios. Eso es lo que nos permite la Comunión: encontrar la unidad en la diversidad. Cada uno, siendo como es, puede sentir que, por la fe, podemos vivir en relación con todos. Muchos piensan que sólo es posible estar unidos a los que piensan como yo. Pero Jesús hace posible lo imposible, para unir a todos, porque unidad no es uniformidad. En nuestra Iglesia Católica hay sitio para todos.
Podríamos decir que, gracias al Cuerpo y la Sangre de Cristo, pasamos de la confusión de Babel al entendimiento de Pentecostés, de la división a la unidad. Ese milagro lo consigue la Comunión, porque al compartir el Cuerpo de Cristo comenzamos a compartir la vida con los hermanos. Esa Comunión nos une con toda la Iglesia.
Por eso, la Comunión es alimento para el débil, medicina para el enfermo, impulso para el cansado. Porque nos cuesta creer en la unidad. Por eso tenemos que pedir ese don de sentir la unidad a menudo. Para dar testimonio ante el mundo, porque el mismo Cristo lo quería así (que todos sean uno, como Tú y Yo, Padre, somos uno). Tenemos que dejar de ser “diablos”, dejar de dividir y separar, para ser fuente de unidad.
El fin es vivir por el Señor, permitiendo que el amor de Cristo moldee la existencia de cada creyente hacia la vida eterna y la caridad fraterna, construyendo puentes, en lugar de muros, para unir en la diversidad. Un milagro del pan único, compartido en cada Eucaristía. Y confiar en la intercesión de María, nuestra Madre, que abre la puerta para que entre Jesús en nuestra vida."
(Alejandro Carbajo cmf, Ciudad Redonda)