domingo, 9 de agosto de 2026

NO TENGÁIS MIEDO

  

Después de esto, Jesús hizo subir a sus discípulos a la barca, para que llegasen antes que él a la otra orilla del lago, mientras él despedía a la gente. Cuando ya la hubo despedido, subió Jesús al monte para orar a solas, y al llegar la noche aún seguía allí él solo. Entre tanto, la barca se había alejado mucho de tierra firme y era azotada por las olas, porque tenía el viento en contra. De madrugada, Jesús fue hacia ellos andando sobre el agua. Los discípulos, al verle andar sobre el agua, se asustaron y gritaron llenos de miedo:
– ¡Es un fantasma!
Pero Jesús les habló, diciéndoles:
– ¡Ánimo, soy yo, no tengáis miedo!
Pedro le respondió:
– Señor, si eres tú, mándame ir a ti andando sobre el agua.
– Ven – dijo Jesús.
Bajó Pedro de la barca y comenzó a andar sobre el agua en dirección a Jesús, 30 pero al notar la fuerza del viento, tuvo miedo; y comenzando a hundirse, gritó:
– ¡Sálvame, Señor!
Al momento, Jesús le tomó de la mano y le dijo:
– ¡Qué poca fe! ¿Por qué has dudado?
En cuanto subieron a la barca, se calmó el viento.
Entonces los que estaban en la barca se pusieron de rodillas delante de Jesús y dijeron:
–¡Verdaderamente tú eres el Hijo de Dios!
(Mt 14,22-33)

Jesús nos pide hoy que no tengamos miedo. Las iglesias están cada día más vacías. Son escasos los niños que vienen a catequesis para recibir los Sacramentos. Los comentarios que se hacen en los medios so siempre negativos. Se habla de pederastia, de grupos cerrados más farisaicos que cristianos y no de los religiosos y sacerdotes entregados a los más humildes. Que dan su vida cada día por los desfavorecidos por nuestra sociedad. Pero Jesús nos pide que no tengamos miedo. Que seamos capaces de ir andando sobre las aguas hacia Él, a pesar de las olas. Porque Él acabará calmando las aguas; pero para ello debemos tener Fe. No podemos dudar. Debemos seguir trabajando, convencidos de que Él está con nosotros y nos tiende su mano.

" (...) En el camino del seguimiento, el discípulo de Jesús debe ser consciente de las dificultades que deberá enfrentar a lo largo de todo su recorrido. Ellas se presentan a cada paso como obstáculos insalvables que pueden inducir al desaliento y al miedo. Sin embargo, el discípulo es acompañado constantemente por la presencia cercana del Dios con nosotros que le alienta y, a la vez, le recrimina por su falta de confianza.
Este motivo de la duda insistentemente acompaña a los discípulos delante de los peligros que experimentan. Este porqué adquiere especial relevancia en el presente texto ya que el verbo empleado aquí aparece también al final del Evangelio en el envío a la misión universal: “los mismos que habían dudado”. Pedro tiene miedo, y pide que el Señor lo salve, porque sin Él perecería. Por otra parte, se tiene cuidado en señalar la presencia del Señor en medio del mar y de las olas.
El discípulo debería ser consciente que Jesús está siempre  preocupado por la barca. Su acercamiento en medio de las dificultades se hace manifiesto en las palabras de aliento dirigida a los discípulos y en la invitación a los que quieren seguirlo como Pedro.
La capacidad de caminar sobre el mar es atribuida en el Antiguo Testamento a Dios (Jb 9,8; 38,16) o a la Sabiduría (Eclo 24,5). Idéntico poder ha sido transmitido a los discípulos, pero éstos, ante las magnitud de los peligros, la ponen en cuestión. La “poca fe” y el “dudar” se instalan en el corazón mismo del seguimiento de Jesús.
De allí el reproche que Jesús dirige a Pedro que, dudando, ha revelado la pequeñez de su fe. El episodio entonces debe servir a todos los integrantes de la comunidad eclesial para el fortalecimiento de su fe. Las mismas dificultades se integran en el designio salvífico de Dios que desea de su comunidad un coraje y una confianza inquebrantable. Todavía después de siglos, el cristiano es llamado a hacer experiencia de Dios en medio de los peligros y dificultades y de seguir en ellos dirigiéndose a Jesús de Nazaret, el Señor, con una confianza plena.
En el episodio de los discípulos y Jesús en el lago hay también otra lección: los discípulos no reconocieron a Jesús. Pensaban que se trataba de un fantasma. Es verdad: a veces las condiciones para descubrir a Dios presente no son las mejores. Hay mucho oleaje; es noche cerrada. La oscuridad y la tragedia del mundo no nos dejan pensar que vivimos en un mundo amigo. Hay mucho mal y mucho sufrimiento en nuestra tierra. Y luego están nuestros miedos, que, como en el caso de los discípulos, nos impiden ver la realidad. Pidamos que se nos conceda la gracia de saber reconocer a Dios en los signos de su manifestación.
Saber esperar a Dios; saber reconocer a Dios en los signos de su manifestación: son dos de las lecciones que hoy nos ofrece la Palabra que hemos escuchado. No las echemos en saco roto."
(Alejandro Carbajo cmf, Ciudad Redonda)



sábado, 8 de agosto de 2026

TENER FE

  

Cuando llegaron a donde estaba la gente, se acercó un hombre a Jesús, y arrodillándose delante de él le dijo:
– Señor, ten compasión de mi hijo. Le dan ataques y sufre horriblemente; muchas veces se cae en el fuego o en el agua. Lo he traído a tus discípulos, pero no han podido sanarlo.
Jesús contestó:
– ¡Oh, gente sin fe y perversa! ¿Hasta cuándo habré de estar con vosotros? ¿Hasta cuándo habré de soportaros? ¡Traedme aquí al muchacho!
En seguida Jesús reprendió al demonio y lo hizo salir del muchacho, que quedó sanado en el mismo momento.
Después los discípulos preguntaron aparte a Jesús:
– ¿Por qué no pudimos nosotros expulsar a ese demonio?
Jesús les dijo:
– Porque tenéis muy poca fe. Os aseguro que si tuvierais fe, aunque fuera tan pequeña como un semilla de mostaza, diríais a ese monte: ‘Quítate de ahí y pásate allá’, y el monte se pasaría. Nada os sería imposible.
(Mt 17,14-20)

La Fe es poner a Jesús en el centro de nuestra vida. Los apóstoles no podían curar a ese muchacho porque ellos se ponían en el centro. Es Jesús el único que cura, no nosotros. Cuando nosotros curamos, es porque lo hacemos en su nombre; porque Él está en el centro de nuestra vida.

"Vamos a ser sinceros. Eso de mover las montañas con la fe es totalmente inútil. No tiene ningún interés. La fe no sirve para eso. No tiene sentido. Debe ser una exageración de Jesús. Hay muchas cosas que directamente no podemos hacer. Ni se las podemos pedir a Dios. Porque no tiene sentido que Dios intervenga para hacerlas. Se trata básicamente de aceptar nuestras limitaciones humanas.
Este texto evangélico me ha hecho pensar en un amigo mío. Me comentó una vez que él y un grupo de matrimonios conocidos habían estado rezando muy insistentemente cuando descubrieron que una mujer del grupo tenía un cáncer. Habían pedido por su curación. Pero mi amigo se sentía un poco desanimado porque sus oraciones no habían obtenido respuesta.
Entiendo que la oración no es un último recurso cuando las cosas no nos van bien en la vida por la razón que sea. No vale para aprobar exámenes ni para encontrar trabajo ni para tantos otros problemas y dilemas que nos encontramos en la vida. Más vale que estudiemos y nos preparemos bien. Y que sepamos aceptar los procesos naturales. Nuestra vida es finita y la muerte siempre nos espera a la vuelta de la esquina. Si Dios hubiese respondido a las oraciones de aquel grupo, lo más que hubiesen conseguido habría sido un aplazamiento.
Pero estoy seguro de que la fe con la que oraron tuvo un efecto del que quizá no se dieron cuenta pero que igual fue más importante que la curación que pedían con tanta insistencia. Aquella mujer terminó falleciendo, sin duda. Pero lo hizo acompañada, atendida, apoyada, amada en esos momentos tan difíciles en que se tuvo que enfrentar a la enfermedad. Porque entiendo que los que oraron no se contentaron con ir a la iglesia a rezar. Estuvieron al lado de aquella familia en su sufrimiento. No les dejaron solos. Esa fe y esa oración no trajeron la curación física, pero llevaron a los corazones de aquella familia sufriente otra sanación más importante.
Vamos a echar fe a nuestra vida pero no para pedir cosas inútiles sino para construir fraternidad y reino, para dar esperanza y vida de la de verdad."
(Fernando Torres cmf, Ciudad Redonda)

viernes, 7 de agosto de 2026

CONSEGUIR LA VIDA

 

 Luego Jesús dijo a sus discípulos:
– El que quiera ser mi discípulo, olvídese de sí mismo, cargue con su cruz y sígame. Porque el que quiera salvar su vida, la perderá; en cambio, el que pierda su vida por causa mía, la recobrará. ¿De qué sirve al hombre ganar el mundo entero, si pierde la vida? ¿O cuánto podrá pagar el hombre por su vida? El Hijo del hombre va a venir con la gloria de su Padre y con sus ángeles, y entonces recompensará a cada uno conforme a sus hechos. Os aseguro que algunos de los que están aquí no morirán sin haber visto al Hijo del hombre venir como rey.
(Mt 16,24-28)

Tomar nuestra cruz y seguirlo es ganar la vida; porque es seguir al Amor. Es hacer del Amor el único móvil de nuestra vida. Es seguir a Jesús. Perdemos el tiempo buscando tener muchas cosas, ser poderosos, ser grandes...y no nos damos cuenta de que perdemos la vida. La vida sólo se gana con Amor.

"Hay partidos políticos, por lo menos en lo que yo conozco sobre todo en Europa y en América del norte que hablan claramente de que tiene que haber una prioridad nacional. Con ello quieren decir que los ciudadanos de un país tienen que pensar primero en ellos mismos y en sus necesidades. Esa es la prioridad. En la práctica significa que, si hay un sistema de salud público, los extranjeros, sobre todo los inmigrantes, claro está, deben quedar excluidos. Lo mismo se puede decir sobre las políticas de acceso a la educación o a la vivienda. Los nacionales tienen la prioridad.
La verdad es que la afirmación no tiene mucho sentido en cuanto se lee un poco de historia y descubrimos que todos somos inmigrantes. Al final, hay que reconocer que la humanidad, tal como la conocemos ahora ¡nació en África! Así que todos somos migrantes e hijos de migrantes.
Pero en cristiano estas afirmaciones son mucho más peligrosas. Porque en cristiano, con el Evangelio en la mano, es muy difícil, imposible, hablar de esa prioridad nacional. Más bien, hay que hablar de lo contrario. Desde el Evangelio la prioridad la tiene siempre el hermano y de modo especial el hermano necesitado.
Por eso dice Jesús en el Evangelio de hoy que el que tiene como primera prioridad su propia persona, lo va a perder todo, va a arruinar su vida. Se trata de perderla por Jesús, por el Reino, por la fraternidad. Se trata de trabajar y entregar la vida para construir y hacer realidad esa mesa de la fraternidad en el que la humanidad entera se sentará en torno al único Padre. La prioridad nacional, la prioridad mía, no tiene sentido. Las fronteras son creaciones humanas que no deberían ser barreras ni muros sino puertas abiertas y puentes. La única manera de ganar la vida es hacerlo en compañía del hermano, y sobre todo del hermano necesitado. Esa es nuestra prioridad como discípulos de Jesús. Así ya sabemos si queremos salvar la vida, menos mirarnos al ombligo y más dar la mano al hermano (y todos son hermanos)."
(Fernando Torres cmf, Ciudad Redonda)

jueves, 6 de agosto de 2026

SUBIR A LA MONTAÑA

  

Seis días después, Jesús tomó a Pedro y a los hermanos Santiago y Juan, y los llevó aparte a un monte alto. Allí, en presencia de ellos, cambió la apariencia de Jesús. Su rostro brillaba como el sol y sus ropas se volvieron blancas como la luz. En esto vieron a Moisés y Elías conversando con él. Pedro dijo a Jesús:
– Señor, ¡qué bien que estemos aquí! Si quieres, haré tres chozas: una para ti, otra para Moisés y otra para Elías.
Mientras Pedro hablaba los envolvió una nube luminosa. Y de la nube salió una voz, que dijo: “Este es mi Hijo amado, a quien he elegido. Escuchadle.”
Al oir esto, los discípulos se inclinaron hasta el suelo llenos de miedo. Jesús se acercó a ellos, los tocó y les dijo:
– Levantaos, no tengáis miedo.
Entonces alzaron los ojos y ya no vieron a nadie más que a Jesús.
Mientras bajaban del monte, Jesús les ordenó:
– No contéis a nadie esta visión, hasta que el Hijo del hombre haya resucitado.
(Mt 17,1-9)

Subieron a la montaña. Allí, Jesús, se transfiguró. Mostró su divinidad. Y Pedro exclama: "que bien estamos aquí". Es lo que debemos sentir cuando nuestra oración es auténtica. Cuando estamos junto a Jesús.

"Pero Jesús no deja que digan nada hasta después de la Resurrección. Antes de transfigurarse se ha de pasar por la cruz.
"La verdad es que no sabemos, no podemos saber, que fue lo que realmente pasó en aquella montaña. Los discípulos lo contarían años después usando la mentalidad y la cultura de la época. Algo vieron, algo descubrieron en Jesús que les resultó absolutamente novedoso. Algo que les llenó de espanto y terror. Y les hizo caer por los suelos. Quizá porque lo que intuyeron o vieron era demasiado grande para ellos. Y ahí, una vez más, resonó la voz de Jesús: “Levantaos, no temáis”.
Me gusta pensar en momentos parecidos que he vivido en el encuentro con otras personas. Encuentros donde la otra persona se me ha revelado de una forma nueva, inusitada. Encuentros que me han permitido avistar la profundidad del otro, de sus sentimientos, comprender de alguna manera lo que es. En algunos de esos encuentros, se me han caído muchas de las ideas y prejuicios que tenía de esa persona. Se me ha aparecido esa persona desde una perspectiva más plena, más real, más completa. He avistado en la profundidad de su ser algo que no había visto antes. Y todo eso ha cambiado mi relación con esa persona. Ya no es, no puede ser, como antes.
Me gusta pensar que algo así les pasó a los discípulos en aquella montaña alta. Algo descubrieron en Jesús que no habían visto antes. Se hizo la luz en sus corazones. Algo comprendieron de la misión de Jesús, de su relación tan especial con Dios, su Abbá. Y en el centro de esa relación el amor, como no podía ser de otra manera: “Este es mi Hijo, el amado, mi predilecto”.
Luego todo vuelve a la normalidad. Pero lo vivido, queda dentro del corazón y de la mente. Lo vivido asusta. Pero la voz de Jesús sigue resonando: “No temáis”.
Es que asomarse al abismo del amor de Dios manifestado en Cristo Jesús provoca espanto. No estamos acostumbrados. Nos cuesta creerlo del todo. Es un Dios Amor hecho carne. Para darnos la vida. Quizá, sencillamente, no estamos preparados para tanto."
(Fernando Torres cmf, Ciudad Redonda)

miércoles, 5 de agosto de 2026

LAS MIGAJAS

  

Jesús pasó de allí a la región de Tiro y Sidón. Una mujer cananea que vivía en aquella tierra, se le acercó dando voces:
– ¡Señor, Hijo de David, ten compasión de mí! ¡Mi hija tiene un demonio!
Jesús no contestó ni una palabra. Entonces los discípulos se acercaron a él y le rogaron:
– Dile a esa mujer que se marche, porque viene dando voces detrás de nosotros.
Jesús les dijo:
–Dios me ha enviado únicamente a las ovejas perdidas del pueblo de Israel.
Pero la mujer fue a arrodillarse delante de él y le pidió:
– ¡Señor, ayúdame!
Él le contestó:
– No está bien quitarles el pan a los hijos y dárselo a los perros.
– Sí, Señor – dijo ella –, pero hasta los perros comen las migajas que caen de la mesa de sus amos.
Entonces le dijo Jesús:
– ¡Mujer, qué grande es tu fe! Hágase como quieres.
Desde aquel mismo momento, su hija quedó sanada.
(Mt 15,21-28)

Como la cananea, debemos tener la confianza en que, aunque sean las migajas que caen de la mesa, Jesús nos las dará y nos curaremos. Las migajas de la mesa de Jesús son Amor para todos.

"Hay los que piensan que Jesús, desde su más tierna infancia, ya lo sabía todo, todo. De sí mismo, del mundo, de su ser Hijo de Dios. Pero se olvidan de que la encarnación fue verdadera, fue hasta el fondo. Se hizo uno de nosotros en todo menos en el pecado. Así que conoció la infancia, la adolescencia, creció y fue madurando poco a poco como cualquier persona de este mundo, descubriendo progresivamente lo que era su misión, a lo que estaba llamando, profundizando en su relación con su Abbá. Y todo esto en medio de los acontecimientos de su vida y de los que le rodeaban. Igual que a nosotros, a veces eran los encuentros con personas y situaciones los que le hacían pensar y reflexionar e ir descubriendo nuevas dimensiones. Como cualquier hombre. Porque el Hijo de Dios no se hizo hombre de mentirijillas. No fue como si Dios se pusiese un disfraz o una piel por encima para que le pudiésemos ver y hablar con él. Se encarnó, se hizo carne de nuestra carne. De verdad. Hasta el fondo.
Todo esto viene a que, en el texto evangélico de hoy, Jesús sale de los territorios judíos, el país de Tiro y Sidón. Allí es una mujer cananea la que solicita su ayuda, pide socorro. La primera respuesta de Jesús es decepcionante: Él está para atender a los israelitas. El resto de la humanidad (cananeos, romanos, griegos y tantos otros pueblos) no pertenecen a su negociado, no son su responsabilidad.
Pero la mujer insiste. Insiste tanto que Jesús se siente provocado. Al ver su fe, cambia de actitud. Realiza la curación de la hija.
Quizá lo de la curación no sea lo más importante. Lo fundamental es que, al hilo de este encuentro, Jesús toma conciencia de que su misión no se dirige solo al pueblo de Israel. El amor de Dios es para todos los hombres y mujeres de todos los tiempos. Se rompen las fronteras de cualquier tipo. La salvación es para todos.
Que a nosotros los encuentros y las personas de este día nos ayuden también a reflexionar y mejorar como discípulos. A estar abiertos a toda la humanidad."
(Fernando Torres cmf, Ciudad Redonda)

martes, 4 de agosto de 2026

LO QUE SALE DEL HOMBRE



Se acercaron a Jesús algunos fariseos y maestros de la ley que habían llegado de Jerusalén, y le preguntaron:
– ¿Por qué tus discípulos desobedecen la tradición de nuestros antepasados? ¿Por qué no cumplen con el rito de lavarse las manos antes de comer?
Luego Jesús llamó a la gente y dijo:
– Escuchad y entended: Lo que entra por la boca del hombre no le hace impuro. Al contrario, lo que hace impuro al hombre es lo que sale de su boca.
Entonces los discípulos se acercaron a Jesús y le preguntaron:
–  ¿Sabes que los fariseos se ofendieron al oir lo que dijiste?
Él les contestó:
– Toda planta que no haya plantado mi Padre celestial, será arrancada de raíz. Dejadlos: son ciegos que guían a otros ciegos, y si un ciego guía a otro, los dos caerán en el hoyo.
(Mt 15,1-2.10-14)

Os he puesto este fragmento del Evangelio que se señala para el día de hoy en algunas publicaciones litúrgicas; pero en otras se vuelve a repetir el evangelio de ayer. Un evangelio que nos invitaba a la confianza. Él nos hará vencer las olas de las tormentas.
En el fragmento de hoy, encontramos a los fariseos obsesionados con las tradiciones, con los ritos. Jesús los califica de ciegos. Todos somos ciegos si no miramos con los ojos del Amor. De nada sirven los ritos y las leyes, si no amamos con todo nuestro corazón a Dios y a los demás.

lunes, 3 de agosto de 2026

CONFIAR EN EL SEÑOR

 

 Después de esto, Jesús hizo subir a sus discípulos a la barca, para que llegasen antes que él a la otra orilla del lago, mientras él despedía a la gente. Cuando ya la hubo despedido, subió Jesús al monte para orar a solas, y al llegar la noche aún seguía allí él solo. Entre tanto, la barca se había alejado mucho de tierra firme y era azotada por las olas, porque tenía el viento en contra. De madrugada, Jesús fue hacia ellos andando sobre el agua. Los discípulos, al verle andar sobre el agua, se asustaron y gritaron llenos de miedo:
– ¡Es un fantasma!
Pero Jesús les habló, diciéndoles:
– ¡Ánimo, soy yo, no tengáis miedo!
Pedro le respondió:
– Señor, si eres tú, mándame ir a ti andando sobre el agua.
– Ven – dijo Jesús.
Bajó Pedro de la barca y comenzó a andar sobre el agua en dirección a Jesús, pero al notar la fuerza del viento, tuvo miedo; y comenzando a hundirse, gritó:
– ¡Sálvame, Señor!
Al momento, Jesús le tomó de la mano y le dijo:
– ¡Qué poca fe! ¿Por qué has dudado?
En cuanto subieron a la barca, se calmó el viento.
Entonces los que estaban en la barca se pusieron de rodillas delante de Jesús y dijeron:
– ¡Verdaderamente tú eres el Hijo de Dios!
Atravesaron el lago y llegaron a tierra, en Genesaret. La gente del lugar reconoció a Jesús, y la noticia se extendió por toda aquella región. Le llevaban los enfermos y le rogaban que les dejara tocar siquiera el borde de su capa. Y todos los que la tocaban quedaban sanados.
(Mt 14,22-36)

Pedro comienza a andar sobre las aguas, pero por la fuerza del viento duda y empieza a hundirse. Jesús nos pide que confiemos en Él. Nuestra sociedad está sobre aguas turbulentas azotadas por el viento del mal. Si confiamos en Jesús, seremos capaces de andar sobre esas aguas; pero si dudamos, si no confiamos totalmente, nos hundiremos.
Confiando en Jesús atravesaremos esas aguas y podremos curar, sanar, acoger...hacer el bien a los demás en la otra orilla.