Si el mundo os odia, sabed que a mí me odió primero. Si fuerais del mundo, la gente del mundo os amaría como ama a los suyos. Pero yo os escogí de entre los que son del mundo, y por eso el mundo os odia, porque ya no sois del mundo. Acordaos de lo que os dije: ‘Ningún sirviente es más que su amo.’ Si a mí me han perseguido, también a vosotros os perseguirán; y si han hecho caso a mi palabra, también harán caso a la vuestra. Todo esto van a haceros por mi causa, porque no conocen al que me envió.
(Jn 15,18-21)
Jesús nos dice que como Él fue incomprendido, también lo seremos nosotros. Como Él fue perseguido, también lo seremos nosotros. Si de verdad lo amamos esto no nos importará. Cuando estamos totalmente convencidos de algo, no nos importa si somos rechazados por ello. Seguir a Jesús es creer en el Amor. Esto nos llevará incomprensión; pero creer en el Amor es estar convencidos de que debemos amar a todo el mundo. Por esto nos dijo que debíamos amar a nuestros enemigos. Seguir a Jesús es Amar totalmente.
"Puesto que Dios creo todo lo existente y vio que “era bueno” y que las criaturas con las que culminó su obra eran muy buenas, tal como leemos en el Génesis, la maldad del mundo que odia a Cristo resulta inexplicable sin acudir al pecado original. Y este sin la rebelión de Lucifer.
Pascal decía que el cristianismo es «sabio y necio» a la vez: parece necio porque cuenta estas historias de ángeles y caídas, pero es sabio porque es el único que encaja con la realidad del corazón humano. El decía que el hombre es un «caña que piensa», algo frágil y pequeño. El orgullo de Lucifer es precisamente no entender que la grandeza no está en la potencia espiritual propia, sino en la humildad de recibir el amor de Dios. El demonio prefirió ser un «dios» en el infierno que un servidor de un Dios hecho hombre.
Aunque el mundo está oscurecido sigue siendo un espejo de la sabiduría divina. La belleza de la naturaleza, el orden de las estrellas o la complejidad de una célula no son obra del mal. Son vestigios o huellas en los que el hombre, incluso en su miseria, puede reconocer que existe un Creador. La materia misma es noble porque salió de las manos de Dios.
No es esta belleza del mundo lo que odia a Jesucristo, es el mundo colonizado por el mal.
Jesucristo anuncia a sus seguidores lo que les aguarda porque “no es el siervo más que su amo”.
Y así fue desde el comienzo de la Iglesia hasta nuestros días. No hace mucho días escuchamos con la lectura del Libro de los Hechos el relato de la muerte de San Esteban, el primer mártir. Desde el siglo I de la historia los mártires cristianos se cuentan por cientos de miles hasta nuestros días. Los que guardaron su palabra.
Que el Señor nos conceda vencer esa “colonización del mal” en nuestra vida en el mundo y nos llene de valor y alegría para de anunciarlo, fiados en su palabra: no temáis Yo he vencido al mundo. Al final, el odio del mundo es solo el ruido de fondo de un sistema que ya ha perdido, mientras que la bondad primigenia aguarda a su plena restauración en aquellos que ha elegido seguir a Jesucristo."
(Virginia Fernández Aguinaco, Ciudad Redonda)