domingo, 14 de junio de 2026

ELEGIDOS Y ENVIADOS

 

Viendo a la gente, sentía compasión, porque estaban angustiados y desvalidos como ovejas que no tienen pastor. Dijo entonces a sus discípulos:
– Ciertamente la mies es mucha, pero los obreros son pocos. Por eso, pedid al Dueño de la mies que mande obreros a recogerla.
Jesús llamó a sus doce discípulos y les dio autoridad para expulsar a los espíritus impuros y para curar toda clase de enfermedades y dolencias.
Estos son los nombres de los doce apóstoles: primero Simón, llamado también Pedro, y su hermano Andrés; Santiago y su hermano Juan, hijos de Zebedeo; Felipe y Bartolomé; Tomás y Mateo, el que cobraba impuestos para Roma; Santiago, hijo de Alfeo, y Tadeo; Simón el cananeo, y Judas Iscariote, el que traicionó a Jesús.
Jesús envió a estos doce con las siguientes instrucciones:
– No os dirijáis a las regiones de los paganos ni entréis en los pueblos de Samaria; id más bien a las ovejas perdidas del pueblo de Israel. Id y anunciad que el reino de los cielos está cerca. Sanad a los enfermos, resucitad a los muertos, limpiad de su enfermedad a los leprosos y expulsad a los demonios. Gratis habéis recibido este poder: dadlo gratis.
(Mt 9,36-10,8)

Todos somos elegidos y enviados. Si seguimos a Jesús debemos anunciarlo y sentirnos formando parte de una comunidad. El Amor debe unirnos. Darnos a los demás, hacer el bien, luchar contra el mal, es la misión de todo cristiano.

" (...) Los textos evangélicos le dan mucha importancia a este llamamiento de los Apóstoles. Los seguidores de los rabinos elegían ellos mismos a sus maestros, y, cuando habían aprendido todo lo que éste podía enseñarles (sobre el Antiguo Testamento, sobre la vida y demás) iban a buscar a otro maestro. Eran discípulos itinerantes, sin permanencia.
En el caso de Jesús, la situación es diversa. Es Él el que elige, llamado a cada uno por su nombre. Y los llama para estuvieran con Él, vieran cómo Él hacía las cosas y después enviarlos a predicar que ya ha llegado el Reino de Dios. Eso se ve en la fuerza recibida para expulsar demonios, curar enfermos y hablar en lenguas diversas. Y el Señor les advierte: “Lo que habéis recibido gratis, dadlo gratis”. Sería entonces un trabajo comprometido, pero a la vez generoso.
Así pues, Jesús los llamó para que convivieran con Él. Lo van a acompañar a lo largo de los dos o tres años que durará su ministerio. Algunos, antes o más tarde, lo abandonan; pero la intención de Jesús es bien clara: quiere tenerlos junto a Sí, compartir la vida con ellos, introducirlos en el mismo círculo de relaciones que Él tenía: su vida de comunión con el Padre; sus actitudes ante las dificultades; su forma confiada de vivir, abandonándose en la providencia del Padre…
Jesús, desde el comienzo, deja claro que es el Maestro. Es el guía del grupo, y no somete a votación cada uno de los pasos que dan. Tiene también sus momentos de soledad; así, lo vemos retirarse a solas para orar ante el Padre, quizá para madurar las decisiones más importantes que tiene que tomar. Y se va a sentir abandonado por ellos en el trance final de su vida. Pero Él los ha aceptado a fondo, lleva una vida de estrecha relación con ellos, y quizá de acompañamiento personal de cada uno.
Es que lo suyo, lo que Él traía entre manos, era algo más que una empresa, de la que Él sería el director y los discípulos los empleados. En una empresa, las relaciones pueden ser superficiales, y no pasa nada. Jesús va por otro lado. Él pretende algo más que una empresa: una relación de comunión. Porque sabe que en la comunión con Él se ventila nada menos que la salvación misma de las personas y la del grupo. Por eso la relación no es meramente funcional, como en un mero equipo. Hay una unión espiritual, interpersonal, profunda.
Y Jesús no afrontó su misión en solitario. Si se rodeó de este grupo no era porque tuviera necesidad de admiradores que fueran jaleándolo; no necesitaba ningún coro de fans que se hiciera lenguas de su mensaje y de sus acciones. No le interesaban los servicios de una agencia de publicidad. Estaban junto a Él para algo más que para ser espectadores y admiradores. Quería que fueran colaboradores directos; los quería implicar en la misma misión en que Él estaba comprometido. Por eso los hace partícipes de los mismos poderes que Él tiene: curar a los enfermos, arrojar demonios. Eran, como Él y en pos de Él, servidores de la vida. Y para esta misión los equipa adecuadamente.
Esto nos lleva a reflexionar también un poco sobre nuestro presente. Jesús nos invita a vivir una relación de comunión con Él. Hemos sido amados por Él con un amor incondicional. Lo decía gráficamente el apóstol Pablo: Dios, en Jesús, nos amó y nos reconcilió consigo cuando éramos enemigos. El amor de Dios tiene esa profundidad: ha sido un amor a pesar de. (Y digámoslo entre paréntesis y sin detenernos mayormente en ello: la contemplación de esta calidad del amor de Dios ha de ser para nosotros también una invitación: una invitación a amar así, como Él, a amar a pesar de. A pesar del trato indiferente o agresivo que recibo, a pesar de que no responden a mis expectativas legítimas, a pesar de que no me entiendan, o de que me rechacen…
Por otro lado, Jesús nos urge a colaborar con Él, desde los dones que cada uno tenemos. Es verdad que Él está presente en cada conciencia humana, y toca cada corazón humano. Hay semillas de Dios en cada corazón. Pero también es verdad que necesita unos mediadores, unas personas que anuncien su evangelio, que hagan presente su salvación.
No hay en ninguno de los llamados, según aparece en las tres lecturas, mérito propio previo a la llamada. Todo es acción de la libre iniciativa divina. Todo es regalo de Dios. Esa elección se prolonga en nosotros, bautizados, Nuevo Pueblo llamado a compartir los mismos sentimientos frente a la multitud.
El designio salvador de Dios, gratuito en su origen, debe por tanto ser conservado en el ámbito de la gratuidad. Vivimos en una sociedad en la que todo cuesta. Todo tiene un precio, y nadie regala nada. Frente a esta sociedad, quizá a través de la gratuidad podemos ser significativos. La dinámica del Reino va por otro lado. Esta dinámica propone una escala de valores distinta, alternativa a la sociedad que, en su egoísmo, los seres humanos hemos construido.
Tu nombre, el tuyo propio, ha sido pronunciado por Jesús en algún momento de tu vida. Por amor. En el juego de la vida, en la partida para la construcción del Reino, te toca a ti mover pieza. Ya sabes las reglas, ama sin esperar nada a cambio. Y si das amor, recibirás amor. En comunión con Cristo, configurado con Él, enviado por Él. Pruébalo y verás. Amén."
(Alejandro Carbajo cmf, Ciudad Redonda)

sábado, 13 de junio de 2026

UN CORAZÓN DE MADRE

 

 Los padres de Jesús iban cada año a Jerusalén para la fiesta de la Pascua. Y así, cuando Jesús cumplió doce años, fueron todos allá, como era costumbre en esa fiesta. Pero pasados aquellos días, cuando volvían a casa, el niño Jesús se quedó en Jerusalén sin que sus padres se dieran cuenta. Pensando que Jesús iba entre la gente hicieron un día de camino; pero luego, al buscarlo entre los parientes y conocidos, no lo encontraron. Así que regresaron a Jerusalén para buscarlo allí.
Al cabo de tres días lo encontraron en el templo, sentado entre los maestros de la ley, escuchándolos y haciéndoles preguntas. Y todos los que le oían se admiraban de su inteligencia y de sus respuestas. Cuando sus padres le vieron, se sorprendieron. Y su madre le dijo:
– Hijo mío, ¿por qué nos has hecho esto? Tu padre y yo te hemos estado buscando llenos de angustia.
Jesús les contestó:
– ¿Por qué me buscabais? ¿No sabéis que tengo que ocuparme en las cosas de mi Padre?
Pero ellos no entendieron lo que les decía.
Jesús volvió con ellos a Nazaret, donde vivió obedeciéndolos en todo. Su madre guardaba todo esto en el corazón.
(Lc 2,41-51)

Ayer celebrábamos el Corazón de Jesús. Hoy el de su Madre. Un corazón de madre, que guardaba todo lo que veía y oía de su Hijo. Un corazón de madre. Un corazón que también nos ama, ya que Jesús nos la dio por madre en la Cruz. Como Juan, debemos alojarla en nuestra casa, es decir, en nuestro corazón; pero en realidad es Ella la que nos aloja en el suyo.

"(...) En Lc 2,19.51 se indica que lo que María guarda y medita en su corazón es lo que sucede en torno a su niño, lo cual la hace plantearse preguntas. Ahí entra también la primera “trastada” de Jesús adolescente: quedarse en el templo separado de sus padres (Lc 2,43). Naturalmente vendrán momentos mucho más duros: cuando deje el domicilio familiar y se entregue a una vida itinerante y sin seguridades, o cuando, a pesar de ciertas amenazas o riesgos, él siga adelante con su estilo. María tuvo mucho que “tragar” y meditar, su corazón debió de estar “muy ocupado”, lleno de “las cosas de Jesús”, ¡que eran las cosas de su hijo!, las cuales ella solo podía recibir y conservar con amor. Guardar en el corazón implica amar; de lo contrario las cosas se guardan solo en el intelecto.
Celebrar el Corazón de María es para nosotros una llamada a cultivar la reflexión, la interioridad y la cordialidad, a penetrar en el sentido profundo de las cosas y sucesos en vez de quedarnos en la corteza, y a intentar estar al unísono con Jesús, amando cuanto él propone y ama, aunque a veces nos pueda resultar algún tanto incomprensible.
En su “carta a un devoto del Corazón de María”, que el P. Claret escribió en perspectiva genérica, sin que nadie se la hubiese pedido, intenta fundamentar la piedad cordimariana considerando lo que es el corazón humano: “el Corazón maternal de María es el órgano, sentido o instrumento del amor y voluntad; así como por los ojos vemos, por los oídos oímos, por la boca… la nariz…, así por el corazón amamos y queremos”.
(Severiano Blanco cmf, Ciudad Redonda)



viernes, 12 de junio de 2026

LA FIESTA DEL AMOR

  


Por aquel tiempo, Jesús dijo: “Te alabo, Padre, Señor del cielo y de la tierra, porque has mostrado a los sencillos las cosas que ocultaste a los sabios y entendidos. Sí, Padre, porque así lo has querido."
“Mi Padre me ha entregado todas las cosas. Nadie conoce realmente al Hijo, sino el Padre; y nadie conoce realmente al Padre, sino el Hijo y aquellos a quienes el Hijo quiera darlo a conocer. Venid a mí todos los que estáis cansados y agobiados, y yo os haré descansar. Aceptad el yugo que os impongo, y aprended de mí, que soy paciente y de corazón humilde; así encontraréis descanso. Porque el yugo y la carga que yo os impongo son ligeros.”
(Mt 11,25-30)

Jesús nos entrega su corazón. Un corazón que es Amor. Un Jesús que es Amor. Cuando no podemos más, cuando todo nos parece inaguantable, Él aparece con su Corazón, con su Amor y nos hace reposar, nos da la Paz. La fiesta de hoy es la fiesta del Amor. Ojalá seamos conscientes de ello y seamos capaces de inundar de amor, este mundo lleno de guerra, odio, divisiones...

"(...) La fiesta del Corazón de Jesús es la de la celebración del amor de Dios; “nadie nos separará del amor de Dios manifestado en Cristo Jesús” (Rm 8,39). Esto se hace especialmente visible en la cruz, cuando el corazón de Cristo es “abierto” por la lanzada y el evangelista comenta que el verdaderamente traspasado es el Padre: “me mirarán a mí, a quien traspasaron” (Jn 19,37; Zacarías 12,10).
Muy sencillamente: a través de Jesús, el Padre nos ha abierto su interior, su corazón, para que quede constancia incluso sensible de su amor. Y es un amor que permanece siempre presente y operante; los antiguos escritores cristianos, llamados Santos Padres, hicieron un comentario unánime a esta escena del calvario: del pecho de Jesús brotó sangre y agua, es decir, los dos grandes sacramentos de la Iglesia, el bautismo y la eucaristía. Y a través de esos sacramentos Jesús y el Padre nos siguen brindando siempre la experiencia de ser amados por ellos."
(Severiano Blanco cmf, Ciudad Redonda)

jueves, 11 de junio de 2026

AMAR AL HERMANO



 Porque os digo que si no superáis a los maestros de la ley y a los fariseos en hacer lo que es justo delante de Dios, no entraréis en el reino de los cielos.
Habéis oído que a vuestros antepasados se les dijo: ‘No mates, pues el que mata será condenado.’ Pero yo os digo que todo el que se enoje con su hermano será condenado; el que insulte a su hermano será juzgado por la Junta Suprema, y el que injurie gravemente a su hermano se hará merecedor del fuego del infierno.
Así que, si al llevar tu ofrenda al altar te acuerdas de que tu hermano tiene algo contra ti, deja tu ofrenda allí mismo delante del altar y ve primero a ponerte en paz con tu hermano. Entonces podrás volver al altar y presentar tu ofrenda.
Si alguien quiere llevarte a juicio, procura ponerte de acuerdo con él mientras aún estés a tiempo, para que no te entregue al juez; porque si no, el juez te entregará a los guardias y te meterán en la cárcel. Te aseguro que no saldrás de allí hasta que pagues el último céntimo.
(Mt 5,20-26)

Todos somos hermanos, hijos del mismo Padre. Por esto, todo lo que nos dice Jesús referente a lo que debemos hacer o no a nuestros hermanos, se refiere a todo lo que debemos hacer o no, con toda persona, con nuestro prójimo. El respeto, el Amor hacia el otro es lo que Jesús nos pide. Es lo que diferencia el seguir a Jesús con cumplir leyes sin amor, como hacían los maestros de la ley y los fariseos. Cumplir la ley a rajatabla sin amar al otro, no es seguir a Jesús.

"Con frecuencia los evangelistas han conservado fielmente las palabras de Jesús, pero sin saber con precisión dónde o en qué circunstancia o a quién las había dirigido. Ellos mismos tuvieron que agruparlas y crearles un marco en que resultasen significativas. Hoy el evangelista intenta marcar la distancia existente entre su comunidad y la dirigida por escribas de adscripción farisaica, por entonces los principales dirigentes del judaísmo. Al parecer, un judaísmo regido por estos escribas (=expertos en la ley) ha expulsado de la vida sinagogal a los judeo-cristianos, para los que escribe Mateo, que debían de ser superobservantes de la normativa judaica; estamos, por tanto, ante una comunidad dolorida, que no puede mirar con ojos muy objetivos ni especialmente benévolos la vida de sus antiguos correligionarios. El evangelista da a entender que los escribas fariseos no están en camino de salvación.
Y ofrece seis temas de buen comportamiento de los seguidores de Jesús, con el que superan las fallidas ansias de santidad del judaísmo que no le ha reconocido. De esos temas hoy se nos invita a meditar uno: el de la relación con el hermano. También en este campo Mateo recuerda que Jesús no ha venido a abolir la ley antigua, sino que reafirma aquellos mandamientos, hoy el de no matar. Pero desea llevarlo a plenitud; es decir, no basta con no llevar armas en la mano, sino que es preciso no llevar ira en el corazón.
Y luego ofrece, por pedagogía, otras manifestaciones de ese corazón sano. Los de Jesús extremarán la delicadeza, evitarán hasta el insulto más leve e inofensivo, el más insignificante signo de menosprecio. Según los expertos en arameo, las palabras que se han traducido por “imbécil” y “renegado” serían de significado mucho menos hiriente, tal vez equivalentes al castellano “melón”, que mezcla la ofensa con un cierto matiz de cariño, benevolencia o compasión.
El segundo ejemplo es más serio: retoma el tema profético de la contraposición entre ética y culto. Reaparece el Yahvé que pide “misericordia en vez de sacrificios” (Oseas 6,6), que menosprecia la sangre de machos cabríos ofrecida en el templo mientras se mantienen prisiones injustas: “aunque multipliquéis las plegarias no os escucharé, pues vuestras manos están llenas de sangre” (Isaías 1,15). Sin acogida fraterna, perdón o resarcimiento, no hay ofrenda cultual aceptable.
El tercer ejemplo, el de los caminantes hacia el juzgado, tiene una historia más compleja. Quizá se trata originariamente de un refrán, que podría tener hoy una gran actualidad: mejor un acto voluntario de conciliación que exponerse a la intervención de jueces y abogados. Pero Jesús debió de usarlo en el sentido de reconciliación con él mismo, es decir, de acoger su mesianismo y su mensaje, advirtiendo que de lo contrario nuestra existencia puede resultar malograda; ese sentido se le da en Lc  12,58s. Jesús pone a todos en crisis y exige una respuesta correcta. Pero Mateo, con una visión muy realista de su comunidad, aplica el refrán a quienes se enemistan y pleitean. Su Iglesia está formada, como las nuestras, por personas débiles, que a veces se ofenden y distancian; y el evangelista las exhorta a la reconciliación lo más rápida posible, inmediata.
Delicadeza para con el hermano, reconciliación rápida con el enemistado, poner el amor fraterno por encima del culto religioso… Así los seguidores de Jesús realizarán lo que, en definitiva, pretendía la antigua ley y superarán la moral de los escribas fariseos."
(Severiano Blanco cmf, Ciudad Redonda)

miércoles, 10 de junio de 2026

EL AMOR ES LA LEY

 



No penséis que yo he venido a poner fin a la ley de Moisés y a las enseñanzas de los profetas. No he venido a ponerles fin, sino a darles su verdadero sentido. Porque os aseguro que mientras existan el cielo y la tierra no se le quitará a la ley ni un punto ni una coma, hasta que suceda lo que tenga que suceder. Por eso, el que quebrante uno de los mandamientos de la ley, aunque sea el más pequeño, y no enseñe a la gente a obedecerlos, será considerado el más pequeño en el reino de los cielos. Pero el que los obedezca y enseñe a otros a hacer lo mismo, será considerado grande en el reino de los cielos.
(Mt 5,17-19)

Jesús nos da el verdadero sentido de la ley. Cumplir la ley es amar. Amando seguro que cumplimos cada uno de los mandamientos. El Antiguo Testamento debemos, para entenderlo correctamente, leerlo desde Jesús. Es decir, desde el Amor.

"Anteayer meditábamos sobre las bienaventuranzas, las 8 o 9 que se encuentran en el evangelio de Mateo. Y allí pudimos percibir el abundante lenguaje tradicional que Jesús utiliza; en nuestra reflexión, apenas nos detuvimos en los contenidos particulares o motivos de felicitación precisamente dejándolos para hoy. Allí encontramos muchas citas o resonancia o resonancias de Antiguo Testamento. Es bien conocido el salmo que dice que “el hombre de puro corazón y limpias manos podrá entrar a la presenciad el Señor” (Sal 24,4); y Jesús dice que los de corazón puro, sin segundas intenciones, «verán a Dios”. Otra felicitación era para los “que trabajan por la paz”, que serán llamados “hijos de Dios”, es decir, se le parecen; el texto recuerda al de un profeta de AT que decía: “Dios destruye los carros de la guerra y anuncia la paz a su pueblo y a sus amigos” (Zac 9,10). Una tercera, copiada igualmente de AT, hablaba de “los misericordiosos, que alcanzarán misericordia”; en ella resuena el “dichoso el que se apiada y presta”  (Sal 112,5). Y Jesús, al prometer misericordia a los misericordiosos, está aludiendo a sus propias palabras: “la medida que uséis con los demás, esa usarán con vosotros” (Mt 7,2); el texto debió de ser muy meditado en la Iglesia naciente, hasta adquirir la formulación que le da la carta de Santiago, a la vez de amenaza y de consuelo: “Habrá un juicio sin misericordia para quien no practicó la misericordia, pero la misericordia se ríe del juicio” (Sant 2,13). La promesa de la tierra a los mansos (segunda bienaventuranza) está calcada del Sal 37, 11: “los mansos poseerán la tierra y tendrán gran paz, a la inversa del malvado…”.
Podríamos seguir apurando textos. Está claro que Jesús mantiene una gran coherencia con el AT (y también consigo mismo). No destruye nada, no anula lo establecido por el Padre; lo reafirma. Y, sin embargo, Jesús chocó con su generación, experimentó el rechazo precisamente de los guardianes de aquella tradición; y sabemos cómo terminó. Certeramente se ha dicho que Jesús fue “demasiado Mesías”, propuso más que lo que su pueblo podía soportar en aquel momento.
En efecto, no anuló los antiguos preceptos, pero los llevó a plenitud, les dio un alcance inesperado. En principio, cuando le preguntan por “el camino para entrar en la vida”, él responde de forma muy simple: “¿qué está escrito en la ley, como lees?” (Lc 10,26). Y si el que le pregunta es precisamente un experto, él le invita a “dar un repaso”: “ya sabes los mandamientos: no matarás, no adulterarás, no robarás, no levantarás falso testimonio…” (Mc 10,19). Pero la expresión “dar cumplimiento” no significa simplemente repetir según costumbre rutinaria. Jesús quiere un avance, no deja las cosas como están. Es consciente de que con él han llegado los tiempos nuevos, los esperados, y en ellos la vieja ética se queda pequeña. Sus discípulos han entrado en una nueva atmósfera, y tienen que ponerse en sintonía: ya no basta con no adulterar, sino que hay que tener mirada limpia y sentimientos correctos; ya no basta con no matar, sino que hay que eliminar todo asomo de odio o de menosprecio.  Es decir, Jesús no se conforma con exterioridades, o con limpiar los miembros físico-biológicos del creyente, sino que le pide una purificación interior, un corazón nuevo, la supresión de todo lo inconfesable…En ese sentido, pudo decir que venía a llevar la ley, el plan del Padre, a la culminación.
La distinción, típicamente judía, entre preceptos “grandes y pequeños” supone una casuística que tampoco va con Jesús. Todo lo que procede del Padre es noble; menospreciarlo o tomarlo por “minucia” significaría irreverencia para con el Dios inefable que lo promulgó. Lo que propone el Padre es siempre grande y engrandecedor."
(Severiano Blanco cmf, Ciudad Redonda)




martes, 9 de junio de 2026

SER SAL Y LUZ



 Vosotros sois la sal de este mundo. Pero si la sal deja de ser salada, ¿cómo seguirá salando? Ya no sirve para nada, así que se la arroja a la calle y la gente la pisotea.
Vosotros sois la luz de este mundo. Una ciudad situada en lo alto de un monte no puede ocultarse; y una lámpara no se enciende para taparla con alguna vasija, sino que se la pone en alto para que alumbre a todos los que están en la casa. Del mismo modo, procurad que vuestra luz brille delante de la gente, para que, viendo el bien que hacéis, alaben todos a vuestro Padre que está en el cielo.
(Mt 5,13-16)

Debemos ser sal y luz. Dar gusto e iluminar. Nuestro ejemplo es más importante de lo que creemos; porque debemos predicar con nuestra vida, no sólo con palabras. ¡Cuánto mal han hecho aquellos que proclamándose seguidores de Jesús han hecho el mal, han abusado de los demás, han utilizado a los otros. La vida entregada de un misionero, o de quien se entrega a los pobres, es más luz y sal que los mejores sermones y libris espirituales.

"En el antiguo pueblo elegido Dios había establecido mediaciones, guías, “jefes religiosos”, cuyo cometido era ayudar a sus hermanos a vivir en fidelidad a la alianza. Pero Jesús recrimina repetidas veces a estos guías espirituales del judaísmo el no haber sabido cumplir con su papel: “ay de vosotros maestros de la ley, que os habéis llevado la llave del saber; ni entráis vosotros ni dejáis entrar a los que querrían” (Lc 11,52). Alguna vez llama a los escribas y fariseos “guías ciegos” (Mt 23,16). Y la narración evangélica  misma lo demuestra con alguna escena: cuando Pilatos está dispuesto a liberar a Jesús, son los jefes religiosos los que “azuzan a la multitud para que pida su muerte” (Mt 27,26).
Según este panorama, el NT recrimina a los guías religiosos, que tal vez se han aprovechado de sus “puestos de mando” pero no han apacentado al rebaño encomendado; han sido más bien como aquellos pastores de que hablaba Ezequiel, que en vez de alimentar al rebaño se alimentaban a sí mismos (Ez 34,3). Quizá Jesús lamentó lo mismo en la conocida alegoría del Buen Pastor: “todos los que han venido antes que yo eran ladrones y salteadores” (Jn 10,8).
Muchos especialistas consideran que las pequeñas comparaciones del evangelio de hoy con la luz y la sal son en su origen puras reprimendas: los líderes religiosos debieran haber sido sal y luz; pero no han cumplido con su papel. Hoy, en los tiempos de la moral ecológica, se diría que debieran haber creado una atmósfera religiosa más respirable, con nuevo resplandor y nuevo sabor; si no lo hacen, se vuelve despreciables, dignos de ser pisoteados. En realidad, la advertencia es válida para cada creyente: ¿eres sal? ¿eres luz? Es muy dura la recriminación del filósofo Nietzsche a los cristianos: “para que yo creyera en su redentor, debieran tener ellos más aspecto de redimidos”.
Parece que los primeros cristianos interpretaron muy pronto las expresiones correctivas de Jesús en sentido positivo: percibieron en ellas una llamada directa a ser luz y sal. Ya S. Pablo, en su primer escrito, llama a los cristianos “hijos de la luz”, no de las tinieblas (1Tes 5,5). Y, más tarde, exhorta a los filipenses a acoger la acción de Dios sobre ellos y a continuar siendo “hijos de Dios sin tacha” en medio de una generación torcida y depravada, “en la cual brilláis como lumbreras en medio del mundo” (Flp 2,15).
Ha habido y hay mucha luz en nuestro mundo. Muchos cristianos han practicado comportamientos heroicos, frecuentemente sin la menor pretensión de aplauso; quizá justamente por eso han brillado o brillan más. Tengamos los ojos abiertos para con esa irradiación, “contemplemos tanta buena obra, y por ella demos gloria a nuestro Padre celestial” (Mt 5,16)."
(Severiano Blanco cmf, Ciudad Redonda)

lunes, 8 de junio de 2026

EL PROGRAMA DE JESÚS

 

Al ver la multitud, Jesús subió al monte y se sentó. Sus discípulos se le acercaron, y él comenzó a enseñarles diciendo:
Dichosos los que reconocen su pobreza espiritual, porque suyo es el reino de los cielos.
Dichosos los que sufren, porque serán consolados.
Dichosos los humildes, porque heredarán la tierra que Dios les ha prometido.
Dichosos los que tienen hambre y sed de justicia, porque serán satisfechos.
Dichosos los compasivos, porque Dios tendrá compasión de ellos.
Dichosos los de corazón limpio, porque verán a Dios.
Dichosos los que trabajan por la paz, porque Dios los llamará hijos suyos.
Dichosos los perseguidos por hacer lo que es justo, porque suyo es el reino de los cielos.
Dichosos vosotros, cuando la gente os insulte y os maltrate, y cuando por causa mía digan contra vosotros toda clase de mentiras. ¡Alegraos, estad contentos, porque en el cielo tenéis preparada una gran recompensa! Así persiguieron también a los profetas que vivieron antes que vosotros.
(Mt 5,1-12)

Las Bienaventuranzas son el programa que Jesús nos da para seguirle. Es un camino totalmente distinto al que nos propone el mundo. Es un programa que nos traerá problemas, pero es el único que lleva a la felicidad. Es el verdadero programa de Jesús.
 
"Sería un error considerar a los evangelistas como reporteros; ningún seguidor de Jesús tomaba notas de lo que el Maestro iba haciendo o diciendo; y no echaban de menos una grabadora. Los evangelistas, que seguramente no son apóstoles o seguidores de primera hora, sino cristianos de segunda generación, deben ser considerados como grandes catequistas o pastores de las comunidades para las que escribieron. Para esos creyentes organizan, quizá repetidas veces y con variantes o adaptaciones, los dichos y hechos que, en definitiva, proceden de Jesús.
El evangelio de hoy tiene un marco muy conocido: Jesús en la cúspide del monte, los discípulos un poco más abajo, y la multitud de seguidores ya al nivel de la llanura. Todo hace recordar un pasaje del éxodo (cap. 24), donde Yahvé llama a Moisés a la cima del Sinaí, los ancianos de Israel se quedan a cierta distancia y el pueblo no debe subir. Hay paralelismo, pero no total: Moisés subía a la cima del monte a recibir la ley que Dios le entregaba, mientras que Jesús se sienta directamente como Maestro y promulga él, con autoridad propia, la nueva ley. La Iglesia le contempla como su Maestro y Señor.
Sentado en la cátedra imparte una “lección de catecismo” muy elaborada: en forma fácil de memorizar. Tiene forma de “rectángulo vertical” formado por dos cuerpos superpuestos, de cuatro “felicitaciones” cada uno, a los que sigue una pequeña aclaración sobre la octava felicitación. Las bienaventuranzas primera y octava se corresponden entre sí: prometen el Reino de los cielos; y la cuarta y octava también se corresponden, al felicitar a los que hambrean la justicia o son perseguidos por haberla procurado (“justicia”, en el lenguaje de Mateo, significa simplemente “santidad”, o fidelidad al plan de Dios, a la alianza).
La añadidura explicativa, en parte repetición de la última línea del rectángulo, tiene un matiz especial al “felicitar” a los perseguidos:  no los invita a esperar al futuro, a la venida del Reino, sino a “alegrarse y regocijarse” tan pronto como les llegue la injuria, persecución o calumnia, pues esta los asemeja a los antiguos profetas y hace que el Reino se anticipe en ellos.
Cuando se comparan estas bienaventuranzas con las que están presentes en evangelio de Lucas, además de la diferencia numérica (Lucas tiene solo cuatro), en Mateo se observa una mayor “espiritualización”: no habla simplemente de pobreza o de hambre, sino de “pobreza de espíritu” y de “hambre de santidad”, es decir, el evangelista no describe situaciones sobrevenidas, sino la actitudes con que se las afronta. El mero sufrimiento no es deseable, no haría feliz a nadie; pero la entereza humana y de fe ante el mismo hace que el seguidor de Jesús se eleve por encima de sus circunstancias, sea un pequeño “señor” en cuanto seguidor de su gran Señor. No importa lo que sufre sino “cómo” lo sufre. Ya San Agustín (s. v) decía que el mártir no lo es por lo que padece sino por el motivo por el que lo padece (“no hace mártir la pena, sino la causa”).
Y es de notar que la segunda parte de varias “felicitaciones” está en voz pasiva sin mención del agente; es el llamado técnicamente “pasivo divino”: el agente es Dios mismo, a quién se procura no nombrar en vano; Dios saciará a los hambrientos, consolará a los tristes, compadecerá a quienes han sido compasivos… Al creyente se le está diciendo: tú entrégate a lo que Dios quiere de ti, que lo demás, el futuro, corre de su cuenta; es una llamada a la confianza y el abandono sin límites en manos del Padre."
(Severiano Blanco cmf, Ciudad Redonda)