lunes, 3 de febrero de 2020

EL ANACORETA Y LAS HORMIGAS


Andaban los amigos del Anacoreta un tanto preocupados, pues lo veían hacía ya varios días, mirando con detenimiento el suelo. Uno de los jóvenes  que se había retirado al desierto siguiéndole, no aguantó más y le preguntó:
- Maestro ¿Qué haces todo el día mirando al suelo?
El Anacoreta levantó los ojos:
- Aprendo de las hormigas.
- ¿De las hormigas? - exclamó extrañado el joven - ¿Qué se puede aprender de las hormigas?
El Anacoreta sonrió dulcemente.
- Mira tú mismo ¿Qué ves? - le dijo al joven.
- Una hilera de hormigas. Unas van sin nada y las otras vuelven con una semilla en sus mandíbulas.
- ¿No ves nada más?
El joven miró con más atención. Se le iluminaron los ojos y dijo:
- Sí. Alguna hormiga no sigue la comitiva. Están alejadas, se mueven de un lado a otro como desorientadas, parece que no saben dónde están ni lo que quieren hacer...
- Exactamente. ¿Y que te enseña esto?
- Que si nos separamos del grupo nos desorientamos, perdemos el rumbo...- contestó el joven.
El Anacoreta movió la cabeza de un lado a otro y con una gran sonrisa dijo:
- Eso creí yo también. Pero tras observarlas detenidamente me he dado cuenta de que estas hormigas no están desorientadas. Son hormigas exploradoras. Están buscando nuevas fuentes de alimento. Las otras van y vienen en la misma dirección. Pero, cuando se acaben las semillas, ¿a dónde irán? Tienen suerte de estas hormigas exploradoras. Ellas les señalarán nuevos caminos.
El Anacoreta guardó silencio. Miró al horizonte. Suspiró y dijo:
- Así tenemos que ser los Anacoretas. Buscadores de nuevos caminos. Y eso no es fácil. Unos nos tacharán de desorientados. Otros de ilusos y tal vez de locos. La mayoría nos considerarán seres extraños que no sabemos amoldarnos a la sociedad...Pero en realidad, estamos buscando nuevos senderos para la sociedad; esta sociedad a la que se le están acabando las semillas...
Y, lentamente, dio media vuelta y se metió en su cueva.

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