viernes, 28 de febrero de 2025

EL VERDADERO AMOR

 


Salió Jesús de Cafarnaún y se fue a la región de Judea y a la tierra que está al oriente del Jordán. Allí volvió a reunírsele la gente, y él comenzó de nuevo a enseñar, como tenía por costumbre. Algunos fariseos se acercaron a Jesús, y para tenderle una trampa le preguntaron si al esposo le está permitido separarse de su esposa. Él les contestó:
– ¿Qué os mandó Moisés?
Dijeron:
– Moisés permitió despedir a la esposa entregándole un certificado de separación.
Entonces Jesús les dijo:
– Moisés os dio ese mandato por lo tercos que sois. Pero en el principio de la creación, Dios los creó hombre y mujer. Por eso, el hombre dejará a su padre y a su madre para unirse a su esposa, y los dos serán como una sola persona. Así que ya no son dos, sino uno solo. De modo que el hombre no debe separar lo que Dios ha unido.
Cuando ya estaban en casa, los discípulos volvieron a preguntarle sobre este asunto. Jesús les dijo:
– El que se separa de su esposa y se casa con otra, comete adulterio contra la primera; y si la mujer deja a su esposo y se casa con otro, también comete adulterio.

De entrada, se hace hoy difícil comentar este evangelio. El divorcio está considerado por nuestra sociedad como un derecho. Pero hay algo que debemos tener claro, si el amor es verdadero, es un amor para siempre. El problema es que en nuestro mundo, a todo le llamamos amor. También en este texto, debemos tener en cuenta la mentalidad del tiempo en que vivió Jesús. En Israel, el divorcio no era cosa de dos. Era el marido el que repudiaba a la mujer. Era él quien decidía que la mujer debía volver con sus padres. Jesús está defendiendo a la mujer y diciendo que si se vuelve a casar, el adulterio lo comete por culpa del marido que la ha abandonado.
Sé que esto os parecerá cogido por los pelos, pero es así. De todas formas, lo importante, lo que debemos conseguir, es luchar por el amor verdadero, por el amor que nos une para siempre, por el Amor. Y no condenar a los que se divorcian, como por desgracia ha hecho la Iglesia negándoles la Comunión, sino intentando comprenderlos y ayudarlos.
   
"Durante mucho tiempo en la iglesia se ha aplicado el derecho, la norma fija y estable. Así hemos llegado a tener un Código de Derecho Canónico que tiene 1752 cánones o normas. Y en cada diócesis hay especialistas en derecho (los llamamos “canonistas”) para que todo se haga según la norma. El derecho tiene la ventaja de que lo fundamental consiste en cumplir la norma. Pero el derecho tiene el problema de que se queda en el cumplimiento externo de la norma. Tiene dificultad para llegar al corazón.
A veces, da la impresión de que con tanto derecho, en la iglesia se nos ha olvidado un poco la misericordia. A veces, el derecho recoge con toda radicalidad lo que expresó Jesús e intentó e intenta vivir la iglesia desde su nacimiento. Pero al derecho le resulta difícil expresar y hacer ley y norma de la misericordia. Y a veces, da la impresión de que se nos olvida que el corazón de Dios es corazón de Padre y que en él “la misericordia triunfa sobre el juicio” (Sant. 2,13).
Hoy se presenta en el evangelio el tema del matrimonio y el divorcio (o repudio, como dice el texto). Jesús hace una llamada al origen. Es una llamada a la radicalidad. El amor entre hombre y mujer, para ser auténtico, no puede ser más que para siempre y para todo, como decía un profesor mío. A esa radicalidad están llamados los matrimonios. Porque si el amor es de verdad no puede ser de otra manera: para siempre y para todo. Sin límites, sin barreras.
Pero la verdad es también que no siempre conseguimos llegar a esa radicalidad. Hombres y mujeres somos limitados, tenemos unas circunstancias concretas. La vida a veces nos mete en pruebas difíciles de donde no nos resulta fácil encontrar la salida. A veces, tantas, con toda la buena voluntad del mundo por parte de los dos, el conflicto estalla y no hay otra solución que romper el acuerdo, que buscar una salida lo más pacífica posible, que siempre será mejor que el conflicto eterno. No siempre podemos alcanzar el ideal pero eso no supone el fin de la vida. Hay que levantarse, volver a intentarlo. Dios Padre, y la Iglesia, nos seguirá abrazando con su misericordia sin dejarse llevar por el juicio que condena y mata."
(Fernando Torres cmf, Ciudad Redonda)

1 comentario:

  1. Me Llamo Luis Ignacio Tapia, llevo le leyendoos años y me habeis gustado casi siempre, pero debo decir que el texto de hoy me hace saltar el comentario! QUE HERMOSA IGLESIA Y REINO DE DIOS VERDADERO PREGONAIS, GRACIAS AMIGOS SACERDOTES CATALANES (Creo que sois) Por cierto os encontre con un Padre Franciscano que es el que me envia esto para que lo lea todos los dias Su nombre: El Padre Valentin de Teruel. Soy Casado con una chica Latina de el salvador y he tenido un hijo llamado Alejandro.

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