viernes, 5 de marzo de 2021

MATAR AL HEREDERO

 


En aquel tiempo, dijo Jesús a los sumos sacerdotes y a los ancianos del pueblo: "Escuchad otra parábola: Había un propietario que plantó una viña, la rodeó con una cerca, cavó en ella un lagar, construyó la casa del guarda, la arrendó a unos labradores y se marchó de viaje. Llegado el tiempo de la vendimia, envió sus criados a los labradores, para percibir los frutos que le correspondían. Pero los labradores, agarrando a los criados, apalearon a uno, mataron a otro, y a otro lo apedrearon. Envió de nuevo otros criados, más que la primera vez, e hicieron con ellos lo mismo. Por último les mandó a su hijo, diciéndose: "Tendrán respeto a mi hijo." Pero los labradores, al ver al hijo, se dijeron: "Éste es el heredero: venid, lo matamos y nos quedamos con su herencia." Y, agarrándolo, lo empujaron fuera de la viña y lo mataron. Y ahora, cuando vuelva el dueño de la viña, ¿qué hará con aquellos labradores?"
Le contestaron: "Hará morir de mala muerte a esos malvados y arrendará la viña a otros labradores, que le entreguen los frutos a sus tiempos." Y Jesús les dice: "¿No habéis leído nunca en la Escritura: "La piedra que desecharon los arquitectos es ahora la piedra angular. Es el Señor quien lo ha hecho, ha sido un milagro patente"? Por eso os digo que se os quitará a vosotros el reino de Dios y se dará a un pueblo que produzca sus frutos." Los sumos sacerdotes y los fariseos, al oír sus parábolas, comprendieron que hablaba de ellos. Y, aunque buscaban echarle mano, temieron a la gente, que lo tenía por profeta.

"Por generaciones enteras se pensó, y en algunos círculos esto perdura, que el liderazgo promovido en las Sagradas Escrituras es una especie de don celeste, que Dios otorga a una persona o grupo, para un quehacer específico. De aquí que el elegido goza de tal autocracia e inmunidad, “derecho divino”, que nadie osa poner en cuestión. Este concepto de liderazgo es lo que Jesús socava con la parábola de hoy, como muchos profetas lo hicieron siglos antes. Este entredicho va a exacerbar, en los líderes del pueblo, sumos sacerdotes, ancianos y fariseos, la intención de quitarlo de en medio.
De la parábola deriva claramente que el liderazgo no es autócrata, sino una función delegada para administrar y producir, necesariamente sujeta a la rendición de cuentas. La tensión que escala cada vez que el dueño busca hacer valer su derecho, revela la inmunidad que creen tener quienes abusan, apropiándose de lo que no les pertenece. El Evangelio exige desenmascarar todo tipo de cacicazgo, civil y religioso, en aras de una distribución equitativa de bienes entre todos los actores sociales." (Koinonía)

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