miércoles, 8 de agosto de 2018

LA FE


"Jesús pasó de allí a la región de Tiro y Sidón. Una mujer cananea que vivía en aquella tierra, se le acercó dando voces:
– ¡Señor, Hijo de David, ten compasión de mí! ¡Mi hija tiene un demonio!
Jesús no contestó ni una palabra. Entonces los discípulos se acercaron a él y le rogaron:
– Dile a esa mujer que se marche, porque viene dando voces detrás de nosotros.
Jesús les dijo:
– Dios me ha enviado únicamente a las ovejas perdidas del pueblo de Israel. 
Pero la mujer fue a arrodillarse delante de él y le pidió:
– ¡Señor, ayúdame!
Él le contestó:
– No está bien quitarles el pan a los hijos y dárselo a los perros. 
– Sí, Señor – dijo ella– , pero hasta los perros comen las migajas que caen de la mesa de sus amos.
Entonces le dijo Jesús:
– ¡Mujer, qué grande es tu fe! Hágase como quieres.
Desde aquel mismo momento, su hija quedó sanada."

El evangelio de hoy nos parece muy duro e insólito en la persona de Jesús. Sin embargo, lo que pretende, es mostrarnos que la Fe no tiene ideologías, razas ni fronteras.
Jesús trata en principio a la mujer, como lo haría cualquier judío de su tiempo. Ellos consideraban a los demás, como seres inferiores. Pero aquella mujer Cananea, demuestra que el amor hace crecer la Fe, y que esta no depende de la nacionalidad, ni de la ideología. Por eso Jesús elogia su Fe.
No es el único pasaje del evangelio en el que Jesús pasa sobre la condición de judío. Lo hace con la Samaritana y con el Centurión romano. De este dice que no ha encontrado una Fe más grande en todo Israel.
La Fe es algo que nace de nuestro corazón, no de nuestra condición. La Fe se alimenta con el amor. Nosotros no tenemos la exclusiva de la Fe. La Fe es un don.


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