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"Los seguidores de Juan el Bautista se acercaron a Jesús y le preguntaron:
– Nosotros y los fariseos ayunamos con frecuencia: ¿Por qué tus discípulos no ayunan?
Jesús les contestó:
– ¿Acaso pueden estar tristes los invitados a una boda mientras el novio está con ellos? Pero llegará el momento en que se lleven al novio, y entonces ayunarán.
Nadie remienda un vestido viejo con un trozo
de tela nueva, porque lo nuevo encoge y tira del vestido viejo, y el
desgarrón se hace mayor.
Tampoco se echa vino nuevo en odres viejos, porque los odres revientan, y tanto el vino como los odres se pierden. Por eso hay que echar el vino nuevo en odres nuevos, para que se conserven ambas cosas."
Hoy los que se quejan no son los fariseos como ayer, sino los seguidores de Juan. Ellos llevaban una vida muy austera y se escandalizan de la alegría de los discípulos de Jesús.
Pero, ¿Cómo pueden estar tristes si Jesús está con ellos? Los cristianos, muchas veces nos hemos creído que para seguir a Jesús hay que hacer mil privaciones, estar muy serio y huir de la alegría.
A Jesús se le sigue con el corazón. Y no son los ayunos los que nos cercan a Jesús, si estos ayunos no repercuten en aquellos que pasan hambre. La ascética no tiene sentido si no va acompañada de una mística. Es el amor el que nos hace seguidores de Jesús. Por eso un discípulo siempre ha de estar alegre.
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viernes, 7 de julio de 2017
ALEGRÍA (sábado)
jueves, 6 de julio de 2017
LA MEDICINA DE JESÚS (viernes)
"Al salir Jesús de allí, vio a un hombre llamado Mateo, que estaba sentado en el lugar donde cobraba los impuestos para Roma. Jesús le dijo:
– Sígueme.
Mateo se levantó y le siguió.
Sucedió que Jesús estaba comiendo en la casa, y muchos cobradores de impuestos, y otra gente de mala fama, llegaron y se sentaron también a la mesa con Jesús y sus discípulos.
Al ver esto, los fariseos preguntaron a los discípulos:
– ¿Cómo es que vuestro maestro come con los cobradores de impuestos y los pecadores?
Jesús los oyó y les dijo:
– Los que gozan de buena salud no necesitan médico, sino los enfermos.
Id y aprended qué significan estas palabras de la Escritura: ‘Quiero que seáis compasivos, y no que me ofrezcáis sacrificios.’ Pues yo no he venido a llamar a los justos, sino a los pecadores."
A Mateo lo odiaban los judíos. Se había enriquecido traicionando a su país. Recaudaba impuestos para los romanos. Jesús los sorprende a todos. No sólo no lo odia, sino que le dice que le siga, que sea uno de sus discípulos. Mateo le sigue y da un banquete para celebrarlo.
Los fariseos, los "buenos", no lo entienden. Jesús ha de darles una nueva lección y señalarles que son los enfermo los que necesitan al médico. Y la medicina de Jesús es infalible: el amor.
Aquellos "buenos" ofrecían muchos sacrificios, pero no amaban. Jesús les recuerda la Escritura en la que Dios dice claramente que Él prefiere la misericordia a los sacrificios. La compasión, la auténtica, que es padecer con el que padece.
¿Somos de los que "ofrecemos muchos sacrificios" o de los que amamos como Jesús?
EL PERDÓN DE LOS PECADOS
"Después de esto, Jesús subió a una barca, pasó al otro lado del lago y llegó a su propio pueblo.
Allí le llevaron un paralítico acostado en una camilla; y al ver Jesús la fe de aquella gente, dijo al enfermo:
– Ánimo, hijo, tus pecados quedan perdonados.
Algunos maestros de la ley pensaron:
- Lo que este dice es una ofensa contra Dios.
Pero como Jesús sabía lo que estaban pensando, les preguntó:
– ¿Por qué tenéis tan malos pensamientos?
¿Qué es más fácil, decir: ‘Tus pecados quedan perdonados’, o decir: ‘Levántate y anda’?
Pues voy a demostraros que el Hijo del hombre tiene poder en la tierra para perdonar pecados.
Entonces dijo al paralítico:
– Levántate, toma tu camilla y vete a tu casa.
El paralítico se levantó y se fue a su casa.
Al ver esto, la gente tuvo miedo y alabó a Dios por haber dado tal poder a los hombres."
Ayer veíamos a Jesús librando del mal a dos personas. El verdadero mal es el pecado. Y el pecado es no cumplir los mandamientos. Es decir, no amar a Dios y no amar al prójimo.
El pecado es el que nos paraliza. Por eso Jesús empieza por decirle al paralítico, tus pecados quedan perdonados. Los maestros de la ley se escandalizan. Jesús quiere demostrarles que es el pecado el que paraliza al hombre y que Él puede perdonarlos, que Él siempre perdona.
En nuestra sociedad muchos somos paralíticos. Ante las injusticias no actuamos. La "cristiana" Europa ve indiferente a los miles de emigrados y desplazados del mundo, sin movernos para acogerlos. Está claro que necesitamos el perdón de Dios. ¿Tenemos conciencia de que somos pecadores paralíticos?
miércoles, 5 de julio de 2017
EL BIEN Y EL MAL
"Cuando llegó Jesús a la otra orilla del lago, a la tierra de Gadara, salieron dos endemoniados de entre las tumbas y se acercaron a él. Eran tan feroces que nadie podía pasar por aquel camino.
Y se pusieron a gritar:
– ¡No te metas con nosotros, Jesús, Hijo de Dios! ¿Has venido aquí para atormentarnos antes de tiempo?
A cierta distancia estaba comiendo una gran piara de cerdos,
y los demonios rogaron a Jesús:
– Si nos expulsas, déjanos entrar en aquellos cerdos.
– Id – les dijo Jesús.
Los demonios salieron de los hombres y entraron en
los cerdos, y al momento todos los cerdos echaron a correr pendiente
abajo hasta el lago, y se ahogaron.
Los que cuidaban de los cerdos salieron
huyendo, y al llegar al pueblo contaron lo sucedido, todo lo que había
pasado con los endemoniados.
Entonces salieron los del pueblo al encuentro de Jesús, y al verle le rogaron que se fuera de aquellos lugares."
En el evangelio, un endemoniado es aquél que está poseído por el mal. Es el mal en persona. A Jesús le salen al encuentro dos endemoniados violentos. Nos encontramos ante la violencia y ante quien no acepta a Jesús. Saben que ante Él no pueden nada y le piden que los meta en los cerdos. Estos van directos a la muerte, que es a donde nos lleva el mal.
Los habitantes de aquella ciudad, lejos de alegrarse porque Jesús los ha librado del mal y de la violencia, le piden que se marche. Ellos sólo ven el perjuicio económico, la pérdida de los cerdos, que Jesús les ha producido.
¡Cuántas veces en nuestra sociedad preferimos nuestro bien económico a nuestro bien espiritual. Así seguimos prefiriendo la venta y el tráfico de armas, a la paz mundial. Por poner un ejemplo.
¿De verdad preferimos el bien al mal?
martes, 4 de julio de 2017
EN LA BARCA CON JESÚS
"Jesús subió a la barca, y sus discípulos le acompañaron.
De pronto se desató sobre el lago una tempestad tan fuerte que las olas cubrían la barca. Pero Jesús se había dormido.
Sus discípulos fueron a despertarle, diciendo:
– ¡Señor, sálvanos! ¡Nos estamos hundiendo!
Él les contestó:
– ¿Por qué tanto miedo? ¡Qué poca es vuestra fe!
Dicho esto se levantó, dio una orden al viento y al mar, y todo quedó completamente en calma.
Ellos, asombrados, se preguntaban:
– ¿Quién es este, que hasta los vientos y el mar le obedecen?"
Seguir a Jesús no es fácil. Subir a la barca con Él significa dar nuestra vida como Él hizo.
Pero lo que no podemos olvidar nunca es que Jesús va con nosotros. Los apóstoles tenían miedo porque creían que dormía. A nosotros nos ocurre muchas veces que también creemos que Él duerme. El silencio de Dios. Nos preguntamos el porqué del mal, de las dificultades, de los problemas...Nos creemos solos. Sin embargo Él está en la barca con nosotros. Sólo debemos confiar en Jesús y , aunque los problemas no desaparecerán, si lo hará el miedo, que es el que nos atenaza y no nos deja luchar. Confiando en Él podemos actuar y entregarnos sin miedo y seguir su camino, a pesar de las tempestades de la vida.
lunes, 3 de julio de 2017
CREER EN ÉL
"Tomás, uno de los doce discípulos, al que llamaban el Gemelo, no estaba con ellos cuando llegó Jesús.
Después le dijeron los otros discípulos:
– Hemos visto al Señor.
Tomás les contestó:
– Si no veo en sus manos las heridas de los clavos, y si no meto mi dedo en ellas y mi mano en su costado, no lo creeré.
Ocho días después se hallaban los discípulos
reunidos de nuevo en una casa, y esta vez también estaba Tomás. Tenían
las puertas cerradas, pero Jesús entró, y poniéndose en medio de ellos
los saludó diciendo:
– ¡Paz a vosotros!
Luego dijo a Tomás:
– Mete aquí tu dedo y mira mis manos, y trae tu mano y métela en mi costado. ¡No seas incrédulo, sino cree!
Tomás exclamó entonces:
– ¡Mi Señor y mi Dios!
Jesús le dijo:
– ¿Crees porque me has visto? ¡Dichosos los que creen sin haber visto!"
Tomás apóstol, cuya festividad celebramos hoy, es la imagen de muchos creyentes. De aquellos que dudamos y buscamos certezas para creer. Pero la Fe no está hecha de certezas, sino de confianza. Nosotros no podemos ver las llagas de Jesús e introducir nuestros dedos, ni la mano en su costado. Nosotros hemos de creer porque nos fiamos de la Palabra. Porque sabemos encontrarlo en el corazón de los otros. Porque sabemos verlo más allá de las apariencias.
Si, a pesar de nuestras dudas, confiamos en Jesús y creemos en Él, ciertamente seremos felices. Porque Él es la felicidad.
domingo, 2 de julio de 2017
EL AMOR A JESÚS
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"El
que ama a su padre o a su madre más que a mí, no es digno de mí; el que
ama a su hijo o a su hija más que a mí, no es digno de mí;
y el que no toma su cruz y me sigue, no es digno de mí.
El que trate de salvar su vida, la perderá; en cambio, el que pierda su vida por causa mía, la salvará.
El que os recibe a vosotros, me recibe a mí; y el que me recibe a mí, recibe al que me envió.
El que recibe a un profeta por ser profeta,
recibirá la recompensa que merece un profeta; y el que recibe a un justo
por ser justo, recibirá la recompensa que merece un justo.
Y cualquiera que dé aunque solo sea un vaso de agua fresca al más humilde de mis discípulos por ser mi discípulo, os aseguro que no quedará sin recompensa."
El principio del texto de hoy puede llevarnos a confusión. Jesús no nos dice que no debemos amar a la familia. Está claro que el amor a los padres y el amor a los hijos es el más fuerte que existe. Lo que Jesús nos dice es, que el amor a Dios, el mor a Él, debe ser todavía mayor. Debe ser un amor que pase por encima del deseo de conservar la vida. Un amor que se traduce en una entrega total. La consecuencia de este amor es hacernos Uno con Jesús. Por eso quien recibe a aquél que ama totalmente a Jesús, lo recibe a Él. Por eso un detalle tan nimio como dar una vaso de agua, puede transformarse en un gran acto de amor. En el fondo, este texto no es sino un canto al amor, al verdadero amor. Es una demostración de cuál es el amor de Jesús. Y una invitación a que este sea también para nosotros nuestro amor. |
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