viernes, 15 de junio de 2018

PROFUNDIZANDO



"Habéis oído que antes se dijo: ‘No cometas adulterio.’ Pero yo os digo que cualquiera que mira con codicia a una mujer ya cometió adulterio con ella en su corazón.
Por tanto, si tu ojo derecho te hace caer en pecado, sácalo y échalo lejos de ti; mejor es que pierdas una sola parte del cuerpo y no que todo tu cuerpo sea arrojado al infierno. Y si tu mano derecha te hace caer en pecado, córtala y échala lejos de ti; mejor es que pierdas una sola parte del cuerpo y no que todo tu cuerpo sea arrojado al infierno.
También se dijo: ‘Cualquiera que se separe de su esposa deberá darle un certificado de separación.’ Pero yo os digo que todo aquel que se separa de su esposa, a no ser en caso de inmoralidad sexual, la pone en peligro de cometer adulterio. Y el que se casa con una mujer separada también comete adulterio."

Jesús sigue profundizando en la ley. Aquí nos habla de respeto a la mujer. Para los judíos, la mujer casado era propiedad del hombre. De ahí el décimo mandamiento, en el que el no desear los viene del prójimo, se traducía como no desear la mujer del prójimo, es decir, no caer en adulterio. Este texto habla sobre todo del "deseo", del respeto a la mujer. En la primera parte en no considerarla como un objeto a poseer. Jesús emplea dos hipérboles muy orientales, arrancarse ojos y cortarse manos, para decirnos que debemos ser estrictos en lo que deseemos.
En la segunda, no está hablando de la indisolubilidad del matrimonio, sino que pone en cuestión la costumbre judía de repudiar a la mujer, cuando el hombre quería. Jesús nos está diciendo que el matrimonio no es una propiedad, sino amor compartido.
Koinonia hace la siguiente reflexión sobre el evangelio de hoy:
 "Jesús está dando a su comunidad la Ley del Reino, una interpretación nueva y más profunda de la Ley dada por Moisés. Con expresiones propias de la cultura judía, como sacarse los ojos o cortarse las manos, Jesús está invitando a ser personas de decisiones firmes y coherentes. Él, un hombre sin doblez y de una profunda transparencia, quiere una comunidad de hermanos y hermanas capaces de la mayor fidelidad. No se trata de cumplir leyes y quedarse tranquilos con su cumplimiento. Se trata de buscar aquello que más nos humaniza, que nos hace más auténticos. La Ley se nos ha dado como un medio para lograr profundidad en las relaciones con cuanto nos rodea y hacer más digna la convivencia humana. No basta un cumplimiento de apariencias, del qué dirán, del quedar bien. Se trata de calar más profundo y atacar lo que destruye las relaciones de igualdad. Está en juego toda nuestra persona. Hay que saber sacrificar lo que nos hace menos humanos y ahondar en el evangelio que nos transforma en verdaderos seguidores de Jesús." 



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