martes, 12 de junio de 2018

SAL Y LUZ


"Vosotros sois la sal de este mundo. Pero si la sal deja de ser salada, ¿cómo seguirá salando? Ya no sirve para nada, así que se la arroja a la calle y la gente la pisotea. 
Vosotros sois la luz de este mundo. Una ciudad situada en lo alto de un monte no puede ocultarse; y una lámpara no se enciende para taparla con alguna vasija, sino que se la pone en alto para que alumbre a todos los que están en la casa. Del mismo modo, procurad que vuestra luz brille delante de la gente, para que, viendo el bien que hacéis, alaben todos a vuestro Padre que está en el cielo."

Los bienaventurados que veíamos ayer, son los que son sal y luz del mundo. Aquellos pobres, perseguidos, justos...son los que dan sabor e iluminan la vida. Ellos saben poner hombro con hombro para hacer un mundo mejor. Son ellos, los que no se miran únicamente a ellos mismos, los que cambian el mundo y lo hacen mejor.
Jesús nos llama a ser como ellos. Sal no devaluada que no teme mezclarse ni perderse entre la gente, capaces de dar sabor a nuestra sociedad. Luz humilde que no se oculta, que sale a las plazas y a la periferia, que no teme iluminar lo más oscuro.
Esto es ser cristiano. Vivir transmitiendo la vida a los demás. Vivir las bienaventuranzas.


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