sábado, 15 de junio de 2019

SÍ Y NO


"También habéis oído que se dijo a los antepasados: ‘No dejes de cumplir lo que hayas ofrecido bajo juramento al Señor.’ Pero yo os digo que no juréis por nada ni por nadie. No juréis por el cielo, porque es el trono de Dios; ni por la tierra, porque es el estrado de sus pies; ni por Jerusalén, porque es la ciudad del gran Rey. Ni siquiera juréis por vuestra propia cabeza, porque no podéis hacer que os salga blanco o negro ni un solo cabello. Si decís ‘Sí’, que sea sí; y si decís ‘No’, que sea no. Lo que se aparta de esto, es malo." 
Nuestra sociedad ha perdido el concepto de sinceridad. Utilizamos la "verdad" para nuestro provecho. Una "verdad" que muchas veces es una clara mentira. Internet está lleno de falsedades. En política se miente descaradamente. Miente que algo queda, es una estratagema que se usa todos los días. Jesús nos invita a ser sinceros. A decir sí cuando es sí y no cuando es no. Si todo el mundo fuese sincero, no harían falta los juramentos.
"Los medios de comunicación y algunos académicos han puesto de relieve el tema de la posverdad como una forma de dar valor a la mentira que puede sobrevivir en la inmediatez de la realidad. El cristianismo tiene la tentación de caer en este tipo de circunstancias también, toda vez que asumir una espiritualidad emotiva, egoísta e individualista que no transite hacía el compromiso por el otro, puede ser considerado como un cristianismo de mentira. En este sentido, jurar en vano es pecado y significa llamar al que es para que sea testigo de algo de lo que no es. En Jesús no hay posibilidad para la ambigüedad, la radicalidad del reino exige una respuesta concreta, aquí no cabe vivir en la mentira o la falsedad. Decir sí, significa asumir con pasión lo que a Jesús lo apasionó, significa que más que dar la palabra y es optar con firmeza por la causa de Jesús, es salir fuera de nosotros en busca de los otros. Y tú, ¿qué estás dispuesto a decir? ¿sí o no?" (Koinonía) 

1 comentario:

  1. Pero yo os digo que no juréis por nada ni por nadie. No juréis por el cielo, porque es el trono de Dios; ni por la tierra, porque es el estrado de sus pies; ni por Jerusalén, porque es la ciudad del gran Rey. Ni siquiera juréis por vuestra propia cabeza, porque no podéis hacer que os salga blanco o negro ni un solo cabello. Si decís ‘Sí’, que sea sí; y si decís ‘No’, que sea no. Lo que se aparta de esto, es malo."
    Nuestra sociedad ha perdido el concepto de sinceridad. Utilizamos la "verdad" para nuestro provecho. Una "verdad" que muchas veces es una clara mentira.

    En Jesús no hay posibilidad para la ambigüedad, la radicalidad del reino exige una respuesta concreta, aquí no cabe vivir en la mentira o la falsedad. Decir sí, significa asumir con pasión lo que a Jesús lo apasionó, significa que más que dar la palabra y es optar con firmeza por la causa de Jesús, es salir fuera de nosotros en busca de los otros.

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