martes, 19 de mayo de 2020

EL ANACORETA Y LOS ZAPATOS


Aquella mañana el discípulo observó con extrañeza, que su maestro andaba con más dificultad de la acostumbrada. Cuando estuvo junto a él para rezar la oración de la mañana, vio que el Anacoreta llevaba los zapatos cambiados de pie. Los zapatos de un anacoreta son más bien zapatones, pero cambiados de pie deben representar un martirio.
El discíplo pensó:
- ¡Qué santo es el Anacoreta, cómo se mortifica! 
Y imitándolo, como buen discípulo, hizo lo mismo con sus zapatos.
Al volverse a reunir para la oración de la tarde, el Anacoreta vio que su discípulo apenas podía andar. Al acercarse observó que llevaba los zapatos cambiados de pie. Le dijo:
- Oye, te has puesto los zapatos cambiados de pie.
El discípulo contestó:
- Como vi que tú, maestro, los llevabas cambiados esta mañana, he querido imitarte en la penitencia.
El Anacoreta rió, miró al horizonte y dijo:
- ¿Y por qué no me lo advertiste? Cuando me veas hacer cosas raras no pienses que hago penitencia. Es que me he distraído. La penitencia nos la proporciona la vida cada día...
Y se dirigió pausadamente hacia el lugar donde rezaban juntos...

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