miércoles, 31 de enero de 2018

EL CARPINTERO


 "Jesús se fue de allí a su propia tierra, y sus discípulos le acompañaron. Cuando llegó el sábado comenzó a enseñar en la sinagoga. La multitud, al oir a Jesús, se preguntaba admirada:
– ¿Dónde ha aprendido este tantas cosas? ¿De dónde ha sacado esa sabiduría y los milagros que hace? ¿No es este el carpintero, el hijo de María y hermano de Santiago, José, Judas y Simón? ¿Y no viven sus hermanas también aquí, entre nosotros? 
Y no quisieron hacerle caso. Por eso, Jesús les dijo:
– En todas partes se honra a un profeta, menos en su propia tierra, entre sus parientes y en su propia casa.
No pudo hacer allí ningún milagro, aparte de sanar a unos pocos enfermos poniendo las manos sobre ellos. Y estaba asombrado porque aquella gente no creía en él.
Jesús recorría las aldeas cercanas, enseñando."

Jesús vuelve a su pueblo y allí lo despreciaron. No podían creer que al hijo de María, el carpintero, pudiese ser Hijo de Dios, el Mesías. Ellos esperaban un Mesías grandioso: ¿cómo iba a ser el Hijo de Dios aquel ser humilde? Como no encontró Fe, tampoco hubo milagros.
A nosotros nos puede pasar algo semejante a lo que les pasó a los paisanos de Jesús. No reconocerlo en el otro. No saberlo ver en los acontecimientos cotidianos. Esperamos a un Dios grandioso y olvidamos que habita en los pobres, en los enfermos, en los perseguidos...Los habitantes de Nazaret se asombraron ante Jesús; pero no creyeron en Él. Nosotros podemos asombrarnos ante los otros, pero no creemos que Jesús está en ellos. Nos admiramos quizá de lo que hacen, pero no los imitamos. 


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