viernes, 29 de abril de 2022

SABER COMPARTIR

 


En aquel tiempo, Jesús se marchó a la otra parte del lago de Galilea (o de Tiberíades). Lo seguía mucha gente, porque habían visto los signos que hacía con los enfermos. Subió Jesús entonces a la montaña y se sentó allí con sus discípulos. Estaba cerca la Pascua, la fiesta de los judíos. Jesús entonces levantó los ojos, y al ver que acudía mucha gente, dice a Felipe: "¿Con qué compraremos panes para que coman éstos?" Lo decía para tantearlo, pues bien sabía él lo que iba a hacer. Felipe le contestó: "Doscientos denarios de pan no bastan para que a cada uno le toque un pedazo."
Uno de sus discípulos, Andrés, el hermano de Simón Pedro, le dice: "Aquí hay un muchacho que tiene cinco panes de cebada y un par de peces; pero, ¿Qué es eso para tantos?" Jesús dijo: "Decid a la gente que se siente en el suelo." Había mucha hierba en aquel sitio. Se sentaron; sólo los hombres eran unos cinco mil. Jesús tomó los panes, dijo la acción de gracias y los repartió a los que estaban sentados, y lo mismo todo lo que quisieron del pescado.
Cuando se saciaron, dice a sus discípulos: "Recoged los pedazos que han sobrado; que nada se desperdicie." Los recogieron y llenaron doce canastas con los pedazos de los cinco panes de cebada, que sobraron a los que habían comido. La gente entonces, al ver el signo que había hecho, decía: "Este sí que es el Profeta que tenía que venir al mundo." Jesús, sabiendo que iban a llevárselo para proclamarlo rey, se retiró otra vez a la montaña él solo.

En este evangelio, Jesús nos da la lección del saber compartir. Aquel niño comparte los cinco panes y los dos peces y Jesús da de comer con ellos a la multitud. Y sobró. 
En nuestra sociedad siguen mal repartidos los bienes; pero, si sabemos compartir, hay para todos y sobrará. Mientras sigamos pensando de manera egoísta sólo en nosotros, dos terceras partes de la humanidad seguirá viviendo en la escasez.

"El gesto del pan compartido en solidaridad es prueba suficiente para el pueblo de que Jesús es el profeta esperado. Como Moisés y Elías, que habían multiplicado los panes (cf. Éx 16 y 1Re 17,8-24), también el mesías de los últimos tiempos debía realizar el mismo milagro. Además, Dios había prometido para los últimos tiempos pan en abundancia (Is 25,6-10 y 55,1-2), dado gratuitamente a todos los pueblos. La multiplicación de los panes para 5.000, número que recuerda una parcela de hebreos que salió de Egipto, anuncia la llegada del tiempo mesiánico y la declaración de que Jesús es el mesías esperado. Hoy no es raro que muchos líderes políticos o religiosos tengan esa pretensión mesiánica por las ayudas que brindan a la gente más necesitada. El problema es que lo hacen bajo el interés de conseguir adeptos y no desinteresadamente. Pan abundante y compartido es la señal del Reino de Dios, pero sin manipulaciones. Las profundas injusticias sociales que vivimos evidencian que aún estamos lejos de realizar el sueño de Dios." (Koinonía)

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